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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2013

Lecciones de solidaridad, pese a la crisis

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Es cierto que vivimos en una sociedad que, entre otras, se caracteriza por el consumismo (hoy en evidente declive) y el individualismo. Pero precisamente, esta ltima caracterstica, que se ha desarrollado durante las ltimas dcadas de bonanza de la sociedad liberal, pudiramos pensar que en los tiempos de crisis econmica y poltica que vivimos es cuando ms debera mostrar su implantacin y avance social. Sin embargo, podemos afirmar, y sentir cierto orgullo por ello (aunque ojo, no nos ensimismemos en ste), que la crisis social, poltica y econmica todava no ocupa los espacios y momentos ms importantes de nuestra vida como para hacer dominante ese individualismo.

Por otra parte, la solidaridad siempre ha caracterizado a este pueblo. Posiblemente por el hecho de que en momentos crticos de su historia ha visto como otros pueblos, otras personas, le hacan muestra de ese sentimiento y de la accin prctica que el mismo conlleva. Tambin porque a lo largo de esa misma historia, en muchos momentos, ha tenido que ejercer la solidaridad interna por situaciones de injusticia poltica, social o econmica que nos han perseguido. Evidentemente, la solidaridad se nutre y crece en la empata, en ese saber ponerse en el lugar de la otra persona y, corresponsablemente, actuar para transformar la situacin hacia lo positivo, hacia el bienestar, hacia la mejora de las condiciones de vida. Siguiendo esta lgica, la solidaridad tiene dimensiones que sobrepasan la simple ayuda o compasin que todo ser humano podemos/debemos sentir por quienes estn peor. Partimos del derecho de todo ser humano a una vida digna, por lo que la solidaridad no puede ser real si no parte del derecho y obligacin a indignarse ante la injusticia que se pueda cometer contra otra persona, ya estemos hablando del desahucio hipotecario, de la prdida del derecho universal a la salud o de los desplazamientos forzados de poblaciones enteras por situaciones de conflictos armados o actuaciones de expolio territorial de las transnacionales. En esta dimensin, la indignacin, y por lo tanto la solidaridad consecuente, tiene tambin una practicidad que va ms all del mero sentimiento. Si en algo podemos mejorar las condiciones de vida de las personas debemos intentarlo; si podemos alterar las causas que provocan esas situaciones, aqu y all, a nuestro lado, en nuestro pueblo, pero tambin en otros pueblos, en otras latitudes, no podemos mirar para otro lado, debe de ser una obligacin poner nuestro grano de arena para transformar esa injusta situacin.

Recientemente, y en razn en parte de la poca navidea, pero tambin por las graves consecuencias que est teniendo la crisis econmica y poltica (una vez ms habr que decir, que tienen nombres y apellidos los responsables de la misma), hemos asistido a dos demostraciones impresionantes de que el individualismo no ha terminado de vencer la batalla en esta sociedad. Y que, consecuentemente, no hay un slvese quien pueda, sino que la solidaridad sigue siendo esa caracterstica que antes se aluda. Solidaridad sobre la que precisamente quien da las lecciones ms contundentes una vez ms, son las personas y no, para su cierta vergenza, las instituciones.

Nos referimos a la reciente campaa desarrollada en un fin de semana por el Banco de Alimentos para recoger, valga la redundancia, alimentos destinados a aquellas personas que estn en necesidad de ellos. Los resultados sorprendieron incluso a los propios organizadores pues sobrepasaron ampliamente sus mejores previsiones. En otro orden, EITB (radio y televisin pblica vasca) ha desarrollado su maratn anual; en esta ocasin destinado a la captacin de fondos para la lucha contra el cncer infantil. Ms all de las formas y mensajes quiz demasiado superficiales de este maratn, hay que sealar que, igual que en el anterior ejemplo, alcanz unos niveles de recaudacin muy superiores a los esperados. Como decimos, dos muestras contundentes de solidaridad popular que sobrepasan, una vez ms, y en tiempos de crisis, la solidaridad (entendida en este caso como cumplimiento de sus obligaciones) de las instituciones autonmicas, locales o estatales. stas ltimas, por el contrario, aplican recortes continuos y brutales tambin en este campo, como lo hacen en derechos bsicos como en la sanidad, la educacin, la atencin a nuestros mayores, el derecho a la vivienda, al trabajo, y un largo etc., mientras que, precisamente ante las graves consecuencias sociales de esos recortes, la sociedad da muestras de una enorme, creciente y arraigada solidaridad interna.

Pero esto no ocurre solamente en ese nivel interno de solidaridad, entre el pueblo y para tratar de contrarrestar esas graves situaciones. Tambin en el nivel externo, hacia otros pueblos se sigue demostrando la consciencia poltica y humana para distinguir claramente y afirmar que la solidaridad no puede ser un sentimiento y una accin solo de pocas de bonanza econmica. Podemos asegurar que si maana se diera una catstrofe humanitaria en cualquier parte del mundo, esta sociedad de nuevo respondera como lo ha hecho en ocasiones anteriores. Pero es que no hace falta esa catstrofe para comprobar como, pese a la situacin de crisis y mientras muchas instituciones recortan sus fondos de cooperacin y solidaridad, siguen siendo muchas las personas que apoyan de forma voluntaria esta lnea de accin, esta forma de ser que dignifica a nuestro pueblo. Al fin y al cabo, ah est una de las mximas ms hermosas que se han dicho y que esta sociedad nuestra ejerce continuamente, expresada por un ejemplo de solidaridad internacional, como fue el Che Guevara, al margen de que se comparta su ideologa: la solidaridad es la ternura de los pueblos.

Esperamos que esta situacin de crisis que golpea tambin los valores humanos e ideolgicos no profundice en el deterioro de la solidaridad al interior de nuestro pueblo ni con otros pueblos. Que sta siga siendo un elemento definidor de nuestra identidad como sociedad poltica y humana. Al fin y al cabo no estamos hablando de actuaciones meramente caritativas y asistencialistas, sino de derechos que, como tales, tienen implicaciones polticas, sociales y econmicas profundas, tienen responsables en su aplicacin y protagonistas en su ejercicio. Por que en estos momentos de profunda crisis se nos trata de imponer la visin de que determinados derechos pueden y deben ser prescindibles en aras de otros. Y eso es radicalmente falso pues el cumplimiento y ejercicio de esos derechos debe ser sobre todos o no ser cumplimiento de los mismos; no hay derechos de primera y derechos de segunda.

Es por lo anterior que destacamos los dos ejemplos que hemos apuntado en este escrito, pues representan, ms all de las orientaciones y formas que se hayan podido dar a esas acciones, que la claridad poltica y tica de la sociedad est por encima de gran parte de la clase poltica y econmica. Sabe perfectamente hacer explcita la solidaridad y cooperacin entre personas y pueblos incluso cuando las circunstancias pudieran indicar que esas actuaciones son prescindibles y todo nos empuja hacia salidas individualistas. Afortunadamente nuestra sociedad sabe que la solidaridad es una de nuestras riquezas y seas de identidad y, como tales, debemos salvaguardarla pese a quien pese.

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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