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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2012

No es el arma, es el alma

Jethro Masis
Amauta


Sabe usted en qu se parecen Glenn Beck, Bill OReilly y Julio Rodrguez? Los tres son periodistas, o personajes mediticos, u opinilogos. Esa es la ms fcil de las semejanzas. Est claro tambin que los tres trabajan para los mainstream media, es decir, para medios propagandsticos de capitales corporativos y empresariales. Y, desde luego (de qu otra forma podra ser?), los tres muestran difanas inclinaciones conservadoras. Los tres, por ejemplo, son religiosos. A los tres les indigna ms el presidente venezolano Hugo Chvez que las bombas y las cientos de miles de muertes a cargo de las operaciones militares de Estados Unidos. Pero en esta ocasin en que los junto a todos, han coincidido con perfecta sintona en contribuir con la caterva de pseudoexplicaciones que quieren dar cuenta de la terrible masacre recientemente ocurrida en la Escuela Sandy Hook en la ciudad de Conneticut, donde 26 personas, entre ellas 20 nios, fueron masacradas por un chico de 20 aos de edad llamado Adam Lanza.

Para quien conozca las andanzas de estos tres personajes, ser innegable que los tres son asiduos predicadores de pseudoexplicaciones. Lo que pasa es que no me refiero con ello solamente a opiniones falsas (por ejemplo, que falseen los hechos con el fin de que calcen perfectamente con las opiniones de quienes pagan sus salarios, aunque no es raro que lo hagan.) Son, sobre todo, predicadores de explicaciones ideolgicas, propagadores de ideologemas.

Una explicacin ideolgica puede dar la impresin de ser una gran verdad moral; muchas veces incluso coincide con el sentido comn, que, como tantas veces se ha dicho, es el menos comn de los sentidos. Pero si para algo sirve la explicacin ideolgica es para causar confusin, es decir, para dejar precisamente sin explicacin lo que debe ser explicado. Y en este sentido, el propsito del dispositivo ideolgico es dejar el estado de cosas exactamente como estaba antes, si no es que empeorarlo.

Los ejemplos abundan en los diagnsticos de los polticos, quienes estn ah, en los puestos de poder, para que nada cambie, es decir, para empeorar el estado de cosas. Hay criminalidad, hay inseguridad entonces, lo que necesitamos es llenar las calles de policas, colocar cmaras para espiar a los ciudadanos, encerrarnos entre rejas, escuchar las llamadas de supuestos sospechosos sin la aprobacin de algn juez, esconder los celulares y los objetos tecnolgicos, vivir con miedo, sospechar de todo el mundo. Este ejemplo es el de la mano dura, que, naturalmente, no nos traer paz ni seguridad social, pero hay que hacer algo, hay que actuar. Curiosamente, este tipo de diagnsticos geniales de los polticos, no slo constituyen el tpico caso de cambio de gato por liebre (puesto que a la postre quedaremos con la misma crispacin social y con los mismos problemas, pero ahora con nuestras libertades de ciudadanos y ciudadanas reducidas al mnimo), sino que, lo que es peor, no ataca ni siquiera levemente los problemas de fondo. Las causas de la inseguridad, de la criminalidad, del hampa, etc., etc.: esas no son pensadas ni puestas sobre la mesa por los polticos. Ustedes ya saben: ir a la raz del problema es cosa de radicales y de comunistas. Los polticos, en cambio, son pragmticos. Ellos no piensan, slo actan. Tal como ha argumentado lcidamente Luis Paulino Vargas Sols, el mantra segn el cual sobran diagnsticos en Costa Rica (por lo cual, lo que se necesita son soluciones), no slo es falso, sino que evidencia la terriblemente escasa capacidad y disposicin para formular las preguntas correctas y relevantes.

Ahora bien, desvaro, pues el punto del artculo no era otro que poner de manifiesto la coincidencia ideolgica (en el sentido poltico de la expresin) entre tres comentaristas esbirros. Por qu pasan tan seguido esas masacres en Estados Unidos con pistoleros frenticos que luego terminan suicidndose y dejando una inmensa ola de dolor? Segn dijo Glenn Beck en su cuenta de twitter, no es el arma, es el alma. Para Bill OReilly, se trata de una fuerza del mal en el universo, contra la cual, desgraciadamente, hay poco que pueda hacerse. Y nuestro criollo desvelado comentarista de La Nacin, afirma algo parecido: es obra del demonio, y junto con ello, del libertinaje y de la indiferencia.

As es, mi querido lector y mi querida lectora: nada tiene que ver, al parecer, una cultura de muerte, enamorada del filme de accin donde los cuerpos descuartizados se cuentan por los millones. Tampoco tiene nada que ver el hecho de que esa sociedad mantiene el flujo constante de billones de dlares por medio de bombardeos e intromisiones internacionales de todo tipo, es decir, el hecho de que se trata de una sociedad cuyo mayor negocio es la guerra y la muerte. Ni siquiera, por ltimo, el hecho de que cualquier ciudadano pueda comprar armas, incluso automticas, con requisitos mnimos y francamente risibles. No. No hay que hurgar en las causas sociales que subyacen a la constante produccin de estos asesinos en serie. Hay que mirar al ms all, culpar al diablo, o a una fuerza csmica extraa que existe desde que Satans cay del cielo.

Artculo publicado en Amauta con permiso de Revista Paquidermo


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