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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2012

Suicidio, propiedad y comunismo

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Las palabras no son neutrales, estn cargadas tica y polticamente, tambin con vulgarismos, con tpicos y eufemismos, y casi siempre con ideologa, es decir, con falsa conciencia que invierte la realidad, que oculta las contradicciones, o que las suaviza hacindolas aceptables al reformismo y a ese verdadero cepo inmovilizador de la conciencia crtica que es el llamado sentido comn. Hablamos de suicidio en vez de asesinato indirecto en el caso de las muertes de personas que estaban a punto de ver cmo el capitalismo les desahuciaba, asesinato inducido a distancia mediante la esotrica mano invisible del mercado que para funcionar con efectividad material necesita de la muy visible y frrea mano acorazada del Estado y de la ley de la propiedad burguesa. Estado y propiedad privada son, por tanto, dos conceptos imprescindibles para acercarnos con un mnimo de rigor al problema de los llamados suicidios provocados por razones de desahucio de la vivienda.

Siempre debemos contextualizar las palabras y sacar a la luz aquellos contenidos suyos sistemticamente expurgados del lenguaje dominante, contenidos que muestran las contradicciones irresolubles del sistema capitalista que son la razn ltima y definitiva del tremendo deterioro de la salud psicosomtica de la humanidad trabajadora. Por esto es de agradecer que muy recientemente se hayan publicado en Gara dos artculos al respecto: Desahucios: el desamparo definitivo, del 17-XI-2012, y Aumento de suicidios como consecuencia de la crisis, del 5-XI-2012. Dos artculos necesarios para bucear al fondo del problema, de la tragedia mejor dicho, de los desahucios y suicidios provocados directa o indirectamente por la incompatibilidad ltima entre la propiedad privada de las fuerzas productivas y la libertad humana que siempre ha necesitado de la propiedad colectiva, comunal y/o comunista, segn se quiera, para realizar sus inagotables potencialidades. Personalmente, voy a intentar completar tres aspectos que, a mi entender, son imprescindibles para una mejor lucha contra la explotacin.

Un primer aspecto no es otro que la pregunta sobre Qu debemos entender por propiedad privada de las fuerzas productivas? Desde luego que nunca hemos de entender por tal cosa y en el capitalismo actual, la posesin de un utilitario de segunda o tercera calidad, o de dos televisores en el domicilio, o de un ordenador con acceso a Internet, por ejemplo, sin hablar del propio domicilio y de sus aparatos domsticos socialmente establecidos como equipamiento mnimo estandarizado. Frecuentemente estos y otros bienes son necesarios para la recomposicin de la fuerza de trabajo en el actual sistema de explotacin asalariada. No. Por propiedad privada de las fuerzas productivas hay que entender, por ejemplo y citando slo una de las informaciones ms recientes, de mediados de octubre de 2012, el hecho de que el 1,3% de la poblacin acumule el 44,4% del PIB del tercio vascongado, unos 37.502 millones de euros. Ahora s estamos hablando realmente de propiedad privada de las fuerzas productivas. Por el lado opuesto, sin propiedad burguesa alguna, en ese mismo mes de octubre supimos que en el tercio vascongado el 6,3% de los hogares tienen muchas dificultades para llegar a fin de mes, siendo el 5,1% en Nafarroa, y en el total de Hego Euskal Herria ascienden a 70.810 hogares.

La diferencia entre propiedad burguesa y propiedad familiar o personal normal radica en que la primera se asienta sobre la explotacin ajena para extraer plusvalor, que permite acumular ms propiedad y que, sobre todo, permite expropiar el domicilio, desahuciar y expulsar a la desolacin ms inhumana, a quienes con su muy enana propiedad personal y/o familiar son incapaces de sobrellevar los gastos mnimos de su malvivencia cotidiana. La propiedad personal se reduce, en sntesis, a la propia fuerza de trabajo, apenas a algo ms. Bajo esta realidad instaurada desde el inicio del capitalismo, con su fase de acumulacin originaria de capital, que se reactiva siempre con formas y modalidades nuevas, por ejemplo la de la actual acumulacin por desposesin generalizada de los bienes comunes y de la muy reducida propiedad personal y/o familiar, bajo esta realidad, el desahucio contemporneo nos remite a las violencias terroristas burguesas de otrora, ya denunciadas y combatidas por el socialismo utpico. Sin ir muy lejos, en 1845 Engels citaba el desahucio como una de las tcticas habituales de la patronal inglesa para aplastar la resistencia obrera y popular en la permanente lucha de clases o guerra social de aquella poca. Propiedad burguesa y lucha de clases forman una unidad de contrarios irreconciliables, siendo los desahucios y los suicidios un efecto necesario que surge del interior de esa contradiccin. Y para acabar con el efecto hay que acabar antes con su causa.

Un segundo aspecto derivado del anterior es precisamente el de la tendencia ciega del capital a la acumulacin por desposesin, a la reactualizacin de las violencias terroristas --as las llam Marx-- sin las cuales millones de campesinos y artesanos nunca hubieran claudicado ante el derecho burgus de explotacin, y el papel clave del Estado burgus para que facilitar la acumulacin de propiedad cada vez en menos manos. Tanto a nivel mundial como a nivel vascongado con el inmoral y reaccionario golpe de Kutxabank, el Estado interviene masiva y permanentemente en la privatizacin descarada de ingentes masas de capital, bienes y riquezas pblicas, de todo tipo, forma y condicin. Un expolio privatizador que supera todo lo habido anteriormente en la sangrienta historia capitalista. No vamos a dar cifras porque aumentan cada da y no tenemos espacio ahora. El capital tiene la ciega necesidad de acumular cada vez ms y por eso, entre otras vas, debe expropiar, privatizar y desahuciar todo lo que pueda, y ms, o de lo contrario se acelerar a medio y largo plazo la tendencia a la cada de la tasa media de beneficio, base de la acumulacin de propiedad burguesa. Hablamos de tendencia a la baja porque su velocidad y materializacin depende de la lucha de clases, de las contratendencias que logre aplicar el Estado mediante sus estrategias socioeconmicas, polticas y represivas. Un ejemplo demostrativo de la dialctica entre la tendencia a la baja de la tasa media de beneficio y el aumento de la tasa de suicidios lo tenemos en el hecho de que un aumento de un 1% del desempleo supone un aumento del 0,8% de los suicidios, como se nos informa en Aumento de suicidios como consecuencia de la crisis, del 5-XI-2012.

Y el tercer aspecto es la necesidad del comunismo como nica alternativa a la privatizacin de lo comn, de lo poco que pervive fuera de la propiedad burguesa, desde las tierras comunales y/o estatales, hasta los primeros o ltimos sentimientos humanos, est siendo mercantilizado por el capitalismo. Transformar lo real en mercanca y reducir al mximo posible el tiempo de trabajo, son dos exigencias ineludibles para el aumento de la propiedad burguesa. La antropogenia se sostiene sobre la sociabilidad y sobre los bienes comunes, colectivos. Privatizarlos, reducirlos a propiedad burguesa es destruir lo que, hasta ahora, ha creado a nuestra especie, pero esta y no otra es la esencia del imperialismo en su fase actual. Por todas partes, en cualquier resistencia popular y obrera, casi al instante aparece el verdadero problema: cmo impedir la expropiacin, el desahucio, la privatizacin. Manuel Reguera y Amaia Egaa tomaron el camino del suicidio, pero la nica solucin es la lucha ofensiva, tenaz y estratgicamente dirigida a la recuperacin de lo pblico, comn y colectivo. Es la lucha contra la propiedad burguesa, empezando por la del suelo, de la vivienda, la salud, la economa, la educacin, las armas, el aire, la sexualidad, el amor y hasta la propia muerte. La propiedad socialista de Euskal Herria, su independencia Acaso no es esto el comunismo?



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