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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2012

EL PRI-gobierno y la Narco-guerra

Luis Andrs Rivera Levario
Rebelin


El dinosaurio de papel... parte I: sobre los cambios tcticos de la guerra contra el pueblo en el contexto de la restauracin del PRI

Hace un sexenio, durante 2006, se vivieron acontecimientos que constituyeron un parte-aguas en la lucha de clases en Mxico. Las elecciones presidenciales, acompaadas por inmensas manifestaciones populares a favor del candidato del PRD, Andrs Manuel Lpez Obraor, culminaron en un fraude electoral a favor del candidato de la ultra-derecha del PAN y en un gran plantn en la Avenida Reforma de la Ciudad de Mxico, como parte de una estrategia para desmovilizar y apaciguar el gran descontento popular. El mismo AMLO, reconoce este hecho despus y se jacta de que no se rompi ni un solo vidrio.

Esta situacin, hizo que la presidencia del PAN tuviera espacio para maniobrar la recuperacin de su legitimidad y el fortalecimiento del gobierno federal a travs de una tctica emergente de militarizacin, con el operativo conjunto de Michoacan y Chihuahua, acciones poltico-militares que seguiran la lnea de improvisaciones del gobierno del PAN anterior, que implement operativos similares, como Mxico Seguro en Nuevo Laredo y Acapulco.

Se habl de un estado fallido, pues estas tcticas solo tuvieron y tienen como resultado el aumento de la violencia, de los asesinatos, las desapariciones y la fuerza de los grupos para-militares y policiaco-militares que abusan de la poblacin, cuando se supona que el objetivo inicial era legitimar un gobierno combatiendo la delincuencia organizada. Sin embargo, esta concepcin del estado fallido tom en cuenta solo lo superficial, pues el mismo ao de 2006, ocurri otro acontecimiento tal vez de mayor trascendencia que las elecciones, y fue la insurreccin de la comuna de la APPO en Oaxaca, que prepar y organiz la lucha de los pueblos y la clase proletaria contra el estado-capital, hasta enfrentarse directamente a las fuerzas federales de la entonces PFP, a la vez que a los escuadrones de la muerte ulisistas, compuestos por elementos especializados de los cuerpos legales del estado, as como sicarios, asesinos y criminales de los brazos paramilitares de los capitalistas.

La formacin de grupos paramilitares similares a los escuadrones ulisistas y la ocupacin territorial del espacio y las ciudades por parte de las fuerzas policiaco-militares del estado-capital como sucedi en Oaxaca, se vera despus en todo Mxico, la diferencia sera que esta vez el enemigo impulsara la contrainsurgencia antes de que la poblacin pudiera alzarse y cortar el paso a la muerte, como sucedi con la APPO, con las barricadas, la autodefensa de masas, y la heroica resistencia de los pueblos y la clase proletaria. En ese sentido, la militarizacin y paramilitarizacin, no tienen como objetivo real, ni mucho menos, el combate a la delincuencia organizada, que en realidad es solo uno de los nombres del estado-capital, sino impulsar una estrategia de contrainsurgencia preventiva para evitar que experiencias como la APPO se repitan en el pas, en primera instancia.

Sin embargo, la lucha de clases en Mxico no puede depender nicamente de lo que sucede al interior del pas, pues existe una particularidad histrica, y es que compartimos una inmensa frontera con el centro mundial del capitalismo, los estados unidos de amrica, y no solo eso, sino una inter-depenencia compleja, en la que, como en uno de los territorios coloniales centrales, la lucha de clases en Mxico le importa mucho a estados unidos. La estrategia de contrainsurgencia preventiva, constituye una prctica histrica del imperialismo en la regin entera de Latinoamerica, a travs de la cual ha profundizado la subordinacin directa de los cuerpos policiaco-militares, con el fin de garantizar el avance de la colonizacin y la agresin del estado-capital contra la poblacin y el proletariado.

La iniciativa Mrida, que se echa a andar en 2008, y que incluye, adems de muchsimo dinero, la participacin cada vez ms directa de los cuerpos policiaco-militares imperialistas como la DEA, el FBI, el Departamento de estado, entre muchos otros, es la expresin concreta de la tendencia de colonizacin actual que se viene expresando en la regin de latinoamrica que experimenta una mayor profundizacin de la inter-dependencia con estados unidos, desde Mxico, hasta Colombia, incluyendo Centroamrica. El plan Colombia, el golpe de estado en Honduras de 2008, la escalada de la violencia narco-paramilitar en Guatemala, y el conjunto de los efectos de la guerra contra el pueblo en Mxico, que tambin afectan El Salvador, constituyen ejemplos del proceso poltico de dominacin imperialista, que toma formas completamente distintas en cada uno de estos pases y regiones segn sus circunstancias particulares pero que comparten una misma base y un mismo enemigo, una misma raz, que es la reproduccin y el avance el estado-capital, en sus formas actuales.

Es as que, durante el perodo de 2006-2012, la guerra contra el pueblo, que ha tenido un carcter cambiante y contradictorio, mantuvo la reproduccin ampliada del estado-capital y logr cumplir sus objetivos estratgicos del despojo, privatizacin y destruccin de los bienes comunes de la naturaleza, la super-explotacin y la marginacin de los pueblos y la clase proletaria, y la dominacin poltica e ideolgica que se manifiesta de forma contundente con la restauracin del PRI. Estos objetivos, de los cuales hablaremos ms adelante, se puede decir que permanecern constantes, aunque las condiciones y la situacin en la que se desarrolla la guerra contra el pueblo cambie. Hasta ahora podemos hablar de dos generalidades:

a. La ocupacin policiaco-militar del territorio y de la ciudades para ejercer el terrorismo de estado, principal, pero no solamente, a travs de los grupos paramilitares, para agredir con asesinatos, desapariciones forzadas, tortura, violaciones, secuestros y dems formas de violencia a la poblacin en general, centrndose en las capas ms marginadas y en los sectores ms oprimidos y discriminados, como mujeres, jvenes, indgenas, pobres, y sobre todo en las organizaciones y en las expresiones populares de descontento, tengan o no una fuerte carga poltica revolucionaria explcita, como el caso de derecho-humanistas, periodistas, madres.

b. La formacin y consolidacin de organizaciones narco-paramilitares que tienen su raz y se nutren directamente del gobierno mexicano y estadounidense en sus distintos niveles, principalmente de los sicarios del gobierno, como policas y soldados que ocupan las calles, y otros elementos especializados. Estas organizaciones, cuyos intereses coinciden en ltima instancia con los del estado-capital, responden a la estrategia de contrainsurgencia preventiva, y tambin a los planes de dominacin imperialista, en todo sentido, desde las tareas de asesinar a las madres que luchan por justicia, hasta proteger las minas ilegales de carbn, por ejemplo. Sin embargo, los distintos brazos armados y cuerpos paramilitares, a la vez que las mismas organizaciones narco-paramilitares, al tener un carcter contradictorio, pues se organizan muchas veces de forma masiva a partir de jvenes marginados de la ciudad y del campo, reproducen procesos de crisis, de desintegracin, de integracin y de confrontacin, con todos los dems grupos, organizaciones y cuerpos, incluyendo los del mismo gobierno mexicano y estadounidense, creando as una especie de guerra civil de todos contra todos, la cual cumple su funcin de una gran industria de muertos.... y de guerra.

Estas dos generalidades, son procesos que se alimentan mutuamente y que tienden nicamente a agudizar las contradicciones. Tal es el caso de los casos de supuestos asesinatos polticos, de funcionarios de alto rango. Tambin, las extensas regiones y municipios donde ha desaparecido la polica municipal y la nica fuerza ah es la Polica Federal y el ejrcito... es decir, las narco-organizaciones, quienes controlan todo, la economa, el gobierno, quin pasa, quin vive, quin muere. Los grandes combates militares que ha habido entre las fuerzas legales y las organizaciones narco-paramilitares, como en Apatzingan, Michoacan, demuestran lo grandes que son las contradicciones. Tan grandes que podramos decir que el estado mexicano que entr en crisis con la llamada transicin democrtica para cumplir el sueo imposible de que en Mxico deje de existir la dictadura sin que deje de existir el capitalismo, est llevando, con el agrietamiento y la descomposicin generalizada de este estado, a un callejn sin salida o a una nueva dictadura, que es lo mismo.

Para esta recomposicin, el gobierno del PRI restaurado, intentar solucionar las contradicciones y las crisis mediante distintos cambios tcticos y estratgicos, para mantener y avanzar en los objetivos de colonizacin y dominacin estatal-capitalista. Con la legalizacin de la Mariguana en distintos estados de estados unidos (Colorado, Washington...), el cambio al combate a las drogas se ha visto como una necesidad, en esta regin, como lo han manifestado los presidentes de Colombia, Guatemala y Panam, para poder continuar con la guerra contra el pueblo. El PRI, al aprobar la Ley de vctimas demuestra que intentar deslindar al estado de la violencia contrainsurgente, cuestin en la que fall el PAN, a pesar de que el mismo presidente y altos funcionarios acudieron a los dilogos con miembros del movimiento por la paz con justicia y dignidad. Entre otras cosas, fue porque la violencia que lleg al extremo no pudo ser ocultada. Las prcticas para disminuir la percepcin de la violencia, como la censura en los medios de comunicacin masivos continuarn y se profundizarn, sin duda, ya que Televisa, que ostenta el monopolio legtimo de la imagen ejerce un papel central en la estrategia.

Sin embargo, no basta solo con intentar ocultar la realidad con spots, como lo demostr el sexenio que acaba de terminar, en el que las movilizaciones, la preparacin y las organizaciones de la poblacin pudieron avanzar en distintos casos, o no retroceder, ante el cerco contrainsurgente militar y meditico. El avance en la organizacin de la autodefensa popular y de masas, de la mano de la autonoma y la autodeterminacin poltica en comunidades indgenas en Michoacan y Guerrero, por mencionar dos ejemplos (Olinal y Chern), representan serios cuestionamientos al orden del estado-capital, pues proponen alternativas desde los pueblos y la clase proletaria para solucionar aqu y ahora nuestros problemas. Como a pesar de la contrainsurgencia, no se pudo prevenir del todo, el surgimiento de este tipo de experiencias, se les tratar de contener, del mismo modo que a la gran mayora de la poblacin, que se concentra en las ciudades, y que hasta ahora, ha sido relativamente disciplinada, es decir, aterrorizada por la violencia del estado-capital o engaada por sus mentiras.

Contener un estallido popular espontneo no sera fcil. Primero es necesario para el estado-capital contener sus propias contradicciones e intentar una regulacin de la violencia y de la guerra de todos contra todos, para poder consolidar un control centralizado y ejercer una estrategia ms efectiva de dominacin. A esto responde en parte la desaparicin de la Secretaria de Seguridad Pblica, para integrarla a la Secretaria de gobernacin, echando al antiguo narco-funcionario, Garca Luna, uno de los principales elementos de la guerra, para desaparecer su Polica Federal, y crear nuevos cuerpos policiacos-militares, centralizados y nicos, que a la larga, puedan reemplazar al ejrcito y la marina, ampliamente desgastados, ms que por la confrontacin directa, por la corrupcin y cooptacin por parte de las narco-organizaciones. De este modo, con una dictadura recompuesta, el PRI, habiendo centralizado los mandos, piensa negociar nuevamente con los distintos crteles y brazos armados, no precisamente para regular una disminucin sustantiva de la violencia, sino para intentar tambin centralizar y consolidar grupos para-militares de choque para enfrentar a la poblacin, como fue anunciado por el general colombiano para-militar, Oscar Naranjo, asesor del gobierno del PRI.

As, una tregua masomenos real e importante entre las principales narco-organizaciones, podra tambin consolidar y aprovechar el papel econmico de las actividades ilegales de estas organizaciones para la nueva dictadura. En esto tambin fracas el pasado gobierno del PAN, como lo revelaron los fallidos intentos de algn annimo general que dialog con los principales dirigentes de los crteles. La guerra civil, la produccin industrial de muerte, no da seas de que vaya a parar. En Tamaulipas, Sinaloa, Michoacan, parecen soplar desde hace meses, nuevos vientos de guerra, con la aparicin de decenas de cadveres amontonados con mensajes, asesinatos masivos y ataques a comunidades enteras, que incluso han empezado a tener respuesta de la poblacin, que intenta defenderse, como en Gemez, Tamaulipas. Sin embargo, recientes acontecimientos como la supuesta muerte del Lazca, el primer comandante de los Z, el grupo narco-paramilitar ms grande, as como el reporte del ejrcito de la supuesta muerte del M-1, uno de los mandos del grupo Antrax, el brazo armado del crtel de Sinaloa, parecen sealar que algunos personajes se estn retirando y puede haber espacio para la negociacin y el acercamiento. Otro aspecto a sealar, es la supuesta unidad con la que actuaron los distintos grupos rivales, en estados como Chihuahua, donde el PRD y el PAN sealaron amenazas de muerte y apoyo narco-paramilitar de todos los colores a favor del PRI.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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