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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2012

"Beneficiarse de la injusticia: cmo firmas legales, rbitros y financieros estn alimentando el boom de arbitrajes de inversin"
Un machetazo contra la selva del arbitraje internacional

Gorka Larrabeiti
Rebelin


Dos noticias en una semana nos traen el eco de un estallido. Primera: Repsol demanda a Argentina ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), principal institucin de la materia y dependiente del Banco Mundial.La petrolera espaola reclama 10.500 millones de dlares por la nacionalizacin de sus acciones en la petrolera.Argentina, con 49 reclamos, es el pas con ms casos abiertos ante este tipo de instituciones internacionales. Segunda: Una constructora francesa ha presentado una demanda ante el CIADI contra Guinea: ser la tercera que se registra contra ese pas en lo que llevamos de ao.

A menos que uno sea ciudadano de un paisdel Surque haya sufrido en su propia piel este sistema de arbitraje internacional, o que sea un experto en la materia, carece de sensibilidad y de informacin para entender la grave amenaza contra la democracia y el medio ambiente que encierran esta sistmicasinjusticia legal, que sigue cebndose contra los Estados.Es sabido: las multinacionales de todo el mundo se han aprovechado de una desregulacin de las inversiones internacionales para demandar a gobiernos soberanos por millones de dlares. Adentrarse en esa jungla para conocer a sus protagonistas es tarea importante y urgente.

Corporate Europe Observatory (CEO) y Transnational Institute (TNI) acaban de publicar un informe cuyo ttulo habla por s solo: Beneficiarse de la injusticia: cmo firmas legales, rbitros y financieros estn alimentando el boom de arbitrajes de inversin. Escuchen este estallido de cifras.Desde 1966 hasta1996 fueron 38 las demandas de corporaciones contra Estados en el CIADI; en 2011, se ha llegado a 450. Pero no slo es el nmero de casos lo que crece: crece tambin el monto de las demandas. En 2009/2010 en 151 casos de arbitraje la cifra demandada contra los Estados suberaba los $100 millones. Y, cmo no, crecen tambin los costos legales, que alcanzan una media de $8 millones con picos de hasta $30 millones. Se forran las compaas legales especializadas, que piden 1000$ por hora; se forran los rbitros que pueden ingresar hasta $1 milln por caso. Al amparo de un Banco Mundial depredador, se ha formado toda una cadena alimenticia formada de empresas legales rapaces, rbitros buitres y financieros carroeros. Este sistema, como una avalancha, hainvadido la jurisprudencia internacional hasta convertirse probablemente en el rea de desarrollo ms rpido del Derecho internacional.

Igual que las guilas, bufetes internacionales de poderosas garras otean desde el cielo vctimas terrestres. Citemos ejemplos del informe: 10 de marzo de 2011, Libia. El bufete Freshfields Bruckhaus Deringer, que en 2011 particip en 71 casos y obtuvo ingresos netos de $1.820 millones y beneficios por accionista de $2,07 millones, publica una nota informativa para aconsejar a las empresas multinacionales cmo defender sus ganancias amenazadas en Libia al haber incumplido esta las promesas a los inversionistas con respecto a la seguridad fsica y proteccin de instalaciones, personal, etc. Otro ejemplo ms: ao 2011, Grecia. La firma alemana de abogados Luther avisa a sus clientes de que el comportamiento financiero deshonesto de Grecia ofrece una base slida para buscar compensaciones. En breve tiempo se lanzan sobre la presa en picado varias firmas: la estadounidense Milibank, la holandesa De Brauw y la britnica Linklaters. A raz de la decisin del Parlamento griego de aprobar la quita del 53,5% de su deuda en manos de acreedores privados, dentro de un plan acordado con la UE para acceder al rescate, varias firmas legales anuncian que exigirn indemnizaciones millonarias por daos en representacin de inversores que se niegan a aceptar dicha decisin.

Como se ve, los bufetes crean el caso. Me dicen que en Argentina se les dice "caranchos" a estos cazadores de ambulancias, trmino que se dio en el siglo XIX a los abogados que intentaban sacar provecho de las lesiones o accidentes sufridos por una persona (p. 19). Las firmas lderes de esta nueva industria jurdica son tres: Freshfields Bruckhaus Dereinger (Reino Unido), White & Case (EEUU) y King & Spalding (EEUU). 25 de cada 30 casos presentados en el CIADI acaban alimentando las arcas de estas tres compaas. Los bufetes de abogados con sede en pases demandados raramente participan del festn (p. 22). Una vez que esta industria jurdica levanta la pieza para las multinacionales, comienza el proceso mismo de arbitraje. La mayora de los paneles arbitrales se componen de tres personas: un rbitro por cada una de las partes y el presidente, a quien eligen los rbitros de las partes. El retrato robot de estos rbitros define la especie: son abogados (solo un 4% de mujeres), de Norte Amrica o Europa Occidental (69%), con orientacin pro business (p. 37). Pero la informacin ms valiosa a propsito de los rbitros es esta otra: existe un club reducido, una elite, un crculo cerrado o una mafia de quince ejemplares, quince, que han decidido en el 55% del total de casos; un porcentaje que sube hasta el 63% si se trataba de demandas de al menos 100 millones $, y que alcanzaban nada menos que el 75% de los casos de al menos 4.000 millones $. Al leer la experiencia profesional de cada uno de ellos (p. 38-41), sorprende que un conflicto de intereses tan evidente y duradero perdure gracias a la falta de control. Vean este grfico a continuacin.

Todos y cada uno de esos quince rbitros ha concidido con otro en paneles arbitrales al menos una vez; muchos de ellos lo ha hecho en dos ocasiones; y ha habido casos en que los tres rbitros formaban parte de esa lite de 15 individuos, por ejemplo en la demanda de 100.000 millones $ de la petrolera Yukos contra Rusia.

El conflicto de intereses no se limita a la institucin de los paneles arbitrales, sino a la identidad camalenica de estos personajes, que un da, dentro del"tribunal",hacen de rbitros, al siguiente, de abogados, luego, expertos legales convocados como testigos, antes de consejeros legales, lo que no impide que uno se los tope tambinfuera de esos tribunales, donde podrn presentarse como asesores polticos, lobbistas, socios de bufetes, profesores de universidad, editores, o miembros del consejo de administracin de una corporacin. Donde hay carroa, hay buitres.

De modo que no se hable de tribunales, ni de justicia, sino de negocio de la injusticia, como bien hacen los autores de esta investigacin. Cuando uno se imagina un tribunal, un abogadoo un caso, inmediatamente piensa en gruesos volmenes del cdigo civil, penal o administrativo, y en una balanza bien ajustada. Vean que no es as. Matthew Weiniger, del bufete Herbert Simith Freehills (Reino Unido), describa durante una conferencia sobre arbitraje internacional el hbitat legal en que nos movemos: ante la mirada de los asistentes, puso encima de la mesa dos libracos del cdigo de procedimiento civil de Reino Unido, y a su lado el cuadernillo publicado por la Cmara de Comercio Internacional (ICC). Entoncessentenci: La diferencia entre esos dos grosores es lo que conocen los abogados de arbitraje internacional. Y no est escrito (p. 22). Sin ley escrita, impera una ley ms cruel an que la ley de la oferta y la domanda, que, al fin y al cabo, obedece a leyes matemticas. Ante esta ley oculta, no escrita, parece natural que el poder ejecutivo de los Estados se amilane al tener conocimiento escrito por carta amenazadora de la presencia de rapaces al acecho de medidas que haban resuelto adoptar. Si algn Estado o institucin intenta domesticarlas, estas aves de presa tratarn de buscar el modo de retorcer el Derecho: se inventarn terceras partes donde rija an la Ley de la selva, lucharn por mantener lenguajes ambiguos, leyes interpretables, conflictos infinitos, negocio eterno.

Eso trajo la globalizacin. La barbarieaconstitucionalinvadi las lindes de los Estados parasitando el Derecho administrativo. Una rapaz tecnocracia global jurdica chup y sigue chupando la savia de las Constituciones y deja sin sangre a los pueblos haciendo que prevalezcan los derechos de las multinacionales sobre los de los pueblos. Este proceso destituyente encontr redes de resistencia que trabajan para restituir a machetazos las soberanas nacionales y fundar un orden jurdico global ms justo. Citamos del resumen ejecutivo en espaol (p.3) de este estudio:

En la primavera de 2011, el Gobierno australiano anunció que dejara de incluir disposiciones sobre la resolución de diferencias inversor-Estado en sus tratados comerciales. Bolivia, Ecuador y Venezuela han puesto fin a varios tratados de inversión y se han retirado del CIADI. Argentina, que ha recibido un alud de demandas inversor-Estado por las leyes de excepción que adoptó en el contexto de la crisis económica de 2001-2002, se niega a pagar los laudos arbitrales. Sudáfrica está realizando una exhaustiva revisión de su política de inversiones para alinearla mejor con sus prioridades de desarrollo y acaba de anunciar que no firmará nuevos acuerdos de inversión ni renovará los vigentes cuando estos venzan.

Conviene recordar que la resistencia a la barbarie tambin viene del mundo acadmico, que ya piensa en un edificio constitucional a salvo de alimaas. 37 profesores que escribieron una Declaracin pblica sobre el rgimen de inversin internacional. Sus Principios generales se basan en esta slida primera piedra:

  1. La proteccin de los inversores, y por extensin el uso de la ley de inversiones y arbitraje, es un medio para el fin de promover el bienestar pblico y no debe ser tratado como un fin en s mismo.

Como conclusin, no hay mejor homenaje a los autores de este estudio que recordar el ltimo de esos principios bsicos:

  1. La sociedad civil debe seguir tomando medidas para informar a sus integrantes y la sociedad en general de los fracasos y las amenazas que plantea el rgimen de inversin internacional y de oponerse a la aplicacin de dicho rgimen a los gobiernos que adopten medidas legislativas o polticas generales para fines legtimos.


Nota:

1. Cazadores de ambulancias, p. 2.



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