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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2012

Los iraques no pueden olvidar lo que los estadounidenses han hecho aqu

Cathy Breen
www.brussellstribunal.org

Traducido para Sleepwalkings por Ariel Millahel. Revisado para el Tribunal BRussells por Paloma Valverde


No est escrito en nuestros corazones, est tallado en nuestros corazones. Me despert esta maana con estas palabras todava agitndose en mi cabeza.

Ayer estuve en Ramadi y Faluya. En lugar de llevar un mensaje de cario y empata hacia su sufrimiento y un deseo de paz, mi presencia como estadounidense pareci abrir heridas que son inefablemente profundas.

Asist a una conferencia, pronunciada en ingls, junto con ms de cincuenta jvenes en una Facultad en Ramadi. Los jvenes tenan entre 22 y 23 aos y estaban en 5, el ltimo ao de su carrera. Eso quiere decir que cuando empez la ocupacin y la invasin estadounidense tenan unos 13 o 14 aos.

Despus de la conferencia el Decano me invit a tomar la palabra como invitada de honor. Para mi vergenza, el profesor amablemente aceler su ponencia para darme ms tiempo. Capt la atencin de todos. Para m fue complejo. Despus de presentarme dije que me agradara mucho escucharlos a ellos. Se produjo un silencio. Estoy segura de que mis palabras sonaron vacas, trilladas y artificiales.

Entonces un joven de la primera fila, sentado a menos de dos metros de m, dijo en voz baja: No tenemos nada que decir. Los ltimos aos han nicamente tristes De nuevo se hizo el silencio.

Sami, mi anfitrin de Nayaf y componente del grupo musulmn Accin por la Paz, se levant y nos hizo partcipes de su experiencia. Cont cmo, despus de los bombardeos estadounidenses sobre Faluya, l y otras personas llegaron [a Faluya] provenientes de las ciudades shies de Najaf y Kerbala para llevar a cabo un acto simblico de desescombrar y recoger la basura las calles de Faluya. Este gesto, dijo, abland los corazones y calm algo la ruptura entre sunnes y shies. Habl de la delegacin de pacifistas de Estados Unidos, que estuvieron slo en Nayaf durante doce das, para tender puentes y buscar la reconciliacin.

Una joven vehemente, que estaba en mitad de la sala de conferencias, habl. Era evidente que para ella no resultaba fcil. No se trata dijo, de la falta de agua y electricidad [algo que yo haba mencionado]. "Ustedes lo han destruido todo: han destruido nuestro pas; han destruido lo que hay dentro de nosotros!; han destruido nuestra antigua civilizacin; ustedes nos han robado nuestra sonrisa; nos han robado nuestros sueos!

Otra persona pregunt: Por qu lo hicieron? Qu les habamos hecho para que ustedes nos hicieran esto?

Los iraques no pueden olvidar lo que los estadounidenses han hecho aqu, dijo otra persona. Han destruido la infancia. Ustedes no pueden destruirlo todo y luego decir Lo sentimos. No pueden cometer crmenes y luego decir Lo siento. Bombardearnos y luego enviarnos equipos para realizar investigaciones sobre los efectos de las bombas No, esto no lo vamos a olvidar. No est escrito en nuestros corazones, est tallado en nuestros corazones.

[] Estamos contentos de tender puentes entre las personas, dijo el decano de la Facultad, [] pero no olvidaremos. Qu pueden hacer ustedes? En Faluya, el 30% de los bebs nacen deformes. Qu pueden hacer ustedes?

[Sami] Habl de cmo haba conocido a un soldado estadounidense en el aeropuerto. Formaba parte de las fuerzas especiales en Iraq. El soldado le dijo: La Biblia nos dice no matars, pero nos ensean a matar, a matar por nada. Slo matar. Lo siento mucho .

Construir puentes? Replic el decano Pedir disculpas? dijo. Qu puede hacer usted? En su tono y en su actitud, no haba rencor, sino rabia y un profundo dolor.

Un joven dijo: "EEUU sigue aqu todava: en la Embajada de EEUU en Bagdad hay quince mil personas (y 5.000 empleados de seguridad para protegerlos) y tienen sus colaboradores. La guerra no ha terminado."

Despus visitamos a un jeque en Faluya, en su casa. l y Sami se abrazaron calurosamente y nos dieron la bienvenida en la sala de estar. Durante nuestra charla hablamos de nuestra visita a la cercana Ramadi, de lo que all se dijo. En la guerra siempre hay dos perdedores, dijo con tristeza.

 

Cathy Breen trabaja con Voices for Creative Non-Violence y es ua trabajadora catlica en Mary House en Nueva York. Vivi en Irak antes de la invasin de EE.UU. en 2003 y durante la ocupacin.

Fuente: http://www.brussellstribunal.org/



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