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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2012

Democracia econmica, ncleo de una estrategia antineoliberal

Armando Fernndez Steinko
Rebelin


La reivindicacin de una democratizacin de la economa y de la empresa aparece de forma regular en los momentos de crisis del capitalismo y de su sistema poltico. Los movimientos obreros y socialistas de uno y de otro signo las pusieron desde el principio en su lista de reivindicaciones y como parte de una apuesta poltica ms amplia destinada a crear una sociedad solidaria(1). Esta estrategia es plenamente actual: no hay posibilidad de crear una democracia poltica sostenible ms o menos perfecta, si no va acompaada de alguna forma de democracia econmica y empresarial. Esta conclusin se hizo patente tras la segunda guerra mundial y explica los grandes pactos sociales de la posguerra. Aunque para abordar la aportacin que puede hacer esta reivindicacin en el actual contexto de crisis financiera hay que ponerse de acuerdo en su diagnstico.

El neoliberalismo como proyecto antidemocrtico

La actual crisis resulta del intento de responder con polticas de oferta al estancamiento de la acumulacin de los aos sesenta y setenta del pasado siglo. Desde principios de los aos 1980 los pases capitalistas desarrollados vienen aplicando congelaciones de los salarios reales y reducciones impositivas a los propietarios de los medios de produccin con el fin de darle un renovado impulso a la acumulacin. Como consecuencia de ello, se han ido acumulando grandes cantidades de riqueza ociosa en las manos de los sectores privilegiados de la sociedad. La desregulacin de los mercados financieros, con su inevitable ola de especulacin financiera, pretenda compensar el estancamiento del consumo provocado por las reducciones salariales. Para ello se opt por crear las condiciones para que sectores importantes de la poblacin pudieran completar unos ingresos cada vez ms escasos procedentes del trabajo con rentas financieras e inmobiliarias y naturalmente tambin para que los sectores privilegiados de la sociedad pudieran revalorizar sus activos. El objetivo de impulsar un nuevo ciclo sostenible de acumulacin no acab de alcanzarse y slo en la segunda mitad de los aos 1990 se produjo una recuperacin temporal reseable del crecimiento y del empleo en los EEUU ("renacimiento econmico norteamericano"), recuperacin que sirvi para forzar an ms la desregulacin financiera. El coste a medio plazo de esta poltica fue la incubacin de una crisis fiscal estructural. El desvo de dinero pblico para salvar a los bancos quebrados a partir de 2008 precisamente debido a las actividades especulativas impulsadas por dichas polticas econmicas, ha terminado por provocar la quiebra del Estado del bienestar y la anulacin de facto de los grandes consensos de la postguerra.

Es importante recordar que el ciclo que comienza hacia 1980 (neoliberalismo) es una respuesta no democrtica a la mencionada crisis de sobreacumulacin. Esta respuesta se impuso frente a las propuestas de arriesgar ms democracia con la que, en los aos setenta la izquierda propona salir de la crisis. Ms democracia habra significado, tanto en aquel momento como tambin en este, una intervencin de la sociedad civil, a travs de los poderes pblicos y de la propia ciudadana, en la gestin empresarial y la definicin del rumbo econmico de las sociedades. En algunos pases se ensayaron algunos pasos en esa direccin. En Alemania Federal la Ley de Codeterminacin de 1976 qued en parte desnaturalizada por la impugnacin de la derecha pero fue un paso importante en esta direccin. En Suecia la Ley sobre Democracia Industrial de 1976 y la propuesta de Fondos de los Asalariados, fueron ms all aunque tampoco en este caso consiguieron imponerse tal y como haban sido formuladas en sus inicios. El Informe Bullock (1977), que era una propuesta bien razonada para ciudadanizar la gestin de las empresas britnicas con ms 2.000 empleados, se estrell contra la victoria electoral de Margaret Thatcher y la oposicin arcaizante de un sector de los sindicatos(2).

Espaa llega a la crisis de sobreacumulacin de los aos setenta con un sistema empresarial particularmente autocrtico y una poblacin activa poco cualificada. La precariedad de las polticas educativas del Rgimen y las consecuencias a largo plazo de la destruccin del trabajo cualificado durante y despus de la guerra civil, les rest a las empresas espaolas mucha capacidad para adaptarse en poco tiempo a los retos competitivos de finales de los aos 1970. El resultado fue el aumento de la tasa de desempleo y su cronificacin hasta alcanzar los ndices ms altos de todos los pases de la OCDE. A pesar de ello, los gobiernos democrticos fueron reticentes a intervenir en el espacio de las empresas cancelando incluso cualquier forma de poltica industrial activa. Y esto, a pesar de tres factores que lo habran hecho no slo necesario sino tambin posible: a.) que la Constitucin de 1978 reza que Los poderes pblicos promovern eficazmente las diversas formas de participacin en la empresa y fomentarn, mediante una legislacin adecuada, las sociedades cooperativas. Tambin establecern los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de produccin (art. 129.2); b.) que numerosos estudios demostraban y demuestran que la eficiencia, sobre todo si se entiende en un sentido amplio y sostenible es, por lo general, mayor en las empresas democrticas que en las autocrticas(3): la democratizacin del espacio empresarial habra colocado el sistema productivo del pas en mejores condiciones y le habra dado ms capacidad para financiar un Estado del Bienestar polticamente impostergable sin tener que recurrir al endeudamiento; c.) que existe una rica experiencia de cooperativismo cuya generalizacin en todo el Estado habra permitido reforzar el tejido productivo y la propia andadura democrtica del pas, as como avanzar en la conformacin de una identidad democrtica compartida entre todas sus nacionalidades. En consecuencia: el desempleo, que desde 1982 no ha bajado nunca del 8%, slo se ha conseguido reducir temporalmente y a costa de una destruccin inmensa de recursos no renovables (capitalismo popular inmobiliario), de recursos subjetivos (precarizacin laboral), de la autonoma financiera del pas (endeudamiento) y de la degradacin de sus cuentas pblicas (proliferacin del trabajo sumergido destinado a compensar la falta de trabajo no sumergido). En este sentido, el colapso financiero tambin es una consecuencia indirecta del rodeo que hicieron aquellos primeros gobiernos democrticos alrededor de las empresas, de haberlas mantenido intactas.

No es casualidad que la principal oposicin en todo el mundo a una salida democrtica a la crisis de sobreacumulacin procediera de los patronos. Con razn intuan que habran generado una erosin de un principio capitalista sacrosanto: el monopolio de la propiedad en la gestin de las empresas, la exclusin de ciudadanos y productores de las grandes decisiones econmicas y empresariales y, en consecuencia, la redefinicin de las grandes polticas econmicas y sociales. Y as lo hicieron valer en sus impugnaciones legales de las leyes europeas de democratizacin empresarial que se fueron sucediendo en esos aos. En realidad, el proyecto de salida neoliberal a la crisis de sobreacumulacin se basaba en la reduccin de la participacin democrtica a su mnima expresin (minimalismo democrtico) o en la liquidacin de la democracia parlamentaria cuando fuera necesario. Los diversos experimentos neoliberales tienen en comn justamente esto: la erosin democrtica en sus diferentes formas. El golpe de Estado contra el gobierno de Allende, que haba puesto en marcha importantes medidas de democracia industrial, acab incluso con la democracia poltica(4). En los pases de Europa occidental esta erosin qued mitigada hasta el inicio de la gran recesin de 2008 por la inercia de los grandes pactos polticos de la postguerra. Pero tambin estos fueron cediendo poco a poco con cada medida de poltica monetarista y neoliberal. Hoy, ya hay varios pases en Europa que no son gobernados por poderes elegidos democrticamente, que vienen un estado de excepcin latente.

Maastricht como motor restaurador

En este caminar hacia un neoliberalismo cada vez ms puro y consecuente fue decisivo el Tratado de Maastricht. El proyecto de integracin monetaria sin integracin fiscal y poltica, que sancionara los intereses de aquellos pases mejor preparados para exportar por ejemplo debido al desarrollo de polticas industriales activas y sostenidas por parte de sus gobiernos a costa de los menos preparados resulta decisivo en esta andadura. Fue creando una Europa cada vez ms desigual que slo se podra conseguir con una economa y unas finanzas cada vez ms inmunes a la voluntad del conjunto de los ciudadanos europeos. El alejamiento de las decisiones sobre poltica econmica, infraestructuras o alimentarias que le conciernen a la ciudadana, as como la ausencia de una articulacin democrtica de las polticas comunitarias (autonoma del Banco Central Europeo, falta de poder del Parlamento Europeo, etc.) son sus principales razones. Pero tambin la concentracin de muchas de estas decisiones en un lugar Bruselas en el que el (gran) poder econmico tiene ms capacidad de influir que los propios ciudadanos, estos ltimos mucho peor organizados, ms dispersos y provistos de muchos menos recursos econmicos. Explica la implantacin de las polticas econmicas insolidarias que ahora sufren las poblaciones de todos los pases europeos debido a los drsticos recortes sociales y salariales, y cuyo objetivo es precisamente que las empresas nacionales puedan competir mejor con las de otros pases europeos. Estas polticas, por medio de las cuales los ms fuertes se imponen a los ms dbiles, explican la acumulacin de desequilibrios comerciales entre el norte y el sur hasta alcanzar niveles insostenibles. La consecuencia de estos desequilibrios comerciales es el sobreendeudamiento del sur con los bancos de Centroeuropa y la imposibilidad de varios gobiernos de devolver el dinero prestado y de seguir financindose en los mercados financieros. Sin la erosin paralela de los sistemas polticos nacionales (aumento de la abstencin, autonoma creciente de los elegidos de los electores, cauces de delegacin cada vez ms largos, liquidacin de los espacios de opinin pblica no dependientes de intereses econmico-mediticos, etc.) no se habra podido llegar a esta situacin: las alarmas habran sonado mucho antes, las alternativas habran podido ser discutidas en el espacio de la opinin pblica, y los intereses a largo plazo de las poblaciones europeas habran quedado mejor garantizados.

Democracia econmica como estrategia para un cambio global

Todo esto demuestra que la estrategia democrtica es y ha sido siempre una pieza esencial de cualquier diseo de sociedad democrtica. El elemento democrtico no puede ser un condimento externo para darle legitimidad a un sistema poltico y econmico en el que se toman las grandes decisiones a espaldas de la ciudadana. O para utilizar la implicacin de los trabajadores con el fin de forzar an ms la competencia entre empresas, territorios y pases sacrificando las relaciones cooperativas. Hay formas de entender la democracia econmica y empresarial que van en este ltimo sentido. Por ejemplo el co-management y la estrategia sindical del corporativismo para la competitividad fijada en el Tratado de Lisboa a propuesta de los sectores ms conservadores del movimiento obrero europeo. Esta estrategia frena la articulacin de una oposicin internacional a la destruccin del llamado modelo social europeo y, tras el cambio de ciclo de 2008, bloquea los intentos de respuesta coordinada de todo el movimiento obrero europeo contra las polticas de liquidacin de dicho modelo(5).

La nueva estrategia de democracia econmica -y empresarial- no puede agotarse, por tanto, en la democratizacin del espacio micro (por ejemplo los puestos de trabajo, o reparto de resultados econmicos de la empresa) cuando esta se convierte en una pieza ms de un gran y abarcador mosaico neoliberal. En este caso acaba siendo funcional al mismo, pierde su potencial democrtico y emancipador an cuando pase efectivamente por el aumento de la participacin de los trabajadores en la gestin de algunos aspectos de la actividad empresarial. Por el contrario, tiene que convertirse en parte de un programa ms general destinado a crear un orden econmico y empresarial solidario y cooperativo dentro y entre los territorios, as como social y ambientalmente sostenible. Se trata, en definitiva, de un programa para la participacin ciudadana en la regulacin de la economa, y de una forma de participacin en la actividad productiva entendida como una pieza (micro) de un proyecto ms amplio (macro) de transformacin social.

De abajo a arriba y de arriba a abajo

Se asentara en dos pilares: la creacin de circuitos econmicos locales (desglobalizacin parcial: Walden Bello) y el redimensionamiento y la regulacin del sistema financiero ponindolo al servicio de las necesidades de la economa productiva. Las dos se complementan. Los espacios econmicos locales facilitan el acercamiento del sistema empresarial a la satisfaccin de las necesidades de los ciudadanos, lo cual estimula el empleo de procedimientos democrticos dentro de las empresas con el fin de trasladar de forma eficiente estas necesidades a diseos, planos y calendarios de produccin, a la gestin de personal, de los tiempos etc. Sin embargo, dadas las extraordinarias dimensiones de los mercados financieros, su regulacin slo puede alcanzarse hoy con ayuda de un gran paraguas institucional consensuado internacionalmente. La experiencia de las cajas de ahorro espaolas demuestra que no es posible hacer una cosa sin la otra. Dichas Cajas son los nicos espacios empresariales en Espaa en los que la ciudadana tiene representacin en los consejos de administracin. Han funcionado durante ms de 150 aos de forma ejemplar para desarrollar proyectos locales al servicio de las necesidades de los ciudadanos, necesidades que no fueron cubiertas durante dcadas por un Estado insensible a las demandas de los territorios y las clases ms necesitados. Su exposicin a la gran economa financiarizada por la que apuestan de facto todos los gobiernos espaoles a partir de 1985 para abordar el problema del paro estructural -el gran cncer de dichas comarcas- y para asegurar la prestacin de servicios pblicos municipales, las ha arrojado a la quiebra, no sin antes haber protagonizado numerosos casos de corrupcin local.

Una regulacin democrtica de las finanzas globales resulta imprescidible para que puedan prosperar los espacios locales de democratizacin econmica y empresarial basados en, en buena medida, en una expansin de la demanda interna. Esto obliga a seguir tomndose en serio los espacios macro de intervencin ciudadana en la economa. Estos espacios macro slo se pueden articular democrticamente a travs de la delegacin del voto y de la vinculacin entre competencia tcnica, fidelidad a una serie de principios morales y polticos, y sistemas eficientes de control ciudadana de la accin de los elegidos. Es verdad: los espacios micro de participacin son los idneos para la articulacin de la participacin directa de los ciudadanos en los asuntos econmicos y empresariales que les conciernen, pero no aseguran por s mismos un orden democrtico sostenible. Todo lo contrario. Debido precisamente a que la participacin tiende a hacer ms eficientes a las empresas (ver arriba), aquella puede puede servir tambin para afianzar polticas neocompetitivas de base territorial como suceden en Espaa, Italia o Alemania. Su objetivo es crear o salvar puestos de trabajo en los territorios propios a costa de quitrselos al que tienen al lado, una poltica que est en la raz de los desequilibrios comerciales acumulados en Europa (ver arriba). Los consejos econmicos sociales de mbito local y comarcal dotados de poderes reales o la creacin de un sector bancario municipal y cooperativo que recoja el ahorro de los ciudadanos para destinarlo a actividades codecididas por los propios depositantes, pueden cumplir una importante funcin mediadora entre los espacios macro y los micro. Pero al mismo tiempo hacen faltan sistemas de regulacin de dimensin estatal y europeo-continental destinados a controlar el apalancamiento de las instituciones financieras incluidas las cajas, a crear agencias pblicas de calificacin, a restringir el mercado de fondos hedge, etc.

El objetivo, por tanto, no puede ser una especie de neolocalismo sin ms. El reto es articular una relacin democrtica que funcione con eficiencia tanto en el plano continental y mundial, como en el plano local. Aunque la nocin de eficiencia debe ser sometida a una profunda revisin: ya hay muchas experiencias que van en este sentido. La nueva forma de entender la eficiencia no deber circunscribirse slo a su dimensin econmica. Por el contrario la eficiencia econmica debe ser ampliada y contrastada con otras eficiencias (por ejemplo la ambiental, la social etc.) y adems debe ampliarse tambin el horizonte temporal, espacial e institucional del clculo destinado a medirlas: lo que puede ser rentable a corto plazo para una empresa individual puede resultar ruinoso a largo plazo para la comarca o la sociedad en su conjunto y/o a largo plazo. Los nmeros slo reflejarn esta eficiencia compleja y global si se trabaja con sistemas de indicadores integrados o policromticos, es decir, rojos, verdes, violetas, azules etc.(7). Cuando no se hace as, la cuantificacin de la eficiencia deja fuera todo aquello que sufre un desgaste, o incluso una destruccin irreversible: la eficiencia micro se libra a las espaldas de la eficiencia global, de los bienes colectivos y de otros.

Si tenemos en cuenta las enormes necesidades de financiacin requeridas para recomponer el sistema productivo, energtico y de transportes de la mayora de los pases, a los que se suman las necesidades an ms grandes si cabe- de creacin de empleo en un pas como Espaa, as como el contexto financiero internacional, parece aventurado al menos en este momento: el futuro se muestra imprevisible apostar por la vuelta a una moneda nacional como sugieren algunos autores. Su argumento es legtimo y tienen, sobre todo, un contenido democrtico: los bancos centrales nacionales son espacios ms prximos y, por tanto, potencialmente ms permeables a las necesidades de sus poblaciones(6). Sin embargo, este argumento no tiene en cuenta las extraordinarias dimensiones que han adquirido los mercados financieros y su potencial desestabilizador de las polticas econmicas alternativas. Es verdad: la actual moneda nica forma parte del proyecto neoliberal acordado en Maastricht. Pero esto no anula las importantes ventajas que representa, sobre todo para los pases ms dbiles y endeudados como los del sur de Europa, el poder disponer de una moneda compartida para abordar un proyecto como el que estamos esbozando en medio de un sistema financiero internacional altamente agresivo y poderoso. Naturalmente: las cosas pueden cambiar muy rpido. Pero hoy por hoy la focalizacin de la estrategia democrtica en la salida del euro refleja una simplificacin del fenmeno democrtico. En la actual situacin, la democracia econmica no se puede ejercer slo en el plano micro o nacional, especialmente cuando se trata de naciones pequeas o muy pequeas. Por eso hay que reflexionar tambin sobre la construccin de un modo de regulacin de las finanzas internacionales que -al menos- limite la destruccin que pueden provocar los enormes excedentes financieros que hoy deambulan por el mundo en busca de una colocacin rpida y rentable. Es verdad: la Europa de Maastricht ha sido la excusa para colocar a la economa en un limbo (an ms) antidemocrtico. Pero el abandono de la carta europea y la identificacin de Maastricht con la existencia de una moneda nica no hace al menos hoy por hoy no ms, sino menos realista un proyecto de democracia econmica y empresarial incluso o precisamente cuando este apuesta por darle un protagonismo especial a losespacios de socializacin ms locales y prximos a la ciudadana.

Algunas cuestiones a tener en cuenta

Hay algunos aspectos que no habra que perder de vista en este contexto. Muchos de ellos han sido recurrentes en las experiencias anteriores y tambin lo sern, de una forma o de otra, en el futuro.

1. La formacin de los ciudadanos-productores. Hoy los ciudadanos tienen unos niveles de formacin mucho ms altos y estn mucho mejor informados que en dcadas pasadas. En aquellos aos personas con un acceso privilegiado a la cultura (llamadas a veces vanguardias) hablaban en nombre de ciudadanos con pocos recursos. Esto generaba sistemas de participacin basados en cauces de delegacin cada vez ms largos, cuya razn de ser ltima no era tcnica sino la enorme desigualdad en el acceso a los recursos culturales. Hoy se dan mejores condiciones subjetivas para regular la economa y la actividad productiva de otra forma. La condicin es que las mayoras estn continuamente aprendiendo en sus empresas y en su entorno de vida, que vivan y trabajen en organizaciones en estado continuo de aprendizaje(8). Pero otra condicin es tambin que no tengan que dedicar una parte sustancial de su energa y de su tiempo a luchar por satisfacer sus necesidades ms elementales: la reduccin de la jornada y una mnima estabilidad en el empleo son condiciones insoslayables para la creacin de un orden democrtico tambin en el campo de la economa y la gestin de las empresas.

2. La crisis ambiental hace urgente la necesidad de reconvertir el sistema de produccin y de consumo. Las empresas y sus productores tienen que definir una nueva relacin con la sociedad, el medioambiente y los consumidores finales. No todo est permitido por muy rentable econmicamente que sea, ya no es asumible un choque entre el subsistema econmico y el subsistema ambiental, laboral etc.. La forma ms operativa para llevar a cabo una reconversin tan compleja, y en la que el subsistema econmico est equilibrado con el resto, es creando mecanismos de relacin directa entre productores y consumidores, entre trabajadores y ciudadanos. Los ingenieros tienen que disear sistemas y subsistemas de productos partiendo de las necesidades formuladas por los propios consumidores finales, contrastndolas con las necesidades del conjunto de la poblacin, del territorio y del medioambiente, encontrando soluciones tcnicas que nazcan de estas formulaciones. As, las estrategias de obsolescencia programada cuyo objetivo es acortar el perodo de duracin de un producto con el fin de estimular la compra de uno nuevo(9)- deben dar paso a otros criterios para definir productos y procesos ms duraderos que, a su vez, requerirn de la creacin de muchos ms puestos de trabajo de reparacin y mantenimiento, la mayora de ellos cualificados. Los productos fabricados no deben atender slo o preferentemente a las necesidades de revalorizacin de los capitales individuales sino que, adems, tienen que adaptarse a las necesidades de la sociedad y de la naturaleza en su conjunto, dar pie a procesos productivos sostenibles. Pero sostenibles no slo en lo ambiental. Adems, los planes de produccin y la organizacin de las cadenas de valor aadido tienen que fomentar un trabajo bueno, un trabajo en el que el esfuerzo fsico y sobre todo squico no sobrepasen la capacidad del ciudadano de repararlos y mantenerlos a raya etc. (indicadores rojos: ver arriba).

3. El problema de la propiedad seguir siendo determinante. Sin embargo sus diversas formas y mixturas deben valorarse en funcin de la participacin ciudadana en las nuevas formas de producir y de decidir sobre el rumbo econmico general, as como de su contribucin a una nocin compleja, amplia y sostenible de eficiencia. Los experimentos de democracia econmica, tal y como se plantearon en el perodo fordista tanto en los pases capitalistas como, por ejemplo, en la Repblica Democrtica Alemana de la dcada de los aos 1960, no exploraron ni poltica, ni tcnica, ni cultural y ni mucho menos econmicamente esta conexin. Reposaban en la definicin de una relacin mecnica entre democracia y nacionalizacin/empresa estatal que no inclua la articulacin de mecanismos para que la ciudadana pudiera codecidir, por ejemplo, sobre la nueva funcionalidad social, ambiental, laboral- de las empresas pblicas o nacionalizadas, sobre la adaptacin de su organizacin a los recursos subjetivos de sus trabajadores, con la esfera reproductiva, el entorno local etc. Aquellas iniciativas tambin mostraron una incapacidad importante de vincular los intereses individuales y subjetivos de los productores activos en las empresas nacionalizadas, con el rumbo econmico general de las comarcas, de las regiones y de los pases de las que formaban parte, casi siempre subsumindolos a estos tlimos. Esto no slo provoc el debilitamiento de las izquierdas, en el caso de la Repblica Democrtica Alemana de la frustracin de los experimentos reformistas impulsados por Walter Ulrich en la primera mita de los aos 1960(10). Su consecuencia a largo plazo fue la ampliacin del campo ideolgico del neoliberalismo que lanzaba un mensaje de iniciativa y emancipacin personal a una ciudadana cada vez ms instruida y menos dada a aceptar estilos autocrticos de cualquier signo. Esta invitacin neoliberal a una mayor implicacin y realizacin personal en el trabajo fue fcilmente incorporable al nuevo discurso microeconmico neoliberal basado en polticas de oferta. El resultado fue y sigue siendo. la proliferacin de Yo SAs, de empresas reales o virtuales en la que el individuo se convierte en empresario de s mismo y empieza a pensar y a sentirse como tal. La individualizacin general de las relaciones de empleo y el aumento de los pequeos empresarios y de los autnomos se extendieron rpidamente por todo el tejido social reforzando la hegemona del neoliberalismo a costa de las propuestas empresariales de raz solidaria y cooperativa. Esta situacin todava no forma parte del pasado: si no se le da a la subjetividad nacida de los cambios sociales, culturales y tecnolgicos de las ltimas dcadas una salida solidaria tambin en el plano empresarial (individuacin de las relaciones sociales), dicha subjetividad seguir optando por una salida insolidaria (individualizacin de las relaciones sociales) y el potencial emancipador generado por la dinmica histrica del capitalismo quedar desaprovechado.

4. El tamao de muchas empresas tradicionales, que inclua la generacin en casa de un elevado porcentaje de valor aadido, ha sido desplazado por un modelo empresarial mucho ms disperso en el espacio, ms especializado y ms dependiente del entorno territorial basado. Se basa en una mayor divisin del trabajo entre empresas y en una disminucin del valor aadido generado por cada una de ellas. Esta situacin reduce la autonoma de las empresas individuales, las hace depender ms y ms de las regiones en las que estn encavadas, de otras empresas, de las infraestructuras creadas entre ellas. Pero tambin socava la visin estrictamente indivual-microeconmica de los procesos productivos. Por otro lado obliga a tener una visin ms de conjunto de los sistemas productivos, permite y obliga a politizar el territorio mismo pues es aqu, en el espacio extra- e interempresarial, donde se toman cada vez ms decisiones que afectan a las empresas y a las cadenas de valor aadido de las que forman parte. En realidad, la produccin en el capitalismo contemporneo est, de facto, en buena medida socializada ya en muchos aspectos importantes como este, lo cual fomenta el acercamiento entre los intereses de los ciudadanos y de los productores. El municipio y las mancomunidades, dos espacios ideales para del desarrollo de formas directas de participacin, tienden a ganar peso en los nuevos sistemas productivos. Aunque siempre y cuando queden vinculados a espacios institucionales ms amplios que apoyen los procesos democrticos con polticas macroeconmicas inspiradas en principios solidarios y sostenibles en lo ambiental y laboral.

Conclusin: la superacin del modelo secuencial

La democracia econmica y empresarial ha sido un protagonista central de las experiencias de democratizacin. Ni la historiografa, ni la ciencia poltica y mucho menos an la economa, han tenido lo suficientemente en cuenta su importancia como precondicin para la consolidacin de un tejido democrtico slido y sostenible(11). Y ello, a pesar de que el desdoblamiento entre democracia poltica por un lado, y democracia econmica y empresarial, por otro, forma el ncleo del proyecto de democracia minimalista propio de las sociedades burguesas tal y como fueron criticadas por los movimientos socialistas del siglo XIX.

El concepto de democracia social es una especie de compromiso que deja fuera el derecho de los ciudadanos a seguir sindolo tambin en el mbito de la empresa, sea pblica o privada. Lo que se entiende por democracia social es, por tanto, de naturaleza secuencial y refleja el pacto poltico de la postguerra: la izquierda en aquellas fechas una socialdemocracia fuertemente comprometida con el capitalismo y la guerra fra acepta reconocer el monopolio de la propiedad en la gestin de los medios de produccin, aunque a cambio de que dicha propiedad se comprometa a colaborar con un sistema impositivo progresivo destinado a financiar un Estado del Bienestar. Es secuencial porque propone, primero generar la riqueza y los valores de uso sobre bases no democrticas y cada vez ms tecnocrticas, aunque admite que despus y en un segundo paso se reparta el excedente siguiendo procedimientos democrticos fuertemente delegadotes, es decir, a travs de partidos polticos que se disputan los escaos en elecciones parlamentarias. El llamado modelo social europeo es, sin duda, un gran avance histrico que hay que seguir defendiendo pues por primera vez le dio a las clases populares el derecho a beneficiarse del crecimiento econmico y, de alguna forma, permite que la ciudadana no tenga que dedicar toda su energa vital y todo su tiempo a satisfacer sus necesidades ms perentorias e inmediatas. Sin embargo es un modelo muy vulnerable en trminos democrticos y genera problemas de legitimidad a medida enque aumenta el nivel general de instruccin de la poblacin. La razn es que se basa en la exclusin de la ciudadana justamente de aquellos espacios en los que se toman las grandes y pequeas decisiones empresariales, espacios en los que slo se admiten formas muy indirectas y diluidas de participacin ciudadana. No hay ningn lugar donde esto se ponga de manifiesto de forma ms clara que en el de la economa y de la empresa. Las formas de participacin delegadoras son fcilmente transformables en la exclusin completa y sistemtica de una ciudadana que sin embargo est cada vez ms capacitada para intervenir activamente en la gestin econmica y empresarial. La autonomizacin de los elegidos con respecto a los votantes (por ejemplo alegando razones tcnicas) acaba siendo inevitable lo cual erosiona la legitimidad del sistema poltico en su conjunto al dar va libre para que las decisiones econmicas y empresariales se queden completamente fuera de la participacin ciudadana. Adems crea una cultura que desincentiva al ciudadano de participar en la cogestin de los asuntos econmicos y abona el campo para que sean los poderes econmicos los que monopolicen los procesos de toma de decisiones a travs de lobbies, fundaciones o por medio de su participacin directa en los gobiernos (empresarios que se convierten en ministros, etc.). La exclusin de los ciudadanos-trabajadores de las grandes decisiones empresariales, que mantiene as intacto el poder de la propiedad en el acceso a los medios de produccin, acaba provocando una autonomizacin de la economa y de las empresas con respecto a la sociedad civil y la ciudadana, por mucho que los (neo)liberales insistan en incluir a las empresas privadas dentro de la categora de la "sociedad civil". Este monopolio en el tratamiento de los grandes y pequeos asuntos econmicos y empresariales contribuye a erosionar la democracia en su conjunto pues sita a la economa y a la sociedad toda al servicio de los intereses empresariales privados. El proyecto neoliberal es la crnica de esta fagocitacin. Como hemos visto este ltimo pas a la ofensiva en muchos pases europeos hacia finales de los aos 1970 como una primera respuesta empresarial a los intentos de ciudadananizar el espacio de la produccin y del trabajo asalariado. Este ataque inicial de contenido empresarial acab transformndose despus en el intento de poner toda la economa y toda la sociedad al servicio de los grandes intereses privados, es decir, acab transformndose en una erosin de la propia democracia poltica, incluso en su versin delegadora e indirecta contenida en el proyecto de "democracia social".

Todo esto permite proponer dos conclusiones: a.) la crisis del neoliberalismo es la crisis de un modelo de organizacin social basado en la erosin de la democracia en su conjunto y no slo de la democracia econmica. Esta erosin se produjo en varias etapas. Primero vino la erosin de la democracia empresarial, luego la de los espacios de participacin indirecta es decir a travs de elecciones parlamentarias- en la definicin de las grandes polticas econmicas. A largo medio y largo plazo este proceso llev a la erosin de la propia democracia poltica, incluso en su versin ms diluida pues el sistema parlamentario es utilizado para poner en marcha polticas basadas, no en el inters general sino en intereses parpticulares; y b.): la configuracin de otro modelo econmico y poltico tiene que abordar el problema de la democratizacin tambin de los espacios de la economa y de la empresa. Slo si los productores siguen siendo ciudadanos tambin en los espacios donde desarrollan su trabajo y se vinculan a espacios de participacin directa y delegada- en los que pueden codecidir tambin sobre el rumbo de la economa general es posible asegurar a largo plazo incluso la propia democracia poltica. El fenmeno democrtico ha de ser tratado, por tanto, como un todo integrado e indivisible si se pretende que sea sostenible, que dure y que se consolide. Las experiencias que dos generaciones de ciudadanos han venido acumulando con el modelo neoliberal vuelven a demostrar que slo esta forma de vivir la democracia permite alterar el poder estructural que se da en el seno de las sociedades capitalistas, incluidas las propias correlaciones del poder poltico.

Notas

1. A. Fernndez Steinko, Experiencias participativas en economa y empresa. Tres ciclos para domesticar un siglo, Siglo XXI, Madrid, 2001.

2. Id pp 355ss.

3. Ver, por ejemplo, D. Schweickart, Ms all del capitalismo, Sal Terrae, Santander, 1997. Para el sector espaol de la maquinaria mecnica A. Fernndez Steinko, Continuidad y ruptura en al modernizacin industrial de Espaa, Consejo Econmico Social (CES), Madrid, 1997. Otro ejemplo, esta vez formulado por un empresario es el interesantsimo trabajo de Semler, R.: Radical. El xito de una empresa sorprendente. Ediciones Gestin 2000. Madrid 1997.

4. J. G. Espinosa, A. Zimbalist, Democracia econmica, la participacin de los trabajadores en la industria chilena, 1970-1973, Fondo de Cultura Econmica (FCE), Mxico D.F., 1984.

5. U. Klitzke H. Betz y M. Mreke (eds), Von Klassenkampf zum Co-Management?, VSA, Hamburgo, 2000 y A. Fernndez Steinko: El corporativismo para la competitividad, Mientras Tanto, nm. 83 y 84, 2002.

6. A. Fernndez Steinko, Democracia en la empresa, Hoac, Madrid, 2000.

7. As mi propuesta descargable en: https://dl.dropbox.com/u/109592466/Indicadores%20policrom%C3%A1ticos.pdf

8. Stahl et al.: The Learning Organisation. Eurotecnet, Bruselas 1993.

9.Ver sobre este particular A. Leonard: La historia de las cosas: de cmo nuestra obsesin por las cosas est destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud y una visin del cambio, Fondo de Cultura Econmica (FCE), Mxico, 2010.

10. Para un anlisis crtico de la experiencia del gobierno de la izquierda en Francia de 1981 ver P. Zarifian, Plan, mercado, autogestin, Utopas n 155, 1993 pp. 76-95 y ms recientemente y contextualizado: J. Lojkine: Une autre faon de faire de la politique. Les Temps des Crisis, Paris 2012. Para la experiencia en la RDA a principios de la dcada de los aos 1960 ver K. Steinitz: Impulse fr Wirtschaftsdemokratie en: Sozialismus 11/2012, pp. 48-55. La propuesta sueca de creacin de fondos regionales, que formaran parte de los fondos de los asalariados es digna de ser tenida en cuenta para abordar la contradiccin entre los intereses microeconmicos de los empleados y los intereses de las regions y de los ciudadanos en su conjunto. Ver Fernndez Steinko (2001, pp. 369ss.).

11. A. Fernndez Steinko, Herramientas para un chequeo de la dinmica democrtica, Revista Espaola de Investigaciones Sociolgicas (REIS), nm. 94/01, 2001, pp. 9-35.

Blog del autor: http://asteinko.blogspot.com/2012/12/democracia-economica-nucleo-de-una.html#more

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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