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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2012

La industria azucarera mueve los hilos de la esclavitud

Nazaret Castro / Laura Villadiego
La Marea


Las tierras fueron devastadas por esta planta egosta que invadi el Nuevo Mundo.
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de Amrica Latina

 

No es ninguna novedad que cortar caa de azcar es uno de los trabajos ms duros que existen. Ya era as en tiempos de la colonizacin americana, cuando los barcos negreros trasladaban al trpico americano la mano de obra de las plantaciones. Siglos despus, hay cosas que no han cambiado tanto: en la Amrica Latina de hoy, el latifundio multiplica los hambrientos pero no los panes, como escribi Maza Zavala hace cuarenta aos.

El repunte de la demanda de azcar como consecuencia del auge del biodiesel convierte a la caa en uno de los cultivos al alza, que, junto a la soja y pocos productos ms, se reparten el pastel de una tierra que, hoy como ayer, vive entre el latifundio y el monocultivo. Cada vez que se expande la frontera de estos cultivos, a menudo gestionados por capital extranjero, decenas, cientos o miles de familias campesinas son expulsadas de sus casas para habitar, casi siempre, las inmensas favelas de las grandes urbes.

En Brasil, el mayor productor de azcar del mundo, la industria azucarera lleva desde los aos 70 anunciando la mecanizacin del sector; sin embargo, desde entonces la mano de obra no ha hecho ms que abaratarse, desincentivando a las empresas a llevar a cabo esa inversin. En ese pas, como en la mayora de las plantaciones del planeta, el pago es por peso recogido, lo que obliga a extenuantes jornadas de trabajo por un sueldo de miseria, que a menudo no sobrepasa el salario mnimo (poco ms de 200 euros al mes).

Algunas estimaciones calculan que, para cortar una media de 12 toneladas de caa por da, el trabajador ha de caminar ocho kilmetros, dar 130.000 golpes de poda y perder ocho litros de agua. No extraa entonces que, en muchos casos, los cortadores consuman drogas, como crack y marihuana, para aliviar sus jornadas. Tampoco sorprende que, a los pocos aos de trabajar en las plantaciones, desarrollen enfermedades por la dureza del trabajo, la exposicin a agrotxicos y quemas y las nefastas condiciones de higiene y seguridad laboral.

Campesinos desahuciados

En la otra esquina del mundo, en Tailandia, el segundo exportador mundial de caa de azcar, la realidad no es muy distinta: jornadas de trabajo extenuantes se cobran, en funcin del peso recogido, a entre 2,5 y 7,5 euros al cambio. Aqu, a menudo se utilizan inmigrantes ilegales, venidos principalmente de Birmania: su vulnerabilidad los hace ms dctiles.

En la vecina Camboya, el auge de la exportacin azucarera ha significado un aumento de los cultivos y, con ello, un acaparamiento de tierras que ha supuesto el desahucio de cientos de familias campesinas. Varias ONG sealan como culpable al Everything but Arms (Todo excepto armas), un acuerdo comercial preferencial firmado entre Camboya y la Unin Europea que permite exenciones de impuestos a las exportaciones camboyanas; el supuesto objetivo es contribuir al crecimiento econmico del pas asitico, pero el acuerdo est provocando tales violaciones de los derechos humanos que el propio Parlamento Europeo ha solicitado una investigacin sobre las consecuencias del tratado en Camboya.

La localidad de Srae Ambel, en el sur del pas, es un triste ejemplo. All, el gobierno camboyano otorg a una compaa tailandesa la explotacin de tierras donde hasta ese momento subsistan cientos de familias de pequeos campesinos. Desprovistos de su fuente de alimento, muchos de ellos se ven obligados a pedir trabajo en los caaverales. El trabajo es muy duro: apenas puedo hacerlo ms de tres das seguidos, asegura Chea Cheat, un robusto hombre de 38 aos que cobra unos 5 dlares diarios si trabaja de sol a sol a pleno rendimiento. Hasta ahora, en esas mismas tierras, Chea Cheat cultivaba arroz; hoy carga tallos de caa unos quince das al mes, los que soporta, y se busca otros trabajos para redondear un sueldo de subsistencia.

Chea Cheat es la excepcin, pues la compaa prefiere contratar jornaleros de otras zonas del pas por miedo al resentimiento de los locales. Los campos estn vallados y sus entradas, vigiladas. Sabemos que los trabajadores viven en condiciones de semi-esclavitud. Los reclutan en las zonas rurales de todo el pas y se les impide salir de las plantaciones, asegura Mathieu Pellerin, investigador de la ONG local de derechos humanos LICADHO. Tambin ha habido indicios de trabajo infantil dentro de los campos. De hecho, 13 pases en el mundo emplean mano de obra infantil en las plantaciones, segn una investigacin del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos.

El dao medioambiental

Camboya y Brasil son slo algunos ejemplos. 130 pases en el mundo producen azcar, y a lo largo y ancho del planeta se repiten las psimas condiciones laborales de los jornaleros y las expropiaciones forzosas de tierras. Adems de los efectos sociales, la caa de azcar implica devastadoras consecuencias medioambientales, desde la deforestacin al uso intensivo de pesticidas en Brasil, los caaverales suponen el 13% de los pesticidas que se utilizan en el pas-, pasando por las txicas quemas de caa. Y apenas aludimos al primer paso de la cadena productiva; al azcar an le queda un largo camino para llegar hasta nuestro caf o nuestros postres: refinado, transporte, envasado, distribucin y marketing.

La pregunta es, no hay una manera menos daina, ambiental y socialmente, de producir azcar? Obviamente, s; pero dejara menos mrgenes de beneficios a los oligarcas productores y distribuidores. Desde el proyecto de consumo responsable Carro de Combate creemos que el cambio comienza por la concienciacin sobre el problema, para buscar juntos soluciones que nos hagan el azcar un poco menos amargo. Por eso buscamos financiacin a travs de una campaa de micromecenazgo para realizar una investigacin en profundidad sobre la cadena productiva del azcar. Porque, cada vez ms, el consumo es un acto poltico.

Nazaret Castro es corresponsal en Amrica Latina y Laura Villadiego, en el Sureste asitico. Ambas fundaron el blog sobre consumo responsable Carro de Combate.

Fuente: http://www.lamarea.com/2012/12/23/la-industria-azucarera-mueve-los-hilos-de-la-esclavitud/



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