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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-01-2013

La Espaa Confederal
La Historia como gua para una reforma

Carlos X. Blanco
Rebelin


La reorganizacin del capitalismo tardo, fase en la que predomina la especulacin sobre la produccin, exige la creacin deliberada de grandes espacios precarizados. El siglo XX conoci este fenmeno de manera muy llamativa en el continente americano. La transformacin de las repblicas del centro y del sur del continente en grandes patios traseros y en miserables colonias dependientes fue obra de la poltica yanqui. Esta hizo un amplio despliegue de intervenciones militares directas, fomento de los golpes de estado, apoyo a guerrillas contrarrevolucionarias, sobornos a dirigentes y funcionarios, amao de elecciones, apoyo a grupos mediticos y mil recursos ms. La precarizacin ha llegado a Europa: este es el panorama del siglo XXI. Por medio de diversas tcticas de "violencia estructural" (no hemos llegado a recuperar el golpe de Estado o la invasin militar directa) la Unin Europea al servicio de Alemania ha reajustado las consecuencias de su errnea poltica financiera meramente especulativa- castigando a los pases que se dejaron llevar por ella, aceptando el aterrizaje de capitales "paralizantes" de la autonoma productiva. Llamo capitales "paralizantes" a aquellos que, como el curare, se constituyen en un veneno exterior que impide la produccin y el dinamismo de una formacin social. El capital alemn y en general- europeo- tanto en la forma privada (orientada a la especulacin inmobiliaria) como en la forma oficial (por va de diversos fondos estructurales, de cohesin, de reconversin, etc.) lleg a Espaa con estos resultados. Es un capital especulativo (toma el dinero y corre) y, por tanto, para su aterrizaje en una neocolonia es preciso que se lleve a cabo todo un escenario de recorte y modelado de lo que previamente fue esa neocolonia. En el Reino de Espaa, y muy en concreto en mi Pas Asturiano, se ha podido ver en qu consisti ese escenario "arreglado" a golpe de decretos de despacho y a golpe de porrazos de los antidisturbios: adelgazamiento brutal de los sectores primario y secundario.

Vayamos por partes.

-- Adelgazamiento del sector primario. Los ataques a la Casera, organizacin ancestral de la Asturies eterna, se han focalizado en la guerra de la leche. La imposicin de las cuotas lcteas y de criterios de productividad capitalista que nada tienen que ver con las finalidades culturales, ecolgicas e institucionales de la Casera tradicional asturiana ha sido uno de los elementos ms desestabilizadores de la identidad del Pas Asturiano. El ingreso de Espaa en la Comunidad Europea con los calzones bajados en tiempos del felipismo supuso dejar en la estacada a la Iberia del Noroeste, la verde, la rica en pastos, carne y leche, esa Iberia donde se localiza Asturies. Llegaron a estar prohibidas las vacas en el paraso del vacuno. Hoy el campo asturiano est casi abandonado a mayor gloria de los supermercados franceses. Hoy en da, el ganadero de la Iberia atlntica es un esclavo en manos de la gran industria lctea, que le impone precios ruinosos para la produccin. En algunos aspectos el ganadero y el propietario de explotaciones agrarias es el mayor vapuleado del sistema, pues a diferencia del obrero, ste "empresario" no goza de libertad para fijar precios de sus mercancas producidas, ni tampoco puede contar con un abanico flexible de compradores. Tampoco puede con facilidad unirse a otros campesinos y paralizar la sociedad por medio de huelgas, aunque lo haya intentado. Su posicin cada vez ms marginal en una sociedad dependiente de la gran industria fornea, y supeditada a las grandes decisiones euroburocrticas, hace que Asturies y los dems pases del Noroeste (Galicia, Len, Cantabria) no pinten nada y no puedan hacerse escuchar con voz propia y fuerte. Entre medias est un Estado Espaol de signo sureo y levantino, remiso a la defensa de intereses de una Iberia atlntica cada vez ms marginal y potencial competidora de Francia y de dems pases "verdes". Si a ello le sumamos las propuestas etnocidas que en Espaa se estilan con respecto al campo, y de las que no faltan defensores locales, el campo se ver muerto y ms que muerto durante todo el prximo siglo. Entre esas propuestas etnocidas que tanto se cacarean en la llamada "prensa regional" figuran la eliminacin de concejos o la fusin de los mismos, contraviniendo la naturaleza histrica y antropolgica de los mismos. Tambin hay que citar el proceso de unificacin y centralizacin de las escuelas rurales, violando con ello un derecho humano fundamental, que es el de recibir educacin en igualdad de condiciones y sin perder las races de la tierra natal. Con criterios economicistas, se centralizan los servicios de salud y otros servicios bsicos del Estado, con lo cual no es de extraar que las familias jvenes, en edad de reproducirse, emigren a los grandes conglomerados urbanos, como el tringulo Uviu-Xixn-Avils, por ejemplo. Universitarios sin cabeza, o simplemente cipayos sin alma, han defendido la creacin de una "Ciudad Astur", esto es, la reconversin de la antigua Nacin Asturiana en un gran municipio de un milln de habitantes, homologable a un barrio de Madrid, convenientemente rodeado de zona verde con algunos servicios para turistas. Estas agresiones contra el campo asturiano son, en realidad, agresiones contra la nacin asturiana.

Si no fuera porque hay importantes intereses comerciales extranjeros franceses- en contra del desarrollo de la Casera, en contra del sector de la leche del N.O., del campo atlntico de Iberia, en general, no podramos entender bien la raz de este abandono en que Madrid y las "autonomas" concernidas (incluyendo el "Principado") le ha dejado. Sustanciosos fondos han sido malgastados en manos de los sindicatos corruptos, CCOO y SOMA-UGT, enemigos del Pueblo Asturiano, y se han convertido en fondos obstaculizadores del desarrollo. Por otra parte, sorprende la cantidad enorme de subsidios oficiales que el Estado destina a poblacin flotante, no contributiva, extranjera, etc., filantrpicamente destinados, se supone, a su perfecta integracin en las grandes ciudades, que es donde se concentra sta. Mientras que se malgasta este dinero en incentivar todo gnero de parasitismo urbano en personas desarraigadas o a veces- delincuentes, a los verdaderos pobladores del Pas, que en ltima instancia son los pobladores del campo, se les retiran los servicios sociales, educativos, sanitarios, etc. Sin temor a la exageracin se podra decir que los autnticos habitantes del Pas Asturiano han estado sufragando con sus propios recursos el proceso de sustitucin tnica que consiste en (1) abandonar el campo para superpoblar la ciudad (asturiana), en una segunda fase (2), que puede darse dentro de la misma generacin o en la siguiente: abandonar la ciudad (asturiana) y emigrar a Espaa o a Europa. El "nicho ecolgico" urbano (que no el rural) ser ocupado por las limaduras de hierro que atraiga el imn de las subvenciones y de ciertas ventajas relativas de un Estado del Bienestar en franca decadencia. As se convertir Asturies en un solar vaco de gente o, en caso contrario, en un solar repoblado por contingentes forneos cuya llegada y cuyos relativos privilegios (relativos sobre todo por comparacin a su provincia o pas de origen) han sido sufragados por el esfuerzo de los nativos que han tenido que marcharse. Toda la crtica a este proceso es bloqueada con un anatema: xenofobia!, condenacin que saben manejar muy bien los apstoles del neoliberalismo cuando recomiendan y hasta exigen movilidad a los trabajadores asturianos, as como los izquierdistas, que se tornan ultrasensibles hacia unos desconocidos, cuya nacionalidad incluso es ignota y que exigen sus derechos nada ms aterrizar, pero que al mismo tiempo miran con gran conmiseracin a los "reaccionarios" campesinos que, al no saber readaptarse a los nuevos tiempos abandonan la aldea, la Casera y el gnero tradicional de vida, pues es "una Ley Natural" sta que se llama Ley del Progreso.

-- Ahora le toca el turno al sector secundario. Desde los tiempos anteriores a la conquista romana, el Pas Asturiano cont con condiciones propicias para la minera y la metalurgia. Los astures independientes y despus los romanizados eran famosos por sus actividades en este sector, hasta el punto de que las riquezas naturales del territorio astur que incluyen los metales preciosos- disminuyeron considerablemente desde los tiempos del imperialismo romano. Las condiciones geolgicas de Asturies favorecieron una actividad minera que, con el inicio de la Revolucin Industrial trastocaron el Pas de arriba abajo. Las entraas hendidas y descoyuntadas de la tierra astur quedaron hoy como cicatrices de un paisaje rural y una actividad agropecuaria autosuficiente. La Minera, hoy en trance de extincin, supuso una grave prdida de identidad del Pas, por la afluencia de emigrantes sureos que vinieron al Pas a buscarse su pan. Emigrantes que, junto a los nativos, sufrieron horrendas condiciones de explotacin, casi podra decirse que martirio. Todo tipo de costumbres extranjeras penetraron hacia el norte de la Cordillera cantbrica: tabernas de vino, festejos taurinos y flamenquistas, castellanismos y andalucismos. Las consecuencias de la Revolucin industrial son siempre el desarraigo poblacional, tanto de los que afluyen como de los que se quedan y contemplan cmo su escenario les cambia por completo. La tranquila sociedad rural asturiana, que estaba lejos de ser una Arcadia opulenta, haba vivido durante siglos en el remanso de la fe, del paternalismo seorial, de la inmovilidad de las clases sociales, del tradicionalismo. Pero la agudizacin de la explotacin de los obreros, y la sacudida de los cimientos tradicionales de explotacin del agro, descoyuntaron al Pas. Vinieron muy pronto ideologas que sirvieron para sustituir a las Ideas. En lugar de Bondad, Lealtad, Honor, se trajeron los ideales de la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad. Pronto aparecieron el Anarquismo, el Republicanismo Federal, el Socialismo, y el Comunismo. A costa de su paisaje y de sus aparentemente inconmovibles races medievales, el Pas Asturiano, un Pas de aldeas y caseras, se descoyunt en torno a una lnea de fractura: la lucha de clases. La virulencia de las huelgas asturianas lleg a su eptome en la Revolucin de Ochobre de 1934. De esta calamidad la nacionalidad asturiana no se ha recuperado. La catedral y sus smbolos nacionales ms preciados, sitos en la Cmara Santa, quedaron destruidos. La Universidad, destruida y clausurada. Miles de muertos, miles de violaciones cometidas por las tropas de la Repblica Espaola y sus mercenarios los moros. Se habilitaron campos de concentracin para los miles de revolucionarios asturianos detenidos, que adems fueron sometidos a todo gnero de torturas y humillaciones.

Se puede decir que desde 1934, Asturies no levant cabeza como nacionalidad. Todo proyecto regionalista y autonomista se bloque, y las ideologas ms intransigentes, a izquierda y derecha, se aduearon de las calles. Toda visin nacional se supedit a la lucha de clases, y desde que los revolucionarios asturianos fueron traicionados por los partidos y centrales obreras de Espaa, se foment el mito castrante de que Asturies siempre haba dado su sangre por los dems, por otras instancias: por Espaa en la Covadonga del siglo VIII, por el Rey y por Espaa otra vez, en la Revolucin antinapolenica de 1808, y por el Proletariado Internacional en 1934. Asturies vivi ya para siempre en un largo sueo y en una insoportable mentira. Pues tras la Guerra, y tras ser aplastado el Consejo Soberano de Asturies y Len, la posguerra aguard para el Pas un destino propio para un Pas ocupado: ser colonia. Sobre Asturies y sobre los territorios circundantes que formaron el viejo Pas Astur (el Noroeste de la Pennsula) el Reino Espaol, reconvertido en dictadura totalitaria, se ejerci con mayor intensidad el proceso de aculturacin que ya un siglo antes haban emprendido los gobiernos liberales de Madrid. En realidad, toda la batera de crticas que los "soberanistas" e independentistas de toda laya dirigen contra el Rgimen de Franco como causante de los males del centralismo, como principal agente de la espaolizacin de todos los territorios, deberan retrotraerse a los gobiernos de la Monarqua Espaola del siglo XIX, y de forma muy especial a los liberales. Tras 1812, se fue consumando la desarticulacin tnica y poltica de los pueblos ibricos, con divisiones provinciales arbitrarias, con la disolucin de la Junta General del Principado (1835), con la uniformizacin de la enseanza, el derecho civil, etc.

El franquismo fue una continuacin del siempre fracasado proyecto liberal por hacer del Reino de Espaa un Estado-Nacin a la manera francesa. Un intento tardo pues ya en Europa se haba dado la acumulacin de capital necesario para que las burguesas de otros estados-nacin se apelotonaran en torno de gobiernos y ejrcitos que se lanzaran a la conquista y reparto del mundo. La Monarqua Hispana se haba lanzado a la conquista del mundo sin haber consolidado burguesa alguna, antes bien, liquidndola a comienzos del siglo XVI. Su inmensa mquina militar y burocrtica, alzada durante el reinado de los Habsburgo, se revel como ineficaz desde el principio, sobre muy precarias bases hacendsticas, ajenas a la racionalidad que exiga en Capitalismo boyante en los otros estados europeos. Tras los Habsburgo, los Borbones fueron acometiendo sus planes centralistas aquellos que Olivares no haba podido ejecutar en el siglo XVII. Los Borbones fueron los que realmente trajeron la castellanizacin por decreto del Reino. El "castigo" de eliminar los fueros a los territorios austracistas (los de la Corona de Aragn) no pudo ser aplicado a otros territorios autogobernados desde antiguo, de naturaleza foral y con cmaras de representacin popular propias (Principado de Asturies y las Provincias Vascongadas), por haber permanecido leales a la causa borbnica.

El verdadero nacionalismo asturiano, que debe separar bien su frontera con ese "soberanismo" que, en realidad, es una prolongacin secreta de Izquierda Unida para dividirle y neutralizarle, es una causa legitimista. Todos los nacionalistas asturianos somos legitimistas: no revindicamos un "derecho a decidir" o un "derecho a la autodeterminacin". Reclamamos en realidad el ejercicio de una soberana ilegalmente pisoteada pero que es soberana originaria. Espaa no existir desde el punto de vista de la legitimidad natural mientras no se reconozca y no se permita el ejercicio de la soberana de Asturies. Asturies fue el primer reino en tiempos de la dominacin mora, y de este estado medieval brotaron los concilios que, andando el tiempo, seran la Junta General del Principado. Del Reino Asturiano iran brotando todos los dems entes polticos (condados o reinos, as como las Cortes y Juntas que regionalmente surgiran en el medievo).

Resulta penoso observar cmo la ignorante prensa "regional" asturiana, as como sus intelectuales provincianos, hacen amplio uso del nombre de "Principado" entendindolo en un sentido patrimonial, como si la vinculacin a la primogenitura del Rey Castellano fuera un hecho eterno e inexpugnable. "Principado" tena en el medievo un sentido ms bien aproximado al de "Repblica". El circo o payasada- anual que se celebra en Oviedo con la entrega de los premios de la Fundacin "Prncipe de Asturias" no es otra cosa que un montaje para dar publicidad a la Casa Real, a la monarqua espaola, pero Asturies ya fue Principado antes de que existiera Espaa, y su denominacin histrica no tiene nada que ver con el sentido patrimonialista que se le pretendi dar en 1388, cuando el rey castellano quiso hacer suyos estos territorios, por cierto bien levantiscos y que podran haber formado parte de otra Corona por ejemplo, inglesa- o mantenerse de forma republicana (a travs de una Junta General o Hermandad de todos los concejos asturianos) de haber sido otros los resultados de las luchas de los nobles independentistas. El Principado de Gales o el Delfinado francs tambin fueron ejemplos de "retencin" de un Pas a una Corona por medio de la primogenitura regia. Y en una poca tan poco propicia a las repblicas, la existencia de Juntas soberanas como las vascas y la asturiana- junto con el constitucionalismo y federalismo de los reinos de la Corona aragonesa son buenos ejemplos de la tendencia no absolutista del Medievo. Sin embargo el Principado de Asturies, con su vinculacin a la Corona Castellana perdi fronteras con otros estados extranjeros a los que poder reclamar ayuda. Su vinculacin al Reino de Len, por traslado de la corte de Uviu a Llen fue la condicin de su absorcin posterior por parte de Castilla, pero realmente no fue hasta bien entrado el siglo XV cuando se dio lugar la anexin castellana. Y esa anexin fue de todo punto ilegal, pues de la misma manera que los castellanos reclamaron como parte natural de su Corona al Principado, ste bien habra podido exigir a los reyes de Len, primero, y de Castilla, despus, su incorporacin a Asturies como parte conquistada y sometida a la jurisdiccin. No fue as, pues Asturies decay lentamente y se vio marginada de los grandes aconteceres de la Reconquista (y por tanto de los botines correspondientes). Pero fue de hecho y de derecho una especie de Repblica autogobernada.

Cuando los castellanos y los espaolistas reclaman que Asturies es "parte" suya, se les debe replicar que con mucho mayor motivo Castilla y su proyeccin fantasmal, Espaa, es parte de Asturies, ilegtimamente desgajada.

La lucha del nacionalismo asturiano es una lucha completamente diferente de la lucha del nacionalismo vasco o cataln. Es una lucha en la que no entran los elementos "modernos" del Derecho (arbitrario) a decidir, como si en cualquier momento se pudiera consultar al "pueblo" (y quin es el "pueblo") desgajarse de un Estado o no. La composicin y las dimensiones de los estados, as como las fronteras, seran fluidas en grado sumo, sujetas a la mxima inestabilidad a la que tendencialmente- propende la Democracia Ciberntica. El Pueblo podra separase "pacficamente" de otros Pueblos, y la guerra de votos derivada de una serie de consultas "legales" o no- se sustituira por la Guerra de Censos. Si votan los emigrados de la dispora (asturiana, vasca, gallega) no censados entraremos en las causas de esa dispora? Si consideramos que la nacionalidad no se corresponde con los lmites de provincias decretados por Javier de Burgos en el siglo XIX no son asturianos los de Len al norte, los de las Asturias de Santillana, los hijos y nietos de emigrantes en Sudamrica? Se sienten vascos todos los navarros? Independencia de Catalua sin contar con los dems "Pases Catalanes"?

A posta, formulo todas estas preguntas polmicas para obligar a orientar los desvelos del nacionalismo asturiano hacia una Visin de Estado y a marcar distancias con respecto al "soberanismo" en el que algunos ingenuos han ido cayendo, como incautos en una burda trampa, y esa es la trampa de los llamados "soberanismos" vasco y cataln. Desde Asturies no estamos interesados en la lucha de esos pueblos por su destino, aunque en el "soberanismo de izquierda" suelen darse inocuas llamadas a una "solidaridad internacionalista". Ms les valdra a estos incautos del independentismo (en el Pas, articulados en torno a pequeos grupsculos herederos de la -desparecida?- Andecha Astur) estudiar a fondo a Marx. Si hubieran estudiado a fondo el marxismo, que pocos conocen e invocan, sabran de sobra que las Condiciones Objetivas, estructurales, son las que determinan las relaciones entre las clases y entre los pueblos. Sabran que la "solidaridad internacionalista" para con las reclamaciones de Artur Mas o, de forma ms comedida, igo Urkullu, son objetivamente destructivas y perjudiciales para con la Formacin Social Asturiana. Suponen la creacin de entes parasitarios del Estado Espaol, suponen la discriminacin de otras naciones, nacionalidades y regiones convirtindolas en rehenes de unas aspiraciones muy curiosas, pues lejos de venir refrendadas por una revolucin netamente popular, como la de Irlanda, por ejemplo, suponen una especie de independencia subvencionada. Como asturiano yo voy a tener que pagar con mis impuestos el capricho de Artur Mas de contar con un Estado propio. Lo curioso de ese nacionalismo de sardana y butifarra es que viene impulsado por una burguesa indgena desde siempre explotadora y capitalista (otro tanto se diga del PNV, si bien ste cuenta con ms base popular). Esa burguesa se ve ahora demogrficamente convertida en minora, y los apellidos catalanes "de pura cepa" escasean cada vez ms, hecho contrarrestado con la catalanizacin de los nombres de pila. Muchos "Jordi" Fernndez o Gonzlez, o Prez, son los que ahora apoyan las demandas de esa minora con pedigr cada vez ms ajena a la realidad: la realidad de una nacin, Catalua, que habla "andaluz" en buena parte, y que el da de maana hablar rabe en un porcentaje decisivo. Cuando Mas invoca la herencia franca o carolingia de su vieja nacin est revelando el grave complejo de identidad que le aqueja. El rigor histrico debera haberle recordado que los francos llamaban "hispani" a los catalanes de entonces, y tambin eran, para ellos, los "godos". Este brote de independentismo debe vincularse a la crisis de identidad que ha provocado en la burguesa, antao pujante y hoy fosilizada, del centralismo barcelons. En todas las sociedades heterogneas desde el punto de vista tnico se dan tales brotes de nacionalismo "reactivo". Sabino Arana fue, hace un siglo, expresin exacta de lo mismo. Y la invencin de Castilla, ya desgajada de Asturies y Llen, lo mismo: la abundancia de judos y moriscos exacerb un sentimiento feroz de identidad, de cuya ferocidad siempre artificial- dan prueba las persecuciones y matanzas de los "otros".

El nacionalismo identitario asturiano nunca fue agresivo precisamente porque nunca necesit de dotarse de artificios polticos con los que albergar/expulsar a los otros. La sociedad asturiana fue muy homognea hasta bien entrado el siglo XIX, hasta que lleg emigracin surea y gallega con la Revolucin Industrial. La mayor crisis identitaria fue la provocada por la posguerra franquista y la incentivacin que de la emigracin interna la Dictadura llev a cabo en todo el Estado. Franco saba de sobra que con el aguijn del hambre, pueblos y comarcas enteras podan desplazarse de sur a norte, y de centro a periferia con el fin de lograr la homogeneidad tan buscada por l, justo como por los liberales del XIX. Fue precisamente en la Transicin (aos 70 del siglo pasado) cuando la conciencia de la identidad asturiana brot sobre bases nuevas, un tanto distintas de aquellas bases que sustentaron el regionalismo anterior al desastre de 1934. Entre esas bases se encontraba un mayor nfasis en la reivindicacin de la lengua (nfasis al que se circunscribieron algunos asturianistas, limitando con ello el alcance de la lucha), un celtismo cultural, unas demandas de mayor autonoma, un rechazo al covadonguismo como ideologa, etc. Pero estas bases fueron dbiles: los que iniciaron el movimiento de "Conceyu Bable" no contaron con el doble respaldo que haba entre nacionalistas catalanes y vascos: una burguesa autctona que pusiera el dinero, y un sector popular de izquierda que "animara" las calles. El nacionalismo necesita de ambas cosas: dinero y masas. En Asturies no hubo nada de esto.

El carcter de va muerta de aquella iniciativa de "Conceyu Bable" est hoy a la vista. Fracaso tras fracaso electoral, los nacionalistas, soberanistas, asturianistas, viven en tribus aisladas, sin saber ofrecer un proyecto de nacin en comn. Casi todo el sector a la izquierda ha venido siendo instrumentalizado por el PCE y grupsculos espaolistas adjuntos- y despus por Izquierda Unida. El grado de control que ejercen sobre los jirones del movimiento de reivindicacin nacional es enorme, y fcil de ejercer. Se percibe incluso en las relaciones personales, en la censura practicada sobre ciertas webs, en campaas ad hominem. Todo intento de construccin aunque consista en una mera propuesta terica- de un amplio frente nacionalista, por encima de la trampa bipolar de "izquierdas" o "derechas" es inmediatamente tachado de "interclasista" o de "tercera va neofascista". La crasa ignorancia de la tradicin marxista por parte de ciertos elementos radicales y anti-sistema les impide comprender que hasta el mismo Lenin vea como fase necesaria de la lucha proletaria la incorporacin de stas a amplios frentes populares en los que otras clases sociales y estamentos descontentos de stas podan hacer las veces de vlidos compaeros de viaje. Frente a la instrumentalizacin que lleva a cabo la izquierda oficial, claramente corrupta, clientelar y vida de pesebres proporcionados por el PSOE, todava queda por hacer un amplio movimiento popular en la que se imbriquen cada vez ms los aspectos ecolgicos, sociales e identitarios del Pas Asturiano. Ese movimiento popular debe ir desbloqueando poco a poco los mecanismos de sujecin ideolgica que la "izquierda plural" del PSOE-IU y grupsculos adjuntos viene ejerciendo a travs de la prensa, la enseanza, los concejos, las fundaciones y entramados diversos. Adems, con la debida conciencia de que las naciones se estn quedando muy pequeas y de que el mapa autonmico (cuando no el sistema al completo, que hoy es la "Espaa de las Autonomas") se va a reconfigurar, este amplio movimiento popular debe enlazarse con el de los pases vecinos, y formar lo que yo he llamado una Alianza del Noroeste. Por medio de colaboraciones generosas en todos los terrenos, debe propiciarse:

  1. Un apoyo decidido al leonesismo: Len no es Castilla, debe ser el lema de todos los nacionalistas identitarios de Asturies, apoyando adems la recuperacin de su lengua (que es la nuestra, aunque reciba denominaciones diferentes en cada territorio, leons o asturiano). Apoyar el proyecto de recuperacin del "Pas Astur", mucho ms amplio que la actual comunidad autnoma uniprovincial del Principado de Asturias.
  2. Una coordinacin cordial con el nacionalismo gallego, superando puntos de conflicto, recordando que la reivindicada Gallaecia de tiempos remotos coincide bsicamente con el Noroeste ibrico, de comn raz cltica.
  3. Apoyar decididamente la recuperacin de la lengua asturiana de gran parte de Cantabria, por encima de las denominaciones locales que de ella se quieran hacer, y recuperar en el terreno cultural la idea de Les Asturies/Las Asturias, en plural, como base para esa Alianza del Noroeste.

La Espaa de las 17 autonomas es inviable en lo econmico y en lo histrico-cultural. Despus de 30 aos ha devenido una farsa. Es una farsa que impide la creacin de grandes ncleos de pueblos con afinidad histrica y tnica. En territorio y poblacin, el Noroeste (Galicia, Asturias, Len y Cantabria) podra medirse con ms justicia al lado de las dos Castillas reunificadas, un Pas Vasco que incluya a Navarra, unos Pases Catalanes, Aragn, una Andaluca Pocas entidades nacionales, grandes y, a su vez dotadas de internamente de una estructura federal. Esto supondra el arrinconamiento de esa monstruosa ciudad de Madrid, como vieja capital de un Imperio ya inexistente, as como la supresin de las Diputaciones Provinciales y otras entidades intermedias entre lo local y lo Confederal. El nuevo mapa se parecera mucho a las viejas entidades histricas (Reino Asturleons, Reino Castellano, Corona de Aragn) adaptado a las nuevas realidades (desgajamiento de lo andaluz frente a lo castellano, insularidad de las Canarias, aumento de la conciencia identitaria en las provincias vascas, tradicionalmente desunidas y ms vinculadas a Castilla que a Pamplona) pero, por regla general sostengo que la Historia es una regla ms fiable que el capricho de las oligarquas y de la casta poltica indgena, y desde luego, ofrece unas orientaciones ms saludables que las que emanan de los cocederos de Madrid, villa y Corte. De dicha Corte siempre se ha proyectado una visin fantasmagrica, irreal, de lo que significa la diversidad territorial y etnolgica de Espaa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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