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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2012

Paz en una nacin armada

Michael Moore
La Jornada


Amigos:

Luego de presenciar la deschavetada y mentirosa conferencia de prensa de la Asociacin Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en ingls), el viernes pasado, me qued claro que la profeca maya se ha cumplido. Excepto que el nico mundo que ha terminado es el de la NRA. El poder fanfarrn que le ha permitido dictar la poltica sobre armas de este pas se ha acabado. A la nacin le repugna la masacre en Connecticut, y los signos estn en todas partes: un entrenador de basquetbol en una conferencia de prensa despus de un partido; el republicano Joe Scarborough; el dueo de una casa de empeos en Florida; un programa de recompra de armas en Nueva Jersey; y el juez conservador y dueo de armas que conden a Jared Loughner.

Aqu est, pues, mi brindis decembrino para ustedes:

Estas masacres con armas de fuego no terminarn pronto.

Siento decir esto, pero muy en el fondo todos sabemos que es cierto. No significa que no debamos seguir presionando: despus de todo, el impulso est de nuestra parte. S que a todos nosotros, yo incluido, nos gustara que el presidente y el Congreso promulgaran leyes ms estrictas sobre armas. Necesitamos que se prohban las armas automticas y semiautomticas y los magacines que contienen ms de siete balas. Necesitamos mejores revisiones de antecedentes y ms servicios de salud mental. Necesitamos regular las municiones tambin.

Pero, amigos, me gustara proponer que si bien todo lo anterior reducir las muertes por armas de fuego (pregntenle al alcalde Bloomberg: es prcticamente imposible comprar una arma en Nueva York y el resultado es que el nmero de homicidios por ao se ha reducido de 2 mil 200 a menos de 400), en realidad no pondr fin a estos asesinatos en masa ni atacar el problema esencial que tenemos. Connecticut tena una de las leyes ms severas sobre armas en el pas, y no sirvi de nada para prevenir la matanza de 20 nios el 14 de diciembre.

De hecho, seamos claros sobre Newtown: el asesino no tena antecedentes penales, as que jams habra aparecido en una revisin en archivos policiales. Todas las armas que emple fueron adquiridas legalmente; ninguna encajaba en la definicin legal de arma de asalto. El asesino pareca tener problemas mentales y su madre lo hizo buscar ayuda, pero fue intil. En cuanto a medidas de seguridad, la escuela Sandy Hook fue cerrada con candados antes de que el homicida se presentara esa maana. Se haban realizado simulacros precisamente contra ese tipo de eventos. De mucho que sirvi.

Y he aqu el hecho sucio que ninguno de nosotros los liberales quiere discutir: el asesino slo se detuvo cuando vio que los policas llegaban en tropel a la escuela, es decir, hombres armados. Cuando vio llegar las armas, detuvo el bao de sangre y se mat. Las armas de los policas impidieron que ocurrieran otras 20, 40 o 100 muertes. A veces las armas funcionan. (Sin embargo, hubo un alguacil armado en la escuela preparatoria de Columbine el da de la matanza y no pudo o no quiso detenerla.)

Lamento ofrecer esta verificacin de realidades en nuestra muy necesaria marcha hacia un montn de cambios bienintencionados y necesarios pero a la larga, cosmticos en su mayora en nuestras leyes sobre armas. Los hechos tristes son estos: otros pases donde abundan las armas (como Canad, donde hay 7 millones de armas en sus 12 millones de hogares, la mayora de caza) tienen una tasa de homicidios ms baja. Los chicos de Japn ven las mismas pelculas violentas, y los de Australia practican los mismos juegos violentos de video (El Gran Robo de Autos fue creado por una firma britnica; el Reino Unido tuvo 58 asesinatos por arma de fuego en una nacin de 63 millones de habitantes). Esta es la pregunta que deberamos explorar en lo que prohibimos y restringimos las armas: quines somos?

Tratar de contestar esta pregunta.

Somos un pas cuyos lderes oficialmente aprueban y cometen actos de violencia como medio para lograr un fin a menudo inmoral. Invadimos pases que no nos atacaron. Ahora usamos drones en media docena de pases, y con frecuencia matan civiles.

Puede que esto no sea sorpresa para nosotros, siendo una nacin fundada en el genocidio y construida sobre las espaldas de esclavos. Nos causamos 600 mil muertes en una guerra civil. Conquistamos el Salvaje Oeste con una revlver de seis tiros y violamos, golpeamos y matamos a nuestras mujeres sin piedad y a un ritmo asombroso: cada tres horas se comete el asesinato de una mujer en Estados Unidos (la mitad de las veces por su pareja actual o su ex); cada tres minutos hay una violacin, y cada 15 minutos alguna mujer recibe una golpiza.

Pertenecemos a un grupo ilustre de naciones que an aplican la pena de muerte (Corea del Norte, Arabia Saudita, China, Irn). No nos causa mayor conflicto que decenas de miles de nuestros ciudadanos perezcan cada ao porque carecen de seguridad social y por tanto no ven a un mdico hasta que es demasiado tarde.

Por qu hacemos esto? Una teora es que es simplemente porque podemos. Existe un nivel de arrogancia en el espritu estadunidense, amistoso por lo dems, que nos persuade de creer que poseemos algo excepcional que nos separa de todos esos otros pases (s tenemos muchas cosas buenas; lo mismo puede decirse de Blgica, Nueva Zelanda, Francia, Alemania, etctera). Creemos ser nmero uno en todo, cuando la verdad es que nuestros estudiantes estn en el lugar 17 en ciencias y el 25 en matemticas, y ocupamos el lugar 35 en expectativa de vida. Creemos tener la democracia ms grandiosa, pero nuestra participacin en urnas es la menor de cualquier democracia occidental.

Somos lo ms grande y lo mejor en todo, y exigimos y tomamos lo que queremos. Y a veces tenemos que ser unos violentos hijos de puta para obtenerlo. Pero si uno de nosotros no capta el mensaje y muestra la naturaleza sictica y los brutales resultados de la violencia en Newtown, en Aurora o en el Tec de Virginia, entonces todos nos ponemos tristes, nuestros corazones estn con los familiares y los presidentes prometen adoptar medidas significativas. Bueno, tal vez en esta ocasin este presidente lo diga en serio. Ser mejor que as sea. Una enfurecida multitud de millones no va a dejar caer el tema.

Mientras discutimos y demandamos lo que se debe hacer, me permito pedir que nos detengamos a echar una ojeada a los que creo que son los tres factores extenuantes que podran responder a la pregunta de por qu los estadunidenses tenemos ms violencia que casi nadie ms:

1. Pobreza. Si hay algo que nos separa del resto del mundo desarrollado, es esto: 50 millones de nuestros compatriotas viven en pobreza. Uno de cada cinco estadunidenses tiene hambre en algn momento del ao. La mayora de quienes no son pobres viven al da. No hay duda de que esto crea ms crimen. Los empleos en la clase media previenen el crimen y la violencia. (Si no lo creen, hganse esta pregunta: si su vecino tiene empleo y gana 50 mil dlares al ao, qu probabilidades hay de que se meta en su casa, les meta un tiro en la cabeza y se lleve el televisor? Ninguna.)

2. Miedo/racismo. Somos un pas terriblemente miedoso, si se considera que, a diferencia de la mayora de las otras naciones, jams hemos sido invadidos. (No, 1812 no fue una invasin: nosotros la empezamos.) Para qu diablos necesitamos 300 millones de armas en nuestros hogares? Entiendo que los rusos estn un poco amoscados (ms de 20 millones de ellos murieron en la Segunda Guerra Mundial). Pero, cul es nuestro pretexto? Nos preocupa que los indios del casino nos hagan la guerra? Que los canadienses parezcan estar amasando demasiadas tiendas de donas Tim Horton a ambos lados de la frontera?

No. Es porque muchas personas blancas tienen miedo de las personas negras. La gran mayora de las armas en Estados Unidos se venden a personas blancas que viven en suburbios o en el campo. Cuando fantaseamos con ser asaltados o con que nuestra casa sea invadida, qu imagen nos formamos del perpetrador en nuestra mente? Es el chico pecoso que vive en nuestra calle, o alguien que es, si no negro, al menos pobre?

Creo que valdra la pena: a) esforzarnos por erradicar la pobreza y recrear la clase media que tenamos, y b) dejar de promover la imagen del hombre negro como el coco que va a hacernos dao. Clmense, personas blancas, y deshganse de sus armas.

3. La sociedad del yo. Creo que la norma del cada quien para su santo de este pas es lo que nos ha puesto en el hoyo en que nos encontramos, y ha sido nuestra perdicin. Rscate con tus uas! No eres mi problema! Esto es mo!

Sin duda, ya no cuidamos de nuestros hermanos y hermanas. Est usted enfermo y no puede costear la operacin? No es mi problema. El banco le embarg su casa? No es mi problema. No tiene dinero para ir a la universidad? No es mi problema.

Y sin embargo, tarde o temprano se convierte en nuestro problema, o no? Si quitamos demasiadas redes de seguridad, todos comenzamos a sentir el impacto. Quieren vivir en una sociedad as, en la cual s tendrn una razn legtima para sentir miedo? Yo no.

No digo que en otros lados sea perfecto, pero en mis viajes he notado que otros pases civilizados ven un beneficio nacional en cuidar unos de otros. Cuidado mdico gratuito, universidades gratuitas o de bajo costo, atencin a la salud mental. Y me pregunto, por qu no podemos hacer esto? Creo que es porque en muchos otros pases las personas no se ven como separadas o solas, sino juntas en la senda de la vida, en la que cada una existe como parte integrante de un todo. Y uno ayuda a otros cuando tienen necesidad, no los castiga porque han tenido una desgracia o una mala racha. Tengo que creer que una de las razones por las que los asesinatos con armas de fuego son tan raros en otros pases es porque hay menos mentalidad de lobo solitario entre sus ciudadanos. La mayora son educados con un sentido de conexin, si no de abierta solidaridad. Y eso hace ms difcil matarse unos a otros.

Bueno, pues he ah algo en qu pensar mientras disfrutamos de las festividades. No se olviden de darle mis saludos a su cuado conservador. Hasta l les dir que si no pueden acertarle a un ciervo en tres disparos y afirman necesitar un cargador de 30 tiros es que no son cazadores, y no tienen nada que hacer con una arma en la mano.

Disfruten las fiestas!

Su amigo,

Michael Moore

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/12/28/opinion/008a1pol

Traduccin: Jorge Anaya



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