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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-12-2012

El socialismo, tiene futuro en EEUU?

Jon Mack
Alainet


Para el grueso de los estadounidenses, la expresin "socialismo" contina recargada de connotaciones negativas que resulta ms tentador eludir el tema por completo. Vinculado a los excesos ms aterradores de regmenes totalitarios, desde Stalin a Pol Pot, y sinnimo de represin brutal de derechos y libertades, para gran parte de la gente estadounidense el trmino socialismo significa subordinar la dignidad y las garantas individuales al servicio de una dictadura burocrtica y autoritaria del Estado que slo sirve los intereses de una elite poltica que estableci las reglas y disfruta de todos los beneficios, mientras el resto sufre bajo la bota montona de un opresivo e implacable control estatal, viviendo una depresiva desesperanza gris que aplasta las aspiraciones personales.

Incluso rara vez invocan los ideales socialistas quienes se auto definen como de izquierda en Estados Unidos. Barack Obama, por ejemplo, neg con vehemencia tener intencin alguna de "socializar" la atencin mdica, para no hablar del conjunto de la economa del pas. Aquellos que se sitan a la izquierda del partido Demcrata tambin prefieren llamarse a s mismos "progresistas" en vez de socialistas, y an mucho menos marxistas.

El trmino socialismo es menos vilipendiado en Europa. All abundan los partidos con apellido socialista, que en alguna poca hicieron mayora en el Parlamento Europeo y, recientemente, accedieron de nuevo al poder en Francia. Pero, como exactamente pregunt el diario The New York Times (1), al referirse a la reciente eleccin de Franois Hollande como Presidente de Francia, "Qu significa, de todos modos, ser socialista en estos das? No mucho. Ciertamente, nada radical". Partidos socialistas de Europa, al igual que el partido Demcrata de Estados Unidos, pueden apoyar las polticas que benefician a una mayor parte de la poblacin trabajadora, en comparacin con sus rivales ms conservadores, pero no conciben ningn reordenamiento radical del orden socioeconmico vigente.

El socialismo, entonces, es vilipendiado simultneamente por los conservadores como una amenaza fundamental para la libertad humana, mientras sus "defensores" lo diluyen a tal punto que apenas se puede distinguir de un liberalismo tibio. Si, como afirma la gran prensa de EEUU y Europa, el socialismo radical aqul que prev una reorganizacin significativa de la sociedad no es ms que un anacronismo, una filosofa poltica sin importancia contempornea, por qu siguen cultivando tan intensa hostilidad? Y por qu algunos, como yo, continan argumentando que el socialismo sigue siendo la alternativa ms viable y representa una enorme mejora potencial del statu quo?

Tanto rechazo a considerar seriamente la alternativa socialista se explica en parte, principalmente en Estados Unidos, por la aversin reinante contra todo lo que se pueda identificar como "ideologa". Casi todos los "ismos" son vistos hoy como palabras sucias, tanto entre liberales como entre conservadores. Toda nocin de "ideologa" resulta peyorativa e implica devocin por una causa estimada irracional y, a la vez, demasiado intelectualizada. Es como si el proceso de formulacin de cualquiera estructura de ideas de alguna manera fuera responsable de todas las atrocidades cometidas en nombre de una ideologa. La ideologa del socialismo que en trminos generales significara esencialmente algo ms que las metas liberales est doblemente recargada de connotaciones negativas. Los votantes de Estados Unidos pueden apoyar apasionadamente a una de las partes y odiar a la otra, pero la mayora estara de acuerdo en que ninguna ideologa puede y debe ser parte de la discusin sobre cmo dirigir el pas. Esta hostilidad se extiende a cualquier debate serio sobre los principios subyacentes acerca de qu es y cmo podra ser transformada nuestra sociedad.

Al extirparse del debate a la ideologa socialista, el capitalismo contina monopolizando el arquetipo de lo inevitable, a pesar de todas sus injusticias, desigualdades y miserias, y an en el clmax del colapso inminente. Incluso evaden su necesidad de defender este sistema donde quienes ms se benefician de la explotacin de los trabajadores y de la absorcin de la parte ms gruesa y desproporcionada de los recursos del mundo, otorgndole statu quo de paradigma o alternativa nica, disfrazndola con eufemismos como "economa de libre mercado", a la hora de describir un sistema que es cualquier cosa menos libre y nada parecido a un mercado abierto.

Es como si el capitalismo no fuera una ideologa, sino simplemente un aspecto permanente y de apariencia "natural" del mundo moderno. Sin embargo, rara vez aparece como alternativa imaginable que los crticos del statu quo censuren su inhumanidad, su explotacin generalizada y las privaciones que impone a tantos para beneficiar a unos pocos. Parece ms fcil imaginar el caos, incluso el bblico Armagedn, que el surgimiento de una sociedad ms equitativa, ms justa y con una organizacin social ms democrtica. A pesar que ya se aprecia gente levantando la voz contra la injusticia econmica y la opresin poltica, rara vez observamos una clara visin de futuro que elimine la injusticia, la desigualdad estructural de oportunidades econmicas, la distribucin inequitativa de los recursos del planeta, la privacin de los derechos polticos y la opresin. Nadie imagina que pueda tomar su lugar una sociedad ms equitativa, ms democrtica.
Otra parte del problema radica en que quienes se oponen a un reordenamiento significativo de la sociedad se han apropiado del mercado de la "democracia". Mucha gente de mente abierta y progresista apenas puede comprender que el socialismo no slo puede ser compatible con la democracia, sino que sta es esencial para su xito. La mayora de nosotros reconoce que, al menos en Estados Unidos, vivimos una parodia de democracia legtima. Dicho de manera ms simple: a pesar del avance intermitente y retrocesos frecuentes de la lucha por una "persona es igual a un voto" [en el sistema electoral estadounidense], hemos ido perdiendo ms y ms terreno en la lucha para que una persona sea igual a una voz.

Desde que la Suprema Corte de EEUU entreg la presidencia en manos George W. Bush, sus decisiones han puesto dramticamente otro clavo en el fretro de "la nivelacin del campo de juego" en favor del poder de la riqueza en el control del gobierno, sin considerar a las corporaciones que declaran ser "personas" respecto a la libertad de expresin. Los gobiernos estadounidenses y europeos barnizan el sistema con la apariencia de que "cualquiera puede ganar", mientras garantizan perspectivas significativamente distintas, especialmente para la ideologa socialista, que hoy no tiene ninguna posibilidad de llegar con sus ideas a un amplio sector de la poblacin.

Evadir la discusin sobre la ideologa socialista trae como resultado final que quienes exigen un cambio radical no han definido una visin clara de futuro y esto incluye a gran parte del movimiento Occupy de Estados Unidos. La consigna Somos el 99% es un grito de guerra brillante: la verdad es que slo aquellos del 1%, y muy probablemente todava menos, son los beneficiarios del statu quo. Pero ese 1% tiene aliados extremadamente poderosos en la clase dirigente (incluyendo a la mayora de los polticos profesionales), a quienes pagan generosamente por servir sus intereses como 1%. La mayora, an en la izquierda, se cuida de reconocer que un reordenamiento socioeconmico significativo implicara cambios que afectaran no slo a los muy ricos, sino tambin a quienes se consagran a su servicio.

Tampoco es concebible que el proceso de cambio ser simple y fcil. La transformacin de la sociedad ser una lucha larga y difcil. No ser la mera cuestin de aumentar los impuestos a los ms ricos del 1%. Y es absurdo tratar de vender este cambio como indoloro. Pero an es ms tonto abandonar los ideales socialistas porque sea difcil la lucha para alcanzarlos. No obstante, la batalla vale la pena librarla.

El ncleo del ideario socialista es la distribucin equitativa de los recursos. Comienza con la riqueza econmica, que se extiende al acceso amplio a la atencin de salud y oportunidades anchas de educacin, pero tambin incluye recursos polticos, es decir, acceso al poder y a su influencia. La realizacin final de este ideal se extendera a todo el planeta, ms all de las fronteras de los estados-nacin. Y esto sera muy diferente a la "globalizacin" que vemos hoy en da: un mundo en que el accidente del nacimiento en un determinado pas no condiciona el propio destino socioeconmico.

La proposicin del capitalismo es todo lo contrario. Postula que cuanto ms aumenten los recursos que ya controla el capitalismo, habr acceso a la distribucin de todos los recursos. Su nico principio rector es la corporacin, la unidad fundamental de la sociedad capitalista, cuya definicin explcita establece su propia rentabilidad como razn de ser sine que non.

Las corporaciones, por supuesto, estn compuestas por individuos. En el caso de las grandes compaas, estas individualidades son extraordinariamente ricas. Blindados ante prcticamente todas las formas de responsabilidad social, el nico riesgo para estas personas es que pueda disminuir su participacin en la riqueza de la corporacin. El concepto bsico en la definicin de una corporacin es que sus propietarios tienen "responsabilidad limitada". As, la expresin "LLC" [en ingls, responsabilidad limitada de la corporacin] que acompaa los nombres corporativos en Inglaterra, en EEUU fue sustituida por el menos evidente trmino "Incorporated" [Inc., sociedad annima]. El consejo de directores podra enterarse de prdidas que podran conducir a la quiebra a la corporacin, pero sus finanzas personales estn protegidas por la ley, as como sus prcticas, y ni hablar de la responsabilidad penal por el dao que su empresa puediera haber provocado al medio ambiente, a sus trabajadores o clientes.

Aunque derechamente el comunismo pueda declarar que "toda propiedad es un robo", la ideologa del socialismo no exige el control gubernamental completo de todos los aspectos de la economa y la vida. La propiedad privada y la iniciativa individual a la escala razonable de pequeas empresas son totalmente compatibles con la idea de que la gran mayora de los recursos necesarios para todos agua potable, electricidad, salud, participacin en la toma de decisiones polticas, etc. son esencialmente recursos compartidos que deben estar bajo control pblico. Ni siquiera hay nada que impida a una persona poder beneficiarse de sus propios esfuerzos. Lo nico prohibido es beneficiarse excesivamente de la acumulacin de capital hasta el punto de explotar y oprimir a los dems.

El potencial para el cambio social significativo subyace en el concepto Somos el 99% del movimiento Occupy. Sin embargo, incluso muchas de las personas ms progresistas se muestran reacias a hablar sobre cmo la sociedad podra ser diferente. Hay un problema al desechar cualquier propuesta que se asemeje remotamente a un pensamiento ideolgico: Al exponer las profundas fallas de la economa mundial actual y la privacin amplia del voto que la acompaa, hacia dnde se propone seguir adelante? Cmo salir del actual precipicio? El 99% es un punto de partida decente. Las luchas de los pueblos indgenas de Ecuador y Chile son otro punto de partida. Tenemos que empezar a formular cmo podra lograrse un mundo ms sano.

Y es por esto que resulta un error eludir hablar del socialismo. Porque, y esto es medular, el estigmatizado socialismo todava es una buena alternativa viable frente al capitalismo: los recursos sociales deben dividido en partes iguales entre los que hacen la obra, en lugar de un sistema que santifica el derecho de los ricos para controlar las leyes de la tierra y los recursos del planeta.

El socialismo contempla cambiar fundamentalmente esta relacin. Propone que la economa de una sociedad sea controlada por los miembros de esa sociedad, no por la riqueza acumulada, ya sea por individuos o, peor an, por "entidades corporativas" que no son ms que conjuntos de individuos que cosechan los beneficios de la propiedad, mientras la ley los protege diligentemente de su responsabilidad individual.

Pero as como es riesgoso apegarse demasiado a la teora, tambin puede resultar problemtico avanzar sin tener clara la respuesta a la pregunta hacia dnde vamos? Es devastador dejarse intimidar por el abuso y la denigracin de la ideologa socialista. Si el socialismo fuera tan anacrnico e irrelevante como dicen que es sus oponentes, entonces no habra ninguna reaccin ante la ms mnima sugerencia de considerarlo una solucin a los violentos dolores econmicos y polticos que acompaan al actual orden socio-econmico y poltico.

En particular, hemos visto y seguiremos viendo en Amrica Central y del Sur nuevas situaciones en las que el socialismo no puede ser tan fcilmente desahuciado, como lo es en Estados Unidos. Aunque Hugo Chvez en Venezuela o Rafael Correa en Ecuador o Evo Morales en Bolivia no pudieran ser modelos perfectos de lderes polticos iluminados con una visin socialista, cada uno ha contribuido a mantener estos ideales en el centro de la discusin del reordenamiento de su respectiva sociedad. Slo tenemos que observar la violenta represin en Nicaragua y Chile cuando avanzaron hacia la socializacin de sus economas para comprender lo importante que es para los poderes asegurarse de que no exista alternativa alguna que se permita poner a prueba el statu quo socioeconmico. Desafortunadamente, particularmente en Estados Unidos, la mayora de la poblacin tiene un conocimiento limitado sobre el resto del mundo y una memoria corta para lo terrible. Pero jams hay que olvidar el grado de apoyo violento prestado por EEUU a los regmenes dictatoriales que trataron de borrar para siempre la nocin de que los ciudadanos de otros pases puedan elegir libremente a lderes imbuidos de ideales socialistas. Slo esto nos debera recordar que esos ideales son vistos como una enorme amenaza para su hegemona por aquellos que detentan el poder.


Para quienes buscan un cambio significativo, lleg la hora de sacudirse el miedo a ser tildados como radicales de ojos desorbitados, bolcheviques con bombas molotov y anarquistas que se adhieren a sueos marxistas largamente descartados. Necesitamos ser capaces de hablar con sensatez y apasionadamente sobre compartir los recursos del planeta y participar en los procesos polticos que procuran esta re-distribucin.

El Dr. Jon Mack es psiclogo y presidente del gobierno municipal de una aldea del noreste de EEUU. Escribe en la pgina web Reflections in A Cracked Glass (www.ReflectionsInACrackedGlass.com ). Trabaj en Chile por cambios socialistas durante la poca de Salvador Allende.


Referencias:

1) http://www.nytimes.com/2012/07/01/sunday-review/whats-a-socialist.html?pagewanted=all


Fuente: http://alainet.org/active/60264


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