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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2012

La tierra es un don de la naturaleza
Una mirada histrica a la distribucin de la tierra en Andaluca

Pasqual Moreno Torregros
Soberana Alimentaria, Biodiversidad y Culturas


La tierra solo puede ser propiedad pblica, propiedad del Pueblo

Ha pasado siglo y medio desde que las y los campesinos andaluces comenzaron a movilizarse bajo el lema de la tierra para quien la trabaja. Miles de jornaleras y jornaleros no han cesado de luchar durante todo este tiempo con la ilusin de conseguir un pedazo de tierra con la que poder subsistir, o bien trabajando la tierra en comn con el fin de poder llevar una vida digna. Tras este siglo y medio de espera la reivindicacin centenaria vuelve a la actualidad de la que en alguna manera nunca se fue. As hemos visto como en las ltimas semanas se estn dando a una serie de ocupaciones de tierras, junto a manifestaciones y marchas en diversas ciudades andaluzas, y simblicas expropiaciones en dos grandes superficies.

En lo referente a las ocupaciones de tierras cabe resear las llevadas a cabo en la Finca Somontes en Palma del Ro y la de la Finca Las Turquillas en Sevilla. Las Turquilla es propiedad del ejrcito, y en sus 1 200 hectreas acoge a la Yeguada Militar (unos pocos caballos y unas burras) para cuya funcin solo se utilizan 20 hectreas. El resto se cultiva de cereal para conseguir la subvencin de 300 euros/hectreas de la UE

somonte021La resonancia meditica de estas acciones ha sido muy grande. Todos los medios de comunicacin espaoles y muchos del extranjero se han hecho eco de lo ocurrido. Y junto a informaciones ms o menos imparciales y documentadas, ha habido tambin una campaa de desprestigio de las mismas. As, nos parece fundamental revisar y analizar las motivaciones que han llevado a tales movilizaciones. De hecho, sus organizaciones, el SOC, y posteriormente el SAT, desde el fin de la dictadura no ha cesado de reivindicar trabajo para las y los 500.000 obreros agrcolas que existen en la regin, en una comunidad autnoma con un 33% de paro, as como denunciar que ocho millones de hectreas, la mitad de la tierra agrcola de Andaluca, est en manos de un puado de terratenientes, cuyo esfuerzo mximo es alargar la mano para obtener millones de euros anuales de las subvenciones de la PAC.

De los 1600 millones de euros que recibe Andaluca anualmente de la PAC, 1 280 millones van a los terratenientes, la Junta de Andaluca y el Gobierno central.

LA LEGITIMIDAD HISTRICA: LAS AGITACIONES CAMPESINAS ANDALUZAS

El campo en Andaluca histricamente se configur en grandes propiedades detentadas por una minora, generalmente miembros de la nobleza, quienes tenan un peso importante en el poder del Estado, lo que se ha denominado la oligarqua terrateniente. Frente a esta clase social, haba una masa de obreros y obreras agrcolas, de gentes jornaleras sin tierra, dependientes de un salario diario que tenan que conseguir a travs de su contratacin en las plazas de los pueblos de la mano de los capataces al servicio de los propietarios. Estas personas trabajaban muy pocos meses al ao (dos o tres como mximo) en los momentos de la siembra o de la cosecha fuera cereal, vid u olivos, con lo que el hambre y la miseria era la tnica dominante en el campo andaluz. Situacin agravada en la medida que aumentaba la poblacin y los recursos (los jornales) escaseaban. A mediados del siglo XIX las revueltas de jornaleros y jornaleras proliferan, imbuidos de las ideas del anarquismo, pues ya no aceptan con resignacin condiciones tan difciles y, regularmente, a travs de revueltas, descargan sus iras sobre los terratenientes y sus testaferros: capataces, alcaldes, polica rural, registradores de la propiedad, jueces, autoridades eclesisticas, etc. La mentalidad de las y los obreros agrcolas sin tierra, colectivamente, fue cambiando, lo que dio lugar, junto a reivindicaciones y lemas que se popularizaron por todo el mundo donde este fenmeno dual se produca (Mxico, Italia, Argentina, Rusia, etc.), a organizaciones de clase que, con mayor o menor acierto, dirigan la luchas, generalmente bajo la ensea del anarquismo. Pero frente al avance de la conciencia social los terratenientes y el Estado respondan con una brutal represin, con provocaciones, con detenciones, torturas y asesinatos.

Estos das nuevamente hemos visto en Andaluca emparejados a la Guarda Civil y a las y los obreros agrcolas. Viejos conocidos. Unos, de nuevo ocupando tierras y exigiendo que se les permitiese cultivarlas para sobrevivir, y los otros procediendo a su desalojo, como en tiempos pasados.

De dnde surgen las reivindicaciones del SAT y el fervor revolucionario de sus militancia? A raz de los recientes acontecimientos, hemos vuelto a consultar viejas lecturas realizadas en los aos 60 y 70: Juan Daz del Moral, Gerald Brenan, Tun de Lara, Pascual Carrin, Guy Hermet, Edward Malefakis, Joan Martinez Allier, Eric J. Hobsbawn, etc. y hemos podido reflexionar sobre si las demandas y reivindicaciones del SAT son improvisadas, el sueo de una noche de verano de un grupo de advenedizos y alborotadores iluminados, o ms bien se inscriben en un legado histrico secular, que ha quedado sin resolver, y que de nuevo surge a la superficie, con fuerza, ligado, es cierto, a unas condiciones econmicas dramticas, para la clase obrera agrcola andaluza, pero tambin para millones de ciudadanos y ciudadanas espaoles.

FRANQUISMO Y TRANSICIN

La Transicin espaola, es decir el paso de un sistema dictatorial, el del general Franco, a un sistema democrtico, est hoy quedando cada vez ms al desnudo. El compromiso entre fuerzas franquistas, sectores del gran capital industrial, financiero y terrateniente, y partidos y organizaciones de izquierda, para que no se produjera ninguna ruptura, sino ms bien una reforma del sistema que diera ciertas libertades pero que mantuviera inalterables gran parte de las estructuras del rgimen (judicatura, poderes financieros, privilegios de la Iglesia, alta jefatura del Estado, amnesia histrica, etc), es cada vez ms contestado.

Entre las muchas cosas pendientes a la muerte del dictador, estaba la cuestin de la tierra, fundamentalmente en Andaluca y Extremadura: la desposesin de miles de obreras y obreros agrcolas de estas dos regiones. Es verdad que la industrializacin del pas a partir de la dcada de los aos 60 del siglo XX haba disminuido su nmero lo que haba provocado que, o bien haban emigrado a otras regiones industrializadas de Espaa, o hacia el extranjero. As mismo, el poder de la oligarqua terrateniente haba disminuido en beneficio del capital industrial y financiero. Pero aun as, en 1975 el nmero de personas jornaleras sin tierra en Andaluca era de 700.000. Personas que la represin del franquismo durante dos dcadas haba dejado desarmadas, pues vieron que las propiedades expropiadas a los terratenientes por la Reforma Agraria de la II Repblica eran devueltas a sus antiguos dueos. Y volvieron a unas condiciones de vida y trabajo propias del perodo de preguerra: contrataciones en la plaza del pueblo por parte de los capataces de los caciques, escasos jornales al ao, emigracin golondrina a otras regiones espaolas o a Francia, cuando se pudo, a trabajos agrcolas de temporada, salarios de miseria, subsistencia a base de recogida de caracoles, recoleccin de esprragos silvestres, caza de pjaros para su venta en los bares de las ciudades, de conejos o de perdices, acopio de romero, lavanda y esparto para su venta clandestina, servicio domstico casi por nada para los seoritos, etc. Y sus organizaciones sindicales desmanteladas por una dura represin, sus lderes eliminados, sus locales incautados, su prensa prohibida, y las posibilidades de recuperarse organizativamente, por la falta de libertades pblicas, muy limitadas.

En los ltimos aos del franquismo se ide, con el visto bueno de los terratenientes, el Empleo Comunitario como forma de disminuir la presin social que comenzaba de nuevo a sentirse en el campo andaluz, y que consista en contratar a jornaleros y jornaleras para realizar pequeas obras de infraestructuras (cunetas, limpieza de montes, etc.). Entrados en la Transicin se le sustituy por los Programas de Empleo Comunitario (PER) siempre con la intencin de evitar el reparto de la tierra. Para poder acceder a estas ayudas las y los jornaleros tienen que justificar que han trabajado al ao 35 peonadas.

El PER ha suscitado mucha polmica en Andaluca y fuera de ella. Se ha visto, como una cultura del subsidio, como una especie de voto cautivo para quien ha estado en el poder en la regin (PSOE), etc. Los mismos sindicalistas del SAT-SOC lo han criticado, pero viendo en l un mal menor ante una situacin que no se resuelve radicalmente, como sera la Reforma Agraria y la industrializacin de las zonas rurales de Andaluca.

La cuestin de la tierra en Andaluca, como otras cuestiones del cuerpo fundamental de la oposicin al franquismo durante los largos aos de la dictadura, qued relegada a un segundo plano, en bsqueda de una solucin tecnocrtica que no pusiera en cuestin la propiedad de la tierra y el poder de sus propietarios.

EL INSTITUTO ANDALUZ DE REFORMA AGRARIA: EL FINAL DE UNA ILUSIN.

En el ao 1984 se crea el Instituto Andaluz de Reforma Agraria ((IARA) quien con una visin muy empresarial, propia de la clase tecncrata que se puso a su frente y de la clase poltica que lo impulso, procede a la expropiacin con indemnizacin de varios miles de hectreas de fincas mal cultivadas o de tierras baldas. Es un organismo autnomo dependiente de la Junta de Andaluca, que ambiciosamente pretenda proceder a una concentracin parcelaria, a la distribucin de la tierra de los latifundios expropiados entregndolas a colonos en arrendamiento, a extender el regado, a realizar asistencias tcnicas y a impulsar la comercializacin de los productos cultivados. El IARA desde sus inicios se convierte en un organismo burocrtico repleto de tcnicos, idelogos, asesores, consejos de administracin, oficinas, administrativos, secretarias, vehculos de servicio, etc., que producen tal cantidad de estudios e informes por hectrea que justifican, al menos, a nivel de la Junta de Andaluca, su propia existencia. La Reforma Agraria del Instituto se disea en los despachos, con aire acondicionado en verano y buena calefaccin en invierno, sin organismos bilaterales de concertacin con las y los interesados: los sindicatos agrarios y las y los obreros agrcolas.

El IARA pasa sin pena ni gloria, por un espacio de tiempo que finaliza el 31 de diciembre de 2010, cuando la Junta decide disolverlo e integrarlo en una Direccin General de la propia Junta, y sus funcionarios y tcnicos (muchos de ellos contratados digitalmente, que haban trabajado en una Arcadia feliz, intil e ineficaz) reubicados.

CONCLUSIN

Nunca hubo la intencin, tras la larga etapa franquista, de llevar a cabo una autntica Reforma Agraria. Se confiaba, que con la disminucin de la poblacin activa en el campo, el problema de la reivindicacin de la tierra en Andaluca se difuminara y dejara de ser una cuestin conflictiva. Y que otros sectores (servicios, industria) o la emigracin, pudieran absorber a estas personas jornaleras sin tierras, y sus reivindicaciones al fin quedaran diluidas en una Espaa que iba camino de ser la dcima potencia econmica del mundo y donde viejos tpicos como el de la Reforma Agraria fueran definitivamente abandonados.

Hoy la Junta de Andaluca tiene ms de 20 000 hectreas de tierra sin dueo, buscando desesperadamente quien las adquiera, para conseguir, segn sus previsiones, alrededor de 75 millones de euros y poder tapar los agujeros de sus manirrotos polticos y los escndalos de corrupcin que han dejado sus arcas maltrechas, pero nunca se ha planteado que todas esas tierras puedan ser cultivadas por los miles de obraras y obreros agrcolas existentes, que piden ni ms ni menos, que un pedazo de tierra para sobrevivir. Ni tampoco que esos ocho millones de hectreas en poder de los latifundios puedan ser distribuidas para ser trabajadas por las 500 000 personas sin tierra.

Andaluca con un 33% de paro, con miles de obreros y obreras agrcolas sin subsidio de desempleo, o con la miseria de 400 euros por trabajador en el mejor de los casos, ha encontrado en las reivindicaciones del Sindicato Andaluz de Trabajadores, cuyas races histricas se remontan a decenas de aos, y cuyas movilizaciones se inscriben en las pginas ms gloriosas del movimiento obrero internacional, una bandera de lucha, que hay que reconocerlo, no es propia ya solo de esta regin, sino que adems, puede servir de ejemplo a otras zonas del Estado, ser un revulsivo ante la pasividad y el desconcierto de las fuerzas de izquierda que siguen buscando hacia donde ir y cmo actuar.

La Reforma Agraria que nunca se hizo, ni se quiso hacer, y que la Transicin escatim, es una cuestin pendiente que cualquier movimiento progresista con visin de futuro debe reconocer y poner destacadamente en sus programas. Ya lo dijo hace varas dcadas Diamantino Garcia, lder fundacional del SOC, nuestra filosofa en cuanto a la reforma Agraria podra resumirse diciendo que la tierra como el aire y el agua, es un don de la Naturaleza y que por tanto no puede ser tenida por nadie para su provecho o enriquecimiento privado, sino que es un bien pblico, una propiedad del Pueblo, algo que ha de ser para uso y disfrute de la comunidad que la habita y la trabaja. Por tanto se debe abolir la propiedad de la tierra y su uso privado. La tierra no es de nadie. Si nadie ha hecho la tierra, nadie puede poseerla y su uso slo corresponde a la clase jornalera cuando la trabaje directamente. La tierra solo puede ser propiedad pblica, propiedad del Pueblo.

PARA SABER MS

1.- La Espaa del siglo XX. Manuel Tun de Lara. Librera Espaola. Paris. 1973.

2.- Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Juan Daz del Moral. Alianza Universal. 1973.

3.- Reforma Agraria y revolucin campesina en la Espaa del siglo XX. Edward Malefakis. Ariel. 1976.

4.- Los latifundios en Espaa. Pascual Carrin, Ariel. 1975.

5.- Problemas del Sur de Espaa. Guy Hermet. Editorial ZIX. 1966.

6.- Diario de Vendimias. Pascual Moreno Torregrosa. Editorial VOSA. 1993

7.- La estabilidad del latifundio. Joan Martnez Allier. Ediciones Ruedo Ibrico. 1968. Pars.

8.- La guerra civil espaola. Paul Preston. Ediciones DEBOLSILLO. 2005

LA REFORMA AGRARIA

S, ciertamente la reforma agraria levanta pasiones en Andaluca, y cada vez que se habla de ella salen a relucir las dos Espaas, igual que cuando se habla de los seres humanos fusilados en la Guerra y Posguerra, que todava estn sin enterrar dignamente. En cualquier caso nos parece que es importante presentar el punto de vista existente entre las personas sin tierra y las grandes poseedoras de tierras: la realidad de un pequeo campesinado en Andaluca.

Es mi caso, que con 48 aos tuve la oportunidad de comprar 4,74 hectreas que mis sudores y esfuerzos me cuestan cada da. O el de otras compaeras y compaeros que compraron la tierra de la que ahora disponen durante su emigracin. El primer dinero que ahorraban lo dedicaron en el arreglo de sus viviendas del pueblo, el segundo comprar las tierras que el dinero les alcanzaba. Para ellas y ellos tener tierra signific alguna seguridad de trabajo cuando volvieron del extranjero.

De esta manera y tambin con las minis [por insuficientes] Reformas Agrarias que se han venido haciendo en algunos lugares de Andaluca, junto a un pequeo campesinado histrico que siempre ha resistido, se ha configurado una realidad de pequeas y medianas fincas agrarias en Andaluca. Es una parte de nuestra historia que debemos tener presente. La de la posguerra, cuando en los molinos se cambiaba un kilo de trigo por uno de pan, lo que significaba que comer o pasar hambre dependa de tener un trozo de tierra o no tenerlo. Igual en los aos fuertes de la emigracin andaluza hacia Europa, donde los y las campesinos que contaban con 15 20 hectreas de secano 5 6 de regado, ya fueran de propiedad o en arrendamiento, se libraron del desarraigo que supona salir de sus pueblos.

Por nuestra relacin con la tierra, como pequeos propietarios, somos bandera a la hora de reclamar una justa y global reforma agraria. Es intolerable que en una regin como la nuestra con las mayores tasas de paro de toda Europa, la concentracin de la tierra sea mayor que la de principios del siglo pasado. En los pueblos de Andaluca la gente sin trabajo son en muchos casos hijas e hijos de jornaleros que sin tierra como sus padres y madres- sustituyeron tan duro trabajo por algn puesto de trabajo en el sector inmobiliario o turstico. Para ellas y ellos debemos pensar la reforma agraria. Su futuro pasa por dedicarse a producir alimentos para la poblacin pero con el precio actual de la tierra les es imposible contar con ella.

Se debe poner en marcha una verdadera reforma agraria que utilice diversos instrumentos para facilitar la redistribucin de tierras (bancos de tierra con las tierras pblicas, acuerdos con propietarios para la cesin o usufructo de la tierra, y expropiaciones cuando el bien comn lo justifica); se debe favorecer la preparacin de estas personas, que no tienen la sabidura de sus antepasados; y por ltimo la reforma agraria debe de llevar aparejada el concepto de soberana alimentaria y el de agroecologa para no hacer dependientes de los mercados y de los insumos a las nuevas personas productoras, para que podamos dejar recursos agrarios y medioambientales a las generaciones venideras.

POR JUAN GARCA, AGRICULTOR. MIEMBRO DE COAG MLAGA.


[1] Pasqual Moreno Torregrosa es Dr Ingeniero agrnomo y Dr en Ciencias Econmicas. Coordinador de la Ctedra Tierra Ciudadana FPH de la Universidad Politcnica de Valencia.

Fuente: http://revistasoberaniaalimentaria.wordpress.com/2012/12/15/la-tierra-es-un-don-de-la-naturaleza-una-mirada-historica-a-la-distribucion-de-la-tierra-en-andaluci/



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