En ese prólogo que hizo Benedetti durante el año 1984 arranca diciendo que lo escribe no como un “especialista en temas económicos” y por ello se circunscribe a realizar un llamado de atención sobre “las peculiares condiciones en que el trabajo fue compuesto, como signo inequívoco de una voluntad indoblegable”. En un pasaje agrega: “no se qué opinión merecerá esta análisis de Sendic a los economistas”. Valdría la pena saberla.
Tomando la referencia del momento actual, el estado de ciertos debates
que se generan en el medio camino de una gestión de gobierno que es
depositaria de grandes esperanzas del campo popular, las “Reflexiones sobre Economía Política”
bien podría ser un documento de referencia precisamente para perforar
la barrera ante la cual se detuvo Benedetti al escribir el prólogo. La
barrera que imponen los “especialistas” en temas económicos,
productivos, etc. La barrera de que “si los números no dan” no se puede
avanzar más allá.
Después de todo, Sendic tampoco era un economista. Su formación universitaria era en Abogacía, y su análisis de las condiciones reales
eran fruto de la observación y el estudio del contexto histórico del
desarrollo de las fuerzas productivas y sus peculiares relaciones de
producción en el Uruguay. Las mismas que por el devenir de los hechos lo
pusieron donde lo pusieron; Benedetti recuerda en ese prólogo que
Sendic se limitó a decir la primera vez que fue aprehendido: “yo me considero un prisionero de guerra. Lo único que voy a decir es mi nombre”.
El enfoque del trabajo también refuerza la opción de no quedarse
solamente con las tres o cuatro grandes líneas de interpretación del
fenómeno económico. Pararse desde “el potencial económico latente en cada individuo”,
ya sea este potencial constructivo o destructivo para las posibilidades
de bienestar colectivo, implica abrir radicalmente la perspectiva.
Ensancharla.
A propósito de esta edición del Mate Amargo relacionada a la temática
de los recursos energéticos, es interesante aplicar el siguiente
criterio sobre el cual Sendic basa su perspectiva: “es útil concebir
la economía como un edificio en el que para agregarle algo a la fachada
no se puede quitar material a los cimientos; también verla como un
organismo en el que debe haber un desarrollo armónico, múltiple y
paralelo de sus partes”.
Para analizar la dinámica de desarrollo de los países latinoamericanos,
incluso la actual, hay que atender la relación entre el elemento escasez-abundancia de factores de producción (por ejemplo minerales, o la energía) y el elemento mercado.
Para arrancar, Sendic plantea que reducir toda la economía al mercado
es fruto de una determinada manera de ver las cosas. Es una opción.
Política. Qué tiene implicancias metodológicas, en las formas de evaluar
los resultados, en la manera de plantear los diferentes caminos que se
pueden transitar para organizar el funcionamiento económico de una
sociedad determinada. Sendic agrega que esa manera de ver las cosas,
además de ser un simplismo, tiene consecuencias prácticas y teóricas: “Reducir toda la economía al mercado es menospreciar el factor humano en la producción”.
Entonces, volviendo al análisis de la dinámica de desarrollo de las
economías periféricas sudamericanas, las políticas que se aplican en lo
productivo están determinadas en principio en la circunstancia de que
exista escasez o abundancia de un determinado factor de producción. Esa
decisión estratégica, explotar un determinado recurso o factor de
producción, ya sea escaso o abundante, no debería ser tomada solamente
en función de la relación de ese recurso con el elemento mercado.
El valor de un recurso si lo determina su escasez o abundancia y se
expresa en el mercado con una determinada formación de precios, como
resultado de la sumatoria de otros bienes, impuestos y amortizaciones de
las inversiones anexas. Pero la interconexión orgánica del capital y
sus actividades económicas y productivas en la escala global,
puede hacer que esa formación de precios no tenga correlación con la
dinámica del territorio donde se produce ese recurso. O incluso puede
estar olímpicamente desconectada de cualquier estrategia de desarrollo
que se establezca a nivel nacional o regional.
Sendic lo resume así: “El pensamiento económico tradicional está enfermo de globálismo”.
Ni siquiera es del enfoque de las relaciones entre centro y periferia, o
entre norte y sur global que está contaminado el pensamiento económico
tradicional. Justamente ese tipo de reflexión es la que brilla por su
ausencia en el debate económico actual, al menos en Uruguay. El
globalismo es el estado infantil del análisis económico, su caricatura.
No llega a análisis de geopolitica ni de costado.
“Con el agotamiento de algunas materias primas en este fin del
siglo XX, queda claro que el abatimiento de su precio por el bajo costo
de la mano de obra era sólo producto del deterioro de los términos de
intercambio y que la escasez-necesidad es mejor medida de valor para los
países subdesarollados”. América del Sur es una región con
recursos energéticos y recursos naturales abundantes. Y con necesidades
internas aún más abundantes.
La decisión de ampliar o de iniciar la explotación de un determinado
recurso puede hacerse en función de dos elementos bien distintos: puede
hacerse en función de la escasez global, es decir, en función del
mercado global, o en función de las necesidades internas, es decir en
función de las estrategias de desarrollo autónomas.
Además de traer aparejadas consecuencias claramente diferenciadas, otra
diferencia entre esas opciones radica en lo que Sendic denomina “tecnoestructuras”. Particularmente en lo que refiere a la formación de determinadas tecnoestructuras
relacionadas a los procesos productivos. Este concepto no se refiere
solamente a una “base tecnológica” sino a una determinada manera de
organización de la economía, incluyendo la base monetaria, las
características de calificación de la mano de obra, la base educativa,
formación de cuadros para la producción, etc.
Por ejemplo, el proceso productivo de la forestación y la producción de
celulosa, iniciado en Uruguay a partir del gobierno de Lacalle, generó
una determinada tecnoestructura: exoneraciones tributarias,
zonas francas, tratados de protección de inversiones (o “Acuerdos de
Inversión” como en el caso del acuerdo con Montes del Plata).
Armar una determinada tecnoestructura lleva tiempo, y arranca a partir de una decisión política. Lo mismo para desmontar una determinada tecnoestructura. Desmontar tecnoestructuras
heredadas de los ´90 no solo lleva tiempo, implica contradicciones y
son procesos complejos; además implica un decisión política que se
sustente en una determinada correlación de fuerzas en lo social y en lo
político. En una determinada hegemonía.
Cuanta tecnoestructura tenemos avanzada para acompañar un ciclo
productivo como el de la explotación de hierro? ¿Lo único qué hace falta
es una tecnoestructura-puerto para exportarlo? ¿Y en el caso del
petróleo? ¿Qué tecnoestructura instalada hay? ¿Para qué va a ser todo
este asunto? -En un plano regional, este razonamiento también es válido
para la producción de energía, que se destina en un promedio de 25% neto
en los últimos años para exportación.
Este ensayo de Sendic aporta importantes conceptos en otros aspectos de
la economía política, que llamaron la atención de muchos dirigentes de
la izquierda latinoamericana. Temas como la deuda y su red de
condiciones para el desarrollo de los países del sur global, la
problemática del consumo “no esencial” o suntuario, o incluso cuando
plantea el concepto de no correlatividad en
las economías latinoamericanas entre aumento de productividad con el
aumento del salario y en definitiva con el dinamismo de la estructura
social; concepto sobre el cual la CEPAL ha trabajado décadas bajo el
enfoque de la la heterogeneidad estructural latinoamericana. Por muchas
razones, es un trabajo que requiere (y merece) ser analizado.