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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2013

En democracia, la economa se basar en el procomn

Fernando G. Garca
Rebelin


En parte de la izquierda existe un renacido movimiento en defensa de los bienes comunes, a la vista del permanente proceso de saqueo al que stos estn sometidos y que se ha ido acelerando con la agudizacin de la actual crisis capitalista. Yo pienso que se trata de una reclamacin manifiestamente insuficiente en todas aquellas formulaciones que no cuestionan la propiedad del suelo ni de los medios de produccin. Una de las iniciativas que tiene ms audiencia es la conocida como Economa del Bien Comn, promovida por el alemn Christian Felber. Este economista, junto con un grupo de empresarios, emprendi en 2010 el desarrollo de un modelo al que ellos consideran alternativo, tanto al capitalismo de mercado como a la economa planificada o socialista. La implantacin de este modelo la fundamentan en una adaptacin de la economa capitalista a valores humanos, como los de confianza, honestidad, responsabilidad, cooperacin, solidaridad, generosidad y compasin. Bien es verdad que el modelo prevee algunos lmites a la propiedad privada y a la herencia, pero de ah no pasa y todo su modelo apunta a un modelo idlico de empresas capitalistas sostenibles y ejemplares, capitaneadas por propietarios muy ecologistas y solidarios, cuya finalidad es supuestamente distinta a la convencional, basada en el beneficio personal a travs de la explotacin del trabajo asalariado. A buen seguro que se trata de una iniciativa bienintencionada, pero tan intil como la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, que al omitir el derecho al ms comn de los bienes humanos -la Tierra comn-, enmascara y protege la sistemtica apropiacin privada de sta y la mercantilizacin del trabajo humano, impidiendo de raz el desarrollo efectivo de todos los derechos humanos.

Es cierto que el saqueo de los bienes comunes se haba iniciado antes del capitalismo, tal y como hoy lo conocemos; y cierto es que en la poca feudal la acumulacin de la propiedad privada del suelo ya haba sentado las bases para su actual normalizacin capitalista; como tambin es verdad que la tarea de garantizar su reproduccin social pas a manos del Estado, que se atribuy la administracin de los bienes comunales que haban logrado salvarse del saqueo privado-feudal, inventando lo pblico como sucedneo de lo comn. El saqueo contina hoy sobre los escasos restos de aquellos bienes comunales primitivos y sobre los nuevos bienes comunes que la sociedad va generando en torno al conocimiento, la cultura, la informacin y la comunicacin.

Sostengo que la verdadera democracia es incompatible con la dominacin de unos seres humanos por otros y que, por eso mismo, es radicalmente incompatible, tanto con la apropiacin privada de los recursos naturales y de la Tierra entera que los contiene, como con el trabajo asalariado en su moderna versin como sucedneo de la esclavitud. Y no slo la democracia es imposible mientras perdure la barbarie, normalizada e institucionalizada, de ese sistema de dominio; lo ms grave es que tambin bloquea la posibilidad de supervivencia de la especie humana, frontalmente amenazada por un acelerado y sistemtico proceso de agotamiento y destruccin de los bienes comunes, como consecuencia lgica de un sistema econmico fundamentado en la apropiacin de lo comn, en la mercantilizacin del trabajo humano y en el crecimiento contnuo.

Tambin sostengo que la Democracia, como bien comn, ha sido vctima de un proceso de apropiacin similar al de la propia Tierra y al del resto de los bienes que integran el Procomn universal. En Democracia, las comunidades humanas habrn recuperado el dominio sobre los bienes comunes, junto con el igualitario y justo acceso a los mismos para todos los individuos de la comunidad. Sin Democracia, el futuro es moralmente insoportable, cientficamente improbable y racionalmente imposible. Y aunque perdure por siempre una duda razonable acerca de la cordura de nuestra especie as como sobre el lmite de edad de nuestro planeta-, s sabemos con certeza que la Democracia es la condicin necesaria, aunque no suficiente, para hacer posible ese futuro.

En su histrica adaptacin y doblegamiento a la hegemona capitalista, la izquierda poltica ha ido borrando de sus programas la antgua reivindicacin de la Tierra comn como primero de los bienes races y comunales. Actualizar esa reivindicacin de la izquierda es el paso obligado para lograr la hegemona de la razn sobre la barbarie moral, econmica y ecolgica del capitalismo. Slo a partir de ah, podremos afrontar el inicio de la Democracia.

PD:

1. De un amigo cataln he recibido un enlace a un artculo escrito a principios del siglo pasado y publicado en un peridico anarquista editado por entonces en Valladolid, mi ciudad natal. Produce admiracin y sonrojo releer hoy lo que, a propsito de la propiedad del suelo, pensaban aquellos cultos obreros de hace ms de un siglo, desde su inquebrantable pensamiento libre y racionalista; por su oportunidad y brevedad, lo reproduzco a continuacin:

La propiedad del suelo (Artculo publicado el 15 de febrero de 1.911, en el n1 del peridico EscuelaLibre, rgano del Ateneo Obrero Sindicalista de Valladolid)

La posesin del suelo por uno o varios individuos, con exclusin de la restante mayor a, es la causa de la existencia de la miseria.
Esta verdad, tantas veces anunciada, conviene que se repita sin cesar. Nuestro globo ha preexistido a la humanidad, la tierra, antes que la humanidad apareciera en ella, no tena dueo; lgico es admitir que las primeras generaciones humanas la poseyeron en comn. Por qu actualmente pertenece el suelo a una minora? Indudablemente porque los fuertes en un momento dado se lo apropiaron a expensas de los dbiles, que no supieron ni pudieron impedirlo. La fuerza fsica individual pudo servir a los primeros ocupantes; despus la fuerza organizada cre circunscripciones llamadas naciones, y en cada circunscripcin los poseedores de la tierra y monopolizadores del capital creado por el trabajo servil se atribuyeron la parte del len, procurndose fragmentos de territorio a cambio de dinero. Y se produjo ste caso: los proletarios, careciendo de participacin en el suelo, para trabajar y vivir, se vieron obligados a humillarse a los propietarios, ofrecindoles un trabajo a cambio de un salario, dando lugar al abuso que los economistas excusan o justifican en nombre de la ley de oferta y demanda, en que el capitalista propietario usurpa sistemticamente el producto del trabajo.

De semejante anomala resulta la esclavitud de los trabajadores, y la inexplicable incongruencia existente entre los derechos declarados por la democracia moderna y la brutalidad arcaica del hecho social, por la cual mientras se declara la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos, viven materialmente divididos segn la antigua legislacin romana en hombres-persona, con libre acceso a todas las ventajas sociales, y en hombres-cosa, supeditados a sus dominadores.


El suelo es la fuerza productora material indispensable al trabajo; es, pues, de absoluta justicia que todo ser humano tenga en l libre participacin, lo que equivale a decir que el suelo ha de ser posedo en comn por la humanidad.
Para efectuar esa transformacin de la propiedad, que se impone por necesidad y por justicia, la sociologa adelanta nociones racionales, el privilegio opone cuantas dificultades tiene a mano y el progreso allana la ira, hasta el momento en que se produzca la explosin que, en los grandes das de la historia, seala infaliblemente el momento de la evolucin cumplida.


2 La Carta de los Comunes, es una propuesta del Observatorio Metropolitano de Madrid, un espacio de investigacin militante.

http://blognanin.blogspot.com.es/2013/01/en-democracia-la-economia-se-basara-en.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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