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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2012

El fin no es cuento de camino

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Con el salubre pero hasta el presente vano intento de concitar la atencin sobre el peligro del empleo de energa derivada de combustibles fsiles, en primer trmino el petrleo, los funcionarios, empresarios, ecologistas reunidos en Doha, capital de Qatar, se esforzaron en la tarea de acelerar las negociaciones con miras a un tal vez decididamente iluso, al menos a corto plazo, acuerdo vinculante para la reduccin de los gases de efecto invernadero (GEI).

Escepticismo encabritado, el del escribano? Quizs, mas recordemos que los 17 mil participantes en esta Conferencia de las Partes de la Convencin de la ONU sobre Cambio Climtico (COP 18) se insertaron en una tradicin -17 citas anteriores- que no ha conseguido el manifiesto propsito de convencer a los gobiernos del orbe de embridar las emisiones al punto de constreir a dos grados Celsius el calentamiento global, segn algunos situado hoy en un rango de entre cuatro y seis grados.

Insisto: a este servidor le seguir pareciendo vislumbrar una arremetida contra molinos de viento si no se acaba de encarar la lgica de una formacin socioeconmica que entraa la contradiccin de un crecimiento contra s misma, por culpa de la maximizacin de las ganancias, de una eficiencia perseguida a toda costa. Y a todo costo. Al decir del pensador Renn Vega Cantor, la expansin mundial del capitalismo a partir de la explotacin intensiva de materiales y energa, destruye las bases que posibilitan la reproduccin del sistema o, en otros trminos, ponen en cuestin su misma reproduccin. Y la existencia de la especie ntegra.

Comprendern los poderosos que ya no hay reservas posibles en el mundo? Las grandes selvas del planeta estn siendo destruidas de manera acelerada, empezando por la selva amaznica, o por las de Borneo en Indonesia, que tambin es un lugar de biodiversidad muy importante. Todo eso est siendo colonizado y destruido y, entonces, emergen esos problemas ambientales, que no son en realidad nuevos. La nica novedad radica en que ahora son de una magnitud indita [pues] las transformaciones climticas estn relacionadas con los efectos nefastos del modelo energtico basado en el petrleo, que produce gases de efecto invernadero y han trastocado el clima planetario como nunca antes haba sucedido en la historia humana.

Conforme al entendido Stephen Leahy (Tierramrica), el planeta experimenta una subida del calor de ocho dcimas de grado en relacin con la era preindustrial, y el ascenso llegara al menos a 1,6 grados incluso si cesaran ya las emisiones de cientos de millones de toneladas de GEI. Como el sistema climtico responde con cierta demora [la actual situacin] es resultado de las emisiones de dixido de carbono (CO2) de las dcadas 1950-1970.

No en balde un informe conjunto de la Organizacin Internacional de las Migraciones y el Instituto de Desarrollo Sustentable y de Relaciones Internacionales arroja que los desplazamientos poblaciones originados por los desastres climticos y ambientales han sobrepasado a los causados por los conflictos armados. En 2008, mientras unos 4,6 millones de personas tuvieron que moverse dentro de sus pases a raz de un encontronazo blico, unos 20 millones lo hicieron por una catstrofe natural. Pero las cifras se disparan an ms. En 2010 fueron 38 millones.

Lo peor es que los datos cientficos apuntan a que la meta de permitir solamente la subida de dos grados podra ya resultar inasible; por tanto, analistas como Amy Goodman (Democracy Now) se decantan por transformaciones radicales en el funcionamiento de la economa universal: la rpida adopcin de fuentes de energa renovable, la consiguiente disminucin drstica en el uso de combustibles fsiles (una tonelada de CO2 equivale a tres barriles de crudo, y vive en la atmsfera por un siglo), o la aplicacin a gran escala de la captura y el almacenamiento de carbono, la supresin de las emisiones de la industria y la detencin de la deforestacin.

Sabias sugerencias. Pero el escribano no llega a aplaudirlas. Se lo impide la imagen vvida de la obcecacin de los mandamases en la explotacin a ultranza del petrleo, cuyo precio, por cierto, podra proyectarse hasta los prohibitivos 200 dlares el tonel, merced a las guerras desatadas contra los mayores exportadores, el consumismo enraizado en Occidente y la especulacin endmica. Qu hacer entonces? No hay opciones. Planificacin, racionalidad, trueque del paradigma energtico o muerte. Pero no como ddivas. Habr que ganarse el cambio, en el espritu de una conocida divisa. La de socialismo o barbarie. Barbarie que derivara en el fin de los tiempos. De tirios y troyanos, de los humanos todos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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