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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2013

Juguete infantil: instrumento de paz o de guerra?

Guillermo Guzmn y Marcelo Colussi
Rebelin


La generalizacin que suele hacerse respecto a el socialismo o el capitalismo puede desembocar en una percepcin difusa de ambos conceptos. En sentido estricto, se trata de dos conceptos antitticos, irreconciliables, en tanto que el socialismo va de la mano de paz y el capitalismo, por el contrario, es obligado sinnimo de guerra. La riqueza, tal como estn las cosas en el actual desarrollo histrico, se construye a partir de la explotacin de una clase por otra; esa es una forma de violencia suprema que sirve como matriz para otro tipo de violencias. De ah se pueden derivar el machismo, el autoritarismo, el adultocentrismo, formas de violencias ya naturalizadas en nuestra cotidiana normalidad.

Los juguetes infantiles, como expresin de esas matrices donde los humanos nos desenvolvemos, no hacen sino reproducir los esquemas que nos constituyen. En ese sentido cabe preguntarse si un juguete puede producir violencia (en todo sentido: apologa de la guerra, del sexismo, del machismo dominante) o, por el contrario, reproduce lo que est ya en el todo social.

Un facsmil de ametralladora no podra calificarse como juguete infantil en una sociedad socialista porque la guerra no es objetivo del socialismo; se trata en tal caso de una manipulacin de la palabra juguete que, en una sociedad capitalista, connota un objetivo contrario e irreconciliable con lo que en el socialismo es un juguete, elemento para jugar y no apologa para matar o, en forma indirecta, naturalizacin de la violencia y de la muerte del otro.

Queda de nuestra parte esclarecer que el concepto que cada individuo tenga de lo que es socialismo sea confrontable con la realidad, porque a estas alturas la evolucin del pensamiento popular debe tener implcito y/o expreso lo que es socialismo y, en funcin de ese conocimiento, de esa profundizacin y expansin del nivel de conciencia individual y colectiva, se hace posible que el trmino adquiera un valor funcional ligado a las necesidades ms sentidas.

El amplio campo meditico, factor de poder creciente en nuestra sociedad planetaria actual, induce deliberadamente a desajustes en la conciencia popular. Si las consideraciones individuales y colectivas coexisten con las menores posibilidades de contradicciones, es que nos hemos escapado del maleficio informativo, y tenderamos as hacia un confortable equilibrio con la Naturaleza y con la sociedad.

Es claro que el capitalismo empuja a todos hacia el desequilibrio social, mientras que el socialismo tiende a restituir el equilibrio entre el ser humano y su ambiente, entre la sociedad y la Naturaleza.

Toda la armazn que presupone el sistema poltico debe velar porque no existan abismales desequilibrios sociales. El llamado socialismo real conocido hasta la fecha (entindase que son las primeras experiencias, que por supuesto podrn -o debern- rectificarse all donde hicieron/hacen agua) fall, o al menos no dio todos los resultados esperados, porque no fue capaz de velar exitosamente por ese aludido equilibrio, y siempre han sido los nios los ms vulnerables de las confrontaciones sociales.

Pero valga ocuparse integralmente de los nios, de sus intereses, de sus vulnerabilidades y recrearlos en el camino de su desarrollo pleno; eso slo ha de lograrse en la sociedad socialista, porque en la capitalista, el nio, como todo absolutamente dentro de su esfera, es tambin objeto de lucro, est inmerso en la sacrosanta ley del valor.

El contexto social determina en mucho el comportamiento de los nios. Los medios masivos de comunicacin no hacen sino repetir y llevar al lmite esas matrices en las que cada sujeto se hace un adulto normal, integrado a su medio. La televisin capitalista contribuye a remarcar que el papel de las nias es competir por la belleza y a los varones, por ejemplo, les corresponde ser violentos, mandar y, por qu no?, matar. De ah la mueca Barbie y la ametralladora como smbolos ya coagulados en la construccin de subjetividades y de ciudadana. Por tanto, al pasar de una etapa a otra en el proceso evolutivo, solo van quedando heridas psicolgicas; el desarrollo de sus procesos de pensamiento se ve atrancado por una bestial carga de violencia en todas sus manifestaciones. Cuando un nio no conoce otro paisaje que la pantallita del televisor, termina siendo un mueco, porque de las apariencias no se saca un conocimiento firme. Lo pattico es que cada vez ms, con fuerza creciente, son esas imgenes, esas realidades virtuales creadas por medios electrnicos, las que van moldeando lo humano, nuestra forma de pensar, de sentir, de actuar, de relacionarnos. Y alguien concreto de carne y hueso (enormes factores de poder) son los que deciden qu debe pensar y sentir la humanidad en su conjunto.

Es real que en las etapas iniciales de su proceso evolutivo, el nio apele a las apariencias de su entorno, pero en esa etapa no puede hacer razonamientos abstractos ni lgicos; cada nio repite, sin saberlo, los patrones que lo harn uno ms de la serie, un sujeto adaptado, normal dentro de los cnones de su cultura. En sus etapas iniciales, el nio slo hace razonamientos concretos, no abstractos, y eso es determinante para comprenderlos en su desarrollo y no exigirles ms de sus posibilidades naturales; todo nio juega libre con la plastilina pero ignora y ni le interesa el concepto libertad, que es una abstraccin.

Mediante el juego, el nio aprende a conocer el mundo, adquiere un buen concepto de s mismo porque siente que depende de sus propias experiencias, se percata que es capaz de hacer las cosas, y todo ello lo va configurando como un ser autnomo, ubicado, integrado a su medio social.

Cada nio es creativo y nico, y necesita desarrollar su experiencia de manera continua, pero la televisin capitalista interrumpe deliberadamente ese proceso cuando expone verdades ilustradas que no necesitan preguntas, con lo cual somete al nio a la pasividad de la quietud, lo cual es, en definitiva, un trasfondo malvolo.

Si el nio no juega oportuna y apropiadamente perder la oportunidad de desarrollar parte del inmenso potencial de su personalidad; jugando, el nio aprende a perder y a ganar, se pone a prueba a s mismo, pasa de lo conocido a lo desconocido, ejercita sus impulsos, improvisa, examina, explora, inventa, aprende a saber lo que est sucediendo a su alrededor, acelera, retrasa, descarga sus emociones y a la vez adquiere equilibrio en medio de dificultades, entra en ritmo con la vida, calibra la velocidad de su desarrollo, se ubica en su espacio y en su tiempo, valora sus circunstancia particulares, adquiere seguridad en s mismo, fortalece su sentimiento de felicidad. El juego, para los nios, no constituye slo un pasatiempo divertido: es su forma de instalarse en el mundo, de apropirselo y de crecer. De hecho, del tiempo que permanece despierto, un nio puede pasar hasta el 60% del mismo dedicado al juego. El juego es su trabajo.

Si el nio no juega de modo apropiado, o acaso simplemente no juega sino que mira todo el da la televisin o est enfrascado en actividades donde interacta poco con su mundo rodeante, no puede avanzar, deja de aprender y se torna un ser pasivo. En otros trminos: un nio que no juega, no slo no avanza sino que retrocede psicolgicamente.

En una sociedad socialista el juego debe relacionarse con los proyectos de la educacin establecida, que siempre habrn de contener valores distintos a los caractersticos de la sociedad capitalista, basados estos ltimos en el individualismo y la idea de propiedad privada.

Cules son los mejores juguetes para un nio? Sin dudas, no necesariamente los ms caros y sofisticados, sino aquellos que proporcionan ms tiempo de juego y se adaptan a sus gustos, a su carcter y al momento evolutivo del nio en cuestin. Por supuesto los juguetes son necesarios para el desarrollo del pequeo en crecimiento, pero ninguno de ellos exime a los padres de la responsabilidad de jugar con sus hijos. Ahora bien: somos ms violentos hoy da porque los juguetes que se ofrecen inducen a la violencia?

La violencia -partera de la historia, como deca Marx- en cierta forma define al ser humano. La historia de la humanidad es, sin ms, una larga sucesin de hechos violentos: guerras, invasiones, conquistas, revoluciones. Pero no slo violencia -como estamos tan acostumbrados a entenderla- en el sentido de explotacin econmica, opresin social, ataque blico o ejrcitos blandiendo sus armas. Tambin, y con la misma virulencia -aunque sus efectos no sean todava igualmente deplorados- discriminacin de gnero, segregacin tnica, verticalismo, autoritarismo de los adultos sobre los nios. En ese sentido: es violento que una nia juegue a ser mujer con una mueca, sabiendo que ser mujer en nuestro esquema social significa pasividad y sumisin?

Violencia ha habido siempre, con distintas formas, con expresiones culturales particulares. Pero ah est persistentemente, inclume, ms all del tiempo. Quiz hoy da se comienzan a cuestionar ciertas manifestaciones que, hasta hace muy poco, ni siquiera se consideraban como el ejercicio de una violencia. Por ejemplo, en la actualidad va ganando terreno el obligado respeto hacia la comunidad homosexual, incluida apenas unos aos atrs en la Clasificacin Internacional de Enfermedades de la Organizacin Mundial de la Salud como expresin de una psicopatologa.

La sociedad, entonces, se va haciendo ms civilizada? Condenamos hoy ms formas de violencia, que antao no eran tenidas por tales? -pinsese en el respeto hacia los discapacitados, una nueva actitud ante las diferencias tnicas, ante las poblaciones marginales-. Esto plantea la pregunta respecto a si el mundo evoluciona hacia formas de mayor tolerancia, de menos violencia y solidaridad. O los videojuegos, por ejemplo, nos hacen cada vez ms violentos, naturalizan la muerte?

Respuesta muy difcil, por cierto. S y no. No hay dudas que en la historia humana se han dado algunos pasos importantes en el proceso civilizatorio. Actualmente contamos con una serie de mecanismos y procedimientos que -se supone- deberan hacer la vida de toda la poblacin ms digna, ms agradable, menos violenta. Hay una legislacin, ya universalizada, que protege la vida en todos sus aspectos, as como su dignidad y calidad. El discurso de los derechos humanos, en tanto intrnsecos al mismo hecho de existir como seres humanos, y por tanto inalienables, se ha ido incorporando en el grado de desarrollo global que toca a los ms de siete mil millones de almas que poblamos el planeta. Existe -aunque pueda abrirse el interrogante respecto a su real efectividad- un sistema supranacional que regula (o debera regular al menos) la vida planetaria: las Naciones Unidas. Vistas las cosas en este sentido, la sociedad global actualmente es menos violenta que antao. Hasta las guerras estn reguladas por marcos jurdicos: la Convencin de Ginebra. Se puede seguir matando al enemigo, pero hay que hacerlo conforme a normas. Las guerras sucias -aunque de hecho se hagan- estn prohibidas, por lo que son condenables. Hoy da un general puede ir preso como asesino de guerra. Podramos decir, entonces, que eso es progreso humano?

No obstante, la violencia est lejos de desaparecer (crece incluso?). No slo eso; podra decirse que se presenta con otra cara, ms sutil tal vez, o simplemente: acorde a los tiempos que corren, tiempos de modernidad, o de post modernidad. Tiempos de inimaginables logros cientfico-tcnicos, que abren posibilidades ni siquiera soadas dcadas atrs, no digamos ya siglos o milenios.

Es, al menos en este momento, quimrico pensar en la erradicacin de la violencia de la dinmica humana. Ella es tan fundante, tan constitutiva del hecho humano que conocemos como lo puede ser su calidad de racional, o su capacidad de mentir (lo cual no es sino una forma de la violencia). Se puede, en todo caso, reducirle su espacio, ponerle las cosas ms difciles, lo cual no es poco. Normas, leyes, reglas de convivencia, autocrtica, liberacin de prejuicios; la lista para ayudar en tamaa empresa es grande. Y por supuesto, una horizontalizacin -hasta donde sea posible- del poder, junto a la reparticin ms justa de la riqueza que la especie ha producido.

Si se tuviera que dar una respuesta sinttica -s o no- a la pregunta sobre el crecimiento de la violencia, y ms an, de su crecimiento a partir de los juguetes violentos que el capitalismo pone a la venta como una mercadera ms, habra que decir que actualmente -era ciberntica, era post moderna- se ha generado una nueva forma de la violencia: la sociedad globalizada la ha tornado normal.

Se podra concluir que somos tan violentos como los imperios de la antigedad clsica, como cualquier cultura que realizaba sacrificios humanos o como la inquisicin medieval, con el agravante que ahora tenemos 1) ms capacidad tcnica y 2) una nueva forma de desprecio por la vida.

En esta lgica entran los juguetes como mecanismos culturales que -no podra ser de otra manera- reproducen el medio en que se dan. Los juguetes, en definitiva, son parte de la cultura. Lo que s es evidente es que, hoy por hoy, las nuevas modalidades que van adquiriendo los juguetes que ya invadieron el mercado global (absolutamente capitalista, por cierto) hacen cada vez ms una apologa acrtica de la violencia. La pregunta, entonces, se podra trocar en: somos ms violentos, sexistas y discriminadores por culpa de esos juguetes? Si volviramos a la poca de los inocentes yoyos, o las canicas, por ejemplo, el mundo sera mejor?

Obviamente no. Digmoslo claramente: un nio puede jugar a matar a otro tambin con el dedo. Pero no caben dudas que con esa proliferacin de violencia que los juguetes contribuyen a expandir (videojuegos sangrientos y Barbies que remedan pechos siliconados) no se ayuda en nada a la construccin de un mundo ms pacfico y solidario. Al contrario, se naturaliza la violencia y la segregacin.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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