Portada :: Ecologa social
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2012

1968, nucleares y otros mitos fundacionales del ecologismo

Florent Marcellesi
Cuides


En la lucha ecologista, el ao 1968 marca un punto de inflexin, un punto crtico. En diferentes partes del planeta, las revueltas juveniles se componen de una masa heterognea de perfiles sociolgicos donde conviven pacifistas, feministas, artistas, libertarios, medioambientalistas o autogestionarios en contra de la cultura del progreso ilimitado, consumista, jerrquico y patriarcal. En el abanico de los movimientos por la autonoma destacan tambin los militantes que redescubren el mundo rural, que vinculan los trminos ecologa y comunidad e inician un retorno a la tierra con prcticas y tcnicas alternativas. Esta revolucin mundial de 1968, en la lnea del concepto acunado por Wallerstein, marca una ruptura profunda con los movimientos de la izquierda tradicional y la aparicin de nuevas aspiraciones transformadoras. Mientras surge la represin, especialmente sangrienta en Mxico o Praga, el movimiento obrero principalmente masculino y de funcionamiento vertical desconoce en un primer momento estas revueltas hacia la emancipacin para luego sumarse a las protestas una vez iniciadas las huelgas en las fbricas. Por ello, Gorz explica que el socialismo no tendr mejores resultados que el capitalismo si no favorece al mismo tiempo la autonoma de las comunidades y de las personas: La expansin de esta autonoma est en el centro de la exigencia ecologista. Supone una subversin de la relacin de los individuos con sus herramientas, con su consumo, con su cuerpo, con la naturaleza (1982). Por su parte, Ivn Illich escriba en trminos parecidos: El socialismo () no puede venir a pie, ni puede venir en coche, sino solamente a velocidad de bicicleta (2006).(2)

Segn Daniel Cohn-Bendit, ayer lder del mayo de 1968 y hoy cabeza visible del movimiento verde europeo, la revolucin de 1968 no se puede definir como un movimiento ecologista sino que porta las semillas y valores que posibilitarn el futuro crecimiento del ecologismo. Siguiendo este anlisis, la ecologa poltica surge como la prolongacin de las ideas de 1968 (Gorz, 2008a: 93) y constituye uno de los principales recipientes de la revolucin de las conciencias polticas, del cuestionamiento existencial de esta poca (Cohn-Bendit, 2008). Este cuestionamiento existencial nos recuerda, a travs de lemas como No trabajis nunca! o Vivir sin tiempo muerto, gozar sin trabas, la importancia del disfrute y del placer frente a sociedades conservadoras y ahogadas en el trabajo-empleo alienante.(3) De la misma manera, siguiendo los pasos de Keynes, que pensaba que el arte y la cultura deban primar in fine, Georgescu-Roegen plasma que el verdadero producto del proceso [econmico] es un flujo inmaterial: el placer de la vida (1996), mientras que Cohn-Bendit teoriza el cambio poltico a travs del placer de participar en un momento histrico pero crucial (2000: 60).

As, 1968 marca uno de los mitos fundacionales de la ecologa poltica, condicin sine qua non de la construccin del imaginario colectivo ecologista. Este imaginario se plasma por ejemplo en varios documentos fundadores de la rama poltica del movimiento ecologista. Por ejemplo, Los Verdes mundiales insisten en la necesidad de hacer partido con amistad, optimismo y buen humor, sin olvidarnos nosotros mismos de disfrutar en el proceso (Carta de Camberra, 2001: punto 10.11). Mientras tanto, en los principios directores, el Partido Verde europeo establece sus orgenes en la suma heterognea de movimientos medioambientalistas y antinucleares, de los activistas no violentos, feministas, a favor de los derechos humanos, del mbito Norte-Sur y de la lucha contra la pobreza (European Greens, 2006).

Despus de 1968, la conciencia ecolgica se reforzar an ms a travs de varios acontecimientos que entrarn a formar parte de lo que podramos denominar la mitologa ecologista. Adems de una serie de catstrofes ecolgicas difundidas por los nuevos medios de comunicacin de masas como la televisin (4) y tras los choques petroleros de octubre de 1973 y 1979, el hundimiento en 1985 por los servicios secretos franceses del barco de Greenpeace, el Rainbow Warrior, conmociona fuertemente al mundo, y al ecologista en particular. Este atentado perpetrado por un Estado para evitar que se llevaran a cabo protestas en contra de las pruebas nucleares en el atoln de Mururoa (ocano Pacfico) pone de relieve, adems de la impunidad de los criminales, la falta total de democracia y transparencia en la imposicin tecnocrtica de la energa nuclear tanto civil como militar. Apenas un ao ms tarde, en abril de 1986, ocurre la catstrofe de Chernbil, que marca tambin profundamente las mentes y refuerza an ms el imaginario colectivo ecologista, al evidenciar la globalizacin y la ausencia de fronteras para los problemas ecolgicos y sus repercusiones sociales. Ms que nunca la lucha contra la energa nuclear, que comenz en los aos setenta, aparece como un estmulo continuo para el movimiento verde y se posiciona en el centro de sus reivindicaciones e historial activista. La catstrofe nuclear de Fukushima en mayo del 2011 ha reforzado an ms la importancia estratgica de la energa nuclear en la reflexin y accin ecologista, puesto que adems confirma que ningn pas, por muy disciplinado y moderno que sea, puede escapar al riesgo de accidente (Marcellesi, 2011a). Tal y como lo resume Joaqun Fernndez:

Ninguna otra ha conseguido rechazos tan unnimes y contribuido tan decisivamente a la identidad ideolgica y a la cohesin organizativa del ecologismo espaol, cuya historia es, en buena parte, la historia de la protesta nuclear. (1999: 99) (5)

Percibida como ejemplo del carcter transnacional de la crisis ecolgica, como generadora de inseguridad y de una sociedad autoritaria basada en un progreso tecnolgico ciego, la lucha contra la energa nuclear se ha mantenido hasta la fecha como factor de identificacin y seal de identidad de la ecologa poltica. En su estudio de ms de cincuenta programas de partidos verdes en el mundo, Garton resalta que el no a la energa nuclear es una constante prioritaria consenso nico en el panorama poltico europeo y mundial y que ningn programa [verde] ni siquiera insina de manera encubierta que la energa nuclear podra ser aceptable como un reemplazo para los combustibles fsiles (2008: 109).

Continuar con la prxima entrega: Cmo definir la crisis ecolgica actual?

Entrega anterior: la gnesis ecologista: de la esttica a la supervivencia.

Notas:

(1) Se basa en una adaptacin y actualizacin de la publicacin Marcellesi, F. (2008): Ecologa poltica: gnesis, teora y praxis de la ideologa verde, Bilbao, Bakeaz (Cuadernos Bakeaz, 85).

(2) En su ltimo libro publicado en mayo del 2012 (Catarata), Jorge Riechmann nos propone una defensa del ecosocialismo como salida a la crisis parafraseando esta frase de Illich para titular su libro: El socialismo solo puede llegar en bicicleta.

(3) En el 15-M, encontramos muchos puntos en comn con el mayo de 68, empezando por los lemas. Por ejemplo, vase en mi blog De mayo 68 al #15-M.

(4) En particular, podramos citar el naufragio del Torrey Canyon en marzo de 1967, la marea negra de Santa Brbara en California en enero de 1969 y la enfermedad de Minamata debida a la contaminacin con mercurio en Japn.

(5) A partir de las inauguraciones de las primeras centrales (Zorita en 1968, Garoa en 1971, Vandells I en 1972), se conforman las primeras respuestas sociales a la imposicin de la energa nuclear (vase la Comisin por la defensa de una costa vasca no nuclear o el surgimiento de comits antinucleares, asociaciones de vecinos y ayuntamientos desnuclearizados en Catalua, Valencia, Guadalajara, Burgos, Extremadura, etc.). En 1977 se crea la coordinadora estatal antinuclear que permaneci activa hasta los aos 90 y fue reactivada en 2009. Por otra parte, a nivel intelectual, Mario Gaviria firma en 1972 en la revista aragonesa Andaln uno de los artculos que marca el inicio de la lucha antinuclear en Espaa. Las publicaciones Triunfo y Cuadernos para el Dilogo sirvieron tambin de canal de comunicacin a los antinucleares como Pedro Costa Morata, Jos Manuel Naredo o Jos Allende.

Florent Marcellesi es coordinador de Ecopoltica y miembro de la Revista Ecologa Poltica

Fuente: Publicado en la revista Cuides, n9, octubre 2012 (1). Este es el segundo artculo de ocho en la serie Qu es la ecologa poltica? Una va para la esperanza en el siglo XXI.

http://florentmarcellesi.wordpress.com/2012/12/03/1968-nucleares-y-otros-mitos-fundacionales-del-ecologismo/#more-1012



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter