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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2013

Parrhesia

David Rodrguez Rodrguez
Rebelin


Etimolgicamente el trmino griego parrhesia viene de pan rhema y quiere decir "la actividad de decirlo todo". Parrhesiazesthai significa "decirlo todo y el parrhesiasts es "quien dice todo". Segn Michel Foucault para que se pueda hablar de autntica parrhesia "es menester que el sujeto, al decir una verdad que marca como su opinin, su creencia, corra un riesgo, un riesgo que concierne a la propia relacin que el mantiene con el destinatario de sus palabras" incluso hasta hacer peligrar la propia existencia del que habla, por lo menos, "si su interlocutor tiene algn poder sobre l y no puede tolerar la verdad". Sin embargo, no toda la responsabilidad en esta apuesta por la verdad cae del lado del que asume el riesgo si no que la parrhesia puede desenvolverse por medio de un "juego parrhestistico" en el que aquel que recibe la verdad (sea "el pueblo, el prncipe o un amigo") debe, segn recuerda Foucault, aceptarla, por ofensiva que sea para las opiniones manifestadas y "reconocer que quien corre el riesgo de decirles la verdad tiene que ser escuchado [...] de modo que se establezca una suerte de pacto por el cual si el parrhesiasta muestra su coraje para decir la verdad con respecto a todo y contra todo, aquel a quien se dirige esa parrhesia deber mostrar su magnanimidad aceptando que se le diga la verdad".

No hay duda de que la izquierda (o las izquierdas) de hoy no slo desconfan de que aquellos para los que hablan, o deberan hablar, la gente del comn vayan a comportarse, dada la minora de edad que aquellas les atribuyen, del modo magnnimo que prevea la tica griega si no que, adems, estn demasiado acostumbradas a concebir la poltica como algo ms parecido a un asunto de prevencin de riesgos que a un compromiso moral, de ah su contumacia en la mentira (y no hablo de la pequea mentira de regate corto institucional si no de las grandes mentiras que nutren con alimentos contaminados los imaginarios colectivos durante aos y que cortan el acceso a otras viandas ms frescas) pese a saber del mal negocio que, en el largo plazo (y como ahora est quedando claro a golpe de desafeccin), suponen estas prcticas.

As, cuando los ltimos estertores de la socialdemocracia extendan la buena nueva de que era posible mantener el Estado del bienestar a partir de las migajas que iba dejando la va libre otorgada al movimiento de capitales, o cuando ahora que el milagro financiero se mustia esa misma socialdemocracia echa de menos el regreso de los buenos tiempos de redistribucin nacional a partir de los impuestos pagados por el sector industrial, no se est ms que inflando la burbuja de la mentira.

Otro tanto hace esa otra izquierda nominalmente no socialdemcrata pero socialdemcrata de facto desde el momento en que tambin se convirti en una maquinaria electoral que aboga por el mismo tipo de soluciones econmicas al tiempo que posterga la asuncin de cualquier otra alternativa a la nebulosa de la lnea del horizonte; que es, como se sabe, la lnea a la que nunca se llega.

No extraa, pues, que, cuando aparece como evidente el papel que juega la Unin Europea como superestructura tecnocrtica (ver si no a Monti queriendo gobernar Italia sin pasar por las elecciones) encaminada a detraer las herramientas que la soberana popular filtrada a travs del estado-nacin tena, mal que bien a mano, para domar la voracidad del sistema econmico (devaluacin e impresin de moneda), ni la izquierda oficialmente socialdemcrata, ni la otra, son capaces de decir claramente, y en todos los foros, que no hay camino practicable para las polticas no neoliberales es decir, para una salida de la crisis que no lleve aparejada la perpetracin de un saqueo histrico ni para independencias reales de ningn pas (por mucho referendum de autodeterminacin que se convoque) permaneciendo en esa sanguijuela boreal que chupa la sangre al sur del continente.

Tampoco extraa que la cuestin del acaparamiento de recursos energticos escasos que hoy tanto estn detrs de la mayor parte de las guerras del mundo como del sondeo por parte de las multinacionales de cada esquina del planeta en busca de metales preciosos, tierras raras o shale gas (sea en Corcoesto , Viana do Bolo , el monte Galieiro o el predio que la Xunta tenga a bien conceder a cualquiera empresa resuelta a practicar en el subsuelo de nuestro pas la agresiva tcnica del fracking ), as como la cuestin de la inviabilidad ecolgica del modo de vida que consume todos esos recursos, nunca sern mencionadas pblicamente (o lo sern partiendo de la retrica del anticolonialismo desarrollista) por unas izquierdas que, cada da ms, pasaron de la gestin de lo existente a la digestin de lo que va camino de dejar de existir.

Para Cornelius Castoriadis en la polis de la antigua Grecia la parrhesia era la "obligacin moral de hablar con absoluta franqueza y el compromiso que cada cual asume de hablar realmente con toda libertad cuando se trata de asuntos pblicos" y, segn el filsofo, conformaba, con la isegoria (el derecho de todos los ciudadanos a tomar la palabra) y la isopsephia (el igual peso de todos los votos) uno de los rasgos fundamentales y constitutivos del ciudadano. Difcilmente podrn nuestros parlamentos recordar, ni aunque sea levemente, a las viejas polis griegas cuando tan saludable obligacin moral desapareci incluso de aquellos llamados a ejercer de tribunos del pueblo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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