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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-01-2013

Indgenas, la dignidad de resistir

Daniel E. Benadava
Rebelin


Segn la UNICEF en A. Latina y el Caribe la poblacin indgena identificada es de 28.858.580 personas aunque, por su parte, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indgenas afirma que esta cifra oscila entre los 40 y 50 millones.

Ms all de estas discrepancias, las organizaciones sociales coinciden con Amnista Internacional en que resulta alarmante comprobar cmo se violan continuamente los derechos humanos de decenas de millones de personas indgenas de la regin. As, por ejemplo, hace ms de cinco siglos que la mayora de la poblacin indgena del estado de Chiapas -sureste de Mxico- vive en una situacin de marginacin, desnutricin, explotacin y con un escaso o nulo acceso a los servicios de salud y educacin.

En esa zona, a fines del ao 1983, un colectivo de indgenas y mestizos conformaron el Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional -EZLN- y el 1 de Enero de 1994, con el anhelo de construir una democracia basada en la justicia, la libertad y el respeto a los derechos histricamente negados a los indgenas, se alzaron en armas contra el estado mexicano y tomaron varios municipios de la regin.

Pero su intencin no era ser un grupo de iluminados que recurre a las armas para imponer su visin por lo cual, con el paso de los aos, abandonaron (pero no depusieron) las armas y -parafraseando a H. Pegoraro- se abocaron a la urgente tarea de tejer junto a los pueblos oprimidos redes de resistencias y rebeldas que los vayan sosteniendo y tambin propusieron hilvanar colectivamente la utopa de un mundo mejor con los hilos de sus sueos.

Segn el EZLN las comunidades donde ellos estn se organizan a travs de los principios de autonoma, autogobierno y organizacin colectiva. As mismo dicen que viven mejor que antes del alzamiento y atribuyen estas mejoras no a las limosnas, o al haberse vendido, sino al producto de la organizacin interna de las comunidades, de la organizacin entre comunidades y del apoyo heroico de la sociedad civil nacional e internacional.

Por ltimo cabe sealarse que, frente a las burlas que recibe la Iglesia Catlica por el autodenominado progresismo, el EZLN afirma que sera bueno voltear hacia abajo y encontrar all toda una corriente de la Iglesia que -como el fallecido Obispo Samuel Ruiz Garca quien sostena que el EZLN enarbolaba una justa demanda motivada por el hambre y el reclamo de sus tierras- desafa al Poder, no guarda un silencio cmplice frente a la injusticia ni permanece inmvil frente a la guerra, y realiza una opcin en, por y con los pobres.

As, parafraseando a Jon Sobrino, podra decirse que el EZLN adems de denunciar la violencia institucionalizada que los oprime pugna para que se cumplan el mandamiento sptimo, y nadie les robe sus tierras; el quinto, y no mueran ms a causa del hambre o la represin; y el octavo, y nunca ms se encubra el escndalo de la violencia que hace ms de cinco siglos campea en el Tercer Mundo.

(*) Texto originalmente publicado en la Revista Alandar Nmero 294

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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