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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2012

Pobres, pretos y perifricos
"Hay una guerra no declarada, y es una guerra de clases"

Nazaret Castro
Brecha


Dbora Maria Silva se enter por la radio de que haban matado a su hijo. Ella ya se lo barruntaba: aquel domingo, Da de la Madre y cumpleaos de Dbora, le pidi precaucin a Rogrio, de 29 aos, padre de un nio de 3. l la tranquiliz, aunque la calle estaba brava, en Santos como en todo el estado de San Pablo, desde que la organizacin criminal ms poderosa del pas, el Primeiro Comando da Capital (PCC),** haba decretado la guerra a las autoridades, sacado a sus hombres a las calles y ordenado matar policas, atacar comisaras y quemar autobuses. El estado respondi con mano dura y lgica militar: en ocho das, la Polica Militar (PM) mat a cerca de 500 jvenes en favelas y periferias. Seis aos despus, nadie pag por los crmenes de mayo de 2006.

Despus de aquella fatdica maana, Dbora se convirti en una zombi. Dej de comer. La hospitalizaron. Un da despert. La ira se haba transformado en furiosa indignacin. As que sali a la calle y busc, una por una, a las madres de las vctimas de aquellas ejecuciones. Desde entonces, las Madres de Mayo pelean no slo por la investigacin de aquella masacre, sino por el fin de la violencia estatal contra la poblacin pobre.

La defensora pblica, Daniela Skromov, seal que la polica, y muy especialmente la PM, es responsable del 20 por ciento de los homicidios en San Pablo. Las fuerzas del estado de San Pablo cercenan cada ao entre 500 y 600 vidas. El goteo de muertes se convirti en cotidianidad para esta megalpolis de 20 millones de habitantes. Pero, de vez en cuando, la violencia repunta y vuelve a los quioscos de la Avenida Paulista.

Entre los meses de junio y julio pasados se registraron 586 homicidios dolosos en la capital paulista, 22 por ciento ms que en el primer semestre de 2011. Esas cifras no incluyen la letalidad policial: segn la Secretara de Seguridad de San Pablo, en ese primer semestre se produjeron 283 muertes a manos de la PM y, muy especialmente, de las Rondas Ostensivas Tobias de Aguiar (Rota), una tropa de elite surgida durante la dictadura militar y muy temida en la periferia paulista por su letalidad. Movimientos sociales y asociaciones vecinales contabilizan ms de 200 casos apenas en los meses de junio y julio.

Segn la versin ms difundida por la prensa paulista, esta ola de violencia se desat despus de que, el 28 de mayo, agentes de la rota matasen a cinco criminales pertenecientes al PCC. Algunos investigadores, como la sociloga Camila Nunes Dias, apuntan a que el detonante podra ser el traslado de algunos presos del PCC a crceles del temido Rgimen Disciplinar Diferenciado. Como en 2006, el PCC decret ataques contra policas y comisaras y quema de autobuses. Tambin como hace seis aos, el Estado respondi recrudeciendo la represin contra la poblacin pobre y perifrica.

En 2006 el PCC demostr que, si quera, poda paralizar la mayor urbe de Amrica del Sur. Nunca qued claro cmo consigui el Estado poner fin a los ataques; la hiptesis ms aceptada por los expertos es que aquellas negociaciones terminaron de configurar ese delicado equilibrio de fuerzas entre el mundo del crimen y las fuerzas del Estado que rige en San Pablo. Eso se extrae de la tesis de Nunes Dias sobre la pacificacin de la ciudad, que en los ltimos 15 aos experiment un notable descenso en las tasas de homicidio.

"Las policas siempre se relacionaron con los mercados criminales", seala la abogada y sociloga Alessandra Teixeira. El estudio "San Pablo bajo extorsin" evidenci que el detonante de los ataques de 2006 fue la extorsin de la polica al lder del PCC, Marcos Camacho, alias "Marcola". Lo cierto es que la propia existencia de la faccin no se explica sin la corrupcin de policas, funcionarios y delegados de prisiones. Dbora Silva desafa: "El crimen organizado naci de dentro hacia afuera del Estado, no al revs".

Polica racista y letal. Pequeos y grandes acuerdos sustentan las imbricadas relaciones entre policas y criminales, pero ese equilibrio es extremadamente frgil. De vez en cuando se rompe, como sucedi en Carandir en 1992, en Castelinho en 2002, en la capital paulista en 2006, en Osasco en 2010, o ahora. Cuando as ocurre, quien sale perdiendo es invariablemente la poblacin pobre y negra de las periferias, y fundamentalmente los varones jvenes. Porque el sesgo de la letalidad policial es racista y de clase. "El 'dispara primero y pregunta despus' siempre fue la marca de nuestra polica, y siempre tuvo como objetivo privilegiado a los negros (pretos), pobres y perifricos. 3 P: esa es la sigla de nuestra poltica de exterminio", sostiene el antroplogo Adalton Marques.

Con poqusimas excepciones, las muertes provocadas por la PM son archivadas sin ms como "resistencia seguida de muerte" o "autos de resistencia", esto es, como supuesta defensa propia de los agentes durante la confrontacin con los delincuentes.

La defensora pblica ha denunciado la inconsistencia de las pruebas que sustentan que esas muertes sean efectivamente resultado de enfrentamientos con la polica. El fin de este tipo de registros fue una de las propuestas surgida de una audiencia pblica que reuni el 26 de julio a instituciones gubernamentales y movimientos sociales.

Otra de las demandas de los movimientos sociales es la desmilitarizacin de la polica, que tambin sugiri al gobierno brasileo la ONU tras una reciente visita. Sin embargo, por el momento la PM va ganando terreno en San Pablo, no slo patrullando las calles -hay ms de 100 mil agentes de la PM frente a unos 30 mil de la Polica Civil-, sino tambin en la organizacin poltica de los municipios: en San Pablo, coroneles de la PM estn presentes en 30 de las 31 subprefecturas.

Los militares "se apropian de momentos como el actual para legitimar su actuacin violenta y extralegal", recuerda Alessandra Teixeira. Y, con la inestimable ayuda de los grandes medios de comunicacin, que asumen en sus titulares la tesis de que las vctimas son delincuentes y eluden contextualizar esas muertes, se instala en la sociedad una visin que acepta la brutalidad policial como garanta de su seguridad y "da una carta blanca, aceptacin y legitimacin de esa violencia", en palabras de Teixeira.

El Estado, antes que combatir este tipo de violencia, la alienta. En un ao electoral, el gobierno conservador enarbola la poltica de la "tolerancia cero" contra la delincuencia. El comandante de la PM, teniente-coronel Salvador Modesto Madia, afirm por su parte que no le importan los nmeros de letalidad policial, sino "su legalidad". Cabe recordar que Madia es apuntado como responsable de ms de 70 muertes en la masacre de Carandir, de 1992.

Grupos de exterminio Dbora y Danilo Csar, del Movimiento Madres de Mayo, denuncian que si bien la violencia policial siempre existi en las favelas y periferias de San Pablo, recrudeci a partir de 2006.

El asesinato es el extremo de una poltica de control y sometimiento de las periferias que inunda la vida diaria de los vecinos de los barrios pobres: extorsiones a comerciantes, abordajes policiales arbitrarios e irrespetuosos, toques de queda ordenados por la polica y los grupos paraestatales. Poblaciones como Osasco, Sapopemba, Capo Redondo o la Baixada Santista viven en permanente estado de excepcin.

La extorsin est "incrustada en el orden de cosas" de la periferia paulista. Los llamados "grupos de exterminio", formados por agentes o ex agentes de los cuerpos armados del estado, siembran el pnico y compran lealtades en las comunidades pobres.

Las Madres de Mayo, as como la ONU y Amnista Internacional, llevan tiempo alertando sobre el fortalecimiento de estos grupos. "El gobierno se acomod en el discurso de que estas bandas estn formadas por el crimen organizado, pero no es cierto: las conforman agentes del Estado", denuncia Dbora Silva. Por eso ella prefiere hablar de milicias, como se denomin en Rio de Janeiro a la evolucin de esos grupos de exterminio, cada vez ms organizados y poderosos, y tambin cada vez ms imbricados con los intereses de la clase poltica y empresarial.

Higienizacin de la pobreza

Para Danilo y Dbora, la truculencia policial y la ascensin de los grupos de exterminio responden a la misma lgica que la poltica de encarcelamiento en masa -hay 500 mil presos en Brasil, y la cifra no deja de crecer- y que los desalojos de favelas, cada vez ms habituales en el Brasil que acoger al mundial de ftbol de 2014 y los Juegos Olmpicos de 2016. "Es una poltica de exterminio, de higienizacin y criminalizacin de la pobreza", denuncia Danilo.

La ciudad de San Pablo vivi recientemente otros episodios de "higienizacin de la pobreza", como el brutal desalojo de la favela de Pinheirinho y la expulsin de los sin techo y de los drogadictos de barrios del centro como Santa Ifignia. En un contexto de boom inmobiliario, con los megaeventos deportivos a la vuelta de la esquina y la necesidad de mostrarle al mundo una ciudad limpia y segura, los intereses especulativos expulsan a los pobres cada vez ms lejos.

"Hay una guerra no declarada, y es una guerra de clases", puntualiza Dbora Silva. "No es algo de San Pablo ni de Rio: es de todo Brasil. El pas est a punto de estallar. El modelo no aguanta ms, y no sabemos muy bien cundo ni cmo, pero sabemos que va a explotar", aade Dbora.

Los millones de personas que habitan las favelas y periferias de las grandes ciudades, como los campesinos sin tierra, como los indgenas, son prescindibles para el modelo econmico que ha elevado a la economa brasilea a los primeros puestos del ranking mundial. Sobran.

Nazaret Castro es periodista brasilea, colaboradora del diario El Mundo de Madrid y de Le Monde Diplomatique, entre otras publicaciones.


** Segn diferentes investigaciones estatales el PCC podra contar con 200 mil miembros.
Fuente original: http://www.brecha.com.uy/


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