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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2012

Ciudades, megaeventos y acumulacin por despojo

Ral Zibechi
La Jornada


Las grandes ciudades del tercer mundo se han convertido en espacios tan atractivos para la acumulacin del capital, como las vastas reas rurales en que se expanden los monocultivos y la minera a cielo abierto. Los megaeventos, como los Juegos Olmpicos y los mundiales de futbol, pero tambin los grandes conciertos musicales, son la mejor excusa para acelerar la acumulacin, que va de la mano de la expulsin de los pobres o su encierro permanente en espacios controlados.

Las ciudades brasileas, muy en particular Ro de Janeiro, muestran en este momento la cara menos amable de la acumulacin por despojo: intervencin militar de favelas, derribo de viviendas y expulsin de comunidades que estaban asentadas desde dcadas atrs en zonas ahora apetecibles para el capital. Un acto organizado esta semana por el Laboratorio de Estudio de Movimientos Sociales y Territorialidades (Lemto) permiti conocer por dentro la realidad de quienes estn siendo agredidos por las obras de cara al Mundial de 2014 y las olimpiadas de 2016.

Llegan y marcan las casas que van a derribar, igual que hacan los nazis con las casas de los judos, dice, con impasible serenidad, Inalva Brito, luchadora social de 66 aos que integra la asociacin de los habitantes de Vila Autdromo, un barrio de 450 familias en el sur de Ro, lindero con la futura villa olmpica. All hay pobladores que integran la tercera generacin de expulsados por el desarrollo, que cada vez son trasladados a lugares ms alejados del centro urbano, donde no hay servicios y el transporte es muy caro.

El Morro da Providencia, el ms antiguo de la ciudad erigido por ex combatientes de la guerra de Canudos a finales del siglo XIX, es un monumento a la desigualdad social. Quin estara interesado en este cerro de escaleras empinadas y callejuelas irregulares, construido a golpe de sudor por los 20 o 30 mil vecinos que lo habitan desde hace 100 aos? Marcia, veterana luchadora social de la favela, nos conduce por lugares imposibles, mostrando las casas marcadas con tres letras fatdicas, SMH, iniciales de la secretara municipal de vivienda (siglas en portugus). Cada pocos pasos aparecen lotes tapizados de escombros que denuncian la accin de las topadoras. Se detiene en un lugar, sealando que en ese sitio fue derribada una vivienda con la familia dentro. Desigualdad y violencia estatal. O habra que hablar de terrorismo democrtico de Estado? Lo ms asombroso de la favela de Providencia es la construccin de un enorme telefrico que comienza en la estacin de autobuses, hace su parada nica en lo que fue la plaza principal del lugar (espacio de socializacin y de fiestas de la comunidad, ahora destruido), para terminar del otro lado del cerro, pegado a la Ciudad de la Samba, donde las escolas do samba construyen sus carromatos y disean sus disfraces. La favela, que ni siquiera aparece en los mapas tursticos, ser una foto-trofeo en la mochila de los turistas, mientras sus pobladores no tendrn acceso al telefrico.

El gran pecado de la poblacin de esta favela no es el narcotrfico, casi inexistente por cierto, sino vivir junto al puerto, una zona que ahora es apetecida por la especulacin inmobiliaria que pretende remodelar un rea a la que ya bautiz Puerto Maravilha, en relacin directa con la Cidade Maravilhosa. Los galpones abandonados sern reconvertidos en restaurantes y tiendas de lujo para turistas; los puentes y extensos viaductos sern derribados para darle un aspecto verde, adecuado a los gustos de los turistas del norte y del turismo interno de clase media alta. Antes de eso, como precondicin de la acumulacin por despojo, se instal una enorme UPP (Unidad de Polica Pacificadora) en la zona baja de la favela, la ms accesible para los carros blindados, los tenebrosos caveiros (en referencia a la calavera, emblema de la polica militar). En sentido riguroso, por pacificacin se entiende el combate a la comunidad, aunque para mantener las apariencias democrticas se usan trminos como narcotrfico o bandidos, para criminalizar a toda una poblacin que cumple siempre los mismos requisitos: pobre, marginalizada, negra.

Esta misma semana, la presidenta Dilma Rousseff anunci en Pars la construccin de al menos 800 aeropuertos regionales en ciudades hasta de 100 mil habitantes. En este momento funcionan apenas 66. Todos estarn ligados por autopistas con las ciudades prximas. No dio cifras, pero supone un jugoso negocio para un puado de constructoras y la ruina de miles de familias que inevitablemente sern desplazadas. No es casualidad: las constructoras realizan los mayores aportes a las campaas electorales de los partidos. En las recientes elecciones municipales y de gobernadoras, cuatro grandes constructoras (An- drade Gutierrez, Queiroz Galvo, OAS y Camargo Corra) donaron 100 millones de dlares a los candidatos. Slo Andrade Gutierrez entreg 38 millones de dlares. El PT fue el partido ms beneficiado: recaud 32 millones slo de las cinco mayores donadoras (Folha de So Paulo, 9 de diciembre de 2012). Quin puede competir con semejante poder? No los favelados, por cierto.

Un reciente estudio del Instituto Brasileo de Geografa y Estadstica (IBGE) seala que las cinco mayores ciudades del pas concentran 25 por ciento del PIB nacional, y slo tres So Paulo, Ro de Janeiro y Brasilia 21 por ciento (Agencia Brasil, 12 de diciembre de 2012). En toda la regin del sureste, la ms rica de Brasil, uno por ciento de los municipios concentran la mitad de la renta. All, en las megaciudades, se est jugando una parte sustancial del futuro de la humanidad. All concentra sus bateras el capital global, impulsando aquellos actos gigantes que mayores beneficios le rinden, a corto y largo plazos. Los que resisten son sistemticamente acusados de delincuentes.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/12/14/index.php?section=opinion&article=020a2pol



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