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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2013

Ser zapatista en Espaa

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


En Espaa nos encontramos con una situacin peculiar. La izquierda institucional se divide continuamente. Durante el ltimo ao han aparecido partidos que se desgajan de Izquierda Unida, para seguir, curiosamente, en su seno. No hay quien entienda. Se declama la unidad y la cohesin, pero se practica la divisin. Los problemas se acrecientan y la soluciones no llegan. Prima el protagonismo y el ansia de poder. En ocasiones mediocre, provinciano y caciquil, donde slo se discute el nombre del prximo secretario general o regional, y no los principios, el proyecto y la obligacin tica y poltica de elaborar un programa de accin abajo y a la izquierda.

El paraguas de la ineficacia es muy grande; en l se protegen las mafias internas. Las mafias despliegan sus malas artes para mantener y acrecentar, si es posible, el control de los mandos. El militante joven recibe un aprendizaje nefasto. Para tener protagonismo debe medrar en la organizacin. Pertenecer a un grupo, tener padrinos y callar a tiempo. La organizacin parece campo de batalla. Sus afiliados viven de reyerta en reyerta. Todo se negocia en la mesa de restaurantes de gourmet, entre caf y caf y ancdotas. As se reparten el pastel. La secretara general para m, internacional para vosotros, organizacin ya veremos. Lo importante, la financiacin. Puesto clave: tesorero. Esta realidad no creo que sea muy distinta en Francia, Alemania, Chile, Mxico o Italia.

Las izquierdas que se han apalancado al interior del sistema han decidido convertirse en el pepito grillo de las inmoralidades del capitalismo. Pero han renunciado a los sueos de construir otro mundo. Un mundo donde quepan todos los mundos, donde la dignidad, la tica, el sentido democrtico de mandar obedeciendo sea el principio que abra las ventanas para una vida en libertad, justicia social, equidad y democracia. Simplemente quieren obtener un porcentaje de alcaldes, diputados, senadores. Entre ms, mejor. As se hace ruido y se logran ms votos.

En el ltimo comunicado del EZLN, firmado por el subcomandante Marcos, No los conocemos? Aparecen 10 principios sobre los cuales es posible reconocer a un no zapatista. Entre ellos destacan: si se quiere un cargo, nombramiento, homenajes, premios; si se tiene miedo; si se vende, rinde o claudica; si se toma muy en serio a s mismo; si no se provoca escalofros al verlo; si no da la sensacin de que dice ms con lo que calla; si es un fantasma de los que se desvanecen. Lo cierto es que tiene razn. Por ello, ser zapatista traspasa fronteras en el campo del pensar y del actuar de la izquierda cuyo objetivo es destruir, digo bien, destruir los mecanismos de dominacin y explotacin del capital que niegan la condicin humana.

En medio de un capitalismo que se enroca, el campo de la izquierda institucional apalancada se encuentra yermo. En este contexto, el ya basta! levantado en 1994 mantiene toda su vitalidad. Y no slo por denunciar al mal e ilegtimo gobierno de Salinas de Gortari, sino por el compromiso expresado abajo y a la izquierda. El EZLN traspas fronteras. No es un modelo. En la historia no existen, por mucho que lo propongan eruditos y manipuladores de opinin. Debemos contentarnos con la explosin de procesos polticos, sociales y luchas de resistencia afincados en las estructuras de poder de cada pueblo, nacin y Estado. Existe colonialismo interno, dependencia, imperialismo, oligarquas, burguesas gerenciales, traidores y empresas trasnacionales. Contra ello se lucha. Las armas utilizadas son diversas y responden a realidades mltiples y dismiles. El EZLN ha tenido y tiene la virtud de recrear formas de resistencia y utilizar armas poderosas: la palabra digna, el silencio, el nosotros, el mandar obedeciendo y la tica poltica.

Ser zapatista en Espaa no supone reproducir esquemas. No se trata de hacer solidaridad. Es una actitud, una forma de vida, una manera de actuar. Un comportamiento. Hoy, sea e identidad de todos cuanto abajo y a la izquierda, indignados, con digna rabia, anticapitalistas, excluidos y marginados, pueblos originarios, luchan y resisten al capitalismo. Su silencio en Mxico es el nuestro en Espaa. Su dignidad en Mxico, la nuestra en Espaa. Sus esperanzas en Mxico, las nuestras en Espaa. Son fortaleza contra la injusticia, la corrupcin, la felona y la traicin. Nada nos separa, todo nos une. En eso consiste ser zapatista en Espaa.

Pero el zapatismo es vilipendiado por quienes se sienten dueos de la verdad, del mundo y la nica izquierda posible. En este ataque se busca su aniquilacin, por medio de agresiones, provocaciones y actos de sabotaje. Sus comandantes son caricaturizados, descalificados y considerados lugartenientes del subcomandante Marcos, a la vez satanizado. Toda una parafernalia destinada a provocar desnimo en quienes militan en el zapatismo. Ataques espurios, vacuos, que al fin y al cabo acaban revirtindose hacia quienes los fomentan. Su uso demuestra incapacidad poltica de responder a las propuestas de autonoma, paz, justicia social, democracia, dignidad y libertad, levantada por el EZLN. No hay duda. Militar en el zapatismo es un orgullo y un deber. Hay que seguir siendo zapatista. No se puede dejar de serlo en este momento. Ni renuncia ni desaliento.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/01/05/index.php?section=opinion&article=016a1mun



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