Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-12-2012

Por qu el intervencionismo humanitario es un callejn sin salida
Cuidado con la izquierda anti-anti-guerra

Jean Bricmont
Le grand soir/Counterpunch

Traducido del francs por Beatriz Morales Bastos.


Desde la dcada de 1990 y en particular desde la guerra de Kosovo en 1999 los adversarios de las intervenciones occidentales y de la OTAN han tenido que enfrentarse a lo que se podra llamar una izquierda (y una extrema izquierda) anti-anti-guerra que rene a la socialdemocracia, a los verdes y la mayor parte de la izquierda radical (el Nuevo Partido Anticapitalista francs [1], diversos grupos antifascistas etc.) [2]. No se declara abiertamente a favor de las intervenciones occidentales y a veces las critica (en general, nicamente en relacin a las tcticas seguidas y los intereses, petroleros o geoestratgicos, que se atribuyen a las potencias occidentales),pero emplea todas sus energas en advertir de las supuestas derivas de la izquierda que se sigue oponiendo firmemente a estas intervenciones. Nos llama a apoyar a las vctimas frente a los verdugos, a ser solidarios con los pueblos frente a los tiranos, a no ceder a un antiimperialismo, un antiamericanismo o un antisionismo simplistas y, sobre todo, a no aliarse a la extrema derecha. Despus de los albano-kosovares en 1999, les toc a las mujeres afganas, a los kurdos iraques y ms recientemente a los pueblos libio y sirio a los que nosotros tenemos que proteger.

No se puede negar que la izquierda anti-anti-guerra ha sido extremadamente eficaz. La guerra en Iraq, que se haba presentado bajo la forma de una amenaza pasajera, suscit una oposicin pasajera, aunque en la izquierda solo hubo una oposicin muy dbil a las intervenciones presentadas como humanitarias, como la de Kosovo, el bombardeo de Libia o actualmente la injerencia en Siria. Cualquier reflexin sobre la paz o el imperialismo simplemente se barri ante la invocacin del derecho de injerencia o del deber de asistencia a un pueblo en peligro.

Una extrema izquierda nostlgica de las revoluciones y de las luchas de liberacin nacional tiende a analizar cualquier conflicto en el interior de un pas dado como una agresin de un dictador contra su pueblo oprimido que aspira a la democracia. La interpretacin, comn a la izquierda y a la derecha, de la victoria de Occidente en la lucha contra el comunismo tuvo un efecto parecido.

La ambigedad fundamental de la izquierda anti-anti-guerra radica en la cuestin de saber quin es el nosotros que debe proteger, intervenir, etc. Si se trata de la izquierda occidental, de los movimientos sociales o de las organizaciones de derechos humanos, hay que plantearles la pregunta que hizo Stalin a propsito del Vaticano: Cuntas divisiones tienen?. En efecto, todos los conflictos en los que se supone que nosotros tenemos que intervenir son conflictos armados. Intervenir significa intervenir militarmente y para ello hace falta tener los medios militares de hacerlo. Es evidente que la izquierda europea no tienen estos medios. Podra apelar a los ejrcitos europeos para que interviniera en vez del de Estados Unidos, pero aquellos nunca lo han hecho sin un apoyo masivo de Estados Unidos, lo que hace que el mensaje real de la izquierda anti-anti-guerra sea: Seores estadounidenses, hagan la guerra, no el amor!. Mejor an, como despus de la debacle en Afganistn y en Irak, los estadounidenses ya no se van a arriesgar a enviar tropas de tierra se pide a las Fuerzas Areas estadounidenses, y solo a ellas, que vayan a bombardear a los pases violadores de los derechos humanos.

Evidentemente, se puede mantener que el futuro de los derechos humanos se puede confiar a la atencin y a la buena voluntad del gobierno estadounidense, de sus bombarderos y de sus drones. Pero es importante comprender que eso es lo que significan concretamente todos los llamamientos a la solidaridad y al apoyo a los movimientos secesionistas o rebeldes implicados en luchas armadas. En efecto, estos movimientos no tienen necesidad alguna de las consignas gritadas en manifestaciones de solidaridad en Bruselas o Pars, y no es eso lo que piden. Quieren armas pesadas y que se bombardee a sus enemigos, y eso solo se lo puede suministrar Estados Unidos.

Si la izquierda anti-anti-guerra fuera honesta, debera asumir esta eleccin y pedir abiertamente a Estados Unidos que bombardeara ah donde se violen los derechos humanos. Pero entonces debera asumir esta eleccin hasta el final. En efecto, esa misma clase poltica y militar que se supone salva a las poblaciones vctimas de sus tiranos es la que hizo la guerra de Vietnam, el embargo y las guerras contra Irak, la que impone sanciones arbitraras a Cuba, Irn y a todos los pases que no le gustan, la que apoya incondicionalmente a Israel, la que se opone por todos los medios, incluidos los golpes de Estado, a los reformadores de Amrica Latina, de Arbenz a Chavez pasando por Allende, Goulart y otros, y la que explota descaradamente los recursos y a los y las trabajadoras por todo el mundo. Hace falta mucha buena voluntad para ver en esta clase poltica y militar el instrumento de salvacin de las vctimas, pero es lo que en la prctica preconiza la izquierda anti-anti-guerra ya que, dadas las relaciones de fuerza en el mundo, no existe ninguna otra instancia capaz de imponer su voluntad por medios militares.

Evidentemente, el gobierno estadounidense apenas tiene conocimiento de la existencia de la izquierda anti-anti-guerra europea. Estados Unidos decide hacer o no la guerra en funcin de sus posibilidades de xito, de sus intereses, de la oposicin interna y externa a ella, etc. Y una vez desencadenada quiere ganarla por todos los medios. No tienen ningn sentido pedirle que haga solo buenas intervenciones, solo contra los verdaderos malos y con unos medios amables que salven a los civiles y a los inocentes.

Quienes pidieron a la OTAN que mantuviera los progresos para las mujeres afganas, como hizo Amnista Internacional (USA) durante una reunin de la OTAN en Chicago [3], piden de hecho a Estados Unidos que intervenga militarmente y, entre otras cosas, que bombardee a civiles afganos y enve drones a Pakistn. No tiene ningn sentido pedirle que proteja y no bombardee, porque as es como funcionan los ejrcitos.

Uno de los temas favoritos de la izquierda anti-anti-guerra es pedir a quienes se oponen a las guerras que no apoyen al tirano, en todo caso, no a aquel cuyo pas es atacado. El problema es que toda guerra necesita un esfuerzo generalizado de propaganda y que este se basa en la criminalizacin del enemigo y, sobre todo, de su dirigente. Para oponerse eficazmente a esta propaganda es necesario denunciar las mentiras de la propaganda, contextualizar los crmenes del enemigo y compararlos a los de nuestro propio campo. Es una tarea necesaria, aunque ingrata y arriesgada: se reprochar eternamente el menor error, mientras que todas las mentiras de la propaganda de guerra se olvidan una vez que terminan las operaciones.

Ya durante la Primera Guerra Mundial se acus a Bertrand Russell y a los pacifistas britnicos de apoyar al enemigo, pero si desmontaron la propaganda de los aliados no fue por amor al Kaiser alemn, sino por apego a la paz. A la izquierda anti-anti-guerra le encanta denunciarel doble rasero de los pacifistas coherentes que critican los crmenes de su propio campo pero contextualizan o refutan los que se atribuyen al enemigo del momento (Milosevic, Gadafi, Assad etc.), pero este doble rasero no es sino la consecuencia de una opcin deliberada y legtima: contrarrestar la propaganda de guerra ah donde se encuentra (es decir, en Occidente), propaganda que se basa ella misma tanto en una constante criminalizacin del enemigo atacado como en una idealizacin de aquellos que lo atacan.

La izquierda anti-anti-guerra no tiene ninguna influencia en la poltica estadounidense, pero eso no quiere decir que no tenga efectos. Por una parte, su retrica insidiosa ha permitido neutralizar todo el movimiento pacifista o en contra de la guerra, pero tambin ha hecho imposible toda postura independiente de un pas europeo, como fue el caso de Francia bajo De Gaulle e incluso, en menor medida, bajo Chirac, o de la Suecia de Olof Palme. Hoy la izquierda anti-anti-guerra, que tienen una considerable repercusin meditica, atacara inmediatamente esta postura por considerarla un apoyo al tirano, otro Munich o un crimen de indiferencia.

Lo que ha conseguido la izquierda anti-anti-guerra es destruir la soberana de los Estados europeos frente a Estados Unidos y eliminar toda postura de izquierda independiente ante las guerras y ante el imperialismo. Tambin ha llevado a la mayora de la izquierda europea a adoptar posturas totalmente contradictorias con las de la izquierda latinoamericana y a erigirse en adversarios de pases como China o Rusia que tratan de defender el derecho internacional (y tienen toda la razn al hacerlo).

Un aspecto extrao de la izquierda anti-anti-guerra es que es la primera en denunciar las revoluciones del pasado que llevaron al totalitarismo (Stalin, Mao, Pol Pot etc.) y que constantemente nos pone en guardia ante la repeticin de estos errores del apoyo a dictadores hecho por parte de la izquierda de la poca. Pero ahora que la revolucin la llevan a cabo los islamistas, se supone que tenemos que creer que todo va a ir bien y aplaudir. Y si la leccin que hay que aprender del pasado fuera que las revoluciones violentas, la militarizacin y las injerencias extranjeras no eran la nica o la mejor manera de realizar cambios sociales?

A veces se nos responde que hay que actuar con urgencia (para salvar a las vctimas). Aunque se aceptara este punto de vista, el hecho es que despus de cada crisis la izquierda no hace ninguna reflexin sobre lo que podra ser una poltica que no fuera el apoyo a las intervenciones militares. Esta poltica debera dar un giro de 180 respecto a la que actualmente predica la izquierda anti-anti-guerra. En vez de pedir ms intervenciones deberamos exigir a nuestros gobiernos un respeto estricto del derecho internacional, la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y sustituir las confrontaciones por la cooperacin. La no injerencia no es solo la no intervencin en el plano militar, sino tambin en los planos diplomtico y econmico: nada de sanciones unilaterales, nada de amenazas durante negociaciones y trato de todos los Estados en pie de igualdad. En vez de denunciar sin parar a los dirigentes malos de pases como Rusia, China, Irn y Cuba en nombre de los derechos humanos, algo que le encanta hacer a la izquierda anti-anti-guerra, deberamos escucharles, dialogar con ellos y hacer comprender sus puntos de vista a nuestros conciudadanos

Evidentemente, esta poltica no resolvera los problemas de derechos humanos, en Siria o Libia o en otra parte. Pero, qu los resuelve? La poltica de injerencia aumenta las tensiones y la militarizacin en el mundo. Los pases que se siente objeto de esta poltica, y son muchos, se defienden como pueden; las campaas de criminalizacin impiden las relaciones pacficas entre Estados, los intercambios culturales entre sus ciudadanos e indirectamente el desarrollo de las ideas liberales que se supone que promueven los partidarios de la injerencia. A partir del momento en que la izquierda anti-anti-guerra abandon todo programa alternativo ante esta poltica, renunci de hecho a tener la menor influencia en los asuntos del mundo. No es cierto que ayude a las vctimas, como ella pretende. Aparte de destruir toda resistencia que hubiera aqu al imperialismo y a la guerra, no hace nada y, a fin de cuentas, los nicos que reaccionan realmente son los gobiernos estadounidenses. Confiarles el bienestar de los pueblos es una actitud de desesperacin absoluta.

Esta actitud es un aspecto de la manera cmo ha reaccionado la mayora de la izquierda ante la cada del comunismo, apoyando exactamente lo contrario de las polticas seguidas por los comunistas, en particular en los asuntos internacionales, donde toda oposicin al imperialismo y toda defensa de la soberana era considerada por la izquierda una forma de paleoestalinismo.

Tanto la poltica de injerencia como la construccin europea, otro importante ataque a la soberana nacional, son dos polticas de derecha. La una se basa en los intentos estadounidenses de hegemona mundial y la otra en el neoliberalismo y la destruccin de los derechos sociales, justificados en gran medida por unos discursos de izquierda: los derechos humanos, el internacionalismo, el antirracismo y el antinacionalismo. En ambos casos una izquierda desorientada por el fin del comunismo busc una tabla de salvamiento en el discurso humanitario y generoso completamente carente de un anlisis realista de las relaciones de fuerza en el mundo. Con semejante izquierda, la derecha prcticamente no necesita ideologa, le basta con la de los derechos humanos.

Con todo, estas dos polticas, la injerencia y la construccin europea, se encuentran hoy en un punto muerto: el imperialismo estadounidense se enfrenta a unas dificultades enormes tanto en el plano econmico como diplomtico; la poltica de injerencia ha logrado unir a gran parte del mundo en contra ella. Ya casi nadie cree en otra Europa, en una Europa social, y la Europa que existe realmente, neoliberal (la nica posible) no suscita mucho entusiasmo entre los y las trabajadoras. Por supuesto, estos fracasos benefician a la derecha y a la extrema derecha, pero ello solo porque la mayor parte de la izquierda ha abandonado la defensa de la paz, del derecho internacional y de la soberana nacional como condicin previa a la democracia.


Notas:

[1] Vase sobre esta organizacin Ahmed Halfaoui, Colonialiste dextrme gauche? Vase: http://www.legrandsoir.info/colonialiste-d-extreme-gauche.html.

[2] Por ejemplo, en febrero de 2011, una octavilla distribuida en Toulouse preguntaba a propsito de Libia y de las amenenazas de genocidio por parte de Gadafi: Dnde est Europa? Dnde est Francia? Dnde est Estados Unidos? Dnde estn las ONG? y Acaso el valor del petrleo y del uranio son ms importantes que el pueblo libio?. es decir, que los autores de la octavilla - firmada entre otros por Alternative Libertaire, Europe cologie-Les Verts, Gauche Unitaire, LDH, Lutte Ouvrire, Mouvement de la Paix (Comit 31), MRAP, NPA31, OCML-Voie Proltarienne Toulouse, PCF31, Parti Communiste Tunisien, Parti de Gauche31- rerpochaban a los occidentales que no intervinieran debido a intereses econmicos. Nos preguntamos qu pensaron estos autores cuando el CNT libio prometi vender el 35% del petrleo libio a Francia (y ello independientemente de que se mantuviera o no esta promesa o de que el petrleo sea o no la causa de la guerra).

[3] Vase por ejemplo: Jodie Evans, Why I Had to Challenge Amnesty International-USA's Claim That NATO's Presence Benefits Afghan Women. http://www.alternet.org/story/156303/why_i_had_to_challenge_amnesty_international-usa's_claim_that_nato's_presence_benefits_afghan_women.


Fuente (en francs): http://www.legrandsoir.info/reponse-a-la-gauche-anti-anti-guerre.html

Versin inglesa: http://www.counterpunch.org/2012/12/04/beware-the-anti-anti-war-left/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter