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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2012

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Oriol Alonso Cano
Rebelin


Acaba de salir a la luz pblica la noticia en la que se destaca la apertura, en un colegio privado de la ciudad de Granada, de un proceso de seleccin para poder incorporar en su plantilla docente, a un nuevo miembro. Ahora bien, cual es la sorpresa para cualesquier aspirante a entrar en la liza del proceso, cuando observa que uno de los requisitos bsicos es la de pagar una cuota de 190 euros por participar en dicho proceso. Expresado en otros trminos, todos aquellos que deseen entrar en la fase de seleccin de este colegio privado, debern abonar esa cantidad econmica como conditio sine qua non. No obstante, cual estafa se tratase, el aspirante que no sea escogido, habr perdido irremediablemente esa porcin de su capital puesto que no hay reembolso si no se es seleccionado para el lugar de trabajo.

Por s misma esta medida me parece altiva y repugnante, si me permiten esta ltima expresin. Un derecho amparado por la Constitucin, como es el trabajo, no slo se ha convertido en una funesta odisea para millones de espaoles, sino que ahora se erige en un motivo de negocio ms. Como si no fuese suficiente la explotacin a la que se ve abocado el trabajador, por parte de los presuntos emprendedores que empapan todo nuestro espacio e imaginario colectivo, ahora, con esta medida de este colegio privado granadino, se busca generar ms plusvalor, an si cabe, y, por ende, mayor riqueza. La ecuacin es evidente: el prototrabajador, o aspirante, paga una cuota, que no se retorna, a cambio de nada: slo de participar en una entrevista. No hay ni costes de produccin, por medio, ni absolutamente nada que se erija una prdida econmica para el empresario: slo ganancia por un lacnico intercambio de puntos de vista.

Esta es una de las encrucijadas en las que se encuentra la maltrecha sociedad civil espaola. Debe pagar de su bolsillo, no ya el hecho de desarrollar su actividad laboral, sino de participar en un proceso en el que, tal vez, no ser el elegido y, en consecuencia, perder irreversiblemente esa cantidad. Ya no se trata de la ilusin, golpeada y trillada por los oscuros devenires de nuestro pas, sino de algo mucho ms perverso: el individuo es capaz de pagar dinero de su propio bolsillo no ya para que se le explote, sino para que se le pueda explotar. Se paga la posibilidad, el deseo de ser explotado.

No vamos a penetrar en esta vetusta temtica de la explotacin, ya que nos alejara ingentemente del objetivo de este lacnico artculo. Lo que se pretende es exhumar las argucias con las que algunos empresarios pretenden acrecentar su plusvala, a costa de la ilusin y el talento de sus (no)trabajadores. La finalidad es ver como el grado de perversin de nuestros queridos emprendedores alcanza una cota tan alta, que slo son capaces de mirar por sus intereses, olvidndose por completo de la dignidad ajena. Por suerte, esta nueva modalidad de explotacin todava se halla en ciernes, es muy minoritaria, y, por ende, no se ha inoculado en la masa del tejido empresarial espaol. Sin embargo, se corre el riesgo de contagio. Bueno sera que sindicatos, gobiernos, partidos o cualesquier instancia intentase poner marras a estas embestidas que proceden de ciertos empresarios avaros. Como no sea de esta forma, y las medidas no provengan de instancias pblicas o electas, las marras las urdir y colocar la ciudadana, con lo que ello puede acarrear, puesto que sta empieza a ver como se consume la (poca) paciencia que le resta.

 

Oriol Alonso Cano es Docente de Filosofa y Epistemologa de la UOC e Investigador en la Facultad de Filosofa de la UB.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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