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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2012

Comprad, comprad, malditos

Esther Vivas
Pblico.es


Son fiestas navideas, momento de juntarnos, comer, celebrar y, sobre todo, comprar. La Navidad es, tambin, la fiesta del consumo, ya que en ningn otro momento del ao, para beneplcito de los mercaderes del capital, compramos tanto como ahora. Comprar para regalar, para vestir, para olvidar o, simplemente, comprar por comprar.

El sistema capitalista necesita de la sociedad de consumo para sobrevivir, que alguien compre masiva y compulsivamente aquello que se produce y, as, el crculo virtuoso, o vicioso segn como se mire, del capital contine en movimiento. Qu lo que compres sea til o necesario? Poco importa. La cuestin es gastar, cuanto ms mejor, para que unos pocos ganen. Y, as, nos prometen que consumir nos va a hacer ms felices, pero la felicidad nunca llega a golpe de talonario.

Nos venden lo trivial como imprescindible, lo ftil como indispensable y nos crean necesidades artificiales en permanencia. Podran ustedes vivir sin un telfono mvil de ltima generacin o sin un televisor de plasma? Y, sin cambiarse de ropa cada temporada? Seguramente ya no. La sociedad de consumo as lo ha impuesto. Adems, poco importa la calidad de aquello que compramos. Nos venden marcas, sueos, sensaciones de la mano de deportistas famosos, estrellas de Hollywood. Y por algunos euros compramos ficticiamente la fama, el glamour o la atraccin sexual que la publicidad se encarga de servirnos diariamente en bandeja.

Y si me resisto a comprar, qu pasa? Los productos se fabrican para morir siempre antes de tiempo, estropearse, dejar de funcionar, lo que se conoce como obsolescencia programada, para que as tengas que adquirirlos de nuevo. De qu serviran unas medias sin carreras, unas bombillas que nunca se fundieran o una impresora que no se averiara? Para nosotros y el medio ambiente, bien; para las empresas del capital, mal, muy mal. Y es que la sociedad de consumo est pensada, como magnficamente retrataba Cosima Dannoritzer en su documental, para Comprar, tirar, comprar, el ttulo de su ltimo trabajo. Aqu slo gana quien vende.

Poco importan las miles de toneladas de residuos que genera la cultura del usar y tirar. Desperdicios tecnolgicos, ropa, alimentos que desaparecen tras nuestra puerta, en la basura, o que pasan a engrosar las pilas de deshechos que se acumulan en los pases del Sur, contaminando aguas, tierra y amenazando la salud de sus comunidades, mientras nosotros miramos para otro lado. Nos hemos acostumbrado a vivir sin tener en cuenta que habitamos un planeta finito, y el capitalismo se ha encargado muy bien de ello.

Se asocia progreso a sociedad de consumo, pero tendramos que preguntarnos progreso para qu y para quines y a costa de qu y de quines. Si todo el mundo consumiera como un ciudadano medio del Estado espaol haran falta tres planetas tierra para colmar nuestra voracidad, pero slo tenemos uno, mientras que en muchos pases africanos a penas consumen lo necesario para sobrevivir. Aunque es necesario recordar que, tambin, existe un Sur en el Norte y un Norte en el Sur.

Alguien dir: Si dejamos de comprar, la economa se estancar y se generar ms desempleo. La realidad es muy distinta de la que nos cuentan. Y es, precisamente, este sistema el que fomenta paro, pobreza y precariedad, el que deslocaliza la industria y la agricultura, el que explota la mano de obra, el que contamina el ecosistema y el que nos ha sumido en una crisis econmica, social y climtica de enormes proporciones. Si queremos trabajar dignamente, cuidar de nuestro planeta, tener bienestar hace falta otra economa, social y solidaria. Satisfacer nuestras necesidades, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo lleno, saturado, a punto de explotar. Apostar por la agricultura ecolgica, los servicios pblicos, las tareas de cuidados Trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Porqu o cambiamos, o no saldremos de esta crisis consumiendo, como nos intentan hacer creer, sino consumindonos.

Y uno ms apuntar: Hay sociedad de consumo porque la gente quiere consumir. Pero, ms all de nuestra responsabilidad individual, nadie, que yo sepa, ha escogido esta sociedad donde nos ha tocado vivir, o al menos a m no me han preguntado. Es as como nos han educado en la sociedad del cuanto ms mejor. Y no slo nos han inculcado valores y prcticas de un sistema que antepone intereses particulares a necesidades colectivas, como el individualismo, la competencia, sino que nos imponen, desde muy pequeos, un determinado rol en funcin de nuestro gnero, en la reproduccin no solo de una estructura capitalista sino, tambin, patriarcal.

Quieren que compremos hasta morir, como en la pelcula Danzad, danzad, malditos (1969) de Sideny Pollack, donde los participantes a un concurso de baile danzaban sin parar hasta la extenuacin para el beneplcito de unos pocos acaudalados. Como deca el presentador de la competicin frente a los ltimos concursantes a punto de desfallecer al final de la pelcula: Estos chicos maravillosos, estupendos que siguen luchando, siguen esperando, mientras el reloj fatal sigue con su tic tac. Continua la danza del destino, el alucinante maratn sigue y sigue y sigue. Hasta cuando aguantarn? Vamos, un aplauso. Hay que animarlos. Aplaudan, aplaudan, aplaudan. Viva el circo.

*Artculo publicado en Pblico, 24/12/2012.

+info: www.esthervivas.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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