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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2012

Hacia el estado vasco

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin

En el siglo XX el imperialismo ha elaborado tres estrategias para acoplar la forma-Estado a sus necesidades de expansin. La tercera es la del Consenso de Washington. Ahora, incluso pueblos formalmente libres, con Estados reconocidos internacionalmente pueden ser y de hecho son dominados y administrados desde el exterior. Las naciones oprimidas, que ni siquiera tenemos Estado propio, debemos saber que conquistarlo implica, uno, conocer los objetivos y medios del imperialismo, para vencerlo; dos, partir de nuestra historia y de nuestra fuerza, es decir, de nuestro marco autnomo de lucha de clases; tres, prefigurar nuestro modelo de Estado ya en el presente, en la medida de lo posible; y cuatro, a la vez, definir el sujeto colectivo que ha de realizarlo, el pueblo trabajador.


1.- MS MERCADO, MENOS ESTADO

Una de las grandes derrotas sufridas por la humanidad trabajadora en los ltimos tiempos ha sido la de asumir sin apenas resistencia terica que los Estados dejaron de ser necesarios para los pueblos. Se hizo creer que el capitalismo haba sufrido tales cambios durante la segunda mitad del siglo XX que volvan no slo obsoletos los viejos Estados, que se haban vuelto un obstculo para la rpida expansin de los beneficios civilizadores del llamado mercado mundial. Se deca que cualquier freno puesto a tal expansin obstaculizaba la aparicin de la llamada gobernanza democrtica mundial, una forma nueva de administracin basada en el dilogo permanente entre las instituciones internacionales, entre las grandes agencias y, por no extendernos, entre las fuerzas democrticas de la sociedad civil mundial.

En la dcada de 1990 la idea de la superacin del Estado fue reforzada por la industria poltico-meditica mediante el ideario cosmopolita y de ciudadana del mundo aceptada por parte del movimiento antiglobalizacin y altermundialista,. La URSS haba implosionado, China Popular giraba al capitalismo, la guerra de civilizaciones planteaba la urgencia de unir Occidente, cuna y garante de los valores democrticos amenazados por el terrorismo islmico, mientras que las intervenciones humanitarias legitimadas por la ONU en defensa de los derechos humanos en terceros pases, eran un argumento ms a favor de la tesis del agotamiento de los Estados y de la urgencia de establecer por fin la gobernanza mundial.

Cierta izquierda no lleg a creerse en su totalidad esta explicacin pero s la acept en parte, creyendo que una Unin Europea democrtica equilibrara los excesos norteamericanos, desarrollando una poltica respetuosa con los derechos humanos. Se generaliz as el mito de un supra Estado que asimilase las mejores tradiciones de los antiguos y que desarrollase otras nuevas capaces de controlar los riegos de la globalizacin financiera e impulsar sus beneficios. Muchas organizaciones reformistas de los Estados europeos ms dbiles y hasta de pueblos oprimidos nacionalmente, encontraron aqu una justificacin tanto para su renuncia silenciosa o pblica a partes crecientes de su soberana econmico-poltica, o sea, aceptar una merma de su independencia estatal formal; como, en el caso de las naciones sin Estado, para una renuncia del derecho a la independencia y a disponer de un Estado propio, ya que, se deca, la integracin europea significaba disponer de un mini-Estado inserto en otro ms grande y respetuoso con las minoras.

El problema verdadero es cualitativamente ms brutal, a saber, la velocidad catica de las leyes de perecuacin, centralizacin y concentracin de capitales, dentro de un contexto mundial marcado por una crisis de sobreproduccin excedentaria y de descenso de la tasa media de beneficios, especialmente en el sector I o de produccin de bienes de produccin, debido a que la capacidad de compra mundial poda absorber cada vez menos mercancas fabricadas masivamente. Presionados por esta contradiccin inherente al capital, los inmensos capitales excedentarios, sobrantes, muchos de los cuales provenan de la masa de petrodlares, de deuda pagada por los pases empobrecidos, de la creciente economa sumergida y criminal, del narcocapitalismo, adems de los capitales que no queran ya invertir en la industria tradicional y en sus servicios correspondientes, esta ingente y creciente masa de dinero reinici el tradicional sendero de volcarse en la especulacin financiera para obtener beneficios rpidos.


2.- EL DECLOGO IMPERIALISTA

Para facilitar esta va tradicional, los Estados imperialistas jugaron un papel clave. Podemos resumirlo en la imposicin de los diez puntos del Consenso de Washington elaborado a finales de 1989 y readaptado en 1993. Para que este declogo funcionase a la perfeccin era imprescindible que los Estados medianos y pequeos admitiesen su incapacidad para navegar en el mercado mundial, y que tambin los grandes Estados realicen serias reformas internas:

Uno, acabar con el dficit en los presupuestos pblicos, que el Estado renuncie a dirigir la economa ms all de lo necesario para el beneficio privado. Dos, acabar con el dficit en servicios sociales bsicos, que deben privatizarse. Tres, involucin fiscal en beneficio de la burguesa. Cuatro, libertad financiera sin control estatal de los tipos de inters. Cinco, imponer un tipo de cambio que facilite la libertad de mercado. Seis, reduccin de las barreras aduaneras estatales. Siete, libertad de inversin extranjera. Ocho, privatizacin del monopolio del Estado y de las empresas pblicas. Nueva, liberalizacin de los mercados. Y diez, proteccin de la propiedad burguesa.

El declogo supone la subsuncin real de los Estados dbiles y empobrecidos en los imperialistas, y la cesin de cotas de soberana poltico-econmica de los Estados medios a los grandes. Adems, implica profundos cambios en cuatro reas clsicas de la forma-Estado dominante hasta finales del siglo XX, cambios que explican que la tesis de la subsuncin real, cogida de la crtica marxista a la economa burguesa, sea aplicable a los efectos del imperialismo sobre los empobrecidos y debilitados Estados, sobre los que no quieren resistirse a los grandes porque sus clases dominantes rechazan embarcarse en guerras de resistencia antiimperialista. Son estas:

Una, fin de los servicios pblicos a cargo del Estado, servicios que garantizaban la reproduccin de la fuerza de trabajo segn las necesidades de la burguesa nacional y cierta capacidad de control e integracin de las clases explotadas al suavizar su explotacin. Dos, fin de la soberana financiera y presupuestaria, que fue una de las reivindicaciones estratgicas de todas las revoluciones burguesas y una de las bazas decisivas para su independencia militar. Tres, fin de la soberana econmica basada en un espacio estatal de produccin y acumulacin, destrozado ahora por la libertad de entrada, salida y saqueo de los capitales extranjeros. Y cuatro, fin de la independencia especfica del Estado al tener que privatizar sus propios recursos de viabilidad como los monopolios estatales y las empresas pblicas.

La cudruple destruccin de la forma-Estado clsica afecta a sus dos componentes histricamente definitorios. Uno, las fronteras econmicas que aseguran el espacio estatal de acumulacin, y la moneda nacional emitida por el Estado y que expresa material y simblicamente la fusin entre capital y territorio en el ideario del nacionalismo burgus de la clase dominante y de su bloque social de apoyo. Al difuminarse casi totalmente las fronteras econmicas, excepto en aspectos secundarios, se hunde, como decimos, uno de los basamentos histricos de esta forma-Estado. Otro, la independencia militar territorial que desaparece tras la subsuncin del ejrcito nacional en otro imperialista de rango superior -la OTAN- as como el debilitamiento extremo de la capacidad industrial-militar autnoma del Estado al haber tenido que privatizar sus monopolios en el complejo industrial-militar. Las dos cesiones destrozan la independencia nacional en su esencia econmico-militar tradicional y son integradas en una nueva forma-Estado superior, ms fuerte, que las integra en su totalidad como partes supeditadas.


3.- REFORZAR EL ESTADO BURGUS

El Consenso de Washington marca un antes y un despus en el llamado problema nacional que no slo en el de la viabilidad de los Estados empobrecidos y dependientes. Nunca el imperialismo occidental haba expresado de forma tan concisa y directa su poltica al respecto, una poltica pensada para asentar su dominacin mundial durante una larga fase, lo mismo que lo fue la instaurada en Bretton Wood al terminar la II GM, o que antes lo haba sido la expresada en los catorce puntos del presidente yanqui W. Wilson en 1918.

Por esto queda una cuestin decisiva en la que el imperialismo ha reforzado las atribuciones de los Estados por fallidos que sean. Se trata del dcimo punto del declogo: proteger la propiedad privada, es decir aumentar las violencias del Estado en todas sus formas, que no slo las fsicas sino tambin las psicolgicas, culturales, preventivas, etc. La efectividad de la estrategia imperialista sintetizada en este declogo depende en ltima instancia de la buena aplicacin del dcimo punto.

Desde verano de 2007, si no antes, este punto se ha convertido en el nico eje de la poltica imperialista para asegurar su propiedad descargando los costos sobre las fracciones ms dbiles de sus burguesas estatales, sobre las burguesas de los Estados ms debilitados, y fundamentalmente sobre la humanidad trabajadora en su conjunto, con especial saa sobre los pueblos oprimidos, los que no tenemos, Estados propios con los que defendernos con otra poltica socioeconmica.

Pero la misma gravedad de la crisis est azuzando el que algunas burguesas estatales secundarias recurran a formas de proteccionismo que chocan parcialmente con el Consenso de Washington, a la vez que poco a poco van creciendo otras alternativas de relaciones internacionales diferentes al existente desde 1944-46, cuando EEUU impuso la estrategia de Bretton Wood. Una de las contradicciones que ms se est agudizando es la que estalla entre la exigencia imperialista de debilitar los Estados e impedir en lo posible la creacin de otros nuevos, excepto los que son sus Estados instrumentales, y la dinmica ascendente de los pueblos en el doble sentido de fortalecer sus Estados reduciendo el poder de sus clases dominantes, y la dinmica de las naciones oprimidas para crear, por fin, sus propios Estados.

Los Estados instrumentales son los propiciados por el imperialismo siguiendo una vieja tctica precapitalista de crear Estados tapn, o Estados aliados, etc., que servan como bases militares avanzadas en previsin de guerras. Eran y son Estados dependientes, colonizados, sin perspectiva de futuro a no ser que en su interior emerja una fuerza que avance hasta la independencia derrotando al imperialismo y a sus aliados internos. Los Estados instrumentales no estn reidos con el Consenso de Washington sino que le son funcionales como refuerzo regional para la proteccin de la propiedad burguesa. No es la primera vez en la historia en la que las potencias hegemnicas manipulan y retuercen los enrevesados universos subjetivos de los pueblos para forzar la creacin de Estados artificiales para desviar, paralizar y/o aplastar reivindicaciones inaceptables para el bloque dominante. La antropologa es una ciencia social especialmente apta para justificar estas y otras maniobras torticeras.

Las naciones trabajadoras a las que se nos prohbe nuestro Estado, debemos ser muy conscientes de la polivalencia y amplitud de las tcticas del imperialismo para reforzar su poder, incluso creando Estados tteres si fuera preciso. Pero, en el caso vasco, esta ltima opcin chocara con la frontal resistencia de los Estados espaol y francs, lo que generara contradicciones interimperialistas en las que no podemos extendernos ahora. Adems, tampoco podemos esperar parados a que esa sea la solucin a nuestros problemas, repitiendo la pasividad colaboracionista de la burguesa vasca durante el franquismo.


4.- MARCO AUTNOMO DE LUCHA DE CLASES

La mundializacin capitalista ha ido generando cada vez ms resistencias nacionales, muchas de ellas fracasadas, pero los Estados dbiles y los pueblos no han tenido ms remedio que adaptarse a las exigencias de la concentracin y centralizacin de los capitales, o resistirse reafirmando su soberana o lucha por conquistar su independencia. Al aumentar las presiones contra los derechos nacionales, la respuesta tendi a radicalizarse en su planteamiento, avanzando de una exigencia por un derecho a una lucha por la solucin de una necesidad. Junto a la concrecin en el contenido sociopoltico se realizaba una transformacin en el contenido de clase, popular, en el sujeto colectivo que lucha por la independencia, pasando ste de estar dirigido por una fraccin de las clases propietarias a serlo por grandes sectores populares, bien campesinos al principio para ser luego masas populares en las que la clase obrera jugaba una papel creciente.

La transformacin cualitativa consistente de movilizarse por un derecho democrtico general, a luchar por la resolucin de la necesidad de la independencia mediante la conquista de un Estado propio, esta dialctica del derecho/necesidad, responde al incremento de las presiones imperialistas y al abandono de la reivindicacin nacional consecuente por parte de las clases propietarias, que terminan optando por alguna forma de colaboracin con el imperialismo. Y en el fondo de esta transformacin cualitativa del derecho en necesidad acta a la vez la toma de conciencia por el pueblo de que su lucha se realiza en lo que se define como un marco autnomo de lucha de clases, es decir, en un contexto histrico diferente en el contenido y en la forma al del Estado que oprime a esa nacin.

La toma de conciencia nacional, y la lcida visin terica de la necesidad de un Estado propio, tambin se plasma en el descubrimiento de que esa lucha se realiza dentro de un contexto diferente a otros, en un marco material y simblico, lingstico y cultura, poltico y socioeconmico que tiene diferencias cualitativas con el del Estado dominante. Se define como marco autnomo de lucha de clases al que se diferencia en los siguientes contenidos y formas de otros marcos circundantes:

Uno, la opresin nacional y la inexistencia de un Estado propio de la burguesa autctona, de la nacin oprimida, pero que explota al pueblo trabajador en ese marco autnomo, lo que hace que la burguesa se apoye en el Estado ocupante para garantizar con su fuerza y su ley la obtencin de beneficios. La ausencia de un Estado propio de la nacin oprimida, compaginada con la existencia de una conciencia nacional demostrada como fuerza objetiva a lo largo de la lucha durante dcadas, crea una realidad inocultable para cualquiera que estudie a ese pueblo como unidad, al margen ahora de sus contradicciones sociales internas.

Dos, la prctica histrica no slo de resistencia nacional a los ataques exteriores sino tambin su capacidad de autoorganizacin popular para resistirlos en las peores condiciones, sobre todo y muy importante su capacidad para crear de la nada autnticos Estados operativos eficaces que han contado con mayoritario apoyo popular y que han desaparecido slo tras invasiones militares extranjeras. El contraste entre un pasado reciente y remoto en el que se dispuso de alguna forma-Estado, y el presente en el que ese derecho es prohibido a la fuerza, tal contraste demuestra la existencia de una realidad histrica diferenciada de la de los pueblos circundantes.

Tres, la existencia demostrada por la lucha sostenida por generaciones de que ese pueblo tiene ritmos, formas y contenidos de autoorganizacin y resistencia diferentes a los que existen en el Estado ocupante y diferente a la lucha general en el Estado ocupante en cuanto tal. Contenidos, formas y ritmos que se sostienen, entre otras cosas, sobre una memoria colectiva de autoorganizacin formada durante generaciones, memoria que ha penetrado en la cultura popular y que se plasma de mil maneras en la vida colectiva del pueblo, en sus fiestas, mercados, trabajo y maneras de defensa de sus derechos.

Cuatro, la capacidad demostrada durante tiempo de saber aglutinar sectores y fuerzas sociales diferentes alrededor de reivindicaciones comunes bsicas unidas al sentimiento nacional, como lengua y cultura, amnista y derechos democrticos, feminismo, ecologa, deportes, etc., es decir, los denominados movimientos populares. Quiere esto decir que existe una identidad popular bsica que asume determinadas reivindicaciones elementales al margen de las diferencias sociales, culturales y polticas lgicas en toda sociedad capitalista.

Cinco, la existencia de un movimiento obrero y sindical mayoritario que asuma los derechos nacionales como inseparables de la accin sindical y de la lucha de clases. La existencia de una conciencia-para-s del pueblo trabajador en la que la identidad nacional es componente definitorio, es decisiva en el basamento material del marco autnomo de lucha de clases. La sola existencia de una conciencia-en-si de la clase trabajadora no sirve para demostrar esa realidad porque le falta el decisivo factor subjetivo, es decir, la conciencia sociopoltica y nacional que sustenta en la teora y en la prctica la necesidad de la independencia, como expresin de la conciencia-para-s del pueblo trabajador.

Y seis, la existencia de un reconocimiento internacional de que ese pueblo oprimido es diferente a los dems, con seas de identidad visibles a simple vista y con una conciencia propia demostrada en muchos decenios y hasta siglos de autoafirmacin. La comunidad internacional y sobre todos sus elementos cultos, progresistas y de izquierdas, asumen la existencia de un pueblo con autoconciencia cuando conocen su historia y su presente.

La enumeracin no es completa y el orden de exposicin no debe ser tomado al pie de la letra, porque hay que analizar cada pueblo concreto, pero pensamos que da una idea general mnimamente vlida. La fusin de los seis puntos se realiza en la prctica colectiva de la nacin oprimida y en cada perodo de su vida unos se presentan con ms importancia que otros, dependiendo de la coyuntura. Pero una mirada histrica muestra dos cosas elementales: la importancia clave de la conciencia-para-si del pueblo, y las relaciones que tal conciencia mantienen siempre con la reivindicacin de la necesidad de un poder nacional propio, poder cuya plasmacin ms coherente es la independencia estatal.

La necesidad del Estado vasco se explica mediante una argumentacin doble pero unitaria: por un lado, como derecho/necesidad para sobrevivir como pueblo en la actual fase del capitalismo; y por otro lado, como desenvolvimiento real de la lgica interna al marco autnomo de lucha de clases. Es un argumento nico dividido en dos razones complementarias porque ambas confluyen en el Estado vasco desde dos esferas diferentes de la misma realidad de pueblo oprimido. El derecho/necesidad que le atae y pertenece como nacin a Euskal Herria, derecho general y abstracto correspondiente a todos los pueblos oprimidos al margen de que quieran ejercitarlo o no. Y por otro lado, la concrecin socioeconmica, poltica, cultural, etc., de ese derecho/necesidad general en las condiciones vascas, en la realidad histricamente demostrada de que Euskal Herria es un contexto especfico de lucha de liberacin nacional, un marco autnomo de lucha de clases.

El derecho general a la autodeterminacin se mueve en el plano abstracto, pero sin contenido socioeconmico ni poltico, que solo puede ser aportado por la necesidad que tiene el pueblo trabajador de construir l mismo su Estado. Si limitamos nuestra respuesta a la primera parte del argumento, a la general y abstracta, no sabremos llenar de contenido el proyecto independentista anulndolo como argumento concreto, razonado y viable, capaz de convencer a amplios sectores y de aunar las fuerzas democrticas y progresistas necesarias para dar el salto de la necesidad a la libertad. Pero si nos limitamos a la segunda, olvidando la primera, no activamos el potencial movilizador y legitimador que tiene en cuanto tal, por s mismo, el derecho de todo pueblo a la autodeterminacin y a su independencia nacional si as lo decidiese libremente.


5.- REVOLUCION Y/O REFORMA

Toda nacin oprimida que necesite dotarse de su Estado independiente para poder sobrevivir en el capitalismo mundializado, de entrada, se enfrenta a una estrategia unificada que si bien encuentra ms resistencias cada vez, no por ello se debilita sino que al contrario, se refuerza y endurece como se est viendo en el proceso de intensa centralizacin y concentracin del poder econmico-poltico que se est dando en la Unin Europea con la excusa de la crisis del euro, donde se est aplicando el declogo imperialista adecuado a las condiciones de las potencias hegemnicas.

Ubicados en nuestro contexto y coyuntura inmediata, la crisis espaola y europea en primer lugar, debemos afirmar que no puede haber Estado vasco sin independencia fiscal, si no salvaguarda sus derechos, atribuciones y poderes econmicos. Insistimos tanto en la estrategia del Consenso de Washington porque ella nos dice lo que no debemos aceptar, nos pone las exigencias imperialistas ante las que no tenemos que claudicar pues de hacerlo, seramos un Estado intervenido, sin los suficientes recursos propios para desarrollar polticas progresistas en todos los aspectos, fundamentalmente las destinadas a fortalecer la hegemona del pueblo trabajador.

Sabiendo lo que no debemos ceder en ningn caso, el paso siguiente es saber cmo tenemos que empezar a perfilar una estrategia pre-estatal desde ahora, en las condiciones presentes, siendo conscientes de que la crisis socioeconmica va a empeorar, de que la decadencia del Estado espaol en la jerarqua imperialista se va a agudizar fortalecindose su nacionalismo opresor para compensar su retroceso, de que el Estado francs aunque no padece una crisis tan grave como el espaol s tiene problemas internos, y de que, por todo ello, ambos Estados van a movilizar sus recursos de toda ndole en el interior de Euskal Herria.

Lo que planteamos es avanzar en conquistas prcticas y tericas, en experiencias y en logros que prefiguren ya en el presente cmo podr ser nuestra vida si tenemos un Estado vasco. Hay que dejar bien claro desde el inicio que tales logros son siempre inseguros e inciertos, sometidos a crecientes cercos y ataque por el Estado espaol y por los colaboracionistas internos. Hay que insistir en que la supervivencia de esas conquistas depende de la lucha en ascenso, en extensin e intensificacin, que no tendrn respiro alguno y que si caen en la duda o detienen su avance, si alguna vez se creen las promesas del Estado espaol entonces comenzarn a ser derrotadas.

Aqu hay que recordar la dialctica entre revolucin y reformas, y el antagonismo entre reforma o revolucin. La primera explica que siempre avanzamos y miramos hacia la revolucin, hacia el socialismo, y que los pasos que damos en las pequeas reformas que conquistamos son avances inseguros cuyo nico fin es ampliar las fuerzas emancipadoras, su legitimidad y arraigo mediante la pedagoga del ejemplo, de la mejora material y moral lograda con esa conquista concreta. La dialctica entre revolucin y reforma muestra que lo fundamental es englobar las reformas rupturistas y radicales en la vivencia del socialismo, de la revolucin. Por reforma radical se entiende aquella que en su marco especfico, el que fuere, la reforma permite llegar a la raz de la opresin que ah se sufre, que se padece en ese problema concreto, sea una empresa, una universidad, un pueblo, etc., lugares en donde se puede aumentar la fuerza emancipadora al saber volver contra el poder el espacio legal conquistado, abriendo as nuevas expectativas, nuevos avances, pero siempre en lucha y orientados a la victoria ltima.

Por el contrario, el antagonismo entre reforma o revolucin se refiere a que los logros obtenidos se hacen desde la perspectiva de quedarse en ellos, de que no sean un trampoln para nuevas conquistas, de que no sean reformas radicales y rupturistas, sino meramente normalizadotas, es decir, que demuestren que el sistema dominante puede ser reformado desde dentro, mediante sus leyes, con paciencia. La reforma se convierte as, en la prctica, en el final de la lucha, en el final del proceso concienciador, que no puede avanzar ms porque detiene la movilizacin ofensiva una vez que ha logrado su objetivo, limitndose a defender lo conquistado, y adems defendindolo nicamente con las leyes permitidas por el poder explotador.


6.- PREFIGURANDO EL ESTADO VASCO

La prefiguracin de cmo ser el Estado ha de empezarse en el presente de las conquistas rupturistas mediante, como mnimo, cuatro grandes reas: recuperacin de derechos y libertades; cultural e identidad vasca; socioeconmica, y medios de comunicacin y concienciacin. Las cuatro mantienen una interaccin sinrgica que no podemos explicar ahora.

Sobre los derechos y libertades nacionales y democrticas, los espacios de poder conquistados deben impulsar y exigir la vuelta a Euskal Herria de las personas que han tenido que exiliarles por la represin, el avance definitivo en la resolucin del conflicto violento y en la desmilitarizacin mltiple, incluida la de las policas municipales que han de ser cuerpos civiles en el pleno sentido de la palabra. Tambin ha de prohibirse la industria de la llamada seguridad privada por pura higiene democrtica. De igual modo, la tortura y los malos tratos, los abusos y la corrupcin policial han de ser prohibidos y castigados duramente. Tambin hay que reflexionar sobre el sistema judicial y carcelario, a favor de la justicia revocable democrticamente por el pueblo. Esta poltica global ha de prefigurar ntidamente la que ser la poltica de derechos democrticos avalada y practicada por el Estado vasco.

Simultneamente a esto, se ha de exigir la reinstauracin de todos los derechos y libertades recortados por el poder dominante, y organizar debates y movilizaciones sobre la necesidad de avanzar a la democracia socialista en Euskal Herria, haciendo hincapi en las relaciones entre democracia y Estado, entre accin directa del pueblo y ley socialista, entre movimientos populares, sindicales y sociales como fuerza de masas garante desde fuera de que el Estado cumplir y defender la voluntad popular y, sobre todo, no empezar a aislarse, separarse y burocratizarse. Es urgente plantear la cuestin de que el Estado ha de ser de cristal, transparente y barato en todo excepto en aquellas imprescindibles tareas de seguridad nacional vasca, garantizada por el pueblo en armas. Y sin duda, en estas reflexiones colectivas siempre debe estar presente la cuestin primera y ltima, la de la naturaleza de la propiedad mediante la respuesta a la pregunta De quin es Euskal Herria, de su pueblo trabajador o del imperialismo franco-espaol?

Sobre la poltica cultural y lingstica que prefigure el futuro, los espacios de poder conquistados han de avanzar en una revolucin cultural euskaldun y euskaltzale hasta la medida de lo posible en el contexto actual: entender que la cultura popular es la produccin y administracin de los valores uso materiales y simblicos producidos libremente por el pueblo; sobre su progresiva desmercantilizacin y despatriarcalizacin; sobre la paulatina reunificacin entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; sobre la importancia de la memoria histrica y militar en los componentes progresistas de la cultura popular; sobre las tradiciones vivas en la cultura popular de todo los relacionado con los bienes comunes y prcticas democrticas preburguesas, auzolana, batzarra, comuna, concejo, ayuda mutua, cooperacin, anteiglesia, y su actualizacin a las necesidades presentes.

La (re) construccin actual de la identidad nacional progresista y popular vasca es inseparable de la prefiguracin del Estado por una razn incuestionable: la historia muestra que toda identidad nacional vara, se (re) construye o se extingue al calor de las contradicciones internas de su pueblo y de las presiones y ataques externos que sufre, y que en esta tensin creativa o destructiva permanente es vital que el pueblo disponga de alguna forma-Estado que potencie u obstruya tal (re) construccin de la identidad colectiva, dividida mientras exista explotacin social interna y siempre amenazada por invasiones externas siempre que exista alguna forma de imperialismo. Un pueblo sin un poder centralizado y centralizador, sin Estado en suma, tiene extremadas dificultades para enriquecer su identidad y sobre todo para resistir los empujes de otras que s estn apoyadas por sus respectivos aparatos estatales.

Las limitaciones de toda ndole que tendr que ir superando la revolucin cultural en el contexto actual no vendrn slo de los Estados franco-espaol y de las fuerzas reaccionarias y conservadoras vascas, sino a la vez de las resistencias irracionales de la poblacin y tambin de mucha militancia independentista y socialista. Del mismo modo, las cadenas autoritarias que nos atan al pasado tambin frenarn mucho la (re) construccin de la identidad basada en la actualizacin de los componentes progresistas de nuestra cultura popular. La superacin de sus componentes reaccionarios, machistas y sexistas, religiosos, etc., as como la superacin de las resistencias a la revolucin cultural slo puede realizarse mediante el denominado placer de la subversin, es decir, la gratificacin vital que se obtiene da a da al sentir cmo tiende a mejorar la vida mediante la praxis y las conquistas de todo tipo dentro de un contexto que sigue siendo explotador e injusto.

Tener siempre presente que los logros de hoy son una base pequea pero vlida de nuestra independencia estatal futura, de nuestro socialismo en su momento, esta presencia del maana en el ahora, multiplica el placer de la subversin, muy en especial cuando desde los poderes conquistados se practica una pedaggica tarea de politizacin de lo privado. Se debe avanzar en la superacin de las opresiones y explotaciones invisibles, en la familia patriarco-burguesa, en las relaciones afectivas, amorosas y/o sexuales, en las laborales, poniendo a disposicin de quienes lo deseen los medios para empezar a cambiar de forma de vida, potenciando espacios de convivencia, comunas u otras relaciones de familia no patriarco-burguesas, otras sexualidades, incentivando la creatividad artstica e intelectual tambin dentro del diseo urbanstico para facilitar lo colectivo e interpersonal si as se desease, haciendo retroceder el individualismo egosta, reprimido y represor. La politizacin de lo privado es una de las mejores formas de prefigurar un Estado no burgus.

Sobre la prefiguracin socioeconmica hay que empezar exigiendo que se investigue, procese y encarcele a los responsables econmicos y polticos de la actual crisis. Con esta reivindicacin masivamente apoyada estamos proponiendo ahora mismo cmo deben ser las leyes en el futuro Estado vasco. Este ejemplo nos permite avanzar a otras cuestiones directamente relacionadas con la crisis y sus efectos, como por ejemplo, leyes de control democrtico de la banca y de la ingeniera financiera, leyes de control obrero de las empresas, leyes de control de la fuga de capitales y de la economa sumergida y criminal, etctera, de modo que la piratera burguesa empiece desde ahora a saber que su impunidad est agotndose.

Pero estos y otros ejemplos deben asentarse en conquistas reales que aceleren las reformas radicales como el impulso con presupuestos pblicos de formas de produccin alternativas, cooperativas de produccin y consumo, de yacimientos de trabajo social y pblico, de reduccin del trabajo para trabajar todos, de perodos sabticos y de rotacin voluntaria de trabajos, de trueque y mercado justo, de bancos de tiempo y de tierra, de potenciacin de otra forma-moneda avalada pblicamente. Se trata de reducir rpidamente la tasa de desempleo, la precarizacin y el tiempo de trabajo explotado, para aumentar el tiempo libre, el que pude dedicarse a la accin poltico-cultural.

Por otra parte, hay que impulsar la recuperacin de empresas, locales y viviendas abandonadas o cerradas, creando reservas pblicas de domicilios y viviendas en alquiler barato avalado institucionalmente, as como polticas de expropiacin de edificios y casas que sus propietarios se niegan a sacar al uso pblico, todo ello dentro de una estrategia de socializacin del suelo, de acabar con la propiedad privada del suelo, avance imprescindible. Para impulsar estas y otras medidas hay que dictar reformas fiscales progresistas y directas, de aumento de servicios y empresas pblicas con presupuesto oficial, de leyes que refuercen los derechos sociales y sindicales y mermen los burgueses, de inversiones en I+D+i, de subvenciones a la pequea burguesa para que innove y contrate, de potenciacin del desarrollo autocentrado democrticamente planificado que prefigure el socialismo ecolgico antiimperialista, de bsqueda de mercados internacionales alternativos, de relaciones internacionales basadas en la reciprocidad y en la desconexin, y un largo etctera.

Y por ltimo, la poltica comunicacional debe caracterizarse, desde la tesis de la prefiguracin del Estado que necesitamos, por la asuncin de una diferencia cualitativa con respecto a la idea burguesa de comunicacin que se pretende neutral e imparcial, objetiva y no valorativa, cuando precisamente es todo lo contrario. Para la liberacin nacional en un marco autnomo de lucha de clases la comunicacin ha de integrar la formacin crtica, la informacin contextualizada y los medios de respuesta e interactividad popular que aporta sus decisivas experiencias enriquecedoras. Para esto, los espacios de poder conquistados, las reformas radicales, han de crear redes de informacin, formacin y debate, interactivas, horizontales, abiertas.

Una cualidad de este sistema debe ser que permita el acceso libre al estado real de las cuentas pblicas, de la banca y de las empresas, de los aparatos del Estado y de todas las instituciones relacionadas con la produccin, con los gastos pblicos, con las subvenciones y ayudas, con el sistema financiero, con la vida poltica, etc.; instituciones que tendrn la obligacin de la transparencia. Se trata de lograr que el pueblo conozca sin limitaciones ni trampas burocrticas el estado real de la res publica. Defender el derecho/necesidad popular a la transparencia y al conocimiento, y prohibir el derecho burgus al fraude, a la doble o triple contabilidad, al secreto burocrtico, es un paso decisivo para avanzar al Estado abierto al pueblo.


7.- AUTOGESTION SOCIAL GENERALIZADA

Insistimos en que estas y otras prcticas no son socialistas en s mismas, pero s prefiguran algunas de sus caractersticas bsicas, aunque la cuestin decisiva, la de la naturaleza de la propiedad -capitalista o socialista- estar todava sin resolverse porque no se ha avanzado cualitativamente en el proceso revolucionario. Tngase en cuenta que las conquistas citadas arriba se deben realizar an dentro del marco de la dominacin burguesa y franco-espaola. Por esto mismo, sern conquistas siempre sometidas a contraofensivas ms o menos desesperadas de la clase dominante vasca y de los Estados que la protegen.

Hablamos por tanto de la tendencia a la radicalizacin de la lucha de clases dentro de Euskal Herria y de la lucha de liberacin frente a los dos Estados, es decir, de la creciente importancia del marco autnomo de lucha de clases visto arriba y por tanto, de la creciente popularidad de la reivindicacin del Estado vasco. Conforme el pueblo trabajador vea y sienta que puede mejorar su vida cotidiana aumentando sus espacios de contrapoder, de doble poder y de poder popular, en esta medida se preguntar por qu no avanza ms en esa direccin, por qu no ampla esas conquistas a la sociedad vasca entera. La experiencia adquirida ir agudizando la conciencia del derecho/necesidad del Estado, sobre todo si dentro del pueblo acta la izquierda abertzale como la fuerza organizada que facilita el rpido paso de la conciencia-en-s a la conciencia-para-s.

Se nos plantean aqu tres debates vitalmente unidos a la prefiguracin del Estado: la definicin del sujeto revolucionario, en nuestro caso el pueblo trabajador; sus relaciones con la izquierda abertzale como organizacin de vanguardia; y de aqu, la hegemona popular necesaria para incluir a la pequea burguesa y a otros sectores en la construccin del Estado vasco. Debate triple que se arrastra desde la primera mitad del siglo XIX y que en Euskal Herria se torna irresoluble si se le separa de la teora del marco autnomo de lucha de clases. Han fracasado todos los intentos de solucionarlo aplicando el dogmatismo libresco importado mecnicamente de procesos exteriores, sin ninguna adecuacin crtica a la realidad vasca. La izquierda abertzale actualiz el concepto de pueblo trabajador a nuestras condiciones, manteniendo su esencia vlida y adaptando su forma al capitalismo vasco y a nuestra lucha de liberacin.

El concepto de pueblo trabajador es lo que se define como un concepto flexible en cuyo centro bsico aparece la clase obrera y trabajadora tal cual existe en el capitalismo actual; con una tendencia clara al alza de su sentimiento nacional de clase y de su conciencia-para-s. Luego, en una segunda e intermedia esfera, actan las masas explotadas, el precariado consciente, franjas sociales y las llamadas clases medias en empobrecimiento, con diversos grados de conciencia nacional de clase, con sentimientos independentistas, soberanistas y democrticos, y con tendencia a la radicalizacin por efecto de la crisis. Por ltimo, en la esfera ms externa, amplios sectores populares, autoexplotados, profesiones liberales y la pequea burguesa al borde de la proletarizacin y que a pesar de explotar a pocos trabajadores tiene conciencia nacional interclasista, no reaccionaria.

Este y no otro es el sujeto de la lucha de liberacin, el que va aprendiendo los mtodos bsicos de la planificacin y de la autogestin social generalizada, sin cuyo aporte es imposible crear un Estado no burgus, obrero y popular. Y dentro de este sujeto colectivo autoconsciente acta como parte interna esencial la izquierda independentista y socialista vasca, surgida de sus entraas y que vive en ellas. Tambin aqu yerran irremisiblemente quienes niegan el marco autnomo de lucha de clases, o quienes lo aceptan formalmente pero interpretndolo desde tesis dogmticas y externas a la realidad vasca.

El de hegemona es un concepto que permite varias interpretaciones diferentes segn qu estrategia poltica se tenga. La hegemona es el proceso de aglutinacin de fuerzas democrticas, progresistas y soberanistas que van comprendiendo con los hechos, en la propia lucha, que el independentismo del pueblo trabajador y su modelo de Estado son la nica alternativa para Euskal Herria, y que por tanto, es menester que profundicen y enriquezcan una confluencia de fuerzas dirigida a ese fin. Bajo la crisis devastadora, la pequea burguesa, las profesiones liberales, las clases medias, etc., sufren agresiones socioeconmicas por las medidas de la gran burguesa. La hegemona del pueblo trabajador ha de ofertarles alternativas de integracin local, regional y nacional, dependiendo de los avances del proceso de liberacin, pero siempre dentro un sistema democrticamente planificado esencial para el socialismo.

Siendo lo anterior importante, lo definitivamente decisivo de estas experiencias de avance al Estado, radica en el aprendizaje colectivo en la autogestin social del pueblo trabajador, en el aprendizaje prctico de su capacidad de planificacin socioeconmica, poltica, cultural, desde esas pequeas y medianas reformas radicales, rupturistas, orientadas a la creacin del Estado y al avance al independentismo socialista. La autogestin social generalizada vendr con el socialismo, y ser la prctica de masas que sepa administrar el Estado de forma barata y efectiva, antiburocrtica y horizontal, preparando su ulterior autoextincin consciente. La autogestin debe aprenderse con la prctica, no hay otra alternativa, y los mtodos y las conquistas propuestas son el nico mtodo pedaggico existente, siempre unido al de la extensin de la democracia socialista y al de la reduccin radical del tiempo de trabajo explotado, asalariado, hasta su extincin.


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Este texto fue escrito agosto de 2012, forma parte de la obra colectiva Euskal Estatuari bidea zabaltzen, coordinada por Ipar Hegoa Fundazioa / Udako Euskal Unibertsitatea, con la inestimable colaboracin del sindicato independentista LAB (Langile Abertzaleen Batzordeak). La obra entera, en tres volmenes, est impresa en lengua vasca; aqu se ofrece su versin en lengua espaola con muy insignificantes cambios formales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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