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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2012

Estructuras de poder viciosas

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


No dejan de sorprender las formas que adquieren las relaciones y las estructuras de poder. No dejan de sorprender sus desviaciones, si se puede hablar as, pues no se puede suponer, en este caso, un eje normal, aunque pueda haber un eje central, incluso un eje ideal, en esto del ejercicio del poder. Lo que llama la atencin es la proliferacin de formas no institucionales del ejercicio de poder; por ejemplo, las que llamaremos, a modo de representacin, formas viciosas de poder. Se trata de formas perversas, de formas fraudulentas, de formas vinculadas a la coercin, a la presin, al chantaje, a la extorsin. Anteriormente las nombramos como parte de la economa poltica del chantaje [1] ; ahora nos interesa su descripcin tpica en lo que se ha venido en llamar la extorsin. Vamos a tratar de hacer un seguimiento de la gnesis de esta forma de poder coercitivo, basndonos en la descripcin del caso publicitado en Bolivia como red de extorsin vinculada a un grupo de abogados que trabajan para el gobierno, a quienes se otorg plenos poderes para emplear todos los medios y deshacerse de la llamada oposicin. Segn versin del gobierno, este grupo de abogados, cuya extensin y alcance todava no se ha aclarado, actu por s mismo, independientemente, de una manera arbitraria, montando una red delictiva, sin contar con ninguna aprobacin del gobierno. No vamos a poner en cuestin esta versin oficial, pues formar parte de una de las hiptesis interpretativas de la explicacin de la secuencia de sucesos escandalosos que se destaparon. Lo que interesa es develar el funcionamiento de esta forma de poder, su insercin en el aparto estatal y el uso del Estado por grupos coercitivos. En principio, entonces, trataremos de dibujar una suerte de descripcin general del nacimiento y de la gnesis de estos grupos, para luego proponer algunas hiptesis.

Estos grupos estn ntimamente vinculados a los usos corrosivos de la administracin de justicia, fuertemente ligada a la corrupcin del aparato del poder judicial, en todas sus instancias. Estas circunstancias son ampliamente conocidas por la ciudadana, sobre todo la que sufri en carne propia el escarnio del manejo de los largos e interminables procesos judiciales. Entonces, en primer lugar, el nacimiento y la reproduccin de estos grupos forman parte de la historia de la administracin de justicia. El problema es que parte de la ciudadana, a pesar de sus condenas y observaciones, vea y ve como cosa natural estos procedimientos, como un mal que hay que soportar. Se puede decir que cada gobierno tiene su propia historia vinculada a estas formas de extorsin. Puede ser que se diferencien por una mayor o menor extensin, por una mayor o menor penetracin en el gobierno y en la institucionalidad estatal, tambin puede ser que se diferencien por una mayor o menor profundidad en el alcance de la perversin; empero, lo cierto es que ningn gobierno se ha salvado de esta incidencia demoledora. Entonces, no hablaremos de un nacimiento, sino de varios renacimientos, dependiendo del periodo, del contexto, de la coyuntura. Lo problemtico es que ahora reaparece el ejercicio del poder colateral y paralelo en las fases de un gobierno que proclam la lucha poltica contra la corrupcin, incluso conform un ministerio de transparencia y lucha contra la corrupcin. La historia efectiva parece vengarse de estas pretensiones y pone a prueba al gobierno ante las magnitudes alarmantes de la expansin de la corrupcin, de la economa poltica del chantaje, de las formas de coercin y los procedimientos de extorsin. Por qu sucede esto?

Una causalidad de este fenmeno puede encontrarse en el control casi absoluto del poder, refirindonos al control de los rganos del Estado y del mapa de toda su institucionalidad. Obviamente no el control de la potencia social, pero s del poder como usurpacin de la potencia social. Este control y monopolio del poder induce a la certeza, equivocada, por cierto, de que este control y monopolio otorga impunidad, pues los operadores y los que dan rdenes se sienten estar suspendidos sobre las propias limitaciones institucionales y sociales. Si se controla la justicia, se controla la legalidad de lo que se hace, aunque lo que se haga sea una administracin de ilegalidades. Si se controla el rgano legislativo, se controla la legitimidad, aunque lo se haga se ilegitimo, por ejemplo, las leyes y las acciones respeto de la Constitucin. Si se controla el ejecutivo, se controla la construccin de la decisin poltica. Si se controla el rgano electoral, se controla la posibilidad de reeleccin y del manejo electoral. Entonces, este monopolio da la sensacin de un poder desmesurado, lejos del alcance de los mortales. En estas condiciones se puede creer que los que dan rdenes, los administradores, los operadores, los ejecutores, son inalcanzables. Se piensa que aunque afecte lo que se haga a la institucionalidad y las normas, se trata de procedimientos necesarios en la lucha contra la oposicin y la permanente conspiracin. Quizs se apueste a que despus se busque una correccin de esta desviacin momentnea, de este recurso externo en la lucha poltica, quizs se crea que despus se puede enderezar de nuevo la distorsin. Esto es notoriamente una equivocacin, a la luz de la experiencia en distintos regmenes. Estas prcticas se vuelven una costumbre, terminan formando parte de los bordes y del propio funcionamiento institucional, en la medida que su porosidad lo permite. La apuesta momentnea o coyuntural, si se quiere, de emergencia, de estas prcticas es altamente peligrosa, pues estas prcticas responden a sus propias lgicas, a sus propias redes, a sus propias estructuras de poder. La excepcin no slo confirma la regla, sino que se empieza a volverse la regla.

Es posible que sea esto lo que ha sucedido en gran parte de la secuencia de hechos coercitivos y de extorsin develados. La lucha beligerante contra la derecha, durante la primera gestin de gobierno, llev en un determinado momento a optar por procedimientos y recursos de emergencia, usando el monopolio de la violencia legal del Estado. Cuando se opt por la eleccin de estos recurso no se comprendi, en su debido momento, que son los mismos procedimientos de todos los gobiernos a los que se critic, que, en la medida, que se utilizaban estos dispositivos se caa en lo mismo de todos los gobiernos, en esa zona incierta y arbitraria de la efectuacin de la violencia simblica y fsica del Estado por las vas no-institucionales. No se comprendi que al hacerlo se reproduca el carcter canalla de la dominacin y el carcter perverso del usufructu del Estado. Al no caer en cuenta en estos condicionamientos distorsionantes se termina avalndolos. Lo que ocurre despus es que el gobierno termina atrapado en el desenvolvimiento de estas prcticas y estas relaciones colaterales, en la incidencia perversa de estos grupos, que ya se han convertido en redes.

Esto pasa cuando se comprende a la poltica como definicin del enemigo, cuando termina la poltica siendo la continuidad de la guerra [2] . La exacerbacin de esta comprensin fue llevada a cabo por dos expresiones acentas de la poltica como prctica de combate; primero, por parte de una cierta interpretacin leninista, interpretacin llevada al extremo de la reinvencin del enemigo, incluyendo a los enemigos internos, por parte del estalinismo; segundo, por parte del nazismo, que llev a la definicin del enemigo como enfermedad contaminante al interiormisma de la sociedad. Analoga de extremos opuestos aprovechada por Carl Schmitt en su anlisis de lo poltico [3] . Obviamente no son lo mismo, el leninismo y el nazismo, ni los estamos acercando, son expresiones histrico-polticas diametralmente diferentes, empero, que al llevar al extremo las consecuencias de esta forma de ejercicio de la poltica, terminaron involucrados en descomunales desbordes de violencia, que podramos decir se llevaron a cabo de una manera incontrolada, aunque ejecutadas con una fra racionalidad instrumental. Esta observacin la hace elocuentemente Jacques Derrida en Polticas de la amistad [4] .

Sin embargo, no estamos hablando del desencadenamiento de la violencia a partir de la comprensin de la poltica como hostilidad y antagonismo, sino del desencadenamiento de una forma de violencia que se ha venido en llamar extorsin. La ex-torsin es una ex-poliacin; se trata de un procedimiento forzado, de una presin, de una coercin, de un chantaje, que viene de un exterior a un adentro institucional. Este exterior no es propiamente institucional, no est normado, aunque s puede estar regulado. En esta forma de poder, el enemigo es visto como objeto de extorsin, como materia de expoliacin; en estas condiciones, el enemigo no tiene derechos, sus derechos se suspenden en el momento que entra en contacto con los extorsionadores. Esto concurre secretamente, en la oscuridad de los recovecos y de los intersticios labernticos de la frontera porosa entre Estado y sociedad, en las lneas discretas, discontinuas, que hacen de delimitaciones inciertas entre lo pblico y lo privado. Las vctimas de la extorsin tienen perfiles variados; pueden ser desde infractores hasta inocentes, pueden encontrarse en pleitos con el Estado o ser afectados por la irradiacin de estas modalidades, aunque no hayan incurrido en delitos. Pueden ser propietarios, empresarios, deudores, empleados, trabajadores, pequeos propietarios, comunarios, campesinos o sin tierra. Pueden ser hombres o mujeres. Pueden ser opositores o partidarios. La extorsin es amplia y flexible, puede incluso extenderse a gran parte de los ciudadanos y ciudadanas. Aunque, de alguna manera, se puede decir que tiene cierta inclinacin por los adinerados, mucho mejor si stos se encuentran vulnerables.

En el caso boliviano de la llamada red de extorsin parece haberse ido lejos, sobre todo porque los abogados involucrados gozaban de plenos poderes, adems de estar acompaados por el uso de destacamentos policiales, lo que los converta en pequeos dspotas, que se encontraban en una zona de excepcin, donde se suspenden los derechos fundamentales. Importa saber el alcance y la extensin de esta red de extorsin? Ciertamente s; pero, lo que tambin importa es anotar que slo el hecho de haber permitido que exista unos dispositivos de poder de esta ndole compromete la propia legitimidad y legalidad del gobierno, sobre todo teniendo en cuenta la Constitucin. Lo que importa es comprender la incidencia corrosiva de estas prcticas en la institucionalidad estatal.

No se trata pues de un caso aislado, como pretende la versin oficial. El problema es que se trata de procedimientos extendidos, que tienen su propia historia, procedimientos avalados por el gobierno, que gozan con permiso, aunque el permiso no alcance a las iniciativas propias que puedan tomar los extorsionadores. El problema es que la existencia de estos grupos externos e internos era conocida por las autoridades que avalaron con cartas y ordenes el funcionamiento de estos grupos. El problema es que el escndalo estalla recin, a consecuencia de que una de las vctimas es un extranjero, un empresario norteamericano, con influencia. El problema estalla por presin de los dispositivos con que cuenta la potencia de la que es coterrneo la vctima. Si no hubiera sido investigado el caso por servicios de inteligencia policiales de esa potencia, si no se hubiera presionado al gobierno, quizs los involucrados, hasta ahora, seguiran gozando de la libertad para efectuar sus acciones perversas. El problema es tambin que hasta el momento la afectacin incriminadora slo ha afectado a los operadores, empero se cuida, con mucha cautela a los que avalaron estos dispositivos de coercin externos y de emergencia.

De todas maneras ya estall el escndalo, de alguna manera difundido por los medios de comunicacin, contando con declaraciones de autoridades gubernamentales, adems de acusaciones y condenas de la llamada oposicin, adems de instituciones como la Defensora del pueblo, fuera de otras instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Empero, lo que no hay que olvidar es que este problema es un contrariedad estructural; no es un problema que atinge a este gobierno, sino al Estado-nacin mismo, sin pretender, de ninguna manera, salvar de responsabilidad al gobierno vigente. El develamiento de los secretos recovecos de la administracin de justicia y de los pasillos opacos del Estado, es una oportunidad para la manifestacin movilizada de la sociedad contra estas formas viciosas de poder. La reaccin ante el escndalo no puede circunscribirse a la denuncia de los medios de comunicacin, menos al desahogo de la oposicin, sino tiene que abrirse a la participacin y al control social. Es una oportunidad para la interpelacin social a las formas ambivalentes del Estado-nacin y de las formas de gobierno colaterales, adems de ser una oportunidad para las bsquedas del ejercicio participativo, de transparencia y de control social. La sociedad no puede permitir la existencia de este tipo de grupos y de redes colaterales, pues no slo atentan contra los derechos fundamentales y el ideal de la institucionalidad, sino que terminan convirtiendo a la propia sociedad en reen de estos grupos y formas de poder perversas.

 

Hiptesis de interpretacin

Hay varias hiptesis o conjeturas que se han puesto a circular a propsito de la explicacin de la llamada red de extorsin; hiptesis de sentido comn, hiptesis polticas, hiptesis econmicas, hiptesis con pretensiones histricas, hiptesis culturales. Hay de todo, para escoger, incluyendo las hiptesis relativas a la teora de la conspiracin. De las hiptesis de sentido comn quizs interese esa que se enuncia en esa frase conocida de que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Quizs un tono de esta hiptesis se ha hecho sentir en nuestra propia descripcin, cuando decimos que el monopolio y el control absoluto del poder, absoluto en el sentido de mayora absoluta o, mejor dicho, de la mayora de los 2/3, dio lugar a la ilusin de impunidad, a una certeza de la condicin de aparente invulnerabilidad que otorga el control total del poder. Sin embargo, este enunciado no podra entenderse si no se comprende, al mismo tiempo, de qu relaciones, estructuras y diagramas de poder se est hablando. No se est hablando de los diagramas disciplinarios y de los diagramas de control instaurados en la modernidad, como parte de la genealoga de sus instituciones y de la formacin del Estado-nacin, sino de otros mapas de poder. Hablamos de una cartografa de poder singular, aquella que est vinculada al ejercicio de gobierno, a la efectuacin de gobierno en sentido prctico, utilizando los mismos mecanismos institucionales para ejercer una dominacin anexa. Estamos hablando del gobierno sobre los hombres y las mujeres, tambin del gobierno sobre las cosas, entre estas del gobierno sobre los circuitos monetarios. El gobierno de los hombres y las mujeres, el gobierno sobre las cosas, el gobierno sobre los circuitos monetarios, viene acompaada por sus posibilidades de distorsin; no por el manejo de las fuerzas y su conduccin estratgica, sino por el manejo de las fuerzas y su distorsin tctica, desviada segn el inters privado, en este caso de atesoramiento dinerario. El ejercicio del poder se usa para el beneficio privado de ciertos grupos, para su enriquecimiento llamado ilcito. En este sentido el ejercicio del poder se efecta de la manera ms pedestre y vulgar. Se trata del imaginario ms antiguo del botn; el poder, el Estado, el gobierno, son mirados como botn de guerra. Es como una costumbre; antes lo hicieron otros, ahora nos toca. Esto ocurre por una desmesura del ejercicio del poder, ejercicio por cierto no democrtico, aunque se usen instrumentos democrticos, como la validacin electoral. Esta desmesura tiene que ver con la condicin oculta de la excepcionalidad; se trata de comportamientos que se basan en el Estado de excepcin, en la situacin de emergencia, en el argumento de la seguridad del Estado, en el secreto de Estado. Todo Estado moderno ha recurrido a esta condicin excepcional una y otra vez cuando supuestamente han visto el peligro para el Estado.

Ciertamente hay distintas figuras de esta condicin de excepcin o, mas bien, distintas consecuencias de esta excepcionalidad. Nos interesa ahora las ms perversas, las que ven por conveniente extorsionar a enemigos, a opositores, a supuestos conspiradores, a quien sea, por razones de Estado. La extorsin se convierte en un sistema, por as decirlo o, si se quiere, es un subsistema de un sistema mayor, que es el relativo al diagrama de poder de la corrupcin. Es un procedimiento forzado para reunir dinero para el partido, aunque este dinero termine controlado por unos grupos, otros grupos, quizs no los mismos de los operadores. Las formas de distribucin pueden variar, empero lo que importa es el argumento usado; el Estado puede expropiar riquezas, parte de las mismas, en beneficio del propio Estado. Estos mtodos no tienen nada que ver con las nacionalizaciones, que son mas bien medidas populares de recuperacin de soberana. Estos mtodos tienen que ver con el inters de la lite gobernante. Para comprender esta situacin hay que entender que el Estado no es una abstraccin, es un campo burocrtico, es un mapa institucional, es una estructura de poder; pero, adems de todo esto, est manejado por grupos especficos, que cuando estn en el poder no escatiman nada para lograr sus objetivos de la manera ms prctica y expedita por as decirlo. Que unos gobiernos lo haga de una manera ms torpe que otros, ms extensa que otros, es otra cosa, lo que no hay que perder de vista es que la desmesura de poder como que posibilita la maniobra de gobierno en este sentido.

El liberalismo ha tratado de escapar de la desmesura del poder distribuyndolo por poderes independientes, buscando una suerte de equilibrio de poderes, de pesos y contrapesos, una poltica de balances; empero, la paradoja evidenciada es que precisamente los regmenes liberales se ven como compelidos a enfrentar la corrupcin que atraviesa los poderes de una manera invisible. Por eso estos regmenes tratan esforzadamente de mantener una cierta independencia del poder judicial, quizs como ltimo recurso de defensa al modelo ideal. Con esto no decimos que otras clases de regmenes escaparon a las paradojas del ejercicio prctico de la poltica; al contrario, terminan envueltos en formas ms visibles de estos manejos colaterales del poder.

De esto no se puede deducir que no se pueda escapar a la condena de la corrupcin, que siempre ha acompaado al poder, que es inherente al mismo, que el mal es atingente al humano, que se inclina por la maldad. Esta hiptesis moralista es insostenible, aunque ha sido usado en las teoras del Estado. El mal se convierte en una especie de sustancia o causa, como la figura del demonio en las religiones, que sustituye a las estructuras y relaciones de poder en la explicacin de las manifestaciones perversas. El problema no radica en la existencia de una sustancia o esencia metafsica que inclina al humano a la satisfaccin egosta por cualquier medio al alcance, sino en la conformacin de formas de poder, que no son otra cosa, que formas de dominacin, que indudablemente no son democrticas, aunque se efecten a su nombre. El ejercicio privado del poder, en manos de lites y de grupos, aunque se lo efecte a nombre de lo pblico, deriva en es desmesura de poder que abre la posibilidad a la maniobra.

Se puede decir que a mayor institucionalidad mayor control normativo y administrativo, para cuidarse de caer en manejos prebndales, clientelares, patrimoniales del poder. Puede ser; pero, no se puede decir que la mayor consolidacin institucional ha abolido la corrupcin. Ante lo que podemos decir que, en relacin al problema anterior, a esta relacin desbordante entre poder y corrupcin, se aade el agravante de la expansin y el dominio de estas formas viciosas de poder cuando la institucionalidad es corroda por estas prcticas colaterales. Esto parece ocurrir cuando se pierden los equilibrios de poderes, los pesos y contrapesos, en los regmenes liberales. Ya hicimos notar que esta no es una solucin histrica, sino mas bien un tipo de administracin de equilibrios, donde se termina conteniendo y controlando la corrupcin, en el marco de ciertos lmites. Pero, el problema no desaparece. Al respecto, no hay que olvidar que el Estado-nacin forma parte del rgimen liberal, no ha salido del mismo, al contrario es su expresin ms acabada.

A la desmesura del poder se suma la desmesura del usufructo privado, del manejo grupal, de la desviacin en beneficio privado, altamente extensible cuando se pierden los bordes, la estructura y el funcionamiento institucional. En este caso estamos ante una forma de rgimen que ha convertido la excepcionalidad en una conducta poltica. En esta situacin no solamente los operadores se hallan atrapados en estas lgicas perversas del ejercicio del poder, sino todos los que ejercen poder, aunque lo hagan de una manera no-consciente, ilusionndose con que cumplen mediante una divisin del trabajo; la tarea sucia a los operadores, las tareas limpias a los gobernantes. No hay tal cosa, todos se encuentran envueltos en los circuitos desmesurados del poder, atrapados en la irradiacin corrosiva de estas prcticas colaterales.

Cmo escapar de este estado de cosas corrosivo, de esta situacin colateral invasiva? Cuando estallan los escndalos es mejor ir al fondo, en vez de limitar el alcance de los involucrados a los operadores. Ante esta opcin se tienen por lo menos dos alternativas; una de ellas tiene que ver con las reformas institucionales, que buscan modificar las instituciones conformando sus funcionamientos en sentido democrtico, ms participativo y transparente; la otra, tiene que ver con la opcin por una revolucin cultural que afecte prcticas, conductas, comportamientos y mentalidades. No optar por ninguna de estas alternativas, limitando el alcance de la afectacin, no es ms que diferir una descomposicin y desmoronamiento, creyendo que se pueden guardar los secretos y buscar soluciones acordadas.

Una de las hiptesis polticas que ha circulado es la que est ligada a la teora de la conspiracin; ha sido veredita tanto por el gobierno, en el sentido de que el escndalo desatado ha sido tramado por agencias de inteligencia internacional para desacreditar al gobierno, as como por otros voceros, no necesariamente oficiales, que consideran el decurso de una conspiracin al interior del propio gobierno. Aunque la forma de estas versiones resulte un tanto simplona, repite chabacanamente las tesis de la conspiracin. Es insostenible esta hiptesis, se desmorona ante las evidencias, la secuencia de los hechos y la gnesis de estos procedimientos auxiliares de los gobiernos. Pueden haber grupos que calculan las consecuencias de sus acciones, pueden haber grupos que intrigan, tanto dentro como fuera del gobierno, tanto internamente como externamente, incluso, si se quiere internacionalmente; empero, estas actitudes y predisposiciones, no explican fenmenos como los relativos a la corrupcin, a la economa poltica del chantaje, al uso de la coercin y de la extorsin. Estamos ante la fenomenologa de relaciones, circuitos, estructuras de poder colaterales y paralelas. Este tipo de hiptesis en vez de aclarar estos fenmenos del ejercicio del poder lo que hacen es oscurecerlos, transfieren la explicacin a una supuesta causa omnipresente, la conspiracin, a la presencia de grupos de poder, que aparentemente lo controlan todo, controlan todas las variables, convirtindose en una especie de superhombres capaces de conducir la historia. Aunque existan estos grupos y busquen incidir en la secuencia de los eventos, estos grupos son mas bien parte del ejercicio de estructuras y relaciones de poder. El accionar de estos grupos no escapa al juego de las fuerzas en el campo poltico; en lo que respecta a las prcticas colaterales y paralelas, ocurre algo que puede parecer extrao, hasta paradjico, los grupos operadores de la economa poltica del chantaje terminan enredados en sus propias redes. Si nos diramos una figura para representar este fenmeno, podramos decir que se parece al de una araa atrapada en su propia telaraa. La economa poltica del chantaje forma parte de la economa poltica generalizada, aunque lo haga de una manera distorsionada; entonces termina reproduciendo el sistema generalizado de la economa poltica, sistema que no controlan los grupos externos, paralelos y colaterales a la institucionalidad.

Una hiptesis histrica, que tambin puede ser tomada como hiptesis econmica, que se ha usado es la que atribuye al capitalismo la naturaleza de la corrupcin. Esto puede ser relativamente cierto, empero habra que ampliar el panorama. Antes del capitalismo haba corrupcin, aunque se haya dado de otra forma y quizs de una manera menos intensa. Tambin en los estados del llamado socialismo real se ha dado la corrupcin, incluso, a veces, de manera alarmante, guardando la excepcin de algn pas, que ha tratado de compensar estas contingencias con la moral revolucionaria. Entonces la corrupcin es un fenmeno ms viejo que el capitalismo, incluso vuelve a reaparecer en las transiciones al socialismo. En Bolivia y Ecuador vuelve a reaparecer en complicadas, diferidas, formas no-dadas de transicin al Estado plurinacional, aunque slo lo usen de nombre. Ante esta genealoga de la corrupcin, parece ms adecuado usar la hiptesis de la desmesura del poder y asociar mas bien la corrupcin con el Estado, aunque sean los circuitos del capitalismo los que expandan y proliferan este fenmeno colateral y paralelo.

Una de las hiptesis culturales usadas para explicar el fenmeno develado de la llamada red de extorsin, es la de la cultura poltica. En Bolivia no habra una cultura poltica, se dara mas bien una especie de incultura poltica, una suerte de cultura de la corrupcin. A los ojos de los pregoneros de este tipo de hiptesis nos convertiramos en el pas ms corrupto del mundo. De alguna manera se ayudan, a pesar de no validar el extremo de su interpretacin, con los famosos indicadores de la corrupcin que sacan organismos internacionales. Lo que pasa que estos organismos internacionales se olvidan notoriamente de introducir a las potencias del orden mundial imperial, a las empresas trasnacionales y al propio sistema financiero internacional. Si lo hicieran cambiaran los lugares de las estadsticas. En esto hay un jueguito de legitimacin cuantitativa de las formas de dominacin colonial y neocolonial, de las grandes corporaciones, gravitantes, auspiciadoras de formas paralelas de cooptacin de funcionarios pblicos y de mtodos efectivos de garantizar inversiones. Hay pues una hipocresa denodada en estos organismos internacionales y en estos clculos supuestamente objetivos.

La hiptesis concreta que vamos a usar, desprendida de las tesis e hiptesis que hemos expuesto, relativa a la desmesura del poder, es la siguiente:

Ni en la primera gestin de gobierno, menos en la segunda gestin, no se desmontaron las redes, los circuitos, las estructuras de la economa poltica del chantaje, en la que se encuentran las formas de ejercer poder paralelas y colaterales; al contrario, se han ampliado y extendido con nuevos aprendices. Uno de los nudos gordianos de estos circuitos y recorridos de corrosin se encuentran indudablemente en la administracin de justicia, la misma que se hallaba ya atada al ejecutivo desde antiguos tiempos republicanos, ataduras ahondadas ahora por el control y el monopolio absoluto del poder. Otro de los nudos gordianos, quizs el ms gravitante, se encuentra en el mismo aparato estatal, sobre todo en los ministerios que tienen que ver con el orden interior y de gobierno. Hay otros nudos, que tienen que ver con las contrataciones y de bienes y servicios, con las adjudicaciones de obras, con las concesiones, etc.; empero, slo observando los recorridos y lazos entre los dos nudos mencionados, justicia y ministerio de gobierno, que puede ser ampliado a los nudos ciegos de los dispositivos institucionales de lucha contra la corrupcin, incluyendo incluso a los dispositivos de contratacin de bienes y servicios, vamos a ver que la concomitancia y complicidad de estos nudos termina expandiendo e intensificando las prcticas paralelas y colaterales del ejercicio del poder. Por eso no es sorprendente que el escndalo se haya sucintado en estos corredores.

Tal parece que esta llamada red de extorsin no se ha limitado a la zona de los nudos gordianos mencionados, sino que ha abarcado ms, tiene un espaciamiento mayor, hay ms ministerios comprometidos, al contar con avales para proceder sin lmites, adems de contar con destacamentos policiales, su propio aparato de represin. Volvamos a la pregunta, cul es el alcance, la extensin, la intensidad y profundidad de este fenmeno? No lo sabemos a ciencia cierta. Tampoco parece que el gobierno est dispuesto a destapar la olla. Slo parece estar dispuesto darle un alcance limitado al espacio de los involucrados.

Ahora bien, al respecto de la solucin sancionadora, hay en el aire como un espritu de venganza en mucha gente, tanto del gobierno como fuera del gobierno, incluso en gran parte de los ciudadanos. Todos creen que esto se resuelve el problema, encerrando y castigando a los involucrados, cuantos ms aparezcan mejor. Este problema de la corrupcin no se resuelve encerrando, encarcelando, vigilando y castigando. Los vacios que queden en los circuitos colaterales van a ser llenados por otros. El problema es estructural. Mientras no se desmonten estas estructuras, redes, circuitos paralelos y colaterales del ejercicio del poder, la fenomenologa de la corrupcin no es afectada en su propia circulacin, no tiende a disminuir cualitativamente, menos tiende a desaparecer. Mientras se ejerza el poder de una manera no democrtica y transparente, es decir no participativa, tal como lo exige la Constitucin, las consecuencias perversas de la desmesura del poder reaparecen, se reproducen, se expanden y se intensifican, movindose holgadamente en los espacio que abre el usufructo privado del poder.

Haremos una anotacin ms, en relacin a la concepcin de la poltica como hostilidad. Vamos a retomar la crtica de las feministas radicales y de-coloniales; ellas plantean que el problema de la reproduccin de las dominaciones, en el ejercicio de la poltica, se sostiene en ese paradigma de la poltica que se constituye definiendo al enemigo. De lo que se trata es de salir de este crculo vicioso de hostilidad, ir ms all de la poltica, construir una alternativa a la poltica, abrir otros horizontes de la cohesin social, ir ms all de las polticas de la amistad. Un ms all de la poltica no basadas en el sustrato de la fraternidad masculina, base del Estado patriarcal, sino en otras relaciones alternativas concurrentes, como la sororidad entrelazada con otras formas intersubjetivas de complementariedad.

Jacques Derrida entre sus conclusiones de Polticas de la amistad saca una fuerte interpelacin a la poltica basada en la fraternidad de los hombres:

Qu relacin mantiene esa dominacin con la doble exclusin que se ve que se practica en todos los grandes discursos tico-poltico-filosficos sobre la amistad, a saber, por una parte la exclusin de la amistad entre mujeres, por otra parte la exclusin de la amistad entre un hombre y una mujer? Esta doble exclusin de lo femenino en este paradigma filosfico conferira, pues, a la amistad la figura esencial y esencialmente sublime de la homosexualidad viril [5] .

La desmesura del ejercicio del poder descansara en la concepcin de lo poltico como hostilidad, que a su vez se asienta en las formas de la amistad fraterna, en las complicidades, concomitancias y pactos de sangre entre amigos, que es a los que se reduce el ejercicio del poder y la prctica poltica por parte de entornos palaciegos y grupos de operadores de la guerra sucia. En el fondo estas amistades cmplices despliegan su proximidad a una homosexualidad viril, que rechazan, ocultan y esconden con la emisin de mitos de masculinidad que se construyen entre ellos y en sus atmsferas de intimidad.

 

 

 

 

 



[1] Ver de Ral Prada Alcoreza Diagrama de poder de la corrupcin; Bolpress 2012; La Paz.

[2] Tesis inversa a la de K. von Clausewitz, usada por Michel Foucault en Defender la Sociedad. Fondo de Cultura Econmica 2006; Buenos Aires.

[3] Carl Schmitt: El concepto de lo poltico. Alianza 1992; Madrid.

[4] Jacques Derrida: Polticas de la amistad. Trotta 1998; Valladolid.

[5] Jacques Derrida: Ob. Cit.; pg. 308.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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