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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2012

Nosotros, los nuevos mayas

John Brown
Rebelin


A los que pensaban que el 21 de diciembre poda haber sido el fin del mundo, va dedicada esta pequea cita de Slavoj Zizek en su intervencin -repetida por los centenares de voces del "micrfono humano"- en Occupy Wall Street: "En abril de 2011 el gobierno chino prohibi que apareciesen en TV, pelculas o novelas todas aquellas historias que hiciesen referencia a realidades alternativas o viajes en el tiempo. Esta es una buena seal para China, puesto que significa que la gente an suea con alternativas, as que hay que prohibir este sueo. Aqu no se piensa prohibir nada de eso, porque el sistema en el poder incluso ha suprimido nuestra capacidad para soar. Fijaos en las pelculas que vemos todo el tiempo. Es fcil imaginar el fin del mundo, un asteroide que destruya el planeta y ese tipo de cosas. Pero no se puede imaginar el fin del capitalismo."

Esta breve cita nos muestra hasta qu punto hemos confundido el capitalismo con lo ms estable que se puede pensar. Marx, en el Capital, haba hecho del Capital un enorme monstruo, una especie de gigantesco e infinito Glem *, creado por nuestras propias manos y que a la vez nos sirve y nos domina, nos alimenta y amenaza, con la brutalidad de la divinidad de los monoteismos, nos libera de todo poder mundano y nos oprime de manera exclusiva e ilimitada. Lo fundamental es que, como el Dios de Feuerbach, el Capital es un producto humano, que slo vemos como ajeno por la necesaria ilusin fetichista que produce la combinacin entre expropiacin del trabajador (respecto de sus medios de produccin) y relacin social mercantil en la que las cosas parecen intercambiarse solas y llevar su propio comercio independientemente de los humanos que slo son sus portadores. Como producto humano que es, como algo ms que un producto humano, como nuestra propia potencia colectiva contemplada como algo ajeno debido a la distorsin ptica que produce la relacin capital, el Capital es inseparable de nosotros y nosotros mismos somos inseparables de l. Todo cambio radical en -y de- la relacin capital deber producirse desde dentro de esa misma relacin: la perspectiva imaginaria, fetichista, que nos relaciona con el Capital, slo podr superarse a partir del desarrollo desde dentro de esta relacin -y contra ella: "dentro e contro" como afirma la tradicin operaista- de una perspectiva de lo comn que supere la atomizacin caracterstica de la relacin mercantil. En cierto modo, esto es algo que todos sabemos, hayamos o no ledo a Marx. Por eso, nuestro deseo de liquidar la relacin capital que hoy nos asfixia se manifiesta como deseo de "fin del mundo", de que caiga un meteorito o vengan los marcianos a liberarnos de una pesadilla que no podemos quitarnos de encima. Una vez asociados existencialmente al capital, este se presenta para nosotros como una sustancia infinita y eterna respecto de la cual los mundos son plurales y efmeros. Con el fin del mundo, no estamos, sin embargo, soando realmente nuestra propia muerte. Freud afirmaba que soar su propia muerte es imposible, pues todo sueo de la propia muerte incluye al sujeto como espectador de ella. El mundo se puede acabar, porque sabemos que la potencia secuestrada y movilizada en la relacin capital, una vez autodeterminada, liberada como relacin comunista, es capaz de crear muchos nuevos mundos y de rescatar la propia naturaleza, o el propio entorno natural de la vida humana hoy supuestamente amenazado. En lugar de dedicar tiempo a tonteras supuestamente inspiradas por unos cdices y calendarios mayas de difcil e incierta lectura, ms valdra recordar que, como recuerda Jared Diamond, los propios mayas liquidaron su civilizacin permitiendo que una aristocracia -o cleptocracia- de nobles y sacerdotes se mantuviera demasiado tiempo en el poder. Algo parecido les ocurri a los habitantes de la Isla de Pascua. A veces, una revolucin es el nico medio de salvar un mundo y una civilizacin. Para nosotros, de todas formas, el fin del mundo ya ha llegado, pues con el capitalismo no existe propiamente mundo, sino subsuncin real de toda forma de vida bajo el capital: produccin masiva de externalidades negativas (contaminacin, destruccin de especies etc.), sacrificios generalizados y sobre todo muchos sacrificios humanos. Tenemos que elegir entre refundar la civilizacin cambiando de rgimen social y acabando con los grandes sacerdotes del capital o dejar que una casta que persigue intereses delirantes la liquide definitivamente poniendo incluso en peligro nuestra propia existencia como especie.

En cuanto a la naturaleza, que nadie se preocupe por ella: la humanidad no la destruir, ser ella la que destruir a la humanidad, en cualquier caso, pues el propio concepto de naturaleza implica esa desproporcin entre la potencia del infinito y la de lo finito, por enorme que este sea. "En la naturaleza no se da ninguna cosa singular sin que se d otra ms potente y ms fuerte. Dada una cosa cualquiera, se da otra ms potente por l que aqulla puede ser destruida" (Spinoza, Etica IV, axioma). Por grande que sea la potencia humana subsumida en el Capital, mayor ser siempre la del resto de la naturaleza. De ah la debilidad intrnseca del gigantesco Glem hecho de nuestra propia sustancia: el Capital es una ilusin de omnipotencia, basada en una enorme potencia real. Sin embargo, mientras esa potencia real no se articule con el resto de la naturaleza y siga creyendo que el hombre es "un imperio dentro de otro imperio" segn la bella expresin de la Cbala que recoge crticamente Spinoza, avanzaremos aceleradamente hacia el desastre. Si el capitalismo sigue vampirizando nuestra potencia, destruyendo nuestro entorno y nuestros propios comunes sociales, no tardar la naturaleza en ocuparse de esta realidad demasiado dbil y exange.

* El Glem es un ensueo de los cabalistas que Gershom Sholem describi con precisin. No se nos ocurre, sin embargo, relato ms breve y elegante de la historia del Glem que el poema de Jorge Luis Borges del mismo nombre:

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' est la rosa
y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habr un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y slabas cabales.

Adn y las estrellas lo supieron
en el Jardn. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un da
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judera.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinan en la vaga historia,
an est verde y viva la memoria
de Jud Len, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Jud Len se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunci el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Husped y el Palacio,
sobre un mueco que con torpes manos
labr, para ensearle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alz los soolientos
prpados y vio formas y colores
que no entendi, perdidos en rumores
y ensay temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Despus, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, T, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofici de numen
a la vasta criatura apod Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rab le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logr, al cabo de aos, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafa
o en la articulacin del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicera,
no aprendi a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguan al rab por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se esconda. (Ese gato no est en Scholem
pero, a travs del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estpido y sonriente, se ahuecaba
en cncavas zalemas orientales.

El rab lo miraba con ternura
y con algn horror. 'Cmo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inaccin dej, que es la cordura?'

'Por qu di en agregar a la infinita
serie un smbolo ms? Por qu a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detena.
Quin nos dir las cosas que senta
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Lee todo en: El golem - Poemas de Jorge Luis Borges http://www.poemas-del-alma.com/jorge-luis-borges-el-golem.htm#ixzz2Fls7r4WW

Blog del autor: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2012/12/nosotros-los-nuevos-mayas.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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