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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2013

El fin del mundo y los hombres y mujeres de maz

Silvia Ribeiro
La Jornada


El 21 de diciembre 2012 marc el inicio de un nuevo baktn, un periodo de 394 aos solares, segn la cuenta larga de los mayas y su sofisticado conocimiento astronmico. En una poca donde la cultura dominante banaliza todo, el momento se carg de significados contradictorios, para algunos el fin del mundo (ante la falta de sentido, el apocalipsis vende), para otros el inicio de una nueva era, o simplemente, un momento de reflexin. Para los pueblos que an conservan una relacin de respeto con la tierra y el entorno, el tiempo es definitivamente mucho ms que un sexenio, no es lineal, la memoria colectiva y el horizonte comn abrazan el presente, justamente, siempre presentes.

Desde el corazn del mundo maya, la vasta movilizacin silenciosa y en perfecto orden de ms de 40 mil comuneros zapatistas en Chiapas, record contundentemente al planeta que ah siguen, construyendo, creando y resistiendo, mientras el sistema se derrumba. Mensaje callado de enorme resonancia, que como espejo nos devuelve la esperanza, no la que espera, sino la que construye.

Los mayas, escribe Carlos Lenkersdorf, como toda cultura, tienen una historia cambiante a travs de los siglos y milenios. La oficialidad y la industria del turismo resaltan de ellos el periodo clsico (aproximadamente del ao 300 al 900), pocas de teocracia y fuertes diferencias sociales, que es tambin cuando se construyeron pirmides y sitios como Palenque, Yaxchiln, Tikal y otros. Esos lugares fueron abandonados cerca del fin del periodo, en lo que muchos investigadores y la historia oficial consideran un colapso de la civilizacin maya. Pero Lenkersdorf seala que los mayas siguen existiendo y por tanto no colapsaron. Lo que termin fue la estructura social altamente elitista que exista en ese periodo. Por tanto, se trat ms bien de rebeliones de campesinos, que abandonaron esos suntuosos sitios para habitar lugares ms adecuados a la vida comunitaria y a la siembra. A travs del tiempo, los mayas han seguido resistiendo al sojuzgamiento, as como a los conquistadores que a diferencia de otras culturas donde haba estructuras jerrquicas centralizadas, tuvieron que enfrentarse con la prolongada resistencia de cada regin maya, ya que aunque unas fueran derrotadas, las dems seguan resistiendo e incluso las que los espaoles consideraban vencidas, se volvan a levantar. A lo largo de 500 aos, desde la llegada de los europeos, no hubo ningn siglo sin levantamiento maya. La guerra de castas, as llamada por los no mayas y que ocurri en el siglo pasado, dur unos 50 aos. El primero de enero de 1994 es fecha memorable de otro levantamiento maya al terminar el siglo XX. Dura ya aos y la problemtica de la rebelin no se ha resuelto, nos recordaba Lenkersdorf y sigue vigente. Complementariamente, Nelson Reed, en La guerra de castas en Yucatn, seala que un detonante crucial de la rebelin en la pennsula fue justamente haberles impedido seguir su vida como campesinos libres y plantar su maz.

Estamos ahora en otra vuelta de la misma tuerca, pero en todo el mundo, incluido el mundo maya: el ataque despiadado a la vida campesina-indgena y a las fuentes independientes de produccin de alimentos, bases de su sustento y el de la mayora de la humanidad. Como resume la demanda de la audiencia sobre Maz y Soberana Alimentaria del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP), este ataque se despliega tanto a travs del avance sobre sus territorios para acceder a los recursos que existen o puedan plantarse all (entre otros, maderas, minera, agua, biodiversidad, monocultivos de palma, jatrofa y ahora soya y maz transgnico) como por la destruccin provocada por los sistemas de infraestructura, carreteras, transporte y energa que stos y otros desarrollos demandan, o por los desplazamientos a que obligan a sus habitantes destrozando sus medios de vida, sus culturas y sus asambleas, junto a los muchos problemas asociados al crecimiento salvaje de ciudades, basureros, contaminacin, marginacin.

La debacle se puede ver desde muchas aristas y slo entre todos sabemos todo, como dicen los sabios wixrika. Por el trazado de un mapa colectivo en el TPP. Uno de los puntos de mira paradigmticos es la destruccin de los sistemas alimentarios independientes, comenzando por la apropiacin corporativa de las semillas. Todas las guerras tratan de destruir las fuentes de alimentacin del enemigo. Para ello, los transgnicos, con la contaminacin inevitable que conllevan y las patentes que criminalizan a las vctimas, son un arma privilegiada. Los conquistadores son ahora empresas transnacionales, que cuentan con ejrcitos y gobiernos, para avanzar y defender sus intereses, paliar algunos impactos sociales si les da mejores mercados, o avasallar territorios y reprimir la defensa comunitaria.

Y aunque para las trasnacionales los campesinos y la gente en general no somos enemigos sino clientes potenciales (en realidad slo les interesa la ganancia), apropiarse de las bases de la alimentacin les da ambas ventajas: fabricar dependencia y destruir resistencia.

Pese a los ataques, la alimentacin de cerca de 70 por ciento de la humanidad sigue estando en manos de la agricultura campesina y de pequea escala, de pescadores artesanales, recolectores, huertas urbanas. En todas partes, las luchas se siguen tejiendo, en silencio a veces, en estruendo otras, mientras los hombres y mujeres de maz siguen sembrando y el baktn apenas comienza. Tejiendo tambin culturas, dicen los indignados: no es que avancemos poco, es que vamos muy lejos.

Silvia Ribeiro. Investigadora del Grupo ETC

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/12/29/economia/025a1eco



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