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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2013

El yo y la sociedad

Rosana Rosanda
En campo abierto

Traduccin de J. Aristu y Antonio Delgado Torrico


Es ya comn decir que la poltica ha quedado devorada por la economa, entendiendo con esto que aquella no tiene ya el poder de decidir sobre asuntos econmicos, los movimientos de capital, el gigantismo financiero, las lneas de inversin. Esto es en gran parte verdad, siempre que quede claro que aquella no ha sido desposeda de los mencionados poderes por una guerra externa o por un golpe de estado interno sino que ha sido despojada por su propia eleccin, a travs de normas y leyes de sus parlamentos, en general solicitadas por sus ejecutivos. La primaca de lo econmico ha sido en suma una eleccin de la poltica, como fueron los acuerdos de Bretton Woods y el compromiso capital-trabajo tras la segunda guerra mundial en Europa. Lo recordamos porque a la antipoltica de derecha y de izquierda, en su polmica alterna con los partidos y el grupo de notables que mantiene las riendas de los mismos, les gusta olvidarlo. Gran parte de las nuevas siglas antipartido que estn hoy presentes, no solo en Italia, se consideran vrgenes de la influencia de las viejas camarillas nacidas en el seno de los partidos o de los sindicatos, que han dado lugar a las corruptelas o, cuando menos, a los personalismos hoy imperantes.

El eslogan de Alba Dejemos que todos se expresen antes de decidir algo y, el no muy diferente de todos los Se puede cambiar y de la desconfianza de muchos movimientos hacia cualquier forma de organizacin, da por descontado que el principal vicio de partidos y sindicatos se basa no en sus programas sino en sus cpulas directivas, incluso cuando stas son elegidas de la forma ms democrtica. Cualquier poder superior a otro, aun delegado y a pesar de que est otorgado para una duracin transitoria, se convierte en opresin, sostena Bakunin contra Marx, el cual tampoco iba ms all de un sistema de consejos.

Pero esta tesis, que para Bakunin conduca a un anarquismo sistemtico, hoy lleva a distintas siglas a consultar a todos de manera preliminar antes de que una mayora tome una decisin final, como si una sociedad no fuera ms que la simple suma de sus componentes. Cada uno de estos puede ser bien intencionado y sin embargo la suma de las intenciones particulares no corresponde al inters principal de la sociedad de la que estos son miembros no se trata simplemente de una diversidad de tamao entre el individuo y la sociedad de la que forma parte sino de la distancia entre el inters individual y el de una colectividad de iguales derechos pero no de iguales necesidades y deseos.

De aqu surge la necesidad de tener cuerpos intermedios que regulen el trnsito de las necesidades y deseos de los individuos a los del grupo, los cuales se forman como por lo dems tambin ocurre en lo individual por la trama de intereses materiales (de clase, de proletarios o no) e inmateriales (ideas de sociedad, ideologas, primaca de la aristocracia o de la igualdad, de una cultura laica e insertada en su tiempo, o bajo el mandato inmutable de una religin, etc.). Desde hace una treintena de aos se han venido despreciando las ideas de sociedad y de justicia catalogadas bajo las frmulas negativa de ideologas sustituyndolas por el de la mayora matemtica de las necesidades o deseos, en lugar de una elaboracin de unos y de otros; y esto est en la base de la actual confusin de lenguajes, a los que slo les queda en comn el rechazo de cualquier verificacin histrica y la reduccin de la democracia a la suma de las espontaneidades e inmediateces individuales. De ah el odio al partido o al sindicato, como a cualquier forma de organizacin que se atribuya un mandato y unas reglas, basndose por un lado en una suma de experiencia, es decir de historia y cultura, y por otro en una escala de valores ligada a una tradicin ms o menos laica o religiosa, (relacionadas, pero difcilmente sincrnicas.)

De ah la complejidad de las relaciones entre el yo y la sociedad. Estas son mltiples y afectan sobre todo a la izquierda. La derecha siempre se identifica con el principio de desigualdad, si no poltica s de medios, de situaciones, de saber entre una persona y otra; es ms, no slo entre personas sino tambin entre pases: el ms fuerte siempre se presenta como el que someta al ms dbil para civilizarlo. En estos das se celebra el cincuentenario de la independencia de Argelia, y toda Francia siente la necesidad de discutir si es justo o no pedir perdn a los argelinos por haberles oprimido durante casi un siglo y medio. Cundo se ha visto esto? Como mucho se puede reconocer que no haca falta llevarlos a la miseria, el acto de prepotencia de la colonizacin tiene miles de razones, pero ninguna excusa ni arrepentimiento. Y adems, tampoco los argelinos fueron muy considerados al liberarse de quien les haba hecho, durante ms de un siglo, esclavos, y cuando se rebelaron se desencadenaron ocho aos de guerra sucia.

Pero volvamos a la izquierda, que por el contrario se identifica con el principio de igualdad de derechos y al menos como posibilidad de propiedad y de valores (el respeto intercultural). De forma similar al mercado, que se apoya sobre datos cuantitativos, tambin ella se dice que la suma de deseos de los individuos realizara el de la sociedad. El partido ms partido de todos, el comunista, ha sido sustituido por el de la mayora de aquellos que se definen democrticos o simpatizantes. Son las famosas primarias, y es obvio que ya no hablamos del asunto interno de un grupo poltico preciso en el anlisis y en el programa, sino de cualquiera que se considere vagamente interesado en eso.

Cmo se ha producido este cambio? Seguramente por la insuficiencia de reglas democrticas en los partidos, ausencia de la que por otro lado no se indica ni su origen ni su historia. Entre el partido comunista, abominado por su jerarqua inmutable, y el Partido Democrtico, concebido como absolutamente democrtico, es evidente que, a pesar del fatal centralismo democrtico, en el primero se daba por supuesto un flujo del centro a la periferia y de esta al centro seguramente ms consistente que en el partido actual, en el que ese flujo falta completamente. El pretendido centralismo democrtico era detestable, slo que no ha sido sustituido por la aplicacin de reglas que ofrezcan garanta a los derechos del individuo inscrito, excepto con la vaguedad de lmites y reglas de un partido de opinin; esto es, no sujeto a ningn programa preciso. El ser, tambin, similar a un ejrcito en guerra guerra de clase lo protega al centralismo democrtico de muchos procedimientos que habran disminuido la eficacia argumentos que conocemos.

Pero no se ha caminado hacia un examen ms atento de los procedimientos, se ha ido hacia la liquidacin del proyecto de sociedad con el que se identificaba un partido, con el cual uno se adhera o no. Yendo ms al fondo, la preeminencia que se daba al programa de sociedad respecto del de la persona, llegando hasta negar la especificidad, indujo por primera vez al movimiento del 68 a poner el acento en la persona, incluso dando mayor responsabilidad a la persona que al partido o la sociedad. Muy raramente un partido socialista o comunista ha visto surgir de golpe a sus lderes carismticos como s ha sucedido con los grupos extraparlamentarios de los aos 70. Una parte de la, por otro lado transitoria, simpata suscitada por Mario Segni vena de este tipo de argumentos. A travs del proyecto, de la idea, de la ideologa, los que cuentan son l o ella, amados y respetados o censurables o castigables. Hemos llegado al extremo de los vicios de la democracia representativa.

La crtica a la forma partido ha llevado al aadido innecesario de algo que ni es el yo ni es el nosotros de un permetro social sino un personaje construido en gran medida en el imaginario y expresin ms de sensaciones y emociones que de un razonar sobre conceptos bien examinados, pensados y repensados.

Que en Italia esta demonizacin de la poltica haya llevado a todo el parlamento a entregarse a la tecnicidad en el gobierno, a poner en primer lugar las cifras, bajo el control de los parmetros europeos, no puede por tanto sorprender. Es el recproco de la opinin, una poltica exclusivamente contable y monetaria: qu cosa es ms indiscutible que un equilibrio presupuestario? Si esto lleva consigo el desmantelamiento de los servicios que ayudan a vivir, a desplazarse o a curarse a los menos afortunados, y a todos los jvenes a estudiar, no es cosa que est relacionada con las matemticas y con el saldo final tras la resta. Sumas en los ingresos en el presupuesto pblico hay pocas en Europa, como documentaba Mario Pianta (http://www.sbilanciamoci.info/Sezioni/globi/Economia-europea-sono-pessime-quelle-previsioni-16018 ). Si lo que se ha sustrado a lo pblico se cede a bajo precio a lo privado esto, desde unos objetivos contables, puede parecer incluso un enriquecimiento de lo pblico, confundido con el estado. La densidad de las vidas, el poco espacio que queda para la salud y el descanso, el retroceso cultural no son lxico de un presupuesto y no tienen nada que ver con su cualidad tcnica. Otra idea de la poltica, en relacin con esta innovacin, es la que la est disolviendo en lo efmero de las imgenes o en lo abstracto de la contabilidad.

Publicado en italiano en sbilanciamoci.info

Fuente: http://encampoabierto.wordpress.com/2013/01/02/el-yo-y-la-sociedad/


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