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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2012

Los procesos contra los perpetradores del Genocidio argentino de los 70 es histrico y tiene un carcter ejemplar para la regin
Un balance conceptual de los juicios en la Argentina

Jose Schulman
Rebelin


El proceso de juicios contra los perpetradores del Genocidio argentino de los 70 es histrico y tiene un carcter ejemplar para la regin, pero no son mgicos, sino uno de los decantados histricos de la lucha de clases de los ltimos treinta aos.

Con el magnifico fallo emitido por el Tribunal Oral Federal Nmero Uno de La Plata, bajo la presidencia del Dr. Carlos Rosanzky (16 condenas a prisin perpetua en crcel comn y la caracterizacin de lo ocurrido como un Genocidio liso y llano, ya no en el marco de un genocidio como haba sentenciado hasta ahora) el proceso de juzgamiento de los delitos de lesa humanidad pega otro salto hacia adelante, fija un nuevo piso jurdico y confirma algunas de nuestras caracterizaciones que tratar de exponer sencilla y brevemente.

Uno. El proceso de Juicio y Castigo tiene un carcter histrico por la sencilla razn de que de los muchos genocidios sufridos (el cometido por el Imperio Espaol contra los pueblos originarios, el perpetrado por el naciente Ejercito del Estado Argentino contra la nacin guaran (exterminaron tres de cada cuatro paraguayos varones) y los pueblos originarios que habitaban al sur del Ro Colorado en la llamada Campaa del Desierto y de los miles y miles de asesinados, torturados, encarcelados, perseguidos y discriminados de todos los modos y por todas las razones por las cuales el Poder persigue a sus oponentes, durante todo el siglo XX) esta es la vez primera en que se juzga de un modo sistemtico, relativamente masivo, con una aproximacin creciente a la verdad de lo ocurrido y en todo el territorio nacional, a quienes cometieron los crmenes que hoy conocemos como Terrorismo de Estado. Y son histricos porque nadie nos regal nada y mucho menos el Poder Judicial que aval el Genocidio en su momento y que acompa todas las estrategias de impunidad que la sostuvieron desde el final de la dictadura hasta principios del siglo XXI, cuando la gran movilizacin popular del Diciembre del 2001 meti crisis a todas las formas de dominacin, incluyendo de manera destacada a la impunidad de las democracias radical y peronista. Las incansables luchas por la Verdad, la Memoria y la Justicia lograron abrir los juicios que Alfonsn y Menem haban clausurado, rompieron los lmites que todos haban imaginado para estos juicios y crearon una situacin social tal que como reconoci el mismsimo Presidente de la Corte Suprema- los juicios son irreversibles y no por decisin presidencial o de la Justicia, sino porque hoy forman parte del contrato social de los argentinos y por ello han fracasado todos los intentos por acotar los juicios a unos pocos juicios paradigmticos o circunscribirlos a los militares y policas: jueces, curas, mdicos y ahora un Ministro del gabinete de la provincia de Buenos Aires ya han sido condenados, y las puertas para juzgar a los poderosos empresarios que avalaron y se beneficiaron del Genocidio (los dueos de Ledesma, Ford, Acindar, Mercedes Benz, Papel Prensa, etc.) se vienen abriendo, y se terminarn abriendo. El proceso de reparacin excede largamente a los agraviados directamente; como deca Foucault, estos juicios demuestran que el derecho genera verdad y por ello han ampliado la conciencia ciudadana, han resignificado la historia reciente como se puede verificar en el modo que fue cambiando la calificacin del Golpe: interrupcin del proceso democrtico, golpe de estado militar, cvico militar y ahora se aprecia su costado empresarial, religioso y comunicacional. Y vamos por ms, por la comprensin de que somos mucho ms una sociedad post genocidio, que herederos de la Gesta de Mayo.

Dos. Acaso de un modo algo contradictoria, la Argentina aventaja a casi todos los pases de la regin en el proceso de Juicio y Castigo y en el de construccin de Memoria en contra del Olvido o la falsa Memoria que construyeron la dictadura primero con los desaparecidos y los radicales de Alfonsn y los peronistas de Menem con la teora de los dos demonios. En tanto pases como Brasil o Bolivia, con fuertes partidos populares y de raigambre progresista como el PT o el MAS en el gobierno, han sepultado el pasado bajo un pesado manto de olvido u otros como Chile o Per conocen muy acotados procesos judiciales donde el monto de la pena y el tipo de condena parecen ridculos al lado, por ejemplo, de las diecisis condenas a perpetua que dict el TOF de La Plata en la causa Circuito Camps, nuestro proceso aparece ejemplar y enfrentado tanto a las formas ms duras de la impunidad, los casos de Colombia o Guatemala, como con el promocionado ejemplo sudafricano de justicia transicional basado en el concepto de canjear impunidad por informacin, apuesta que si alguna vez fue cierta, ha fracasado de manera escandalosa. Como dijera Fidel en las escalinatas de la Facultad de Derecho al valorar la lucha del pueblo contra el menemismo (hundido en la fosa ms profunda del Ocano), tambin en este tema nuestro ejemplo alienta la lucha de otros pueblos y golpea el valor central del sentido comn donde se asienta la dominacin: a los poderosos nunca les pasa nada. Esta vez, al menos a una parte y por algunos de sus crmenes, les pasa.

Tres. Hace casi justo un ao, cuando se sancion la oprobiosa Ley Antiterrorista, el fiscal Alagia reconoci en una columna publicada en Pagina 12 que se haba equivocado al pensar que con el avance de estos juicios, esas cosas no podran ocurrir. Sin embargo ocurren, y no solo leyes como la Antiterrorista o la vitalidad de las reformas Blumberg que instalaron la ideologa de la mano dura en el Cdigo Penal, con las consecuencias esperadas de criminalizacin de la pobreza y la transformacin del sistema penitenciario en una maquina de destruir humanidad. Tambin subsiste una cultura represora que produce cientos de casos de ejecuciones sumarias extrajudiciales, una pena de muerte criolla que nuestro Toto Zimerman bautizara como Gatillo Fcil cuando el caso Budge, o tortura en sede policial e incluso represin a los que luchan por derechos sociales o resisten la mega minera u otras injusticias. Los juicios no son inocuos, pero tampoco son mgicos. No resuelven lo que se debe resolver en el terreno de la poltica, de la construccin de poder popular, entendido como autonoma verdadera y proyecto poltico liberador con arraigo de masas populares suficiente, pero aportan en esa direccin. Por eso molestan al Poder Real, al que propuso y se benefici del Genocidio al que no le gusta para nada que sea puesto en la mira de cientos de miles de Argentinos que le pierden respeto y veneracin. Los juicios son una especie de balance histrico de la lucha del pueblo contra el olvido y la impunidad, pero en la medida que la derecha se recompone encuentra modos de reinstalar su discurso. De la mano del alerta por la inseguridad colaron la idea de que el garantismo es la madre de todos los problemas, y un falso garantismo segn Mariano Grondona, lcido pensador de las clases dominantes- hace que solo haya juicios para uno de los dos demonios y por eso una y otra vez vienen por los Dos Demonios: por la idea de que si hubo represin desmedida fue porque antes hubo violencia terrorista del lado popular, idea que ingenua o perversamente los diputados del oficialismo y la oposicin progresista votaron o facilitaron la aprobacin de un subsidio a los familiares de los militares fallecidos en ocasin del ataque montonero al Cuartel 29 de Formosa en 1975, equiparando de hecho las acciones, equivocadas o no, que no es lo que ahora se discute, de organizaciones populares que buscaban la liberacin nacional y social con los actos de un Estado que no vacil en exterminar miles de seres humanos del modo ms cruel en defensa del status quo. Por ello, el fallo de La Plata llega en medio de vientos de derecha que comienzan a circular por el Parlamento y se cuelan en el lenguaje de oficialistas y opositores (solo en un da Cristina critic el garantismo judicial que protege a los presos sociales del atropello judicial brutal y Micheli hablaba de impedir infiltrados en la marcha de la CTA como si pudiera ignorar lo que esa palabrita significa en la historia argentina).

Como activos sujetos de esta enorme batalla que viene ganando el pueblo contra el olvido y la impunidad, conscientes de sus lmites, seguiremos esforzndonos para que la lucha por Verdad, Memoria y Justicia no se banalice ni se subestime, sino que enriquezca a todos los que luchan para volver al territorio de nuestros desaparecidos, que no era otro que el de la construccin de alternativa poltica verdadera; porque el verdadero nombre de los derechos humanos en el siglo XXI, en esta parte del mundo, se llama Socialismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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