Portada :: Brasil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2012

Es preferible morir a estar preso

Frei Betto
Alainet


Da ttulo a este artculo la afirmacin del Ministro de Justicia, Jos Eduardo Cardozo, enunciada el 13 de noviembre. El ministro sabe lo que dice. El Brasil tiene la cuarta mayor poblacin carcelaria del mundo, slo por detrs de los Estados Unidos, China y Rusia.

Hoy da nuestras crceles albergan a 515 mil personas en 1,312 unidades de prisin con capacidad mxima para acoger a 306,500 detenidos. Si el sistema judicial brasileo fuera menos lento y ms humanitario, 36 mil detenidos ya hubieran sido dejados en libertad o beneficiados con la redencin de penas.

La Ley de Ejecucin Penal prev para cada preso seis metros cuadrados de espacio en la celda. Sin embargo, la mayora se desenvuelve en 70 cm y 1 m cuadrado. De all las frecuentes rebeliones.

El Brasil no tiene una poltica carcelaria y mucho menos de reintegracin social de los detenidos. Ante la violencia urbana muchos claman, ingenuamente, por ms crceles. Presionados por el clamor popular, tanto el gobierno federal como los estaduales, invierten en crceles lo que deberan destinar a escuelas.

Nuestras crceles son verdaderos quesos suizos, con mltiples agujeros. Desde dentro de las celdas los delincuentes usan celulares para extorsionar a incautos (el golpe del secuestro de parientes) y dirigir el crimen organizado. Se drogan con cocana, mariguana, crack, y reciben bebidas alcohlicas.

Sera la solucin privatizar las crceles? S, para enriquecer a los empresarios. Ese sistema estadounidense ya fue adoptado en los estados de Pernambuco, Amazonas, Baha, Cear, Espritu Santo y Santa Catarina. La empresa duea de la crcel cobra del Estado lo que gasta, como promedio, con cada detenido: US$700 y ms de US$400 por cabeza. En total US$1,400 por prisionero. Ahora bien, cuanto ms tiempo permanece el preso all dentro, tanto ms beneficio. Sin que haya ninguna preocupacin por su reintegracin social.

Nuestras unidades carcelarias estn desvencijadas y abandonadas. Segn la LOA (Ley de Inversin Anual), deberan de haber recibido del gobierno federal, este ao, US$250 millones. Sin embargo, apenas les dieron un poco ms de un milln de dlares, o sea menos del 1% de lo previsto.

Slo en el Piau no hay superexplotacin de crceles. En el resto los presos estn confinados en espacios exiguos, promiscuos, sin acceso a actividades deportivas, artsticas, escolares y profesionales.

Qu se puede hacer ante tanta falta de plazas en nuestras unidades carcelarias? Adoptar la pena de muerte? Multiplicar el nmero de penitenciaras?

Estuve preso cuatro aos (1969 1973). Dos de ellos entre presos comunes de So Pablo: en la Penitenciara del Estado, Carandiru y en la Penitenciara de Seguridad Mxima de Presidente Venceslao. En esta ltima, en la que estuve ms de un ao, fue posible recuperar a algunos detenidos mediante grupos bblicos, teatro, dibujo y pintura y, sobre todo, mediante la instalacin de un curso supletorio de enseanza media, al que se inscribieron 80 de los 400 detenidos.

En los dos aos en que trabaj en el Palacio del Planalto (2003-2004) trat de resaltar la urgencia de una reforma en nuestro sistema carcelario, pero fue en vano.

Las delegaciones y los establecimientos de detencin de menores funcionan como enseanza fundamental del crimen. Los presidios, como enseanza media. Y las penitenciaras, como enseanza superior.

Cmo es posible que el Estado no consiga algo tan sencillo como es evitar la entrada de celulares en la crcel? Acaso alguien consigue pasar con celular escondido por el control de los aeropuertos? Esto s que merece ser imitado de los Estados Unidos: los detenidos usan cabinas telefnicas para comunicarse con sus familiares y todas las llamadas son escuchadas.

Nuestros policas, en general, no estn preparados, hasta el punto de que consideran los derechos humanos como cosas de delincuentes; algunos carceleros difcilmente resisten a la corrupcin y tratan al preso como enemigo, no como reeducando; el sistema carcelario no est pensado en vista de la insercin del preso como ciudadano en la sociedad.

La solucin es la educacin, fuera y dentro de las crceles. Cmo evitar la criminalidad si 5.3 millones de jvenes brasileos, con edad entre 18 y 25 aos, ni van a la escuela ni tiene trabajo?

Nuestras crceles podran funcionar como escuelas profesionales. Clases de mecnica, computacin, cocina y sastrera, junto con el aprendizaje de idiomas y la prctica de actividades deportivas y artsticas (teatro, msica, literatura), ciertamente ayudaran a vaciar nuestras crceles. El progreso en los estudios equivaldra a redencin en la pena.

Si el Estado y la sociedad no cuidan de los presos, ellos mismos tratan de buscar lo que ms les conviene: auto organizacin en comandos; red de informantes entre carceleros y policas; vnculos con las bandas que actan en libertad. Y nosotros, ciudadanos, pagamos doblemente: por sustentar un sistema inoperante y ser vctimas de la recurrente espiral de violencia.

Frei Betto es escritor, autor de Diario de Fernando. En las crceles de la dictadura militar brasilea, entre otros libros.

www.freibetto.org/ twitter:@freibetto.

Fuente: http://alainet.org/active/59819

(Traduccin de J.L.Burguet)


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter