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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-01-2013

Detroit
No hay manera de encoger una ciudad

Portal Gran Canaria


De megalpolis a jungla semiurbana, desde sus das de gloria automovilstica, la ciudad de Detroit ha perdido el 63% de su poblacin. El espacio geogrfico sigue siendo el mismo: 359 kilmetros cuadrados que corren una suerte desigual. En algunos puntos, la naturaleza reclama lo que es suyo, y reforesta, salvaje, manzanas enteras. Hay en Detroit 800.000 estructuras vacas, la mayora en estado ruinoso. Los esfuerzos de recuperacin, privados y pblicos, se concentran en algunas reas reducidas, que se hacen atractivas para los residentes, afeando an ms los barrios depauperados. No hay un plan maestro. En la historia del urbanismo, mucho se ha escrito de ampliar centros urbanos, pero poco hay sobre el fenmeno del encogimiento de ciudades.

Es una historia comn en el Medio Oeste norteamericano, zona de fros inviernos donde lo que en su da atrajo a los pobladores fue el auge de la industrializacin. As se expandieron Cincinnati, Cleveland y Pittsburgh. Del mismo modo cayeron despus de la Segunda Guerra Mundial y la dcada de los cincuenta. Menos fbricas y menos oportunidades de trabajo conllevaron menos poblacin. En Detroit, muchos empleados de las factoras de coches emigraron a acaudaladas localidades en las afueras. Se produjo, adems, un xodo blanco despus de los disturbios negros de 1967, para cuya contencin el presidente Lyndon B. Johnson lleg a movilizar al Ejrcito.

En la reduccin de ciudades no hay modelos exitosos en EE UU, en parte porque hemos sido muy lentos a la hora de admitir este desafo, y en parte porque un cambio sustancial llevar mucho tiempo en culminarse, explica Shetty Sujata, profesora en el Departamento de Geografa y Planificacin de la Universidad de Toledo, en el Estado de Ohio. Siempre se habla de ofrecer incentivos a los ciudadanos para que se muden de reas menos pobladas de una ciudad, a otras zonas con ms densidad de habitantes, para ahorrar en los gastos de servicios municipales. Esos intentos, sin embargo, han resultado por lo general fallidos. Los ciudadanos que quedan suelen resistirse a mudarse. Y la ley suele estar de su lado.

En el pasado medio siglo no ha habido fondo que Detroit pudiera tocar. En el ltimo censo, de 2010, se descubri que la urbe haba perdido aun otro 25% de la poblacin en una sola dcada. No hay comparacin posible en toda Norteamrica a esa despoblacin, ms all de las masivas evacuaciones de ciudadanos en Nueva Orleans tras el paso del huracn Katrina. En el censo estadounidense de 1950, la ciudad contaba con 1,89 millones de habitantes. Segn el de 2010, residen entre sus lmites municipales 706.585 personas.

El descenso de la poblacin en una ciudad presenta muchos desafos, explica Justin Hollander, profesor de Polticas Urbanas y Medioambientales de la Universidad de Tufts. Cuando una ciudad deja de crecer, se generan graves problemas. El aparato gubernamental deja de estar equipado, no puede prestar servicios, porque la base de aquellos que pagan impuestos se reduce notablemente. La ciudad se convierte en un lugar menos apetecible para vivir.

Detroit es la segunda ciudad ms violenta de EE UU, con 21,4 crmenes por cada 1.000 habitantes en 2011, segn el FBI. La ms violenta no se halla muy lejos: es Flint, a 110 kilmetros, tambin en Michigan. El desempleo es oficialmente del 18,1% (aunque las autoridades locales admiten que esa cifra est desinflada y que el ndice real de paro alcanza el 50%) y un 36,2% de los residentes viven por debajo del nivel de la pobreza. Un 47% de la ciudadana es, adems, analfabeta.

Los que se quedan en Detroit lo hacen porque no tienen ms remedio que permanecer, gente con pocos recursos, aade Hollander. Y precisamente son la gente que ms depende de unos servicios pblicos que la ciudad ya no puede ofrecer. Si no tienen coche, necesitan el transporte pblico. Si no tienen empleo, pueden depender de subsidios pblicos. Si no tienen seguro mdico, buscan cobertura bsica del Estado. Y cada vez, la ciudad puede ofrecer menos y menos servicios.

El abandono de hogares es una lacra en la ciudad. Hay quienes venden sus casas por precios simblicos. Un simblico dlar es un precio a veces comn en determinadas zonas, las ms depauperadas. Las familias quieren marcharse sin mirar atrs. Desde luego, hay zonas en las que se concentra la mayora de nuevos residentes, oasis acaudalados de corte neoyorquino, repletas de modernos lofts, como Midtown. Aun as, el stock vaco en el resto de reas lastra las ventas medias. Segn la inmobiliaria Realcomp, el precio medio de una vivienda en Detroit es de 9.000 dlares (7.000 euros).

La despoblacin tambin conlleva problemas sociales, explica Brent Ryan, profesor en el Massachusetts Institute of Technology, y autor del libro Diseo despus del declive: cmo Amrica reconstruye las ciudades que se encogen. En Detroit ha habido un incremento notable de los incendios provocados. Aumenta la criminalidad. Hay ms venta de droga. Los vecindarios se convierten en inseguros. Las autoridades no pueden hacer nada. Los residentes que quedan deciden que no es seguro quedarse all. Y acaban emigrando a los suburbios o a otros lados, ya que en EE UU los centros urbanos no tienen la misma importancia social que en Europa.

Qu ciudad puede clamar como una victoria que en la llamada Noche del Diablo de este ao, la de antes de Halloween, el 30 de noviembre, solo se registraran 93 incendios? La misma que en 2007 vio 147 incendios. En 1984 fueron ms de 800. Hay quienes queman por pasar el rato, vandalismo supremo. Otros inician fuegos accidentales, mientras saquean las casas con sopletes, buscando cobre y metal para venderlos como chatarra.

Hay en Detroit 46 estaciones de bomberos, con un total de 881 efectivos y 248 mdicos. Las arcas pblicas no dan para ms, y el alcalde, Dave Bing, anunci en verano el despido de 164 personas, por falta de medios. Al final los salv un programa de ayudas federales. La media de incendios en Detroit es de 30 al da. Los ngeles, que tiene cuatro millones de habitantes, no suele registrar ms de 11. El Gobierno local de Detroit ha colocado carteles en las casas abandonadas, dos grandes ojos bajo el lema este edificio est siendo vigilado. El resultado: las casas abandonadas miran fijamente al transente, con un efecto siniestro. Es, tambin, un reclamo involuntario para turistas.

Mucho se ha fotografiado ltimamente la decadencia de Detroit. A algunos vecinos no les gusta. Tildan la prctica de tomar fotos de las ruinas de pornografa. Hay algo de voyerismo en la fascinacin por la decadencia de los formidables edificios de Detroit. Es un turismo en s mismo. Las ruinas aparecen ya hasta en las guas: la Estacin Central de Michigan, la Planta Automotriz Packard, el Edificio Metropolitan. Entrar en ellos, para fotografiar su letrgico derrumbe, es una experiencia abrumadora, como visitar una Acrpolis.

Precisamente esa es la sensacin que tuvo el fotgrafo, escritor y documentalista de origen chileno Camilo Jos Vergara, que en las pasadas dos dcadas ha viajado frecuentemente a Detroit. En 1995 public un libro, El nuevo gueto americano, con una idea revolucionaria y polmica: Propongo que, como un tnico para nuestra imaginacin, como una llamada a la renovacin, como un lugar dentro de nuestra memoria nacional, una docena de manzanas de rascacielos de la era anterior a la Gran Depresin se estabilice y se mantenga como ruinas. Una Acrpolis Americana.

Pocos le escucharon. A los vecinos de Detroit, claro, les interesaba ms mirar al futuro que pensar que vivan en una Acrpolis. Lo que hoy visitan los turistas en Detroit es una plida sombra de aquel posapocalptico escenario de los aos noventa del pasado siglo. Los grandes almacenes Hudsons se demolieron en 1998. Lo mismo sucedi en 2005 con el grandioso hotel Detroit Statler. Ver aquello era una experiencia nica. Eran edificios sublimes, de una gran belleza. Despus de Nueva York y Chicago, los grandes arquitectos iban a Detroit, explica hoy Vergara. Eran de materiales de calidad, de un excelente diseo. Conformaban unas ruinas muy hermosas.

Vergara, residente en Nueva York, es un meticuloso cronista de la decadencia de Detroit. Algunas de sus fotografas se exhiben ahora en el Museo Nacional de Arquitectura de Washington, bajo la rbrica Detroit is no dry bones (Detroit no es hueso desnudo). Ahora vemos una nueva generacin de jvenes que ve en Detroit un sitio libre, donde pueden hacer cosas que no se pueden hacer en Nueva York u otras capitales, explica. Muchos tienen la sensacin de que pueden crear ms libremente. Hacer una pintada en la calle? Es poco probable que eso traiga problemas con la polica all. Para ellos es un lugar ideal para crear.

Puede el arte redimir a las ciudades que se encogen? El Proyecto Heidelberg es prueba de ello. El vecindario afroamericano de McDougall-Hunt es ya ms rural que urbano. La yedra devora casas enteras. Las construcciones decrpitas dan paso a lo que a todas luces parecen praderas. Cuesta creer que se est a tres kilmetros de la sede mundial de General Motors. Y de repente, un estallido de color. Lienzos se alzan como tumbas al aire libre. Casas enteras han sido pintadas con formas abstractas. Muecos decoran las farolas. Es un sueo entre vanguardista y naif.

Heidelberg es la protesta espontnea del artista Tyree Guyton, natural de Detroit. Creci en esa misma zona, antes de servir en Vietnam. Al regresar, vio que su ciudad quedaba arrasada por una guerra distinta, la de la despoblacin. Comenz pintando topos de colores en casas abandonadas. Luego erigi totems. Esculpi taxis con madera. Emple casi todo lo que estaba a su alcance para convertir la decrepitud en arte. No siempre obr con libertad. Dos alcaldes ordenaron que se demoliera parte de su proyecto. l sigui creando, y desde hace ya aos se le deja en libertad. Su obra tambin aparece ya en las guas. Es Detroit oficial, como lo son las ruinas de la que fue gran capital de la industria automovilstica.

Fuente: http://portalgrancanaria.es/no-hay-manera-de-encoger-una-ciudad/



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