Portada :: Cultura :: Eric Hobsbawm (1917-2012): el historiador marxista y su largo siglo XX
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2012

Introduccin al "Manifiesto Comunista" de Marx y Engels

Eric Hobsbawm
versobooks.com

Traducido para Rebelin por Enrique Prudencio y revisado por Christine Lewis Carrol.


 

En conmemoracin de la muerte del renombrado erudito e historiador marxista Eric Hobsbawm, Verso presenta su introduccin a la edicin ms reciente de El manifiesto comunista de Marx y Engels, para deleite de todos. (Matthew Cole).


I

En la primavera de 1847 Karl Marx y Frederick Engels acordaron afiliarse a la llamada Liga de los Justos (Bund der Gerechten), una rama de la anterior Liga de los Proscritos (Bund der Gechteten), sociedad secreta revolucionaria creada en Pars en la dcada de 1830 bajo la influencia de la Revolucin Francesa por artesanos alemanes, la mayora sastres y carpinteros, y todava compuesta principalmente por estos artesanos expatriados radicales. La Liga, convencida de su comunismo crtico, se ofreci a publicar un manifiesto redactado por Marx y Engels como su documento poltico y tambin a modernizar su organizacin siguiendo sus lneas. Y efectivamente se reorganiz en el verano de 1847, cambiando su antiguo nombre por el de Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten) comprometida con el propsito de derrocar a la burguesa, instaurar el dominio del proletariado, acabar con la vieja sociedad basada en las contradicciones de clase (Klassengegenstzen) y establecer una nueva sociedad sin clases ni propiedad privada. Un segundo congreso de la Liga celebrado tambin en Londres en los meses de noviembre y diciembre de 1847 acept formalmente los objetivos y nuevos estatutos e invit a Marx y a Engels a redactar el nuevo Manifiesto exponiendo los objetivos y polticas de la Liga.

Aunque tanto Marx como Engels prepararon borradores y el documento representa claramente los puntos de vista de ambos, el texto final fue escrito casi con toda certeza por Marx, tras una reprimenda a ste por parte del Ejecutivo, puesto que a Marx, tanto entonces como despus, le resultaba difcil terminar sus textos sin el apremio de una fecha lmite. La ausencia virtual de borradores anteriores sugiere que lo escribi a toda prisa (i). El documento resultante, de veintitrs pginas, titulado Manifiesto del Partido Comunista (conocido desde 1872 como El Manifiesto Comunista), se public en febrero de 1848 tras imprimirlo en las oficinas de la Asociacin Educativa de los Trabajadores, ms conocida como la Communistischer Arbeiterbildungsverein, que sobrevivi hasta 1914 en el 46 de Liverpool Street de Londres.

Este pequeo panfleto es el texto poltico ms influyente desde la Declaracin de los derechos humanos y ciudadanos de la Revolucin Francesa. Por suerte estaba ya en la calle antes de que estallaran las revoluciones de 1848, que desde Pars se propagaron como un incendio forestal por todo el continente europeo. Aunque su horizonte era firmemente internacionalista -la primera edicin anunciaba de forma optimista pero errnea la publicacin inminente en ingls, francs, italiano, flamenco y dans- su impacto inicial fue exclusivamente en alemn. A pesar de que la Liga Comunista era pequea, desempe un papel significativo en la revolucin alemana, al menos mediante el peridico Neue Rheinische Zeitung [La Nueva Gaceta Renana] (1848-49), que editaba Karl Marx. La primera edicin del Manifiesto se imprimi tres veces en unos meses, por captulos, en la Deutsche Londoner Zeitung, corregida y maquetada de nuevo en 30 pginas en abril o mayo de 1848, pero desapareci de la circulacin con el fracaso de las revoluciones de 1848. Cuando Marx se estableci en Inglaterra en 1849 para comenzar su exilio de por vida, los ejemplares que quedaban del Manifiesto eran tan escasos que pens que vala la pena reimprimir la Seccin III (Socialistische und kommunistische Literatur) en el ltimo nmero de su revista de Londres , Neue Rheinische Zeitung, politisch-konomische Revue [La nueva gaceta renana, revista poltico econmica] (noviembre de 1850), poco leda.

Nadie poda predecir un futuro tan extraordinario del Manifiesto en las dcadas de 1850 y 1860. Un impresor alemn emigrado imprimi privadamente una nueva edicin en Londres, probablemente en 1864, y otra pequea edicin en Berln en 1866, la primera publicada en Alemania. Entre 1848 y 1868 parece que no hubo traducciones, excepto una versin en sueco, publicada probablemente a finales de 1848, y otra en ingls en 1850, significativas en la historia bibliogrfica del Manifiesto slo porque la traductora parece haber consultado a Marx o seguramente a Engels puesto que ella viva en Lancashire. Ambas versiones desaparecieron sin dejar rastro. A mediados de la dcada de 1860 no quedaba prcticamente nada impreso de lo que haba escrito Marx.

El protagonismo de Marx en la Asociacin Internacional de Trabajadores (la denominada Primera Internacional, 1864-1872) y la aparicin en Alemania de dos partidos importantes de la clase obrera, ambos fundados por antiguos miembros de la Liga Comunista que lo tenan en gran estima, llev a un resurgimiento del inters por el Manifiesto, al igual que por otros escritos suyos, en especial el de su lcida defensa de la Comuna de Pars de 1871 (conocido como La guerra civil de Francia) que le proporcion una considerable notoriedad en la prensa como lder peligroso de la subversin internacional, temido por los gobiernos. Y en particular el juicio por traicin a los lderes de la Socialdemocracia alemana Wilhelm Liebknecht, August Bebel y Adolf Hepner en marzo de 1872 le proporcion una publicidad inesperada. La acusacin ley el texto del Manifiesto, lo que proporcion a los socialdemcratas su primera oportunidad de publicarlo legalmente en una larga tirada como documento perteneciente al procedimiento judicial. Como pareca lgico que un documento escrito antes de la revolucin de 1848 necesitara algunas correcciones y comentarios explicativos, Marx y Engels escribieron el primero de los prefacios de todos los que desde entonces han acompaado a las nuevas ediciones del Manifiesto (ii). Por motivos legales el prefacio no se pudo distribuir legalmente en su momento, pero la edicin de 1872 (basada en la de 1866), se convirti en la base de todas las ediciones posteriores. Mientras tanto, entre 1871 y 1873, aparecieron al menos nueve ediciones del Manifiesto en seis lenguas.

Durante los cuarenta aos siguientes el Manifiesto conquist el mundo, empujado por el surgimiento de los nuevos partidos laboristas (socialistas), en los que la influencia marxista creci rpidamente en la dcada de 1880. Ninguno de estos eligi la denominacin de Partido Comunista hasta que los bolcheviques rusos volvieron a la denominacin original despus del triunfo de la Revolucin de Octubre, pero el ttulo de Manifiesto del Partido Comunista permaneci inalterado. Incluso antes de la Revolucin Rusa de 1917 ya se haban imprimido varios centenares de ediciones en unos treinta idiomas, incluidas tres ediciones en japons y una en chino. Sin embargo la zona en la que tuvo ms influencia fue el cinturn central de Europa que va desde Francia en el oeste hasta Rusia en el este. No sorprende que el mayor nmero de ediciones se realizara en ruso (70) ms otras 35 en las lenguas del imperio zarista: 11 en polaco, 7 en yidis, 6 en finlands, 5 en ucraniano, 4 en georgiano y 2 en armenio. Hubo 55 ediciones en alemn y para el imperio de los Habsburgo, 9 en hngaro, 8 en checo y solo 3 en croata, una en eslovaco, otra en esloveno y 34 en ingls, lo que incluye los EE.UU., (donde la primera traduccin apareci en 1871), 26 en francs y 11 en italiano, la primera en 1889 (iii). El impacto en el suroeste europeo fue limitado: 6 ediciones en espaol (incluida Amrica Latina) y una en portugus. Tambin fue bajo el impacto en el sureste de Europa, 7 ediciones en blgaro, 4 en serbio, 4 en rumano y una sola edicin en ladino, presumiblemente editada en Salnica. El norte de Europa estuvo moderadamente bien representado con 6 ediciones en dans, 5 en sueco y 2 en noruego (iv).

Esta desigual distribucin geogrfica no solo reflejaba el desarrollo desigual del movimiento socialista y de la propia influencia de Marx, tan distinta de otras ideologas revolucionarias como el anarquismo. Debe recordarnos tambin que no exista una estrecha correlacin entre el tamao y la fuerza de los partidos socialdemcratas y laboristas en cuanto a la difusin del Manifiesto. As, hasta 1905 el Partido Socialdemcrata Alemn, con cientos de miles de afiliados y millones de votantes, imprimi las nuevas ediciones del Manifiesto en tiradas menores de 2.000 o 3.000 copias. Del programa de Erfurt del partido de 1891 se tiraron 120.000 ejemplares mientras que, al parecer, no se imprimieron ms de 16.000 copias del Manifiesto en los 11 aos comprendidos entre 1895 y 1905, cuando en este ltimo ao la circulacin de su revista terica Die Neue Zeit era de 6.400 ejemplares (v). No se esperaba del afiliado medio de un partido marxista socialdemcrata de masas que aprobase exmenes de teora. Al contrario, las 70 ediciones de la Rusia prerrevolucionaria se correspondan con una combinacin de organizaciones, ilegalizadas la mayor parte del tiempo, cuyo nmero total de miembros no pasara de unos pocos miles. Asimismo las 34 ediciones en ingls fueron publicadas por y para las sectas marxistas dispersas por el mundo anglosajn que operaban en el ala izquierda de los partidos laboristas y socialistas de entonces. ste era el entorno en el que la claridad de un camarada se meda invariablemente por las seales en su Manifiesto (vi). En otras palabras, los lectores del Manifiesto, aunque formaban parte de los nuevos partidos y movimientos laboristas socialistas, casi con toda seguridad no eran una muestra representativa de su afiliacin. Eran hombres y mujeres con un inters especial en la teora que subyace en estos movimientos. Y seguramente esto es verdad todava.

Esta situacin cambi despus de la Revolucin de Octubre, por lo menos en los partidos comunistas. A diferencia de los partidos de masas de la Segunda Internacional (1889-1914), los de la Tercera Internacional (1919-43) esperaban que todos sus miembros comprendieran la teora marxista o al menos mostraran algn conocimiento de la misma. Desapareci la dicotoma entre los lderes polticos de hecho, desinteresados en la escritura de libros, y los tericos como Karl Kautsky, conocido y respetado como tal, pero no como poltico prctico en la toma de decisiones. Siguiendo a Lenin, ahora se supona que todos los lderes deban ser tericos importantes puesto que todas las decisiones polticas estaban justificadas con base en el anlisis marxista, o ms probablemente en la autoridad textual de los clsicos: Marx, Engels, Lenin y a su debido tiempo, Stalin. La publicacin y distribucin a nivel popular de los textos de Marx y Engels se convirti en una cuestin ms importante para el movimiento de lo que haba sido en los tiempos de la Segunda Internacional. Se publicaban desde series con los textos ms cortos, probablemente siguiendo el ejemplo de la editorial alemana Elementarbcher des Kommunismus durante la Repblica de Weimar, hasta compendios adecuadamente seleccionados de lecturas tales como la inestimable Seleccin de correspondencia de Marx y Engels, primero en dos volmenes y despus en tres, o las Obras Reunidas de Marx y Engels en dos o en tres volmenes, as como la preparacin de las Obras Completas (Gesamtausgabe), todo respaldado por los recursos ilimitados a estos efectos del Partido Comunista de la Unin Sovitica y muchas veces imprimidas en la Unin Sovitica en una gran variedad de lenguas extranjeras.

El Manifiesto Comunista se benefici de esta nueva situacin de tres maneras. Su circulacin sin duda aument. La edicin barata publicada en 1932 por las editoriales oficiales de los partidos comunistas estadounidense y britnico de cientos de miles de copias se ha descrito como probablemente la mayor edicin masiva jams impresa en ingls (vii). El ttulo del Manifiesto ya no era una supervivencia histrica, sino que se vinculaba directamente con la poltica de la poca. Desde el momento en que un Estado principal afirm representar la ideologa marxista, la posicin del Manifiesto como texto de ciencia poltica qued reforzada y consecuentemente entr en los programas educativos de las universidades, destinada a expandirse rpidamente despus de la Segunda Guerra Mundial, cuando el marxismo de los lectores intelectuales iba a encontrarse con su pblico ms entusiasta en las dcadas de los 60 y 70.

La URSS emergi de la Segunda Guerra Mundial como una de las dos superpotencias, encabezando una vasta regin de Estados comunistas y de Estados satlite. Los partidos comunistas occidentales, con la notable excepcin del partido comunista alemn, emergieron ms fuertes de lo que fueron nunca, ni pareca probable que lo fueran a ser. Aunque haba empezado la Guerra Fra, en el ao de su centenario el Manifiesto lo publicaban no solamente los editores comunistas o marxistas, sino tambin editoriales no polticas en grandes ediciones con introducciones de acadmicos eminentes. En otras palabras, ya no era solo un documento marxista clsico, sino que se haba convertido en un clsico poltico y punto.

Sigue siendo un clsico incluso despus del final del comunismo sovitico y del declive de los partidos y movimientos marxistas en muchas partes del mundo. En los Estados sin censura, se puede encontrar en libreras o bibliotecas. El propsito de una nueva edicin no es por tanto poner el texto de esta asombrosa obra maestra al alcance de todo el mundo y menos an revisitar un siglo de debates doctrinales acerca de la interpretacin correcta de este documento fundamental del marxismo. Se trata de recordarnos de que el Manifiesto an tiene mucho que decir al mundo en las primeras dcadas del siglo XXI.


II

Qu tiene que decir? Se trata, por supuesto, de un documento escrito para un determinado momento histrico. Parte del mismo qued obsoleto casi de inmediato, como por ejemplo las tcticas recomendadas a los comunistas en Alemania, que no se aplicaron durante la revolucin de 1848 y sus secuelas. Otra parte del mismo se fue quedando obsoleta a medida que transcurran los aos que separaban a los lectores de la fecha en que se escribi. Haca mucho tiempo que Guizot y Metternich ya no lideraban gobiernos para ser personajes de los libros de historia y el zar ya no existe (aunque el Papa s). En cuanto a la discusin sobre la literatura socialista y comunista, los propios Marx y Engels reconocieron en 1872 que ya entonces estaba desfasada.

Y lo que es ms importante: con el paso del tiempo, el lenguaje del Manifiesto ya no era el de sus lectores. Por ejemplo, se ha comentado ampliamente la frase que deca que el avance de la sociedad burguesa haba rescatado a una parte considerable de la poblacin de la idiotez de la vida rural. Pero mientras no hay duda de que Marx en ese momento comparta el desprecio e ignorancia habituales del habitante de la ciudad hacia el entorno campesino, la frase alemana actual y analticamente ms interesante de dem Idiotismus des Landlebens entrissen no se refiere a la estupidez, sino al horizonte estrecho o al aislamiento del conjunto de la sociedad en que viva la gente del campo. Haca eco del significado original del trmino griego idiotes, de donde se derivan los significados actuales de idiota o idiotez: una persona preocupada solo de sus asuntos privados y no de los de una comunidad ms amplia. Desde 1840 y en los movimientos cuyos miembros, al contrario que Marx, no haban recibido una educacin clsica, el sentido original se desvaneci y se malinterpret.

Esto resulta an ms evidente en el vocabulario poltico del Manifiesto. Los trminos como Stand (Estado), Demokratie (democracia) o nacin/nacional, o bien tienen poca aplicacin a las polticas de finales del siglo XX o han dejado de tener el significado que tenan en el discurso poltico o filosfico de la dcada de 1840. Por poner un ejemplo obvio: el Partido Comunista, de cual nuestro texto afirm ser el Manifiesto, no tuvo nada que ver con los partidos de la poltica democrtica moderna, ni con los partidos de vanguardia del comunismo leninista, sin mencionar los partidos estatales de tipo sovitico o chino. Ninguno de estos partidos exista en aquel momento. La palabra partido todava significaba esencialmente una tendencia o corriente de opinin o tctica, aunque Marx y Engels reconocan que en cuanto esto se materializaba en los movimientos de clase, se desarrollaba algn tipo de organizacin (diese Organisation der Proletarier zur Klasse, und damit zur politischen Partei). De ah la distincin en la seccin IV entre los partidos de clase obrera existentes los cartistas en Inglaterra, los reformistas agrarios en Estados Unidos y otros, no constituidos todava (viii). Como deja claro el texto, en esta etapa el partido comunista de Marx y Engels no constitua una organizacin ni intentaba serlo, y menos pretenda ser una organizacin con un programa especfico distinto al de las dems organizaciones (ix). Por cierto, no se menciona en el Manifiesto el sujeto real en cuyo nombre se escribi, la Liga de los Comunistas.

Por otra parte, queda claro que el Manifiesto no solo se escribi en y para una situacin histrica determinada, sino que tambin representaba una fase relativamente inmadura del desarrollo del pensamiento marxista. Y esto se hace ms evidente en los aspectos econmicos. Aunque Marx haba empezado en serio a estudiar la economa poltica en 1843, no se propuso desarrollar el anlisis econmico expuesto en El Capital hasta que lleg exiliado a Inglaterra despus de la Revolucin de 1848 y tuvo acceso a los tesoros de la biblioteca del Museo Britnico en el verano de 1850. De ah que la distincin entre la venta de su mano de obra al capitalista por parte del obrero y la venta de su fuerza de trabajo que resulta esencial para la teora marxiana de la plusvala y la explotacin no se haba hecho en el Manifiesto. Tampoco opinaba el Marx maduro que el precio de la mercanca trabajo era su coste de produccin; es decir, el coste del mnimo fisiolgico de mantener con vida al trabajador. En resumen, Marx escribi el Manifiesto menos como economista marxiano que como comunista ricardiano.

Y sin embargo, a pesar de que Marx y Engels recordaban a los lectores que el Manifiesto era un documento histrico desfasado en muchos aspectos, promovieron y ayudaron la publicacin del texto de 1848 con modificaciones y aclaraciones relativamente menores (x). Reconocieron que segua siendo una importante exposicin del anlisis que distingua su comunismo de todos los dems proyectos existentes para la creacin de una sociedad mejor. En esencia este anlisis era histrico. Su ncleo era la demostracin del desarrollo histrico de las sociedades y especficamente de la sociedad burguesa, que reemplaz a sus predecesoras, revolucion el mundo y a su vez creaba necesariamente las condiciones para su reemplazo inevitable. Al contrario que la economa marxiana, la concepcin materialista de la Historia que subyace en este anlisis haba encontrado ya su formulacin madura a mediados de la dcada de 1840, y haba permanecido prcticamente sin cambios en los aos posteriores (xi). En este aspecto el Manifiesto era ya un documento definitorio del marxismo. Encarnaba una visin histrica, aunque su esquema general requera un anlisis ms detallado.


III

Qu impresin causar el Manifiesto al lector que accede hoy al mismo por primera vez? El nuevo lector no puede dejar de ser arrastrado por la conviccin apasionada, la brevedad concentrada, la fuerza intelectual y estilstica de este asombroso panfleto. Est escrito como en un nico estallido creativo, con frases lapidarias que se transforman de forma casi natural en aforismos memorables que se conocen mucho ms all del mundo del debate poltico: desde la apertura Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo, hasta el final Los proletarios no tienen nada que perder ms que las cadenas. Tienen un mundo que ganar (xii). Igualmente fuera de lo comn en la escritura alemana del siglo XIX son los prrafos cortos, apodcticos, generalmente de una a cinco lneas. Solo en cinco casos, entre ms de doscientos, hay quince lneas o ms. Sea lo que sea, El Manifiesto Comunista como retrica poltica tiene una fuerza casi bblica. En resumen, es imposible negar su irresistible poder literario (xiii).

No obstante, lo que indudablemente impactar al lector contemporneo del Manifiesto es el diagnstico notable del carcter revolucionario y el impacto de la sociedad burguesa. No se trata simplemente de que Marx reconociera y proclamara los extraordinarios logros y el dinamismo de una sociedad que detestaba, para sorpresa de ms de un defensor posterior del capitalismo ante la amenaza roja. De lo que se trata es que el mundo transformado por el capitalismo que describi en 1848, en pasajes de elocuencia oscura y lacnica, se reconoce en el mundo en que vivimos hoy, 150 aos despus. Curiosamente, el optimismo poco realista de dos revolucionarios de veintiocho y treinta aos ha demostrado ser la fuerza ms perdurable del Manifiesto. Porque aunque el fantasma del comunismo obsesion realmente a los polticos y aunque Europa atravesaba un periodo de crisis econmica y social y estaba al borde de la mayor revolucin a escala continental de su historia, estaba claro que no se daban los fundamentos necesarios que respaldaran la conviccin del Manifiesto de que se aproximaba el momento de derrocar el capitalismo (la revolucin burguesa en Alemania iba a ser el preludio de la revolucin proletaria que le sucedera). Al contrario. Como sabemos ahora, el capitalismo se dispona a comenzar su primer periodo de avance global triunfal.

Dos cosas contribuyeron a la fuerza del Manifiesto. La primera es su visin, incluso en el mismo comienzo de la marcha triunfal del capitalismo, de que este modo de produccin no era permanente, estable, el fin de la historia, sino una fase temporal de la historia de la humanidad, destinada como sus predecesoras a ser sustituida por otro tipo de sociedad (a no ser y esta frase del Manifiesto no se ha estudiado con suficiente atencin que se derrumbara sobre la ruina comn de las clases contendientes). La segunda es su reconocimiento de las necesarias tendencias histricas a largo plazo del desarrollo capitalista. El potencial revolucionario de la economa capitalista era ya evidente. Marx y Engels no pretendieron ser los nicos que lo reconocieran. Desde la Revolucin Francesa algunas de las tendencias que observaron se imponan claramente. Por ejemplo el declive de las provincias independientes o dbilmente asociadas, con intereses, leyes, gobernantes y sistemas fiscales separados, ante los estados-nacin con un gobierno, un cdigo de derecho, un inters nacional de clase, una frontera y un arancel aduanero. Sin embargo, al final de la dcada de 1840, lo que haba conseguido la burguesa era mucho ms modesto que los milagros que se le atribuan en El Manifiesto. Despus de todo, en 1850 el mundo no produca ms de 71.000 toneladas de acero (casi el 70% en Inglaterra) y se haban construido menos de 24.000 millas de ferrocarriles (dos tercios en Inglaterra y EE.UU.) Los historiadores no han tenido dificultad en demostrar que incluso en Inglaterra la Revolucin Industrial (un trmino utilizado especficamente por Engels a partir de 1844) (xiv) apenas haba creado un pas industrial, ni siquiera en su mayor parte urbano antes de 1850. Marx y Engels no describieron el mundo ya transformado por el capitalismo en 1848; pronosticaron que el destino lgico del mundo sera que el capitalismo lo transformara.

 

Ahora, en el tercer milenio del calendario occidental, vivimos en un mundo en el que esta transformacin ha producido. En cierto sentido prcticamente podemos ver la fuerza de las predicciones del Manifiesto incluso ms claramente que las generaciones que vivieron entre el momento de su publicacin y el actual. Porque hasta la revolucin en el transporte y las comunicaciones posterior a la Segunda Guerra Mundial haba limitaciones a la globalizacin de la produccin, al carcter cosmopolita de la produccin y el consumo en todos los pases. Hasta la dcada de 1970 la industrializacin permaneci abrumadoramente confinada en sus regiones de origen. Algunas escuelas marxistas podran incluso argumentar que el capitalismo, al menos en su forma imperialista, lejos de obligar a todas las naciones a adoptar el modo de produccin burgus, so pena de extincin perpetraba o incluso creaba, por su naturaleza, el subdesarrollo en el llamado Tercer Mundo. Mientras un tercio del gnero humano viva en sistemas econmicos del modelo del comunismo sovitico, pareca que el capitalismo nunca triunfara en su empeo de obligar a todas las naciones a convertirse en burguesas. No creara un mundo a su imagen. Otra vez, antes de la dcada de 1960 la prediccin del Manifiesto de que el capitalismo conllevaba la destruccin de la familia aparentemente no se haba producido, ni siquiera en los pases occidentales avanzados donde hoy alrededor de la mitad de las personas nacen o crecen con madres solteras y la mitad de los hogares de las grandes ciudades est formada por una sola persona.

En resumen, lo que en 1848 le podra haber parecido a un lector no comprometido retrica revolucionaria -o en el mejor de los casos una prediccin plausible se puede leer actualmente como una caracterizacin concisa del capitalismo a finales del siglo XX. De qu otro documento de 1840 podra decirse lo mismo?


IV

Sin embargo, si al final del milenio nos sorprende la visin aguda del Manifiesto sobre el futuro entonces remoto de un capitalismo masivamente globalizado, el fallo de otra de sus predicciones resulta igual de sorprendente. Ahora resulta evidente que la burguesa no ha producido por encima de todo sus propios sepultureros dentro del proletariado. La cada de la burguesa y la victoria del proletariado tampoco han resultado igualmente inevitables. El contraste entre las dos mitades del anlisis del Manifiesto en la seccin Burgueses y Proletarios exige una explicacin ms amplia transcurridos 150 aos de lo que era necesario en su centenario.

El problema no reside en la visin de Marx y Engels de un capitalismo que necesariamente transform a la mayora de la gente que se ganaba la vida en este sistema econmico en hombres y mujeres que para su propio sustento necesitaban ofrecer su mano de obra por jornales o salarios. Indudablemente lo ha hecho, aunque actualmente los ingresos de algunas personas tericamente empleadas a cambio de un salario, como los directivos de empresa, difcilmente pueden considerarse proletarios. Tampoco mentan al creer que la mayora de esa poblacin trabajadora sera esencialmente fuerza de trabajo industrial. Aunque Gran Bretaa fue excepcional siendo un pas en que los trabajadores manuales asalariados constituyeron la mayora absoluta de la poblacin, el desarrollo de la produccin industrial requiri la entrada masiva de trabajadores manuales durante ms de un siglo despus del Manifiesto. Incuestionablemente ste ya no es el caso de la produccin moderna de alta tecnologa intensiva en capital, una evolucin que no tuvo en cuenta el Manifiesto, aunque en sus estudios econmicos ms desarrollados el propio Marx imagin el posible desarrollo de una economa con menos necesidad de mano de obra, al menos en una poca post-capitalista (xv). Incluso en las viejas economas industriales del capitalismo, el porcentaje de personas empleadas en la industria manufacturera permaneci estable hasta la dcada de 1970, excepto en EE. UU., donde el declive se produjo algo antes. En realidad, con muy pocas excepciones como las de Gran Bretaa, Blgica y EE.UU. en 1970 los trabajadores industriales constituyeron probablemente una proporcin mayor de la poblacin total ocupada del mundo industrializado y en vas de industrializacin que se haya dado nunca antes.

En cualquier caso, el derrocamiento del capitalismo previsto por el Manifiesto no se basaba en la transformacin previa de la mayora de la poblacin en proletaria, sino en la suposicin de que la situacin del proletariado en la economa capitalista era tal que una vez organizado en un movimiento de clase necesariamente poltico, podra tomar la iniciativa, agrupar en torno a l el descontento de otras clases y as conquistar el poder poltico como el movimiento independiente de la inmensa mayora en el inters de la inmensa mayora. As, el proletariado se sublevara para ser la clase dirigente de la nacin [y] constituirse en la nacin (xvi).

Como no se ha derrocado el capitalismo, tendemos a descartar esta prediccin. No obstante, y aunque pareca absolutamente improbable en 1848, el levantamiento de movimientos organizados con base en la conciencia de la clase obrera estaba llamado a cambiar la poltica de la mayora de los pases capitalistas de Europa, lo que exista raramente fuera de Gran Bretaa. Partidos laboristas y socialistas emergieron en la mayor parte del mundo desarrollado en 1880, convirtindose en partidos de masas en Estados con la franquicia democrtica que tanto haban ayudado a establecer. Durante y despus de la Primera Guerra Mundial otra rama de los partidos proletarios sigui la senda revolucionara de los bolcheviques, otra rama se convirti en los pilares que sustentaron el capitalismo democratizado. La rama bolchevique apenas tiene ya importancia en Europa occidental o se ha asimilado a la socialdemocracia. La socialdemocracia, tal como exista en los tiempos de Bebel e incluso de Clement Attlee, lucha en la retaguardia. No obstante, los partidos socialdemcratas de la Segunda Internacional, a veces con sus nombres originales, son an potencialmente los partidos de gobierno de varios Estados europeos. Aunque esos gobiernos fueron menos frecuentes a principios del siglo XXI que a finales del XX, estos partidos han batido el record de continuidad como grandes agentes polticos durante ms de un siglo.

En resumen, lo que est equivocado no es la prediccin del Manifiesto del papel central de los movimientos polticos con base en la clase obrera (y an en ocasiones stos llevan especficamente el nombre de clase, como los partidos laboristas britnico, holands, noruego y australiano). Lo que est equivocado es la proposicin: De todas las clases que se enfrentan hoy a la burguesa, solo la proletaria es realmente revolucionaria, cuyo destino inevitable, implcito en la naturaleza y desarrollo del capitalismo, es el derrocamiento de la burguesa: Su cada y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.

Incluso en los notorios aos cuarenta del hambre, el mecanismo que deba conseguirlo la inevitable pauperizacin (xvii) de los obreros no result totalmente convincente; a menos que se basara en la suposicin, improbable incluso entonces, de que el capitalismo estaba en su crisis final a punto de ser inmediatamente derrocado. Era un mecanismo dual. Adems del efecto de pauperizacin en el movimiento obrero, se demostr que la burguesa no estaba capacitada para gobernar porque es incompetente para asegurar la existencia a sus esclavos dentro de su esclavitud, ya que no puede evitar que se hundan hasta tal extremo que tiene que alimentarlos en vez de al contrario. Lejos de proporcionarle el beneficio que alimentara el motor del capitalismo, ahora la mano de obra se lo coma. Pero dado el potencial econmico enorme del capitalismo, tan dramticamente expuesto en el propio Manifiesto, por qu fue inevitable que el capitalismo no pudiera proporcionar sustento, aunque miserable, a la mayor parte de la clase obrera o alternativamente que no pudiera permitirse un sistema de previsin social? Ese pauperismo (en sentido estricto, ver nota 17) se desarrolla con mayor rapidez que la poblacin y la riqueza? (xviii). Si el capitalismo tena una larga vida por delante como result obvio muy poco despus de 1848, esto no tena por qu ocurrir, y efectivamente no ocurri.

La visin del desarrollo histrico de la sociedad burguesa del Manifiesto, lo que incluye a la clase obrera que la misma generaba, no condujo necesariamente a la conclusin de que el proletariado derrocara al capitalismo y al hacerlo abrira el camino al desarrollo del comunismo, porque la visin y la conclusin no derivaban del mismo anlisis. El objetivo del comunismo, adoptado antes de que Marx se hiciera marxista, no derivaba del anlisis de la naturaleza y el desarrollo del capitalismo, sino de un argumento filosfico incluso escatolgico sobre la naturaleza humana y su destino. La idea fundamental de Marx a partir de entonces de que el proletariado era la clase que no poda liberarse a s misma sin liberar al mismo tiempo a la sociedad en su conjunto, aparece primero como una deduccin filosfica, en lugar de ser producto de la observacin (xix). En palabras de George Lichtheim: el proletariado apareci por primera vez en los escritos de Marx como la fuerza social necesaria para llevar a cabo los objetivos de la filosofa alemana, como lo expuso Marx en 1843 y 1844 (xx).

La posibilidad positiva de la emancipacin de Alemania, escribi Marx en la Introduccin a la Crtica a la Filosofa del Derecho de Hegel, reside:

En la formacin de una clase con cadenas radicales una clase que sea la disolucin de todas las clases, esfera de una sociedad que posea un carcter universal porque sus sufrimientos sean universales y sus reivindicaciones no sean derechos individuales porque el agravio cometido contra l no es un mal particular sino un mal en s mismo Esta disolucin de la sociedad como una clase particular es el proletariado La emancipacin de los alemanes es la emancipacin del ser humano. La filosofa es la cabeza de esta emancipacin y el proletariado es el corazn. La filosofa no se puede reconocer a s misma sin la abolicin del proletariado y el proletariado no puede ser abolido sin que la filosofa devenga en una realidad (xxi).

Por entonces el conocimiento que Marx tena del proletariado no iba ms all del hecho de que estaba naciendo en Alemania slo como consecuencia del creciente desarrollo industrial y que ste era precisamente su potencial como fuerza liberadora, puesto que al contrario que las masas de pobres de la sociedad tradicional, era hijo de una drstica disolucin de la sociedad y por tanto su existencia proclamaba la disolucin del orden mundial existente hasta entonces. Tena an menos conocimiento sobre los movimientos obreros, aunque saba mucho de la historia de la Revolucin Francesa.

En Engels encontr un socio que aport a la sociedad el concepto de la Revolucin Industrial y los conocimientos de la dinmica de la economa capitalista como realmente era en Gran Bretaa, ms los rudimentos de un anlisis econmico (xxii), todo lo cual le indujo a predecir una futura revolucin social, que sera fomentada por una clase obrera real a la que l conoca muy bien por el hecho de vivir y trabajar en Gran Bretaa al comienzo de la dcada de 1840. Los enfoques de Marx y Engels sobre el proletariado y el comunismo se complementaban mutuamente. Lo mismo ocurra con sus concepciones respectivas de la lucha de clases como motor de la historia (en el caso de Marx derivado principalmente de su estudio del periodo de la Revolucin Francesa; en el caso de Engels por la experiencia de los movimientos sociales en la Gran Bretaa pos-napolenica). No sorprende que ambos estuvieran de acuerdo en todos los campos tericos, en palabras de Engels (xxiii). Engels le aport a Marx los elementos de un modelo que demostraba la naturaleza fluctuante y autodesestabilizadora del funcionamiento de la economa capitalista, en particular el esbozo de una teora de las crisis econmicas (xxiv) y el material emprico acerca del auge del movimiento obrero y del rol revolucionario que podra desempear en Gran Bretaa.

En la dcada de 1840 la conclusin de que la sociedad estaba al borde de la revolucin resultaba plausible. Como lo era la prediccin de que la clase obrera, an siendo inmadura, la liderara. Despus de todo, a las pocas semanas de la publicacin del Manifiesto, un movimiento de los trabajadores parisinos derroc a la monarqua francesa y dio la seal revolucionaria a la mitad de Europa. No obstante, la tendencia del desarrollo capitalista a generar un proletariado esencialmente revolucionario no poda deducirse del anlisis de la naturaleza del desarrollo capitalista. Era una posible consecuencia de este desarrollo, pero no podra sealarse como la nica posible. Y an menos poda demostrarse que el xito de un derrocamiento del capitalismo por parte del proletariado abriera necesariamente la puerta al desarrollo del comunismo. (El Manifiesto slo afirma que en ese momento se iniciara un proceso de cambio muy gradual) (xxv). La visin de Marx de un proletariado cuya misma esencia lo destinara a emancipar a toda la humanidad y a poner fin a la sociedad de clases mediante el derrocamiento del capitalismo representa una esperanza deducida de su anlisis del capitalismo, pero no una conclusin necesariamente impuesta por ese anlisis.

A lo que el anlisis del capitalismo del Manifiesto indudablemente puede llevar especialmente cuando se adentra en el anlisis de Marx sobre la concentracin econmica, que apenas se insinuaba en 1848 es a una conclusin ms general y menos especfica acerca de las fuerzas autodestructivas innatas en el desarrollo capitalista. Debe alcanzar un punto y en 2012 no solo los marxistas estn de acuerdo en esto en que:

La sociedad burguesa moderna con sus relaciones de produccin, intercambio y propiedad, una sociedad que ha suscitado medios de produccin e intercambio tan gigantescos, es como el aprendiz de brujo que ya no puede controlar los poderes del mundo inferior Las dimensiones del arco de la sociedad burguesa son demasiado estrechas para abarcar la riqueza que ha creado.

No sera irracional sacar la conclusin de que las contradicciones inherentes al sistema de mercado, sin ms nexo de unin entre los seres humanos que el descarnado inters propio, el cruel pago al contado, un sistema de explotacin y de acumulacin interminable que nunca se pueden superar; que a partir de cierto punto, mediante una serie de transformaciones y reestructuraciones el desarrollo de este sistema esencialmente autodesestabilizador, conduzca a una situacin que ya no se pueda describir como capitalismo. O citando al propio Marx, en que la centralizacin de los medios de produccin y la socializacin del trabajo lleguen al final a un punto en que se hagan incompatibles con su integumento capitalista, y ese integumento reviente en pedazos (xxvi). El nombre por el que conozcamos la subsiguiente situacin es indiferente. Sin embargo, como demuestran los efectos de la explosin econmica del mundo en el medio ambiente mundial, tendr que marcar necesariamente un giro brusco que lo aleje de la apropiacin privada para pasar al control social a escala global.

Resultara improbable que tal sociedad post-capitalista se pareciera a los modelos tradicionales del socialismo y an menos al socialismo real de la era sovitica. La forma que haya de tomar y hasta dnde encarnara los valores humanistas del comunismo de Marx y Engels, dependera de la accin poltica a travs la cual se producira el cambio, ya que esto, como sostiene el Manifiesto, resulta fundamental para la conformacin del cambio histrico.


V

En la visin marxiana, no importa cmo describimos ese momento histrico en que el integumento reviente en pedazos, la poltica constituir un elemento esencial. El Manifiesto se lee principalmente como un documento de inevitabilidad histrica y en efecto su fuerza se deriva en gran medida de la confianza que proporcion a sus lectores saber que el capitalismo estaba inevitablemente destinado a ser enterrado por sus sepultureros y que ahora -y no en cualquier otro periodo histrico- han nacido las condiciones para la emancipacin. Sin embargo, en contra de las ms divulgadas hiptesis, si el Manifiesto alega que tal cambio histrico lo consigue el hombre haciendo su propia historia, no es un documento determinista. Las fosas han de ser cavadas por la accin humana o a travs de ella.

Efectivamente es posible hacer una lectura determinista del argumento. Se ha sugerido que Engels tenda a hacerla ms que Marx, con importantes consecuencias para el desarrollo de la teora marxista y el desarrollo del movimiento obrero marxista tras la muerte de Marx. Sin embargo, y pese a que se citase como evidencia (xxvii) en los propios borradores de Engels, no se intuye esta lectura determinista en el Manifiesto. Cuando el Manifiesto sale del campo del anlisis histrico y entra en el de la actualidad, se convierte en un documento de opciones y posibilidades polticas -no de probabilidades polticas- y en absoluto de certezas. Entre el ahora y el momento impredecible en el que en el transcurso de la evolucin, se produzca una asociacin en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condicin del desarrollo libre de todos, est el campo de la accin poltica.

El cambio histrico a travs de la praxis social y la accin colectiva constituye su ncleo. El Manifiesto contempla el desarrollo del proletariado como la organizacin de los proletarios en una clase, y consecuentemente en un partido poltico. La conquista del poder poltico por el proletariado (la conquista de la democracia) es el primer paso de la revolucin obrera y el futuro de la sociedad bascula sobre las acciones polticas posteriores del nuevo rgimen (es decir, cmo utilizar el proletariado su supremaca poltica). El compromiso con la poltica es lo que histricamente distingui al socialismo marxiano de los anarquistas y los sucesores de aquellos socialistas cuyo rechazo de toda accin poltica condena especficamente el Manifiesto. Incluso antes de Lenin, la teora marxiana no trataba slo de la historia nos demuestra lo que pasa, sino tambin acerca de lo que tenemos que hacer. Ciertamente la experiencia sovitica del siglo XX nos ha enseado que podra ser mejor no hacer lo que se debe hacer bajo condiciones histricas que imposibilitan virtualmente el xito. Pero esta leccin se podra haber aprendido tambin considerando las implicaciones del Manifiesto Comunista.

Pero entonces el Manifiesto -y sta no es la menor de sus notables cualidades - es un documento que prev el fallo. Esperaba que el resultado del desarrollo capitalista fuera una reconstitucin revolucionaria de la sociedad pero, como ya hemos comprobado, no exclua la alternativa de la ruina comn. Muchos aos despus, otra investigacin marxiana reformul esto como la eleccin entre socialismo y barbarie. Cual de ambos prevalezca es una pregunta que el siglo XXI debe contestar.


Notas:

(i) Solo se han descubierto dos fragmentos de esos materiales un plan para la seccin III y el borrador de una pgina, Karl Marx Frederick Engels, Obras Completas, Vol. 6 (Londres 1976, pginas 576 y 577).

(ii) En vida de los fundadores eran: (1) Prefacio a la (segunda) edicin alemana, 1872; (2) Prefacio a la (segunda) edicin rusa, 1882, la primera traduccin rusa de Bakunin apareci en 1869, comprensiblemente sin la bendicin de Marx y Engels, (3) Prefacio a la (tercera) edicin alemana, 1883; (4) Prefacio a la edicin inglesa, 1888; (5) Prefacio a la (cuarta) edicin alemana, 1890; (6) Prefacio a la edicin polaca, 1892; y (7) Prefacio A los lectores italianos, 1893.

(iii) Paolo Favil li, Storia del marxismo italiano . Dalle origini alla grande guerra (Miln 1996, pginas 252 a 254).

(iv) Me he basado en los datos del inestimable Bert Andras, Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et Bibliographie 1848-1918 (Miln 1963)

(v) Datos de los informes anuales del Parteitage del SPD. Sin embargo no proporcionan datos cuantitativos acerca de las publicaciones previstas para 1899 y 1900.

(vi) Robert R. LaMonte, The New Intellectuals, New Review II , 1914; citada por Paul Buhle en Marxism in the USA: From 1870 to the Present Day (Londres 1987), pg. 56.

(vii) Hal Draper, The Annotated Communist Manifesto (Centro para la Historia del Socialismo, Berkeley, California 1984), pg. 64.

(viii) El original alemn comienza esta seccin con la discusin de das Verhltniss der Kommunisten zu den bereits konstituerten Arbeiterparteien also den Chartiesten, etc. La traduccin oficial en ingls de 1887, revisada por Engels, atena el contraste. Una interpretacin ms fiel sera comparar los partidos obreros ya constituidos, como los cartistas, etc., con los que todava no se haban constituido.

(ix) Los comunistas no constituyen un partido separado opuesto a otros partidos de la clase obrera No establecen principios sectarios propios para formar y moldear el movimiento proletario (Seccin II).

(x) La ms conocida de stas, subrayada por Lenin, fue la observacin del prefacio de 1872 de que la Comuna de Pars haba mostrado que la clase obrera no puede simplemente tomar el control de la maquinaria del estado ya existente y utilizarla para sus propios fines. Despus de la muerte de Marx, Engels aadi la nota al pie de pgina modificando la primera frase de la Seccin I para excluir las sociedades prehistricas del alcance universal de la lucha de clases. Sin embargo, ni Marx ni Engels se molestaron en comentar o modificar los pasajes econmicos del documento. Si Marx y Engels consideraron realmente un Umarbeitung oder Ergnzun ms desarrollado del Manifiesto (Prefacio a la edicin alemana de 1883) resulta dudoso, pero no hay duda de que la muerte de Marx hizo que esa revisin fuese imposible.

(xi) Comprese el pasaje de la Seccin II del Manifiesto (Requiere una intuicin profunda comprender que las ideas, puntos de vista y concepciones del hombre, en otras palabras, que la conciencia del hombre cambie con cada cambio de las condiciones de su existencia material, de sus relaciones sociales y de su vida social?) con el pasaje correspondiente en el Preface to the Critique of Political Economy (No es la consciencia de los hombres lo que determina su existencia sino, al contrario, es su existencia social la que determina su conciencia).

(xii) Aunque sta es la versin inglesa aprobada por Engels, no es una traduccin estrictamente correcta del texto original: Mgen die herrschenden Klassen vor einer kom-munistischen Revolution zittern. Die Proletarier haben nichts in ihr, (es decir en la revolucin) zu verlieren als ihre Ketten.

(xiii) Para un anlisis estilstico, vea S.S. Prawer, Karl Marx and World Literature (Verso, Nueva York 2011), pginas 148 y 9. Las traducciones del Manifiesto que conozco no tienen la fuerza literaria del texto original en alemn.

(xiv) En Die Lage Englands. Das 18.Jahrhundert (Obras de Marx y Engels I, pginas 566 a 568)

(xv) Ver, por ejemplo, la discusin sobre Fixed capital and the development of the productive resources of society en los manuscritos de 1857 y 1858. Obras completas, vol. 29 (1987), pginas 80 a 99.

(xvi) La frase alemana sich zur nationalen Klasse erheben tena connotaciones hegelianas que la traduccin inglesa autorizada por Engels modific, probablemente porque pens que los lectores no lo comprenderan en la dcada de 1880.

(xvii) Pauperismo no debera leerse como sinnimo de pobreza. Las palabras alemanas, tomadas del ingls, son pauper (persona indigente que vive de la beneficencia o de alguna provisin pblica: Diccionario del siglo XX de Chambers) y pauperismus (calidad de indigente).

(xviii) Paradjicamente, algo parecido al argumento marxiano de 1848 es el trmino utilizado ampliamente por los capitalistas y los gobiernos del libre mercado para demostrar que las economas de los estados cuyo PIB se doblan cada pocas dcadas estarn en bancarrota si no se suprimen los sistemas de redistribucin de las ganancias (estado del bienestar, etc.), implantados en tiempos de menor abundancia, y en los que aquellos que obtienen ingresos mantienen a los que no los tienen.

(xix) Leszek Kolakowski , Main Curretns of Marxism, vol. 1, The Founders (Oxford 1978), pgina 130.

(xx) George Lichtheim, Marxism (Londres 1964), pgina 45.

(xxi). Obras Completas, Vol. 3 (1975), pginas 186 a 187. En este pasaje he preferido en general la traduccin de Lichtheim, Marxism. El vocablo alemn que traduce como clase es Stand, que hoy resulta engaosa.

(xxii) Publicado como Outlines of a Critique of Political Economy en 1844 (Obras completas, vol. 3, pginas 418 a 443)

(xxiii) On the History of the Communist League (Obras Completas, vol. 26, 1990), pgina 318.

(xxiv) Outlines of a Critique (Obras completas, vol. 3, pgina 433 y siguientes). Parece proceder de escritores britnicos radicales, principalmente John Wade, History of the Middle and Working Classes (Londres 1835), a quien se refiere Engels en relacin con esto.

(xxv) Esto es incluso ms evidente en las formulaciones de Engels que constituyen de hecho dos borradores del Manifiesto Draft of a Communist Confession of Faith (Obras Completas, vol. 6, pgina 102) y Principles of Communism (Ibd., pgina 350)

(xxvi) From Historical Tendency of Capitalist Accumulation en Capital, vol. 1 (Obras Completas, vol. 35, 1996), pgina 750.

(xxvii) Lichtheim, Marxism, pginas 58 a 60


Fuente: http://www.versobooks.com/blogs/1137



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