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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2012

Lecciones para la crisis. Ahora Bolivia

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Est asumido, tanto social como polticamente, que las medidas de austeridad y recortes que castigan fundamentalmente a los sectores sociales mayoritarios, no inciden positivamente en la salida de la crisis. Al contrario, en el plano estrictamente econmico la agravan de continuo y, adems estn produciendo una eliminacin paulatina de derechos polticos, sociales y laborales que costaron dcadas de lucha, principalmente de la clase trabajadora.

Entonces, la pregunta continua y permanente es por qu siguen imponiendo este tipo de medidas. Y la respuesta se encontrara, en gran medida, en que la crisis se ha convertido en la excusa perfecta para acabar con los derechos que nos protegen ante el capital y sus ansias de dominio absoluto, no solo de la economa, sino tambin de los pueblos. Alcanzar sociedades desprotegidas y sumisas allana el camino de la privatizacin absoluta de los ltimos reductos pblicos (educacin, sanidad) y de la obtencin de nuevos y jugosos beneficios. Igualmente, consigue la asuncin e interiorizacin fatalista por parte de la poblacin de que nada se podr hacer para cambiar esas sociedades por otras ms justas y equitativas.

Como ya se ha dicho en muchas ocasiones, el papel que en este escenario asume la mayora de la llamada clase poltica gobernante y tradicional es de mero administrador de los designios de los poderes econmicos, autnticos conductores en este proceso. As, diariamente vemos como las decisiones polticas se han transformado en imperativos econmicos y en los ltimos aos hemos asistido al desplazamiento de las tomas de decisiones fundamentales desde la esfera poltica hacia la econmica. Por lo tanto, y dicho en pocas palabras, los poderes econmicos y financieros se han colocado fuera, y por encima, del control democrtico. De esta forma, hablar de sociedades democrticas resulta cada da ms un sarcasmo, cuando uno de los pilares, el econmico, las controla y no se somete a las mismas. Como sealaba recientemente, Marcello Musto, experto italiano en teora poltica, en el mejor de los casos, el gobierno poltico puede intervenir en la economa (cuando es necesario mitigar la anarqua destructiva del capitalismo y sus violentas crisis), pero no puede cuestionar sus reglas y sus decisiones fundamentales. () Esta subordinacin de la esfera poltica a la economa, como si fuera un dominio aislado inmune al cambio, encierra actualmente la ms grave de las amenazas a la democracia.

Sin embargo, son cada vez ms los sectores y movimientos que siguen apuntando la existencia de otras alternativas posibles para cambiar esta situacin. Alternativas que, adems de regenerar y recuperar todo el marco de derechos en proceso de prdida, quieren poner coto a la especulacin y a la bsqueda del mximo de beneficio a cualquier costo por parte de los poderes econmicos. Exigen igualmente la limitacin de esos poderes y su subordinacin a los polticos bajo la direccin de la sociedad en verdaderos procesos democrticos. Alternativas que no son definitivas, pero que se erigen como fases transicionales hacia la salida de la crisis y la construccin de esas otras sociedades ms justas y equitativas que ansiamos y que como seres humanos nos merecemos.

En este contexto encontramos un ejemplo ms que, otra vez nos viene de los procesos en marcha en Amrica Latina y que, con seguridad afirmamos, los poderes econmicos, los polticos a ellos sojuzgados y los grandes medios de comunicacin de aqu, ocultarn por ser un mal ejemplo. El que referimos puede entenderse en algn sentido como meramente testimonial, o que en ello puede al final quedarse, pero afirmamos que es ms que eso, es un rasgo ms que define nuevas sociedades en transicin.

Una de las acciones ms insultantes para con la sociedad actual en el contexto de crisis que vivimos es la actuacin de los bancos, con cobertura gubernamental poltica, en los procesos de desahucio por impago de hipotecas. As, mientras vemos como miles y miles de familias se quedan en la calle y, a pesar de ello, mantienen deudas contradas con las entidades bancarias, asistimos, de forma paralela, a ver como el gobierno espaol entrega miles de millones de euros a esos mismos bancos para su rescate. Pese a ser ellos uno de los principales culpables de la crisis que vivimos, por su insaciable sed de beneficios, los cuales siguen recogiendo a da de hoy, no se les exigen responsabilidades ni se les aplica medida alguna en su contra. No son juzgados ni condenados y, por el contrario, se les premia con nuevos fondos que se detraen de aquellos que deberan destinarse a aumentar las distintas coberturas sociales siempre, y con ms razones, en tiempos de crisis.

El ejemplo que aludamos ms arriba se refiere a Bolivia, donde se acaba de presentar el anteproyecto de Ley de Servicios Financieros. Entre otras medidas establece la obligacin de las entidades bancarias de destinar una parte de las ganancias anuales a funcin social, principalmente, al desarrollo productivo. Literalmente dice que las entidades financieras deben cumplir la funcin social de contribuir al logro de los objetivos de desarrollo econmico y social del pas. Tambin deben ayudar a eliminar la pobreza y la exclusin social y econmica de la poblacin para el Vivir Bien de las bolivianas y bolivianos en sus mltiples dimensiones.

Como decamos puede pensarse que es algo testimonial o que no se har efectivo, pero habr que reconocer que establece un criterio poltico sobre las entidades financieras en beneficio de la sociedad, como contraposicin a los criterios meramente econmicos que priman en nuestro entorno. En nuestra realidad, esa funcin social antes era condicin de distincin para las llamadas cajas de ahorro respecto a los bancos. Tras el proceso de bancarizacin de stas, la funcin social desaparece tambin de las mismas. A partir de ah se entiende mejor la falta de escrpulos y de vergenza de la prctica totalidad de las entidades bancarias cuando reciben por una parte, miles de millones de euros de fondos pblicos para salvar sus bancarrotas privadas y, por otra, stas mismas desahucian a miles de personas dejndolas en la calle y abocadas, cada vez en ms casos, a la desesperacin, la depresin o el suicidio.

 

Pero esa exigencia de contribucin del sistema bancario a la elim inacin de la pobreza y la exclusin social, al compromiso con la reactivacin del sistema productivo, no est solamente ligado a un compromiso tico y humano. Debe de ir parejo tambin, en este modelo poltico y econmico capitalista en que nos encontramos y como elemento de transicin hacia otro ms justo para la mayora de la poblacin, a una vuelta a la subordinacin de la esfera econmica a la poltica. Recuperar un status que el neoliberalismo rompi y que en esta crisis se empea en imponer como modelo inamovible y dominante de las prximas dcadas de vida de este mundo. Es por esto que quiz a Europa la vendra bien hoy un cierto proceso o barniz de latinoamericanizacin. Precisamente ese continente que atraves su crisis ms dura neoliberal en los aos noventa del siglo pasado, est sabiendo articular medidas y alternativas que pudieran ensear mucho a las viejas sociedades europeas en su propia salida de la crisis, tanto social, como econmica y polticamente.

Jesus Gonzlez Pazos es miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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