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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2012

Acerca del periodismo guerrerista

Germn Uribe
Rebelin


Aunque no lo parezca, por estos das de conversaciones de paz, nada podra ser tan oportuno o perjudicial como el manejo que le den los medios a la informacin que de estos dilogos se desprenda. Una imprudente, torcida o caprichosa interpretacin de lo que all acontezca, repetida, y cmo no, cacareada por un gran nmero de ellos, podra irremediablemente torcerle el rumbo al proceso o, incluso, dar al traste con l.

 

Y es que, definitivamente, se dicen muchas sandeces sobre lo que significa el oficio de periodista cuando nos atrevemos a poner en tela de juicio su ponderacin y sensatez. La moda por estos das es afirmar que su misin es la de orientar a la opinin pblica. Tamao error se comete con esta apreciacin. El periodista no estudia o se hace en el ejercicio de su trabajo para guiar o conducir a nadie y mucho menos para determinarle rumbo a nada. El periodista es apenas un comunicador que, como receptor de las noticias y aconteceres de una sociedad, desempea el oficio de transmisor de stas. Ni una coma o un punto ms. Otra cosa es que, derivado de su trabajo informativo, una sociedad bien informada resuelva cambiarle el curso a su propio destino, o un individuo cualquiera, luego de actualizarse por medio de la radio, la prensa o la televisin, decida mejorar o desviar la trayectoria de su vida. Pero la misin del periodista no es otra que registrar lo que acontece, y si lo puede hacer fotogrficamente, mejor, pero eso s, respetando a todo trance la verdad y con la mayor objetividad posible.

 

Sin embargo, a la prensa colombiana le ha dado ahora, en medio del conflicto armado y de los dilogos de paz de la Habana entre el gobierno Santos y las Farc, por involucrarse en l tomando partido por uno u otro bando, adelantndose a los resultados, prejuzgando y juzgando, dando ctedra y editorializando, alentando o desalentado, condenando o, lo que es peor, lanzando especies o globos de contenido explosivo que tarde que temprano terminarn por rebotarles en su ya de por s desgastada credibilidad.

 

Son innumerables los casos. Asesinado Jaime Garzn, no dejaron pasar ms de media hora para sealar, con la certeza con que ellos suelen hacerlo, a los responsables del crimen. Para unos, sin demora y con precisin, fueron las Farc o el ELN; para otros, los paramilitares. No es pues difcil, en un caso de apasionamiento como el causado por este magnicidio, desenmascarar al periodista que seala de inmediato, y sin evidencia alguna, a tal o cual como ejecutor del crimen. Los primeros, o pertenecen al campo de la extrema derecha, o son taimados simpatizantes ellos mismos del paramilitarismo; y los segundos, bien podran ser calificados de cmplices del terrorismo. Y todo ello por no haberse ceido estrictamente al relato de los acontecimientos y nada ms, sin impresiones ni presunciones a conveniencia.

 

Hace algn tiempo unos hombres encapuchados le colgaron al cuello a una pobre mujer campesina de Chiquinquir una bomba en forma de collar. sta estall y la mato. Eso, y los detalles y circunstancias en que se produjo el macabro hecho, era la noticia a la cual han debido circunscribirse nuestros togados periodistas. Pero no, la noticia para ellos era el sealamiento a las volandas de que haban sido las Farc. Y con qu nfasis y regodeo soltaron la chiva, su bomba de ltima hora. Despus se supo, tras inapelable fallo de la justicia, que haban sido criminales comunes. Y en este caso s que fue notoria la conversin de ciertos periodistas, quienes por arte de birlibirloque, fungen de sabuesos, fiscales y jueces. Estos remedos de corresponsales de guerra dejaron la noticia de lado para apropiarse de la especulacin poltica.

 

Y eso, lo sabe cualquiera con mediana cultura, no es periodismo. Es mala fe, o mala leche.

 

Estamos hastiados de las tergiversaciones noticiosas y de los intereses oscuros y tantas veces perversos que se mueven detrs de algunos medios de comunicacin. Cundo se darn cuenta de sus errores y del mal que con su inescrupuloso desempeo profesional le estn haciendo a la sociedad toda y, en particular a un eventual final feliz del actual proceso de paz?

 

Porque, as como vamos, el noble, imprescindible y hermoso oficio del periodismo tender a desaparecer y terminar ejercindose en un futuro, y a manera de propaganda, nicamente por las partes interesadas en divulgar su propia concepcin de las noticias y el registro de su verdad.

 

Ojo, pues, con el desafiante cubrimiento meditico de este nuevo intento por acercarle la paz a los colombianos.

 

Y es que no es lo mismo pedirles a los combatientes en guerra que depongan sus nimos y se aproximen a un espritu de tolerancia, que invocar estos mismos procederes en el alma de quienes practican el periodismo. Aquellos pueden estar en su derecho a la refriega. Los periodistas, no. Entindalo! En rigor, deben ser slo testigos y relatores imparciales de tal contienda.

 

Y en cuanto a los columnistas, cunto dao no le est haciendo al periodismo y a la paz de Colombia el desaforado guerrerismo de publicitados opinadores tales como Fernando Londoo Hoyos, Jos Obdulio Gaviria, Mauricio Vargas, Plinio Apuleyo Mendoza y Salud Hernndez-Mora?

 

Porque es que opinar es una cosa, pero provocar, muy otra.


[email protected]

(*) Germn Uribe es escritor colombiano.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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