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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2012

Qu pintan los misiles Patriot en la frontera turco-siria?

Miguel Len
Rebelin


Se puede leer durante estos das, y especialmente hoy (5 de Diciembre), en los medios espaoles que la OTAN ha decidido responder afirmativamente a la peticin de apoyo expresada por Turqua a consecuencia de los incidentes que se vienen sucediendo desde hace semanas en la frontera turco-siria. Leer a contrapelo estas informaciones es fundamental para esquivar las distorsiones introducidas por los medios hegemnicos y tambin para interpretar adecuadamente las decisiones tomadas en este campo, que en muchas ocasiones se benefician, frente al escrutinio de la opinin pblica, de la falta de conocimientos tcnico-militares de los lectores/espectadores/oyentes; es este un rasgo concreto de la desinformacin operante en el caso de los conflictos armados y que se suma a otros mecanismos, ms generales, de neutralizacin del sentido crtico, tales como la saturacin informativa, el enmascaramiento, el recurso a los argumentos ad hominem y el sentimentalismo [1].

En primer lugar, ha de notarse que la prensa espaola (y probablemente no solo la espaola) ha decidido vincular esta decisin a la reapertura de la discusin sobre los supuestos arsenales de armas qumicas existentes en Siria, cuando en realidad responde, desde el punto de vista legal, a la peticin de apoyo realizada por Turqua en virtud del artculo 4 del tratado de la OTAN. Del asunto de las armas qumicas sabemos, esas son las informaciones a las que podemos acceder a travs de la prensa, que la OTAN ha detectado supuestos movimientos preocupantes en esos supuestos arsenales, y que el Gobierno sirio ha afirmado que no tiene la ms mnima intencin de usar un armamento como ese contra la poblacin siria (el Ministro de Asuntos Exteriores ruso ha reiterado pblicamente este mensaje para reforzar su credibilidad).

De nuevo, el Gobierno sirio tiene a favor de su argumento el hecho de que el uso de armas qumicas (asumiendo, y es mucho asumir, que las tuviera realmente) es estratgicamente tan estpido como el bombardeo sobre poblacin civil, puesto que los efectos de esas armas son difcilmente controlables y pueden volverse con facilidad, en trminos polticos (por la deslegitimacin moral que implican) y prcticos (porque pueden afectar a aliados y enemigos por igual), en contra de quien las emplea. Tambin tiene a su favor que la conexin, con fines desinformativos, entre misiles Patriot y armas qumicas tiene, como la acusacin de bombardeo sobre poblacin civil (esgrimida ya, en contra de toda evidencia, en el caso libio), al menos un precedente claro: Israel ya justific el despliegue de estos misiles argumentando que le serviran para protegerse de un eventual ataque iraqu con armas qumicas [2].

Pero la cuestin no termina aqu, porque, como solamente El Pas ha reflejado (y en el diario parece ser un detalle sin importancia), los misiles Patriot son totalmente inoperantes si se trata de hacer frente al tipo de proyectiles (lanzados, en realidad, por no se sabe quin) que han alcanzado territorio turco en las ltimas semanas. Los Patriot son misiles capaces de hacer frente a proyectiles que vuelan a una altura mnima de 50 km (es el mnimo alcanzado hasta el momento), y de hecho estn diseados para funcionar como misiles de medio-largo alcance. Frente a eso, los proyectiles cados sobre Turqua alcanzan una altura mxima de 6 kilmetros. Es decir: pretenden hacernos creer que van a matar moscas a caonazos; algo a lo que somos muy dados en otro aspectos de nuestra vida, y a lo que nos tiene muy acostumbrados el cine de accin norteamericano, pero que desde el punto de vista militar no tiene ningn sentido.

Cul puede ser, entonces, el motivo de esta decisin? Como Anders Fogh Rasmussen mismo dijo en la rueda de prensa que sigui a la reunin de la OTAN en la que se aprob la medida, los misiles no tienen, en primer lugar, ni siquiera necesidad de ser usados porque producen de entrada un efecto disuasorio. Adems, y aunque ciertos medios lo omiten, varios centenares de soldados de la coalicin tienen que desplegarse para garantizar la seguridad, el mantenimiento y la operatividad de los misiles. Todo esto, se supone, con la intencin exclusiva de proteger el territorio turco y sin la menor voluntad de penetrar ms all de la frontera o de crear una zona de exclusin area. Que esto sea cierto o no marca una diferencia muy pequea con respecto a los efectos de la decisin porque la frontera turco-siria, como todas las fronteras en general y las de Oriente Medio en particular, no funciona como un segmento en un plano geomtrico, sino que es un territorio poroso, de control difuso, donde las prcticas polticas trascienden las lneas de demarcacin que idealmente deben contenerlas. Es decir: el despliegue de fuerzas armadas, carros de combate y aviones en la zona fronteriza que Turqua ha puesto en marcha en las ltimas semanas no solamente tiene efectos sobre territorio turco sino que tambin repercute en el lado sirio de la frontera.

Como de lo que se trata, adems, no es de cerrar la frontera, sino de gestionar su porosidad (garantizar que los rebeldes pasan con libertad, vigilar que las milicias kurdas no ganen excesivo terreno -solamente el necesario para que no sean las fuerzas armadas leales al gobierno las que lo hagan-, dosificar la llegada de refugiados, bloquear el paso de las tropas sirias, etc.) la tarea es mucho ms difcil de acometer y sus efectos reales no se captan si no se presta atencin.

Del conflicto sirio se puede decir, en resumidas cuentas, lo siguiente:

1) La intervencin extranjera no se basa de momento, y no se basar probablemente, en la invasin por tierra o ni tan siquiera en un bombardeo de precisin, como sucedi en Libia. Al contrario, se basa casi exclusivamente en la gestin econmica, de acuerdo con su previsibilidad, de las diversas fuerzas que convergen en el conflicto. Es decir: todos los sujetos operantes que han adquirido relevancia poltica (el Gobierno sirio, los distintos sectores de la oposicin, Irn, Rusia, Hezbol, Turqua, Qatar, Arabia Saudi, los movimientos kurdos) se comportan exactamente como se espera de ellos en tanto que sujetos polticos conformados y determinados desde hace dcadas por la estructura de dominacin abstracta que podemos denominar imperialismo [3]. Es, en realidad, otro ejemplo ms del clsico no lo saben, pero lo hacen y de las dificultades de la izquierda para tomar conciencia de los puntos en que sigue siendo vulnerable a la ideologa dominante.

2) A diferencia del caso de Libia, donde la particin territorial de acuerdo con la distribucin de la poblacin segn su adscripcin tnica esta siendo (como en Irak y, en menor medida, en Afganistn) relativamente sencilla, en el caso sirio es crucial, dada la funcin securitaria imprescindible del Estado sirio en el contexto geoestratgico de Oriente Medio, y vista su complejidad demogrfica, conservar el aparato estatal tan intacto como resulte posible. El desorden temporal en Libia poda ser un riesgo asumible e incluso un factor beneficioso, pero en Siria se desea llevar a cabo una demolicin controlada, que de momento resulta tan necesaria para las potencias en conflicto como difcil de conseguir. Los criterios de seguridad nacional de Turqua (en el caso de los sectores kurdos que aspiran a dar forma a su propio Estado-nacin) y de Israel (que podra ser reticente a quitarse a Assad de en medio por lo que pudiera pasar) [4] hacen adems mucho ms difcil interactuar con la oposicin armada, que ha de ser necesariamente el brazo ejecutor del cambio de rgimen pero que podra volverse absolutamente incontrolable; es un precio que se ha pagado gustosamente en Afganistn, en Irak e incluso en Gaza, pero que no parece fcil de digerir en el caso sirio.

3) Teniendo en cuenta la porosidad de otras regiones fronterizas sirias (como la sirio-libanesa), el material militar para los rebeldes no tiene por qu entrar por la frontera sirio-turca, que probablemente es la ms slida de todas (junto con la sirio-israel), ni falta que hace. Como fuerza armada irregular, los rebeldes sirios no solamente necesitan apoyo militar, sino tambin apoyo logstico de otra ndole que resulta igualmente vital para ellos y para los refugiados (material sanitario, comida, infraestructuras, telecomunicaciones). Precisamente porque la fortaleza estratgica de los rebeldes es su carcter irregular, su integracin perfecta entre los civiles, resulta imposible distinguir al refugiado-partisano del refugiado-civil, y por eso mismo la ambigedad del tipo de ayuda humanitaria que llega desde Turqua es en realidad un factor que refuerza implcitamente la estrategia de los rebeldes.

En este sentido, hace ya tiempo que se plantea, adems del establecimiento de zonas de exclusin area, la creacin de un cordon humanitario en la frontera turco-siria. Visto que el Consejo de Seguridad no va a tomar dicha decisin, y puesto que por tanto un contingente de Cascos Azules no va a hacerse cargo de la creacin de ese cordn, el despliegue militar en la frontera turco-siria (sea el envo de aviones y carros de combate, la creacin de un hospital militar en colaboracin con Espaa, o el envo de misiles Patriot) consigue, por va diferida, hacer exactamente lo mismo, es decir: garantizar un cierto repliegue de las fuerzas armadas sirias y la creacin de una zona liberada en la regin fronteriza donde los refugiados y los rebeldes puedan confundirse, reduciendo la exposicin al peligro que sufren los primeros y garantizando una mayor seguridad a los segundos.

Por otra parte, el despliegue de los Patriot podra tener, adems de la clara y reconocida funcin disuasoria, la misin de proteger la zona fronteriza de cara a una eventual intensificacin del apoyo (ya abiertamente militar) a los rebeldes sirios refugiados en ella. Es ese otro aspecto que se ha comentado en la prensa durante las ltimas semanas: ahora que se ha confirmado que la UE extender durante otros tres meses el embargo que ha impuesto a Siria, tambin se ha anunciado que pasados esos tres meses los gobiernos europeos debern decidir si envan o no material militar a los rebeldes (cosa que hasta ahora han hecho bajo cuerda y por tanto de forma limitada, optando en muchos casos por el envo de agentes de inteligencia y expertos militares).

El hecho de que sean tan largos los plazos que se conceden a s mismos, para re-evaluar sus decisiones, quienes ocupan una posicin privilegiada (por la informacin a la que tienen acceso y el poder del que disponen) pone en evidencia la triste torpeza con que la izquierda, dentro y fuera de Siria, ha quedado enredada en un proceso que promete ser largo y devastador y del que, por eso mismo, difcilmente saldr reforzada y mucho menos triunfante. Eso, por desgracia, se vea venir desde el principio.

Notas:

[1] La misma cuestin surgi hace unos das, cuando presentamos nuestras objeciones a un articulo de Santiago Alba Rico que afirmaba, sin ms ni ms, que el Gobierno sirio estaba bombardeando poblacin civil. La respuesta a ese articulo, absolutamente impropia, demostraba que nuestro interlocutor no haba entendido (suponemos que por falta de claridad nuestra) el argumento: no queremos hacer un ejercicio de negacionismo. Simplemente queremos hacer notar que, enunciada sin ms explicaciones, la acusacin de haber bombardeado sobre poblacin civil no tiene carcter informativo o analtico (porque para eso sera necesario decir donde se bombardea, con qu municin, contra qu objetivos, en qu circunstancias, con qu justificacin, con qu efectos) sino solamente panfletario, y no precisamente en un sentido genuinamente contrainformativo, sino que, muy a pesar de todos, es perfectamente integrable en el discurso informativo dominante. Si dimos en ese artculo algunas razones por las que el bombardeo sobre poblacin civil es una medida francamente intil y contraproducente, especialmente en un contexto como el sirio, no es para negar que haya ocurrido, sino para afirmar la improbabilidad de un hecho as y la necesidad, por eso mismo, de explicar (si se cree, se sospecha o se sabe que ha ocurrido) qu circunstancias llevan a un gobierno en una situacin difcil a atarse la soga al cuello. La falta de informaciones realmente contrastables nos permite poner en duda el hecho, aunque no negarlo; se trata, por recurrir como Santiago Alba a las comparaciones teolgicas, de una posicin agnstica y no atea, por muy tibio o ni-ni que pueda resultar tal planteamiento para los dogmticos de toda confesin.

[2] En el caso de Irak se sabia que ese tipo de armamento fue usado contra los kurdos pro-iranes durante la guerra entre ambos pases; tambin se saba (cuando se ocup militarmente el pas en 2003) que en los 90 esos arsenales fueron destruidos. En el caso de Siria, y como Robert Fisk seala con brillantez, la existencia de esas armas se da por confirmada a partir de la traduccin sesgada de unas declaraciones realizadas por un portavoz del gobierno.

[3] Va ms all de los objetivos de este artculo explicar en profundidad el replanteamiento implcito de la cuestin del imperialismo que implica considerarlo de esta manera, es decir, como un producto a escala global de la ideologa (en el sentido ms althusseriano del trmino) que sostiene la reproduccin social del capital a escala mundial. Se trata, en realidad, de afirmar que el imperialismo no es un fenmeno de naturaleza econmica (eso es, en realidad, el capital sin ms), y que lo que introduce en realidad es un conjunto de prcticas polticas que permiten constituir identidades colectivas (pueblos, naciones, razas, etnias) que permiten dar a las clases econmicas (capitalistas y proletarios) un lugar en la jerarqua social mundial desde el cual poder funcionar como tales. Si capitalista es quien, en la estructura de dominacin abstracta que es el capital, ocupa la posicin dominante, imperialista es aquel que, en la estructura de dominacin abstracta que es el imperialismo, ocupa tambin la posicin de mayor poder; es en tanto que personificacin individual de una posicin abstracta que el imperialista o el capitalista individuales se tornan en objeto de anlisis o en parte de un enfrentamiento poltico. Por lo tanto, la reaccin antiimperialista no puede basarse en los presupuestos identitarios que sustentan la integracin funcional de los grupos humanos en esa estructura, de la misma forma que la reaccin anticapitalista no puede ser una reaccin basada en el obrerismo.

[4] Es francamente difcil abordar la estrategia poltica del gobierno israel ya que sta es, igual que su estrategia militar, propensa a los planteamientos que se suelen llamar indirectos (retorcidos, podramos decir). Si el ejrcito israel ha sido durante mucho tiempo proclive a optar por tcticas que entraaban ms dificultades (el camino largo frente al corto, el accidentado frente al llano, las maniobras de distraccin frente a las ofensivas frontales) en beneficio del factor sorpresa, desde el punto de vista poltico Israel mantiene un cierto equilibrio entre sus intentos por conseguir un entorno poltico favorable (lo cual es difcil) y un entorno poltico evidentemente agresivo que alimente la poltica del miedo en que se basa la cohesin poltica interior (lo cual es mucho ms sencillo). El ejemplo evidente es Hams: Israel lo fortalece para debilitar a los sectores laicos y lo critica frente a sus propios ciudadanos por ser un movimiento confesional, negocia treguas y provoca con asesinatos, responde al lanzamiento de cohetes con bombardeos brutales que enquistan an ms el conflicto Por este motivo, argumentar que a Israel no le interesa un cambio de rgimen en Siria es tan defendible como argumentar que en el fondo s le interesa, puesto que en realidad la supervivencia misma de Israel se ha basado hasta ahora en bascular entre un polo y el otro segn las circunstancias.

Blog del autor: http://fairandfoul.wordpress.com/2012/12/05/que-pintan-los-misiles-patriot-en-la-frontera-turco-siria/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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