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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2012

El socialismo de cada patria, hacia el confederalismo

Carlos X. Blanco
Rebelin


Una de las peores consecuencias del universalismo consiste en creer, bondadosamente, que la Tierra es un gran estanque de aguas remansadas, y que las ideas y las personas, tanto como las mercancas y los capitales, van y vienen. Que tanta felicidad y fluidez no existen es la leccin de nuestra vieja maestra de la vida: la Historia. La Historia no se detiene, y toda fluidez soada por universalistas y dems apstoles de la Santa Globalizacin, no es ms que el resultado de una brbara extrapolacin de las propiedades definitorias del Capital a todo aquello que no es capital pero que puede y debe llegar a ser asimilado a l: personas, tierras, culturas, ideas.

Vivimos, en realidad, al borde del abismo y no lo queremos reconocer. El mundo es hoy, ms que nunca, una olla a presin y, sin embargo, insistimos neciamente en posar nuestros reales encima de esa bomba. Lo hacemos, a veces amargados, resignados, o con loca despreocupacin. La mayora se encuentra en este ltimo caso. Los economistas y dems cientficos sociales positivistas, fomentan la imagen del estanque apacible, lleno de cisnes y de cnticos. La imagen es de un remanso en el que hay ondas, ciclos, migraciones coyunturales, espejismos. En realidad la tormenta se va a desatar ms bien pronto que tarde.

El espejismo de la lucha de clases ceder a la realidad cruda de la geopoltica. Desde el momento en que obreros prusianos se enfrentaron, en 1914, a obreros franceses, qued enterrado el legado universalista de Marx. La crtica interna de una formacin social capitalista, en el contexto de un Mercado Global Mundial, es slo una crtica parcial y angular. Todas las herramientas de diseccin proporcionadas por Marx para entrever el esqueleto de las formaciones sociales capitalistas estaban pensadas desde y para formaciones sociales empaquetadas a escala nacional (Inglaterra, principalmente, con ojeadas a Francia, Prusia, etc.). Igualmente, Marx entrevi las consecuencias de alcance mundial que conlleva el Imperialismo de las grandes potencias europeas: el mundo blanco prosegua su labor de Acumulacin Primitiva en territorios an virginales para el capitalismo, sobre razas y pueblos hasta entonces al margen de la civilizacin o dotados de culturas paralelas a la de Europa. Los puntos de contacto (salvando civilizaciones no europeas muy desarrolladas, como la china y la japonesa, por ejemplo) supusieron la destruccin de lo autctono o al menos su subordinacin a todo el entramado econmico del capitalismo. El capitalismo en su fase imperialista export las condiciones extraeconmicas (esto es de violencia, rapia, conquista) ya dadas en Europa desde el siglo XVI, disolviendo elementos tradicionales del feudalismo y de la comunidad campesina originaria. Y los export a los restantes continentes. Las colonias pasaron a ser la tabla de salvacin del propio capitalismo, un modo de produccin que no subsiste si no es mutando en formas cada vez ms peligrosas y enemigas de lo humano. Una de las mutaciones que entra la creacin de imperios coloniales fue, sin duda, romper para siempre la supuesta unidad universal de la clase obrera. La clase obrera se jerarquiz, en realidad, y se fractur para siempre. Seamos realistas. La clase obrera blanca se convirti parcialmente en clase pensionada por las propias burguesas nacionales a las que decan combatir. Sin dejar de verse explotados, los obreros de las naciones desarrolladas de Europa y Amrica del Norte consumieron (como cuando se reparte un botn), una considerable parte de la plusvala generada en las colonias, donde pueblos enteros fueron esclavizados o ultraexplotados. Se puede afirmar, sin apartarse del marxismo ms ortodoxo, que las condiciones de supervivencia del capitalismo (un modo de produccin definido en realidad por categoras tecnoeconmicas) a partir del colonialismo e imperialismo, residen en ltima instancia en factores extraeconmicos: voluntad de poder, esclavizacin, conquista, rapia, acumulacin originaria de botines y presas. Sobre esto se podra hablar mucho: que en el marxismo hay contradicciones y razonamientos circulares, por ejemplo. O que el marxismo en realidad, bien estudiado en sus obras originales (y no en las vulgatas), nada tiene que ver con el economicismo. Algo de verdad hay en todo ello, a mi entender. En el fondo, todo el anlisis econmico de la Formacin Social es el anlisis de la dominacin. El capitalismo es algo que va ms all de un modo de produccin al lado de los otros (feudalismo, esclavismo, asitico). Es el modo de produccin generado en la Europa moderna consistente en anular tendencialmente cualquier otro modo de produccin y de dominacin que no sea el estrictamente econmico.

El capitalismo, dicho llanamente, es el imperio de la Economa sobre la Poltica. En la historia de Espaa es sabido que Carlos V y Felipe II naufragaron en su intento imperial de dominar el mundo slo con la poltica (slo con la voluntad de podero), haciendo abstraccin de las bases econmicas. Ya la Guerra de Granada debera haberles enseado a los castellanos cun importantes eran las finanzas. La Reconquista en la fase asturiana no tena nada que ver con la Reconquista en la fase castellana. La voluntad de poder, conquistar amplias tierras y poblarlas bajo una misma fe y cultura fue la fase puramente poltico-militar de los primeros monarcas medievales, los asturianos. Las finanzas ocupaban en esta misin histrica un papel exiguo. Pero en la baja edad media en la fase castellana- y en la Modernidad, con la Monarqua hispana, un Imperio mal financiado era una voluntad de poder con los pies rotos. Los Habsburgo entraron en la Modernidad con el pie cambiado. Gran parte de sus pasos hacia la Burocracia (la Monarqua Administrativa en palabras de Foucault) fueron modernos, pero su superestructura ideolgica claramente se anclaba en el espritu medieval, el de los caballeros cruzados y el de la subordinacin de la espada guerrera fustica (como dice Spengler) a la teocracia. Las ruinosas finanzas, la injusta y disparatada fiscalidad, la mutilacin del incipiente capitalismo castellano, todo esto y muchos otros factores econmicos del momento ensearon al resto de Europa que la Economa no se poda despreciar, que la Voluntad sin bases materiales es quijotismo, es alzar castillos sobre las nubes.

El declinar del Imperio de los Habsburgos espaoles fue al mismo tiempo el auge de la Europa del Capital. El saqueo, ms que la administracin y civilizacin, del resto del mundo iba a comenzar. Desde la fase puramente comercial y acumulativa del capitalismo, hasta la fase industrial y de los grandes monopolios, Europa fue convirtindose en un enorme ergstulo. Las colonias perifricas fueron pasando de ser simples parques extractivos para la produccin (materias primas) a ser tambin mercados para el consumo de los productos elaborados en el centro, lo cual fren la posibilidad de desarrollar industrias locales autosuficientes. El centro metropolitano (Europa occidental y Norteamrica) deba producir ms y ms y encontrar salida a sus productos. El capitalismo del primer mundo desaguaba a los obreros blancos excedentes envindolos a todo tipo de periferias, especialmente a Amrica a la par que intensificaba y extenda la explotacin de sus propios habitantes. Para ello fue preciso subordinar completamente el campo a la ciudad, colonizar a los campesinos europeos, domesticarlos por medio de la enseanza reglada, la uniformidad lingstica, religiosa, moral. Fue la poca del invento del Estado-nacin exportado desde la Francia jacobina y completamente fallido como intentona en Espaa desde 1868.

En la actualidad, en la fase ms tarda del capitalismo y que de manera harto confusa se quiere llamar Globalizacin (en toda fase del capitalismo hay una teleologa globalizadora, desde sus inicios medievales), el llamado Primer Mundo ha pasado de ser centro emisor de mano de obra a convertirse en receptor de mano de obra, no siempre necesaria. La recepcin de nuevos esclavos ha sido fomentada por el tipo de empresariado que podemos denominar canallesco. En el Reino de Espaa esa clase patronal ha sido decisiva desde la Restauracin borbnica de 1978. Decisiva para garantizar que en este Estado no se instaurara una verdadera democracia ni una verdadera economa productiva. La construccin y una agricultura mediterrnea intensiva fueron las prioridades establecidas por el felipismo y el aznarato. Toda la Espaa industrial se vino abajo con las llamadas reconversiones (en realidad, habra que denominarlas imposiciones de la CEE para el ingreso en dicha Comunidad). La Espaa verde, y en general todo el Noroccidente que es, desde el punto de vista geogrfico y tnico- la ms semejante con la Europa central y atlntica, hubo de sufrir una especie de apagamiento. Quizs suene fuerte el trmino etnocidio (que yo mismo he aplicado en mis escritos especficos sobre el Pas Asturiano), pero la desarticulacin del sector ganadero y de las explotaciones campesinas segn el modelo casera (que van desde Galicia hasta las Encartaciones, y que llegan hasta la meseta leonesa y zamorana, tomado como ncleo y prototipo el asturiano) son prueba de ello. Tambin lo atestigua la intensa castellanizacin de sus regiones (presente incluso en Galicia, que cuenta con su propia lengua oficial). Son fenmenos relacionados, que apuntan en una misma direccin. La direccin es la muerte programada de pases y regiones en aras de un modelo uniformista y desarrollista que tuvo su geografa particularmente siniestra y corrupta- en el Levante. Desde Catalua hasta Andaluca, la Espaa visibilizada (como ahora se dice) en Europa es la del vomitorio y prostbulo de playa, la del chiringuito hostelero, la especulacin urbanstica (incluyendo los campos de golf y otras pesadillas), el atraso cultural y la degeneracin moral. En la Pennsula Ibrica no hay tanto una dialctica norte-sur, como la que rega en tiempos franquistas (Asturies y Vizcaya industrializadas y un centro y sur atrasados y famlicos, junto a una Catalua siempre boyante). Ahora hay una geopoltica muy diversa, que nada tiene que ver con la que se analizaba en tiempos de posguerra y de postfranquismo. Ahora tenemos una verdadera dialctica entre occidente y levante. El desarrollismo levantino impuso a la generalidad de Espaa un modelo caduco y pernicioso.

El Occidente coincide en buena medida con los dominios de aquel Reino Asturleons de la Alta Edad Media. Su geografa y etnologa que ahora parecen ta diversas conserva vestigios de una unidad cultural que antao fue slida y real. Las mismas balconadas que se observan en el Principado de Asturies y en la Asturies de Santillana o en Las Encartaciones, tambin pueden ser contempladas en los pueblos extremeos, tan al sur. La lengua asturiana, tan viva en contra de todos los complots polticos en su contra (robndole hasta el nombre, y sustituyndolo por el despectivo de bable) an resuena lejos de su ncleo original y ms vivo, junto al mar cantbrico: puede orse todava en Extremadura, o en las lenguas de Zamora y Salamanca que, bajo la palabra Sayagus Miguel de Cervantes ridiculizaba. Desde la linde con Galicia hasta Vizcaya habra uso del idioma asturiano de no haberse perdido conciencia de la unidad y de haberse recuperado algn lazo poltico que retomara la unidad antropolgica que el Occidente, y ms an, el Noroeste siempre tuvo. Pero aqu la leche y los supermercados franceses hicieron de las suyas, se trataba de convertirnos en rehenes del mercado y en sujetos colonizados, carentes de autosuficiencia productiva y de soberana alimentaria.

En un planeta donde media humanidad sigue viviendo en el campo y practicando una agricultura de autosubsistencia, es propio de genocidas tratar de introducir all unas relaciones de produccin y unos sistemas de racionalizacin propios del capitalismo bajo el pretexto de aumentar la productividad de los pobres. Es un genocidio transplantar los criterios de eficiencia y rentabilidad de la agroindustria capitalista all donde los usos tradicionales se ajustan a la perfeccin a las condiciones del territorio..

En el campo, el primer mundo ya ha dejado de buscar esa autosuficiencia de amplias masas de poblacin que ahora vemos en los pases pobres. La tierra, el paisaje, las propias relaciones humanas de los campesinos europeos y norteamericanos son valores que ya han llegado a su ocaso, todo ello se ha supeditado a los criterios del Capital. El Capital en el hemisferio norte ha convertido al campesino en una especie en extincin. Con jbilo, los economistas neoliberales celebran su conversin cualitativa en empresario. Pero lo que se esconde tras esta conversin cualitativa es una drstica reduccin cuantitativa de la clase tradicional, una vez que se han creado las condiciones apropiadas para desincentivar su actividad rural e incluso su derecho fundamental de habitar en la tierra que le vio nacer. Es ingenuo pensar que el abandono demogrfico del campo y la desigual asignacin de recursos pblicos en perjuicio del mismo son variables independientes. La poltica econmica de los estados capitalistas es deliberadamente ineficaz con respecto al mundo rural, y est encaminada (de forma secreta o abierta) hacia la desincentivacin de sus tradicionales formas de vida, muy reacia a la repoblacin del mismo.

En Asturies tenemos ejemplos claros de esto. Hay una buena lista de conceyos que estn perdiendo su poblacin a marchas forzadas, sobre todo aquellos que destacan por su carcter rural y de montaa, ajenos a la ciudad o a la recepcin masiva de turistas. Esas gentes merecen un trato de favor diferenciado para suplir los agravios comparativos que se acumulan contra ellos histricamente. Pero adems su poblacin humana ha de mantenerse dentro de unos mnimos cuantitativos, que son los que garantizan la supervivencia misma del paisaje y de la identidad del territorio. Solo dentro de esos mnimos, parando la emigracin de los jvenes y apoyando sus iniciativas de autoempleo, buena parte de Asturies podr seguir siendo Asturies.

Estos territorios asturianos dejados de la mano de Dios, progresivamente abandonados, se degradarn. Pero se trata de una degradacin deliberada, consciente y en el fondo puesta al servicio del Capital. El aprovechamiento residencial, ldico, o de cualquier otro tipo que el Capital emprende con los territorios reducidos a una salvaje virginidad es uno de los grandes chollos de nuestro tiempo. Deja que una se desvalorice, para que luego de forma gratuita y hasta con aires caritativos ms propios de una ONG que de una Multinacional, te hagas el amo de ella. Y la situacin que describo de Asturies es extensible a buena parte del NO peninsular.

Desde estos territorios tan vapuleados, tan ignorados por una Espaa corrupta, ineficiente, autista, atrasada e ignorante, desde estas periferias que hasta la fecha- no han probado la va independentista, y donde el nacionalismo (incluso en los sectores menos castellanizados de Asturies y Galicia) sigue subdesarrollado, no se va a poder soportar por ms tiempo el invento. El invento emanado en la Transicin, y consagrado en 1978: levantar un falso caf para todos con 17 autonomas que, s, son reinos de taifas y cortijos que intentaron disimular a regaadientes el problema entonces candente: qu hacer con las demandas nacionales de vascos y catalanes. Disimular dos autonomas (que s parecan contar con ms tirn identitario) con otras quince, arbitrariamente creadas, no fue un buen invento. Y ahora, desde el nuevo contexto geopoltico internacional, todo el tingladillo se va a caer y nosotros estaremos debajo. Perdemos Estado del bienestar por conservar el Estado de 17 fantsticas autonomas. No hay tantas naciones en Espaa. Y en momentos de confusin hay que estudiar la Historia, seoras y Padrazos de la Constitucin. Los viejos Reinos medievales son mejor gua que las locuras de Martn Villa, Peces-Barba, Fraga y Roca, por supuesto. Pero desde luego, la historicidad de un nacionalismo de sardana y butifarra, as como las fantasas de Sabino Arana son asuntos que no tienen nada que ver con la constitucin de los pueblos ibricos. Es esta una constitucin sumamente compleja, que no merece el trato y desprecio del nacionalismo castizo del barrio madrileo de Salamanca ni tampoco la delincuencia de sangre, o de guante blanco- con que algunos independentistas quieren arreglar Espaa: sencillamente cortando. No seores, no huyan hacia delante. El Confederalismo es lo serio, esto es, rehacer un pacto leal entre pueblos. Como asturiano creo encontrarme en posicin privilegiada entre los dos nacionalismos bravucones: el secesionista y el centralista. Ambos intentan esconder el latrocinio. El invento de Espaa no funcion, y el orgullo patrio no lo van a rescatar los aznares ni la derecha meditica que apenas puede tirar del carro. Y sus amenazas de sacar los tanques por las calles de Bilbao y fusilar a Ibarretxe (Gustavo Bueno filosofaba de esta manera) o de suspender la autonoma catalana, son cada vez menos crebles. Sin las cadenas y correas, sin los Arriba Espaa! los neofranquistas son tan impotentes como las peticiones hechas, a menudo, por verdaderos ladrones y corruptos- a favor de un derecho a decidir. Toda esta guerra meditica y gesticulante entre centralistas y nacionalistas perifricos se vendra abajo por medio de una reconstitucin de nuestra historia.

Pienso que el verdadero asturianismo, as como el galleguismo, el cantabrismo, el leonesismo y tantos y tantos ismos se pueden convertir en avanzadillas de esa rebelin leal desde las periferias. No s si la designacin es adecuada. En realidad, al hilo de la Historia lo que se ha dado en llamar periferia respecto a una monstruosa ciudad como Madrid, agujero negro que engull no s si para siempre- a las dos Castillas, este Noroeste que reivindico es el verdadero centro de un gran Pas confederado. Un Pas que se origin en las montaas cantbricas, tras una alianza inicial de dos pueblos ya hermanados desde los lejanos tiempos de la resistencia contra Roma. Todos los pueblos del norte salieron de la oscura protohistoria y se convirtieron en agentes de la civilizacin celtogermnica y cristiana en medio de una invasin musulmana que a punto estuvo de poner la frontera en los Pirineos, si no ms all. El smbolo de don Pelayo y de Covadonga, ms all de las leyendas y fantasas, no puede ser el smbolo de una Espaa inexistente entonces, ni el emblema del renacer de una monarqua goda decadente. De hecho el Reino Asturiano, matriz de todo nuestro Noroeste ibrico, fue ms germnico que el propio reino de Toledo: germnico y cltico, cristiano y europeo. Astures, cntabros, godos, galaicos, vascones todos estos pueblos bajo el signo de la cruz, pese a la existencia de algunos paganos entre ellos- se enfrentaron a la mayor mquina militar y extractora de tributaciones de aquel entonces: el Islam. Nuestros mayores, sencillamente, no quisieron ser prolongacin de frica, prolongacin de Oriente. Esta es una realidad indubitable y, para cuando Castilla comenz a ser hegemnica sobre los territorios peninsulares, la especificidad celtogermnica de los territorios occidentales, al norte de Andaluca, era un hecho bien notorio.

Sin embargo, el desplazamiento del poder hacia el Reino de Castilla, al terminarse en ste el periodo de guerras civiles del siglo XV puso sobre el tapete de toda la Cristiandad el carcter mestizo y dudosamente cristiano de esta sociedad. El gran historiador Elliot, en su obra La Espaa Imperial, puso de relieve, hace ya bastantes aos, cmo el Imperio Espaol surgido a partir de una Castilla absolutista era una verdadera anomala en Europa. El viajero ultrapirenaico vea en esas tierras un pas ms bien moruno, y con gran abundancia de judos. A los castellanos que salan fuera se les vea, a menudo, como judos y moros conversos. La mutirracialidad castellana y andaluza era vivida como un hecho muy traumtico, lo que provocara esas expulsiones, esa intolerancia, esa Inquisicin, esos Autos de Fe y ese integrismo tridentino que no es concebible en una sociedad ms homognea y relajada en cuestiones de religiosidad y de etnia. El propio Elliot cita el papel de la mujer en la Espaa Imperial, relegada a la vida de intramuros, mascando trocitos de arcilla justo como hacan las moras de Espaa y las mujeres del Magreb, castellanas que iban muchas veces tapadas de arriba abajo como se tapaban las musulmanas. En el NO de la Pennsula, claramente celtogermnico, esto no era as, y su sociedad era por completo homologable a la sociedad ultrapirenaica, aunque con las peculiaridades propias que en la Edad Media ya apuntaban. La sociedad castellana vivi con una obsesin fantica el complejo de la limpieza de sangre, lo que es propio de naciones con un grave problema de identidad y de inseguridad. Tal obsesin no se hallaba entre asturianos, gallegos, vizcanos, cuya hidalgua universal era a menudo reconocida sin investigaciones. En el Norte peninsular no exista el factor xenfobo por la sencilla razn de que el nmero de judos y de moriscos era muy exiguo. Los iniciadores norteos de la Reconquista eran, confusamente, caracterizados como descendientes de los godos dando a entender con ello, en realidad, que se trataba de una sociedad no mezclada con los moros y los judos y que formaban el tronco y la raz de la nueva pennsula cristianizada. Pero en Castilla, como bien seal Snchez-Albornoz, el elemento vascn y cntabro de los orgenes, hubo de diluirse con aquellas grandes poblaciones sureas que posteriormente se conquistaron. A la altura de la Modernidad, la nobleza (vida de dinero) haba incorporado torrentes de sangre juda, y los mismos monarcas no se vean libres de ello. En los territorios de la Corona de Aragn, el elemento judo y morisco se haba integrado de muy otra manera en una sociedad mayoritariamente cristiana y es muy probable que de no ser por las presiones castellanas y por la creacin de instituciones como la Inquisicin (verdadero anticipo del centralismo castellano), la convivencia habra sido pacfica y econmicamente saludable.

Volviendo al hilo, creo que es precisamente la marginacin de los pases del Norte y del Oeste de la pennsula la que tiene que ver con esta historia truculenta de una Castilla mestiza y un levante (territorios de la antigua Corona de Aragn) multirracial y multicultural. Son territorios los del Pas Astur (el N.O.) donde el sentimiento de identidad es muy fuerte y no viene muy marcado por el tpico herderiano de una nacin, una lengua. Antes al contrario, tanto el idioma gallego como el asturiano (y ste en todas sus variantes que comprende, bajo rtulos localistas, al leons, al cntabro, a las lenguas salmantinas o extremeas), casi nunca se ha explotado como arma de separatismo, como ariete contra la unidad espaola. Y ello no se debe a una supuesta impotencia intrnseca de estas lenguas. Como asturiano estoy muy harto de escuchar el tpico gastado entre mis propios paisanos- de que el asturiano se entiende muy bien y es casi como el castellano. Que haya cercana lingstica no implica que tambin no haya diferencias de registro muy notables, y los no nativos castellanohablantes pueden experimentar mayores dificultades con ciertas variantes de la lengua asturiana que con el gallego, lengua tambin prxima al castellano. No: la reivindicacin lingstica siempre es un pilar de la reivindicacin identitaria, pero no el nico ni necesariamente un arma con fines independentistas. El modelo vasco y cataln ha fracasado estrepitosamente en el mbito ms radical del BNG gallego y de la Andecha Astur del Principado. La lengua nos recuerda que somos nacin, que lo hispano no se nos aplica de forma recta a los perifricos, sino slo de forma oblicua y que es tan fuerte o ms el sentimiento de rechazo a los toros, al flamenco, al gitanismo o la latinomana. Todos los pases del N.O. peninsular nos sentimos, casi hasta la raya con Andaluca, muy ajenos estticamente al mundo sureo, moruno, romano. La incompatibilidad de carcter es notable si nos centramos en el mbito rural. Pese a los ltimos esfuerzos del franquismo y del PSOE por colonizar las ltimas aldeas con canciones de Manolo Escobar y con espectculos taurocidas, el poso celtogermnico de ellas suele ser tan hondo, que al final toda esta oleada hispanizadora pasar como una moda efmera. Pues la Historia se cuenta en siglos, y la tierra conserva una especie de memoria. A slo diez kilmetros de Xixn o de Uviu, el nativo puede reencontrarse con su raz ms ancestral, y la propia naturaleza le recuerda de dnde procede su alma y su sangre. Esto, y no el eslogan artificial del grupsculo independentista, es lo que la ciencia no puede ahora explicar, y es el germen de un despertar nacional futuro. Lo repito: la tierra tiene memoria.

Y he aqu en qu situacin lamentable se encuentra el Reino de Espaa. Se trata de un Estado-nacin fallido, donde la dimensin Bienestar, que nos hara homologables con Europa ha colapsado, y en donde la dimensin Federal, que debera corresponderse con su historia, su pluralidad tnica y lingstica, tambin ha sucumbido. Son legin los jacobinos intransigentes que se agazapan tras las siglas del PSOE, PP, IU y UPyD, pero a ese jacobinismo madrileo hemos de sumar el pensamiento egosta y ombliguista de los catalanistas de sardana y butifarra, as como el del aranismo vasco. Carecen de toda visin geopoltica, ignoran qu papel les correspondera en Europa como estados independientes ubicados en unas coordenadas geogrficas objetivas. En general, todos los que vivimos en esta pennsula nos encontramos sometidos a una realidad aplastante: frica est demasiado cerca, y el Islam, especialmente la versin ms dura e inasimilable del Islam tambin est muy prxima. Todo esto influye en las cuestiones comerciales y econmicas. Hay una competencia objetiva entre los productos agrarios del Magreb y los sureos y levantinos de Espaa. Como las potencias oscuras del integrismo islmico huelen el miedo, y al oler el miedo se les excita la sed de sangre, todos los regmenes corruptos del norte de frica ejercen el chantaje descarado a Occidente, con el pretexto de controlar a sus propios exaltados y proteger as a Europa de sus bombas. Sus bombas detonantes y sus bombas migratorias. Tratos de favor en poltica migratoria y en exportacin de sus productos hacen que el Reino Espaol est en clara desventaja en comparacin, sobre todo, con el otro Reino del Sur, el alauita. Un Estado Espaol dbil, corrupto, oligrquico, ineficiente en todos los aspectos (productivo, educativo, moral) va camino de convertirse en un nuevo Marruecos. Si desde el aznarato se estimul de forma completamente irresponsable la emigracin masiva con el fin de disponer de esclavos baratos, ahora ser Espaa la que como dice un reciente anuncio televisivo- el lugar desde el cual se exportarn seres humanos, normalmente jvenes con alguna cualificacin. En las aulas y en los mercados de trabajo de este Estado fallido ya estamos observando un proceso de sustitucin: nuestros mejores jvenes (voluntariosos y cualificados) se tienen que ofrecer como mercanca barata a otros pases, mientras que aqu dentro se quedan los ms haraganes y parsitos de todos, junto con una masa considerable de emigrantes que no van a volver a sus pases nunca porque no van a renunciar a las sustanciosas subvenciones oficiales a fondo perdido: matriclate en este centro y cobrars, aunque lo suspendas todo y hagas el gamberro. Espaa es un Reino fallido como nacin y un estmulo considerable para el parasitismo social: expulsamos a los mejores de dentro, y acogemos y subvencionamos a los peores de fuera.

Estamos sobre el polvorn. Esta Espaa que se hunde es muy despreciada por Europa, con tanto despilfarro de fondos de cohesin que slo cohesionaron a la hedionda casta poltico-sindical y al empresariado parsito de los mismos. Esta Espaa fallida es la risin de la mayor parte de las repblicas americanas hermanas, que siempre echaron a correr cuando se les quera abrazar desde Madrid con el discurso de la Hispanidad y que ahora bien pueden ver la ocasin de la revancha. Espaa est sola y la fraccin centesimal de ciudadanos que viven de las rentas y del tinglado centralista madrileo no ofrece una alternativa querida ni creble. Un nuevo Marruecos o una Nueva Turqua, corruptos, canallescos, complacientes con una minora integrista fornea que se aprovecha de una sociedad dbil, gelatinosa, a la que la casta poltica y sindical ha ido laminando: por esa senda va Espaa. Por la senda de meras formas huecas de democracia, de una democracia no real en la que todos aparecen salpicados: desde el ordenanza que enlazaba una baja tras otra para no dar golpe, hasta el monarca que se va a matar elefantes en plena crisis. Y con un campo despoblado, con una territorialidad a la que estamos ciegos, pues tan slo se nos quiere hablar de los vascos y de los catalanes, y de lo malos que son. La redencin de los pases olvidados (hablo de Les Asturies, el mo, pero hablo de todo el N.O. de la Pennsula) tiene que llegar. Tiene que darse una nueva reconquista y repoblacin de nuestras propias patrias. Yo convoco, con mi dbil voz, a todas esas minoras de asturianistas, leonesistas, galleguistas y cantabristas, a todos los que no somos Castilla y les insto a que recuperemos una idea del socialismo que, al poco iniciar su andadura en el siglo XIX, qued relegada a un triste olvido: que el socialismo no es un molde universal y homogneo, que cada pueblo tiene su propio camino y su propio destino para llegar al Socialismo. El mito universalista se derrumba. Debemos cobrar conciencia del suelo que pisamos y del campo al que damos la espalda. Yo lo he defendido en mi libro Casera y Socialismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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