Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Golpe militar y resistencia popular en Honduras
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2012

Honduras
El socialismo una leccin aprendida en las calles

Milson Salgado
Rebelin


El socialismo que profesamos no ha sido fabricado en los laboratorios de la experimentacin social como una formula de matemticas al margen de nuestra voluntad humana. El socialismo que defendemos no es una receta importada del extranjero para sanar con presunciones de varita mgica nuestros eternos males sociales. El socialismo que proclamamos no es una herencia adquirida a base de imposiciones culturales como dogmas tericos que marcan la senda que debemos recorrer. El socialismo que abrazamos no es tampoco el reino de la uniformidad ni la aniquilacin burocrtica por privilegios de una minora, de nuestros ms sinceros sueos. El socialismo que amamos no es la igualdad por decreto ni la libertad sin pan ni la solidaridad con ventajas, con mendicidades y con filantropa.

Ese socialismo que se hizo semntica y sintaxis en la declaracin de principios, en el programa de accin poltica y en los Estatutos del Partido Libre, naci en las calles con las luchas populares, se aliment del llanto y del sudor de la resistencia hondurea, abon con su sangre el amor a un pas esclavo de la explotacin econmica, y preso de una minora de burgueses parsitos que ha creado su mundo de abundancia a imagen y semejanza de sus egosmos, del dinero saqueado al pueblo, de porcentajes y comisiones por nuestros recursos, y de ayudar para que el capital trasnacional, instale sus infiernos porttiles y se nos despoje de nuestros ms elementales derechos sociales.

Ese socialismo se aprendi en lecciones de vida en la calle, con la inmolacin sagrada de nuestros mrtires que le apostaron al porvenir y practicaron el ms alto principio de solidaridad humana: Dar la vida por los dems. La leccin fue clara, ni las Fuerzas Armadas salvaban nuestra soberana territorial peor aun la soberana popular, y ni la polica respetaba nuestros derechos ciudadanos. La una y la otra cuidaban los intereses de la minora burguesa, la una y la otra defendan las razones de un gobierno de facto que por motivos rastreros, y que lindan con la estupidez humana se sacrific por las movidas geopolticas del imperialismo estadounidense. La una y la otra demostraron que salvar las estructuras tradicionales de las clases poderosas era ms importante que respetar la vida de los miembros de la resistencia, puesto que estos eran una chusma a la que haba que aplastar.

Ya antes nos habamos enterado que ramos seres para desechar, ya antes sabamos que vivamos de gratis en el mundo, como entes marginales atendiendo los caprichos ms pueriles de los poderosos, desde hace mucho tiempo sabamos que ramos piezas de una maquinaria mundial que amordazaba el destinos de millones de seres humanos, pero la burbuja de una falsa civilizacin nos ofreca un mundo de sueos fabricado en pantallas rectangulares, y en castillos comerciales que ofrecan el cielo del consumo a cambio del infierno de los mseros salarios de los trabajadores manuales, y la fantasa nos agobi y el espejismo nos afili a la lista de ciudadanos. Sin embargo, el Golpe de Estado y la bestialidad de sus secuaces y la falta de humanidad de sus verdugos nos expulsaron de nuestro ridculo sueo, y descendimos al lugar que ocupbamos en su mundo cuadrado de categoras y jerarquas, al papel de ciudadanos de tercera clase.

La lucha de clases que antes leamos como lecciones obligatorias en los colegios y las universidades, de la que se quejaban los sacerdotes y los pastores evanglicos en los pulpitos, y a la que aludan los miembros de la derecha y de la izquierda, unos para negar otros para reconocer el mundo de los contrarios, se hizo presencia en nuestras luchas, traducida en una clase que manda y pretende seguir mandando, y la otra que obedece y pretende no seguir obedeciendo. Esa leccin de ciencias polticas ininteligible, se apoder de las calles de Tegucigalpa y de Toda Honduras.

En una calle los de camisa y cuello blanco, los que transpiraban Channel y Victoria Secret. En la otra calle los de camiseta roja y pantaln negro, los sudorosos a trabajos y sol, la chusma, la de pelos revueltos y hambres ambulantes. Los blancos bonitos con cara de polvos Menen y ejrcito en ristre para defenderlos incluso de la rapacidad del sol. Los de rojos y negros golpeados y heridos por el propio ejrcito que no entenda como estos malos hondureos sentan simpata por hombres tan odiosos como Hugo Chvez y Manuel Zelaya.

Los Blancos, los ricos estaban furiosos con el Presidente Zelaya Cmo era posible que ste que haba nacido de una familia de ricos hacendados se pasara al bando de los miserables? Cmo era posible que este loco de remate le subiera el 60% de salario mnimo a la chusma y les quitara la ganancia a los pobres empresarios que estn al da con el pago de sus impuestos? Cmo era posible que este seor Zelaya haya bajado los intereses bancarios si los banqueros nunca han quebrado un plato mucho menos un banco y siempre se han sacrificado por Honduras? Cmo era posible que este loco de Zelaya haya querido preguntar al pueblo si el pueblo es tonto y no tiene capacidad para contestar?

Ellos crean que nuestra lucha conclua cuando terminara el gobierno de facto, pero en el camino comprendimos que el gobierno elegido por unas elecciones fraudulentas, era la continuacin del golpe que pretenda arrancar todas nuestras conquistas sociales; y en el bajo Aguan le arrebataba la vida y la tierra a los humildes campesinos.

Las calles tambin nos ensearon que el principio de la igualdad de todos ante la ley es una estafa que vendieron los romanos al precio de la mentira oficial, y que la igualdad no es tal si sta no es igualdad econmica y si no se borran las falsas deudas y se colectivizan las ganancias.

La calle nos dio muchas lecciones, pero nos ense sobre todo que debamos abandonar las calles transitoriamente para organizarnos, para darle contenidos vinculantes a nuestras luchas, para no ser cmplices con nuestros silencios, para impedir con nuestra voz y nuestro voto el despilfarro de nuestras riquezas y el robo legal de nuestra soberana econmica, para no continuar como zombis esperando redenciones celestiales fuera del musculo y el temple de nuestros esfuerzos de asociacin y de movilizacin de conciencias. As naci el partido libre, as se institucionalizaron sus pesadillas.

Ahora nuestro partido Libre aspira al gobierno e inmediatamente al poder poltico, para transformar nuestro pas en un lugar ms humano, ms justo y ms solidario. Nuestras decisiones estn precedidas por anlisis socioeconmicos cientficos y el serio debate y la autocrtica dialctica. Ni la improvisacin tiene espacio ni la falta de planificacin tiene cabida, porque la iniquidad tiene el tamao del sol y la utopa histrica la distancia de nuestros sueos.

Nuestro espritu es revolucionario, es una constante autocrtica la que gua nuestros pasos. Somos conscientes que nuestra realidad no esta dicha y que las soluciones buscan cada da ms a los valientes para que se aventuren en las aguas turbulentas de las contradicciones histricas, en el debate permanente en que empeamos nuestras egolatras y claudicamos a nuestros dogmas tericos.

Nuestro espritu revolucionario nos convence que no debemos adoptar un triunfalismo estril, conscientes de que las luchas son parte de procesos que pueden trascender nuestro tiempo o pueden resumir veinte aos en un dia. As de impredecible es la historia, y la suma de voluntades y los engranajes con que moviliza al mundo y a sus relaciones. En uno u otro caso est involucrado nuestro compromiso decidido para entregar al futuro un mejor planeta y a hombres y a mujeres nuevas.

La revolucin es una indagacin sin pausas ni puntos de llegada. Es el encuentro de buscadores para descifrar el acertijo, es el trabajo autentico por la humanidad. Es la materia informe en nuestras manos de forjadores. Es el machete que corta la maleza para abrir caminos, es la salida del sol, y la luna, y la salida del sol y la luna, y los amaneceres, y las albas, nunca la puesta del sol, porque ello supondra empequeecer el horizonte, y nuestra revolucin es mundial.

Hoy la conciencia es nuestra mayor arma. Con la conciencia movemos las montaas de imposicin y de encubrimiento, con nuestras consciencia los corazones generosos siembran la paz que genera la solidaridad, y al mismo tiempo siembran la guerra de las ideas en la que desenmascaran permanentemente los planes insidiosos de los que tratan de crear un mundo a la medida de sus pequeeces y sus mezquindades. Por la conciencia sabemos que la libertad es un discurso hueco si no hay pan, y si no hay condiciones humanas para vivir y para pensar. Por la conciencia sabemos que no somos libres si no tenemos la informacin y los medios autnticos para ejercer la libertad. Por la conciencia sabemos que somos capaces de reunir todas nuestras diferencias, todos nuestros sueos y todas nuestras ms caras inquietudes, y que no tenemos nada que perder ms que nuestras cadenas que nos han atado a nuestra milenaria desidia y a nuestros tradicionales y heredados miedos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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