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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2012

Hay que enterrar el cadver insepulto de la constitucin

Emilio Pizocaro
Rebelin


El hedor ha traspasado los muros de palacio alcanzado los confines del reino. Una noche del verano del 2011 doa Constitucin recibi un golpe mortal de parte de dos supuestos hidalgos; Zapatero y Rajoy. Desde ese da no se ha podido recuperar. Fue rematada con sucesivas pualadas en forma de salvajes recortes a los derechos sociales por el partido de turno en el poder. Hoy doa Constitucin yace sin vida.

La pregunta es, porque no se ha enterrado el cadver de este instrumento jurdico que debera ser la casa de todos ? O dicho de otra manera quienes sostienen el ancien rgime y su difunta constitucin?

Los hechos dan testimonio del pacto no escrito entre la clase poltica y los seores de la banca. Este compromiso, articulado a la sombra de los sables en la transicin, ha vivido alimentado por ms de 30 aos de argamasa y ladrillos.

El maridaje entre la clase poltica y la banca es innegable. Espaa es el pas que con ms desfachatez muestra las desnudeces del poder constituido. La puerta giratoria entre los cargos polticos y los directivos de la finanzas est a la vista de todo el que quiera mirar. Como deca cierto personaje son los mismos. Exacto, son los mismo que se repiten una temporada en el Partido y la siguiente en el Banco o en la Caja. El ejemplo paradigmtico es Rodrigo Rato. Solo hace una semana ha sido protegido de la comisin de investigacin de Bankia por un acuerdo entre el PP y el PSOE.

Pocos son los integrantes de la clase poltica que se salvan. La corrupcin nuevamente salpica al PP, al PSOE y a CIU en Andaluca, Catalua, Madrid y en un largo etctera de comarcas. Pero, cuidado hay que decir toda la verdad, porque en la miel todo se pega. Los consejeros de las Cajas nombrados por la dirigencia de los dos sindicatos mayoritarios y por la izquierda institucional tampoco se salvan. Lamentablemente han servido de auxiliares y parientes pobres del sistema.

Al rgimen le llego la postrera hora. El pacto de la transicin ha muerto en beneficio de las finanzas, colocando en evidencia la incapacidad histrica de las oligarquas de Hispania para producir desarrollo y progreso sostenido.

La especulacin inmobiliaria con sus ponzoosas secuelas en recorte de derechos sociales nos demandan que enterremos de una vez por toda la constitucin . Esta ya tiene muy mal olor. Para el sepelio necesitamos a todo el pueblo como protagonista de una revolucin democrtica que saque limpiamente a los privilegiados del rgimen.

En realidad la actual dispersin de la luchas ciudadanas , no son de por s un hecho negativo. Todas las manifestaciones desenmascaran el desprestigiado tinglado del sistema , pero las acciones desperdigadas estn mostrado ser insuficientes. El empeo es histrico y de largo aliento, La alternativa es conquistar una democracia real y para ello es necesario terminar definitivamente con lo que el filsofo francs, Alain Badiou, llama el capital-parlamentarismo.El camino est claro. Al poder constituido de la partitocracia hay que oponer el poder constituyente de un pueblo organizado que lucha por un cambio democrtico del sistema. Ha llegado la hora de una coordinacin que permita pasar otro nivel de eficacia en el combate.

Articular un movimiento social para una revolucin democrtica, popular y plurinacional es ahora un imperativo. Este no puede ser una operacin poltica. Decirlo de esa manera es restar entidad y perspectiva al movimiento.

De lo que se trata, es construir un Proyecto Poltico que ilusione , que inspire una gran cambio de modelo econmico y poltico. Un proyecto que permita al pueblo la posibilidad de elegir en el sentido ms amplio del termino y que no delegue en supuestos representantes las grandes decisiones que nos ataen a todos y todas.

Un proyecto revolucionario que incluya a la gran mayora. Ms all de diferencias, identidades , parcelas o parroquias. En este movimiento no sobra nadie. Para derrotar a las fuerzas del capital, de la inercia y de los administradores del sistema hay que tener mucho msculo.

El movimiento deber recoger la experiencia secular de nuestros pueblos. Tambin debern tener un lugar destacado los nuevos movimientos nacidos hace apenas ao y medio. Ellos nos han vuelto ha ensear que la pica del cambio revolucionario est en la lucha en la calles y no en las moquetas del parlamento.

La tica de un movimiento democrtico-revolucionario y por ello constituyente de una nueva realidad poltico-social para los pueblos de Espaa debe ser intachable. Aquellos que se dicen transformadores no solo deben actuar como incorruptibles sino que deben ser incorruptibles.

Todava queda mucho camino por delante, ser duro. Adelantarse o atrasarse puede resultar mortal para las fuerzas del cambio. Y doa Constitucin merece un entierro con todas la de la ley.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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