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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2013

Un nuevo ao y una gloriosa revuelta iraqu

Muzana Abdal
Al Quds al Arabi

Traducido del rabe por Mnica Carrin para Fundacin Al Fanar


Parece seguro que nuestro pueblo ha llegado a un resultado lgico y cientfico. Einstein deca que no hay nuevos resultados si las causas se repiten. Durante los diez aos de ocupacin y sus gobiernos se ha falseado la voluntad de un pueblo sometido al ms repugnante lavado de cerebro y de conciencia para intentar que aceptase lo que se le impona en las elecciones locales y legislativas y en el referndum de una Constitucin bomba; para que aceptase una representacin sectaria, tnica y doctrinal sobre la que se han erigido las instituciones del Estado y de la sociedad. A pesar de lo temerario de este comportamiento para el destino de la nacin y el futuro de sus ciudadanos, el pueblo iraqu esperaba llegar a un resultado que le sacase de la desesperacin para poder ver la luz al final del tnel en el que se apretujaba despus de que sus hermanos y amigos se desentendieran de l y lo convirtieran en el botn de todos los planes contra Iraq.

Si este periodo se hubiera aprovechado bien, se podra haber mejorado la situacin, pero en Iraq slo hay ms pobreza, analfabetismo y hambre a pesar de unas rentas cada vez mayores y de unos presupuestos astronmicos gracias al incremento del precio del petrleo y de sus exportaciones. Lo de que el pobre es cada da ms pobre y el rico cada da ms rico es una norma que rige la vida cotidiana en todo el pas desde que el poder lo acapara quienes dicen representar a sus sectas, nacionalidades y religiones, desde que los recursos del pas estn siendo monopolizados por aqullos, sus aclitos o sus parientes. Quienes adaptan la ley a sus intereses para obtener ilcitamente licitaciones y contratos estatales, que tienen por objeto el bien pblico, y adems de ello roban el dinero destinado a esos proyectos, han creado grandes emporios comerciales, empresariales o de representacin de empresas rabes o extranjeras. Todo ello es posible por la ausencia total del control parlamentario, que debera ser el verdadero representante del pueblo, y por la inaccin de la justicia. Los pactos de silencio son los que perpetan la corrupcin cuya nica vctima, material y moral, es el ciudadano.

El desprecio hacia los iraques y la especulacin con el pueblo iraqu han llegado a niveles indescriptibles. Tal es el caso de la anulacin de la cartilla de abastecimiento, que permita al ciudadano tener acceso a algunos alimentos bsicos. La justificacin que ha esgrimido el gobierno para ello ha sido la de impedir la corrupcin de aquellos que gestionan los contratos de compra de los alimentos. El resultado es que en lugar de castigar al culpable se castiga al ciudadano al que se priva de su propio pan.

Debido a la destruccin del Estado, la ausencia de justicia y la falta absoluta de coordinacin entre los poderes actuales, en lucha constante entre ellos ya que los gobernantes representan intereses regionales e internacionales, en Iraq han aparecido nuevas autoridades y dirigentes religiosos o tribales. Adems aprovechando la carencia de seguridad y la necesidad de proteccin del ciudadano, las milicias han tomado el control de las calles y esgrimiendo esa necesidad de seguridad, chantajean al ciudadano para que los vote y as asegurarse el poder.

Algunos dirigentes tribales, una vez aupados en el poder se convirtieron brazos ejecutores del gobierno, glorificndolo y disfrutando de sus ddivas. Tambin ha habido dirigentes religiosos que se han alineado con el poder para glorificar valores religiosos, apareciendo ante las cmaras de televisin segn disponen quienes gobiernan mientras asesinan a su gente y violan a sus mujeres encarceladas. Estos dirigentes, que forman parte de las comisiones de investigacin no hacen sino ocultar los crmenes de guerra cometidos y conceder indultos a sus perpetradores. As, el ciudadano queda completamente desprotegido.

Ante esta situacin, al pueblo solo le queda enfrentarse a pecho descubierto a toda esa vergenza, humillacin, muerte, xodo y violaciones, apoyndose en las verdaderas fuerzas patriticas, en los smbolos religiosos y tribales honrados que no dieron tregua ni a la ocupacin ni a sus gobiernos y que convirtieron su servicio hacia el pueblo y a la nacin en su estrategia desde 2003 hasta la fecha.

Desde la invasin anglo-estadounidense de Iraq, el tiempo se ha detenido para el ciudadano iraqu. El paso de los aos ya no significa nada para l porque el da y la noche son iguales y el da de hoy es igual al de ayer. La tragedia es mayor cada da, y sufre por igual la injusticia miliciana y partidista como la injusticia institucional de los aparatos del Estado y sus altos mandatarios que actan al amparo de la nueva Constitucin y la ley. Hasta en los peores momentos durante la poca de las sanciones el ciudadano iraqu so con un futuro; crey que sus sufrimientos terminaran, pero ha perdido el presente y el futuro bajo la ocupacin y sus autoridades impuestas, que han establecido de facto una alternancia de poder entre grupos polticos que no creen en absoluto en los derechos del pueblo, y que acaparan los recursos y las riquezas del pas para ponerlos al servicio de un sector minoritario.

La marginacin, el desarraigo, el aislamiento y la exclusin han contribuido en gran medida al sentimiento general de que en Iraq todos los ciudadanos no son iguales en derechos y deberes, lo que ha generado el clima necesario para que se produzca un levantamiento: el ciudadano que lo ha perdido todo ya no tiene nada que perder. El constante hostigamiento contra el ciudadano: persecucin, corrupcin, discriminacin, etc. ha terminado por estallar de golpe en la revuelta de Al Anbar, que empieza a extenderse hasta Saladino y Mosul. Esto implica que la poblacin ha comenzado a ser consciente de lo que tiene que hacer para desembarazarse de esta situacin porque se niega a seguir sometida a las autoridades gubernamentales y a los partidos sectarios y milicias que han impedido el desarrollo de todos los mbitos de la vida. Es una rebelda sana y valiente porque acabar con la injusticia y garantizar la dignidad para todos. El hecho de que los protagonistas de la revuelta hayan insistido en que sta no tiene que ver con ninguna fuerza poltica, partidista o sectaria, es una muestra de su conciencia. En primer lugar, son conscientes de que todas las fuerzas polticas que participan en el sistema, aunque pertenezcan a su entorno social, han contribuido al empobrecimiento y a la persecucin de los ciudadanos y se han hecho ricas a su costa. En segundo lugar, los protagonistas de las revueltas son conscientes de que la etapa que est atravesando el pas no requiere debates polticos sobre la forma de gobierno o sobre la naturaleza del sistema poltico, sino que exige un gobierno transparente capaz de garantizar unos mnimos servicios econmicos, sociales, educativos y de seguridad; un gobierno que pueda combatir la pobreza e impedir las violaciones de los Derechos Humanos.

Todos los iraques ven con claridad que el poder actual y las fuerzas polticas que lo sustentan son incapaces de ofrecer ningn servicio real porque nacieron del tero de una crisis poltica que reparti cargos polticos en funcin de la fuerza de cada formacin, y no con el fin de ofrecer servicios al ciudadano. El cargo pblico nicamente sirve para reforzar y financiar a la fuerza poltica a la que pertenece, una trinchera de lucha en primera lnea contra el resto de las fuerzas polticas. Esto no ayuda a crear un sentimiento de responsabilidad hacia el cargo que se desempea y, por otra parte, es incapaz de convencer al ciudadano de que el Estado es su Estado; una institucin que pierde su legitimidad si es que alguna vez la tuvo, por lo que las revueltas se asientan en una responsabilidad legtima y legal. Las autoridades no van a analizar lo que sucede, porque su destino y su modelo de corrupcin y riqueza estn en juego, por lo que es lgico esperar que vayan a utilizar el aparato del Estado y sus recursos para influir en los protagonistas de la revuelta, utilizando, en primer lugar, la fuerza y la represin contra los grupos de ciudadanos y, en segundo lugar, intentaran utilizar las fuerzas polticas y las personalidades religiosas y tribales afines al poder que pertenezcan al mismo tejido social que los manifestantes con el objetivo de hacer fracasar las manifestaciones y dispersar a los participantes para que renuncien a sus verdaderas demandas. Eso fue precisamente lo que sucedi cuando enviaron a Saleh al Mutlaq para que convenciera a los manifestantes de poner fin a la protesta sin que se hubiera dado respuesta a ni una sola de las demandas populares.

Sea cual sea el resultado, la situacin no volver a ser la misma y la fecha de la revuelta ser un punto de inflexin entre el pasado y lo que est por suceder. La responsabilidad de proteger a la poblacin protagonista de la revuelta y de demostrar el valor histrico de esa accin heroica es un deber nacional de todos los intelectuales, escritores y periodistas rabes y locales, para que la protesta se extienda a otras plazas en todas las provincias, ciudades y pueblos de Iraq hasta convertirse en una revuelta generalizada equiparable a una accin histrica que levante Iraq y a los iraques y que devuelva al pas su unidad nacional.

Muzana Abdal es politlogo iraqu.

* Texto cedido a IraqSolidaridad por gentileza de Fundacin Alfanar

Fuente original en rabe



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