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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2012

Doha, el Mad Max climtico

Florent Marcellesi
Pblico


El mundo camina hacia un escenario climtico marcado por una serie de cambios catastrficos, con olas de calor extremas, cada del stock alimentario y subida del nivel del mar que amenaza centenares de millones de personas. No lo digo yo, ni ningn grupo ecologista. Ni tampoco sale del ltimo guin de la prxima entrega de Mad Max. Esta aseveracin poco alentadora la ha realizado ni ms ni menos que el propio Banco Mundial. Apenas una semana antes, la haban adelantado tambin la Agencia Internacional de la Energa y la NASA que, por su parte, indicaba que era probable que el calentamiento global se produjera de acuerdo con las previsiones ms pesimistas. Algunos das despus, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo se sumaba al coro del inminente peligro: la transicin hacia una economa verde es demasiado lenta. Las posibilidades de alcanzar los objetivos disminuyen cada ao.

Esta efervescencia de informes sobre el cambio climtico no es casual: preceden, como es habitual y casi protocolario, la nueva cumbre internacional de lucha contra el cambio climtico, llamada COP18 y que tiene lugar en Doha, capital de Catar, del 26 de noviembre al 7 de diciembre. Tampoco es casual que la voz de alarma sea cada vez ms dura: la realidad supera la ficcin. Los expertos internacionales son categricos: la temperatura global no debe aumentar en ms de 2C en comparacin con niveles preindustriales so pena de exponerse a cambios totalmente impredecibles y extremos. Sin embargo, con los actuales compromisos de reduccin de emisiones, la temperatura aumentar unos 4C a final de siglo. o bien mucho antes, segn el Banco Mundial, si la inercia poltica sigue la tnica actual. Hablando en plata, de aqu a 2080, puede significar que 600 millones de personas estn expuestas a situaciones de grave desnutricin, 1.800 millones habiten en zonas con escasez de agua y 330 millones tengan que desplazarse a causa de las inundaciones. Dicho esto, tampoco tenemos que esperar tantos aos para ver las consecuencias del cambio climtico: eventos extremos como Sandy, el huracn que dio un empujoncito electoral a Obama y hundi de nuevo a Hait en el caos eso s, lejos de los titulares mediticos, las malas cosechas de trigo en Ucrania, Rusia y Australia uno de los factores detonantes de las crisis alimentarias (junto con el precio del petrleo, el mal reparto de la produccin, la dependencia de esta a los mercados globalizados, la especulacin, etc.), o los casi 40 millones de refugiados climticos en el ao 2010.

Si bien uno puede dudar, con razn, de la efectividad de las negociaciones climticas internacionales, qu ingredientes seran necesarios para que la COP18 fuera una herramienta de justicia y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras? Primero, sera fundamental conseguir una segunda fase del Protocolo de Kioto (que oficialmente termina el 31 de diciembre de este ao) que por un lado integre a todos los pases industrializados y a los pases emergentes como Brasil, Rusia, India y China y por otro lado sea un acuerdo vinculante. Segundo, los pases del Norte deberan acordar reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% en 2020 en comparacin con 1990, y de forma integral en su territorio. Es decir, exactamente lo contrario de que lo acaba de hacer Espaa que, para cumplir con Kioto, compr en octubre pasado 100 millones de toneladas de derecho de emisin de CO2 a Polonia; adems de suponer un desembolso de 40 millones de euros, no implica ningn esfuerzo a nivel local para reducir su huella de carbono. Tercero, a nivel econmico, supone definir las modalidades del fondo verde que permita financiar en el Sur las labores de mitigacin y adaptacin. Como lo recuerda Ecologistas en Accin, se debera transferir a los pases del Sur 275.000 millones de dlares anuales frente a los 100.000 millones actuales, de forma adicional a otros compromisos anteriores y gestionados por rganos pblicos dependientes por ejemplo de la Convencin de Naciones Unidas, para saldar la deuda climtica que el Norte tiene con el Sur y combatir convenientemente el cambio climtico.

Sin embargo, ante estas peticiones bsicas, la COP18 no anima al optimismo. Adems del hecho de que la conferencia se realiza en el pas con mayor huella de carbono por habitante de este mundo, Catar, algunos estados clave por su contribucin al cambio climtico, como Estados Unidos, Japn, Rusia, Nueva Zelanda o Canad, ya han anunciado que no participaran en una segunda fase vinculante de Kioto, lo que dejara el alcance del protocolo a apenas un 15% de las emisiones mundiales. En estas condiciones, es poco probable que los pases emergentes se sumen a un acuerdo vinculante sin la presencia de los principales pases emisores del Norte Por su parte, Espaa, si bien sigue oficialmente las recomendaciones de la Unin Europea de apoyar una reduccin de emisiones hasta el 30% de cara al 2020 frente al 20% actual, no deja de ser un aliado muy poco convencido. El Secretario de Estado de Medio Ambiente Federico Ramos, el mismo que declar hace poco que el gobierno del PP ni niega, ni afirma el cambio climtico, llega con una agenda clara: ser realista y actuar acorde a la situacin que vivimos. En otras palabras, ante la crisis econmica, el cambio climtico no es una prioridad.

Salvo sorpresa de ltima hora, Doha parece ya ser una reedicin y profundizacin de las ltimas cumbres sobre cambio climtico desde Copenhague en 2009. Mientras por mi parte calificaba hace un ao la COP17 en Durban de sndrome maya debido a la ceguera de los jefes de Estado, ms interesados en los intereses geopolticos que en salvar la humanidad (vase mi artculo del 15 de diciembre del 2011 en Pblico), esta secuela da un paso ms hacia los peores escenarios de ficcin que simbolizaba Mad Max en los aos 80: el derrumbe de las sociedades civilizadas por la incapacidad de sus dirigentes de ponerse de acuerdo a nivel internacional sobre el reparto de los escasos recursos naturales.

Desde luego, si no queremos que Doha sea el preludio de un nuevo Mad Max, no hay que esperar a que los poderes econmicos y polticos salgan por arte de magia de su parlisis burocrtica e inercia destructiva. Sin dejar de presionar en las cumbres internacionales y de crear alianzas con los pases que defienden posiciones valientes (en unos casos, como las pequeos estados insulares, es simplemente una cuestin de supervivencia), nos toca desde abajo y desde lo local seguir construyendo alternativas ecolgicas, sociales y econmicas hacia una sociedad baja en carbono. En este sentido, existen miles de iniciativas individuales, asociativas, pblicas, privadas y acadmicas para combinar actividades con una baja huella de carbono y una mayor calidad de vida. Cada persona que cultiva su huerto urbano, cada cooperativa o grupo de consumo que se relaciona directamente con el campesino de su tierra, cada ayuntamiento que aplica medidas para bajar sus emisiones de un 40% en 2020 pase lo que pase en las conferencias internacionales, cada empresa que apuesta por las energas renovables descentralizadas, cada escuela que pone en marcha un comedor ecolgico son islas hacia otros mundos posibles. Ms que nunca, es necesario seguir tejiendo redes y alianzas, a nivel local y global, entre aquellas islas, a veces aisladas, para que poco a poco se conviertan en el archipilago de la esperanza.

As que no dejemos que madmaxicen el Planeta y nuestro futuro. Entre todas y todos, rodemos nuestra propia pelcula donde su ficcin, un mundo egosta e insostenible, deje lugar a nuestra realidad, un mundo solidario y en armona con la Tierra.

Fuente: http://florentmarcellesi.wordpress.com/2012/11/28/doha-el-mad-max-climatico/



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