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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2012

Siria, el activismo secuestrado

Mnica G. Prieto
Periodismo Humano


Para muchos activistas sirios, la revolucin armada es una consecuencia lgica de la violencia lanzada por el rgimen, pero otros muchos se sienten rehenes de una situacin que amenaza con devorar los principios por los que se levantaron. Uno de ellos era Mustafa Karman, asesinado en una explosin das despus de la entrevista con Periodismo Humano.

Desde hace 20 meses, cada viernes Mustafa Karman y sus amigos activistas sunes, chies, ismailes, kurdos, cristianos y alaues- convocaban una manifestacin en el barrio de Bustan al Qasr, en Aleppo, conocida por criticar a todos los frentes, tanto la dictadura como al Ejrcito Libre de Siria. Una marcha pacfica donde las nicas armas son las voces de quienes corean consignas a favor de la libertad y la unidad nacional, y donde los nicos uniformes que se pueden atisbar son las banderas revolucionarias que envuelven a los asistentes.

Cada viernes, despus de la cita semanal, Mustafa y sus amigos se reunan para discutir los progresos y retrocesos de la revolucin que ellos ayudaron a iniciar. El pasado da 17, sin embargo, no hubo tiempo para ello: 10 minutos despus de su trmino, un proyectil de mortero ti de sangre la protesta acabando con la vida de uno de los activistas ms lcidos y comprometidos de Aleppo o, como le define uno de sus amigos, un hombre estricto moralmente hasta un extremo irritante.

Lo ltimo que recuerdo es haber visto a Mustafa y su esposa, Maha, tomndose fotografias, explica Hamid, un joven de Aleppo que result milagrosamente ileso en el ataque. Habamos empezado la marcha gritando Por favor, hermano, deja tus armas a un lado, y haba terminado sin incidentes. La multitud se dispers y slo nos quedamos un grupo de jvenes, entre ellos los miembros del grupo de Mustafa, Jaque Mate.

Otro de los activistas, Mohamad, disparaba su cmara encuadrando a la pareja cuando una sorda explosin revent la normalidad en mil pedazos. Mir hacia el lugar de donde provena el sonido y vi piedras volando por el aire. Me volv y justo detrs mo haba un hombre con una grave herida en la cabeza. Corr por la calle principal, en direccin al grupo. Vi a una periodista danesa tirada en la calzada, la recog y la llev a un pequeo comercio. Entonces empezaron los gritos. [...] Escuch a Maha gritar muy fuerte y sal a ver qu estaba pasando.

Hamid describe una escena dantesca. Heridos, sangre, miembros amputados y cadveres. El cont hasta ocho cuerpos sin vida, entre ellos el de Mustafa, cuya esposa gritaba desolada a sus pies. Los heridos se contaban por decenas al menos 50, segn su testimonio- y terminaran colapsando el hospital del barrio. Mohamed termin con la mano destrozada; uno de sus mejores amigos, Amir, se practic a s mismo un torniquete para no ralentizar el rescate de vctimas: dos dedos de su pie izquierdo haban quedado seccionados.

En Siria y en las redes sociales, mucho se habla estos das de Mustafa Karman, ese hombre irritantemente estricto en sus principios, activista generoso y comprometido que tuvo, como tantos otros, la posibilidad de abandonar una Siria que se desangra y opt por permanecer con el objetivo de acabar lo que haban comenzado. Marcell Shehwaro, activista cristiana de Aleppo y estrecha amiga de Mustafa (entrevista por Periodismo Humano el pasado julio), escriba tras conocer la noticia de la muerte: A mis amigos de Essex [donde reside temporalmente]. No asumis que sabis lo que es ser sirio, porque vosotros no tenis que examinar cada vdeo en YouTube para saber si vuestros amigos estn heridos, o para descubrir que dos de vuestros mejores amigos han resultado heridos por una bomba que el rgimen lanz sobre su protesta. Horas despus, Mustafa falleca. Slo se haba casado un mes atrs. Slo tena 30 aos () Estoy enfadada de una forma que no podis entender. Vivo atenazada por el miedo a perder a toda la gente a la que he querido a lo largo de mi vida, y si llamo a alguien y su telfono est fuera de cobertura, asumo que ha muerto o ha sido arrestado.

Ese era el nimo entre los activistas de Aleppo tras el bombardeo de la marcha del aciago viernes, muy diferente al que esta reportera pudo constatar apenas unos das antes de la explosin, cuando Mustafa y sus amigos elaboraban un discurso realista, moderado y ajeno a victimismos que devolva la fe en la revolucin pese al secuestro que sta ha padecido a manos de la violencia.

En cada conversacin y en cada actuacin, Mustafa destacaba por sus firmes convicciones en la no violencia y por lo consciente que era de los peligros potenciales del momento que vive Siria. Mientras sus compaeros justificaban el uso de las armas, el joven se revolva incmodo en el suelo, donde se sentaba con las piernas cruzadas. Cuando los dems se animaban pensando que los yihadistas extranjeros se marcharn de Siria cuando todo acabe, l torca la cara con gesto sombro antes de decir que estaba en desacuerdo.

Eso no le impeda seguir trabajando por la comunidad. Pocos das antes de su muerte, Mustafa convocaba, mediante las redes sociales, a unos 30 activistas de Alepo para organizar una campaa de recogida de basuras en el barrio de Bustan al Qasr el mismo donde perdera la vida- destinada a impedir enfermedades: tal es el problema que genera el colapso de los servicios de limpieza municipales. Era una de las actividades de Jaque Mate, su grupo de Facebook, mediante el cual organizaban recogida de libros para los ms pequeos, asistan en la formacin de aulas clandestinas, recogan dinero, ropa y alimentos para los desplazados por el conflicto y organizaban jornadas de limpieza para evitar que Alepo quede sepultada por la basura.

Tambin estamos empezando a organizar hospitales de campaa, y hace un mes y medio, antiguos policas que no quieren integrarse en el FSA pero desertaron del rgimen comenzaron a organizarse por barrios para impedir que se viole la ley, relataba a Periodismo Humano mientras adecentaba una avenida principal con escaso trfico. En este barrio, el 50% de la poblacin ha hudo en los ltimos 20 das aprovechando una pausa en los bombardeos. Los que an quedan aqu, no se pueden asomar a las ventanas, deca armado con mascarilla y escoba mientras caminaba entre vidrios rotos y escombros, apuntando a una calle perpendicular desierta por la presencia de tiradores.

La violencia no slo ha cambiado la fisionoma de Siria, tambin devora los principios pacifistas que movieron inicialmente la revolucin. Para muchos activistas, se trata de una consecuencia lgica de la violencia infligida por el rgimen y, por tanto, aprueban y respaldan la actuacin del Ejrcito Libre de Siria (ELS) pese a sus complejidades. El Ejrcito Libre es una realidad sobre el terreno que hay que aceptar. Durante seis meses, nadie nos ayud mientras nos mataban en las manifestaciones. Ahora bien, slo les apoyo si se unen en su lucha y conforman un consejo militar que tome decisiones, ahora mismo son pura milicia, explica Absi, un periodista econmico hoy implicado en las manifestaciones y la labor social. En nuestra organizacin estamos vigilando los crmenes de guerra cometidos por todas las partes, y remitiremos esa documentacin a los tribunales. Tambin organizan talleres sobre derechos humanos para impartirlos al ELS, pero el propio periodista admita la dificultad a la que se enfrenta. Es muy difcil, son demasiados grupos descoordinados.

El ELS se ha convertido en una mera marca que engloba a todos los grupos armados, desde moderados a yihadistas y desde kurdos o sunes hasta cristianos. Tambin engloba a todos sus combatientes, ya luchen en defensa de los civiles para derrocar la dictadura y siguiendo convicciones morales, combatan por un Estado islmico o cometan exacciones tan horripilantes como las que suelen ser adjudicadas al Ejrcito de Bashar Assad.

Yo s me siento secuestrado por esta violencia, lamentaba Mustafa en un pequeo piso alquilado junto a sus amigos en Bustan al Qasr, con las ventanas bloqueadas para evitar la tentacin de asomarse a una avenida donde permanecen apostados francotiradores del Ejrcito regular. Intentamos trabajar para evitarlo, pero no sabemos si lo conseguiremos. Nos sentimos desesperados, pero debemos seguir trabajando por nuestros ideales.

Sus amigos se revolvan un poco al escuchar sus palabras. Es as como pienso, respondi Mustafa tajante, con un expresivo movimiento de manos. La revolucin en s se ha acabado. La intentamos recuperar con cada cosa que hacemos, pero es demasiado duro. Nos la ha arrebatado la gente que ha tomado las armas, y a ellos no podemos controlarlos. Aunque no debemos generalizar, hay mucha gente buena en el ELS.

Uno de sus compaeros se encogi de hombros. Nos encantara que fuera de otra forma, pero no existe otra manera. Tienen que empuar armas para que logramos derrocar el rgimen, deca Rami sentado en un mullido sof y encenda el ensimo cigarrilo.

Los primeros seminarios sobre Derechos Humanos impartidos al ELS son casos aislados. Somos demasiado dbiles para convencerles de que no cometan exacciones, de que no torturen. Es algo que slo funcionar si son los mismos combatientes los que hablan con sus compaeros, continuaba Rami.

El sentimiento general entre los activistas es de responsabilidad, pero no de culpa. Somos quienes empezamos esta revolucin desde las universidades y somos quienes debemos acabarla. No lamentamos en absoluto lo que est ocurriendo porque no es nuestra culpa, sino del rgimen, aduce Lamia, una de las mujeres que, como sus compaeros, organizan las manifestaciones desde los orgenes de la protesta. Cuando comenzaron los combates, por dos meses nos quedamos en casa. Ahora tenemos que hacer algo por los dems, que estn tan asustados como nosotros.

De ah que los activistas lancen campaas de ayuda humanitaria y sigan convocando manifestaciones, una hora de libertad y consignas que les convencen de que la sangra merece la pena. Protestas como la celebrada el 9 de noviembre, a la que pertenecen las imgenes que ilustran este reportaje, donde se repartan crticas a todos los bandos. El gobierno en el exilio seguir siempre en el exilio, poda leerse en una pancarta. Nuestras diferencias polticas incrementan el radicalismo, rezaba otro cartel. Una enorme banderola revolucionaria inclua los nombres de todas las ciudades sirias, incluidas las alaues, como ejemplo de la ansiada unidad.

En la marcha se podan escuchar vivas a la faccin armada rebelde. Apoyamos al ELS porque nos defienden, estimaba uno de los manifestantes, tambin miembro del grupo Jaque Mate. El rgimen de Assad no es alau, va ms all de las sectas. Es un rgimen criminal y por eso queremos derrocarlo. Fadi, el joven universitario que se expresaba de esta manera, deca ser consciente del peligro que implica la presencia de muyahidin en Siria, sobre todo dado que, en el imaginario salafista, el pas es de una importancia clave. No slo el fundador intelectual del salafismo, Ibn Taimiya, era de Damasco: Siria, junto a Jordania, Lbano y Palestina, conforman Bilad al Sham, la Gran Siria, la histrica regin donde los yihadistas esperan construir su nuevo Estado islmico.

Hoy, dos grupos salafistas, el poderoso Jahbat al Nosra y Ahrar al Sham, aglutinan en sus filas radicales, combatientes extranjeros y suicidas y se muestran abiertamente afines al ideario de Al Qaeda, poniendo en cuestin el futuro de la revolucin una vez que sea derrocado el rgimen. Recientemente se han desmarcado del nuevo consejo opositor en el exilio y han pedido la instauracin de un Estado islmico en Siria, en colisin con las demandas seculares y democrticas de los manifestantes.

Para Absi, la responsabilidad de la presencia de yihadistas es del rgimen y de los pases extranjeros a quienes acusa de promover el sectarismo. Si los salafes hubieran venido antes a Siria, nadie les habra escuchado. Ahora, la desesperacin, la inseguridad y la falta de ayuda nos empuja hacia ellos.

Por supuesto que tenemos miedo de organizaciones como Jahbat al Nosra, pero creo que los combatientes extranjeros se marcharn cuando hayamos derrocado al rgimen. La situacin en Siria es muy diferente a Irak, donde haba lderes sectarios. Aqu no tenemos semejante cosa, ni la poblacin tiene voluntad de enzarzarse en una guerra civil, aduca Fadi. Mustafa, sin embargo, no comparta ese optimismo. Yo no creo que tengan intencin de marcharse. Siria es demasiado importante para ellos.

Sus compaeros buscaban razones para restarle importancia a la amenaza integrista. La gente ha comprendido que podemos derrocar al rgimen, y ahora sabemos que tambin podremos derrocar a cualquiera que venga a imponernos su ley, continuaba Lania. Hay un aumento del radicalismo, pero nadie quiere hablar del aumento de los moderados, de gente como nosotros que no hemos abandonado la lucha pacfica. Es posible que algunos se radicalicen desde un punto de vista religioso, pero la mayora slo queremos un cambio poltico que nos devuelva la libertad, apostillaba Nidal, de 25 aos.

Al principio yo s apoyaba a los extranjeros que venan a combatir, porque necesitamos ayuda de forma desesperada. Ahora me dan miedo los muyahidin, explica Mariam, de 22 aos. La joven no luce velo, y en las protestas de los viernes este detalle suele traerle crticas. Me dicen que me cubra, y yo les respondo que no lo voy a hacer. Nunca lo he hecho antes en Siria y tengo derecho a seguir hacindolo. Por eso luchamos, por tener la libertad de hacer lo que queramos.

Los desafos son innumerables. Por supuesto que nos dan miedo los extremistas. Los activistas estamos intentando evitar que los radicales se apropien del vaco dejado por el rgimen, pero no podemos ser eficaces. Les combatimos mediante medios pacficos, ganndonos a la gente y apoyndola para que se sienta arropada en lugar de acudir al amparo de los salafes, explicaba Absi. La ausencia de una estructura civil organizada hace que los activistas estemos marginados.

El periodista lamentaba lo difcil que resulta enfrentarse a los radicales dado que estn bien financiados y apoyados desde el exterior, mientras que nosotros slo tenemos proyectos en la mente. Culpaba a la oposicin en el exilio de ser completamente ineficaz sobre el terreno. Hay un serio problema de representatividad. La oposicin en el interior no se siente arropada por los opositores en el exilio, que son vistos como revolucionarios en el ms romntico sentido de la palabra pero que ignoran los problemas reales a los que se enfrenta esta revolucin. La gente no necesita ms lderes, lo que necesita es un proyecto, una alternativa en torno a la cual unirse.

Jvenes como Mustafa y sus amigos representaban esa alternativa. Mrelos. Sunes, cristianos, ismailes, kurdos unidos Ellos son Siria, deca con orgullo Ghassan, otro destacado activista, cuando los componentes de Jaque Mate se alejaban por las calles de Bustan al Qasr tras la entrevista. Una generacin educada, tolerante, secular y solidaria que est siendo aniquilada por las bombas.

Fuente original: http://periodismohumano.com/en-conflicto/siria-el-activismo-secuestrado.html



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