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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2013

Teresa de vila y la mstica del consumo

Manuel Fernndez-Cuesta
eldiario.es


por tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza tan grande que aun los negocios forzosos escrivo con pena.

Teresa de vila, Moradas del castillo interior (1557)


Por ms que insistan las diferentes familias del liberalismo, desde los melifluos socialcristianos hasta los gallardos fundamentalistas, no parece que el capitalismo, en su fase actual de agitacin y crisis, sea ya compatible, ni siquiera, con la democracia de superficie o democracia de consumo que venden, en los centros comerciales del poder, como marca blanca de la vida.

Nacida despus de la Segunda Guerra Mundial y asociada al sistema de partidos, la era del consumo, primera manifestacin de la posibilidad de ascenso social dentro del fordismo, se diluye, pierde fuerza, a medida que la estratificacin inherente a la economa de produccin fabril desaparece, las instituciones bancarias niegan prstamos con inters de usura y aumenta el desempleo. Si a esto se aade la destruccin de la proteccin pblica, hija del pacto capital-trabajo, la merma gradual de derechos adquiridos y las reformas estructurales que reducen el estado a gestor de burocracias, el desnimo aumenta.

Este es el contexto en el cual el consumo cotidiano, hasta ahora blsamo de Fierabrs de tensiones polticas, se ha convertido en una mstica del consumo, sublimado por imposible, con la idealizacin (culpable) de un floreciente pasado; y las llagas, vestigios de la neurosis colectiva, se tornan letras impagadas. La prdida de confianza en el porvenir, la ausencia de futuro, conlleva, de facto, el descrdito de las instituciones polticas incapaces de garantizar el conocido modo de vida. La cada del consumo estandarizado y el violento ataque a los derechos fundamentales estn generando sociedades low cost y movimientos de protesta, algunos sectoriales, que no consiguen articular una alternativa global al modo de produccin inmaterial y su exacerbada y narrativa subjetividad. Si el paraso terrenal era asociado al consumo de bienes, nica justificacin de la desigualdad del modelo neoliberal, el tiempo del purgatorio, privados del principio del placer inmediato, se ha vuelto presente eterno.

Devota de los libros de caballeras, devota luego de dios hasta el extremo del delirio y la alucinacin, escritora (temerosa del poder eclesistico y, por tanto, autocensurada) de pulcro castellano cervantino, sencillo y elegante, Teresa Snchez de Cepeda Dvila y Ahumada (1515-1582), nombrada doctora de la Iglesia catlica en 1970 por Pablo VI, enferma, mstica y mujer nacida para la accin (y la hereja) inaugura, en pleno siglo XVI, la ruptura, el primer corte epistemolgico profundo con la doctrina de Iglesia: la necesidad de saber, por experiencia directa, ms all de la mediacin de la norma.

Teresa pretende consumir dios, entrar en dios, vivo sin vivir en m, sin pasar por el cedazo infantil que propone el canon, igual que las clases medias han deseado consumir bienes como si fuera el estigma revelador de su propia identidad. Frente a la pobreza y el silencio, camino de perfeccin asctico que Teresa de vila impone entre sus fieles para alcanzar el sentido pleno de la divinidad, el cuerpo social ha optado por asumir el ruido (que impide cualquier forma de comunicacin) y la opulencia. Sinnimos, en este y otros muchos casos, dios y el capital, que muero porque no muero, permanecen inaccesibles revelndose solo con apariciones y visiones, en el caso de la fundadora de las Carmelitas Descalzas, o con la distincin, vinculada al lujo y la exclusividad.

La concepcin mstica de Teresa de vila supondra, en este esquema consumista, la culminacin absoluta de la cercana, ser uno, con su creador, del mismo modo que la alta burguesa, que comparte escena econmica, muy a su pesar, con personajes de la esfera del show-business, alcanza tambin su particular xtasis en el acercamiento a lo nico: una existencia, sin reproduccin posible, hecha a medida. Las dos msticas, si se analizan despacio, desean una comunin directa, sin intermediarios, con lo distinto, bien sea por la va de la oracin, bien por la senda del precio. Que la jerarqua catlica vigilara de cerca a Teresa de vila, siempre al lmite de lo permitido, es prueba de que la radicalidad de sus enunciados. Que las clases medias, ahora empobrecidas, creyeran que el consumo -incluso el exclusivo- era un trampoln social, muestra el desconocimiento por parte de este nutrido grupo, ahora pauperizado, del sentido original de la lucha de clases en el capitalismo.

Inmersos en un rgimen de exigua participacin poltica, fragmentado el discurso y, por tanto, las formas de vida, esta democracia de consumo se ha convertido en la expresin dominante de la potencia del mercado, actitud comparable al arrogante comportamiento de la Iglesia ante la fundacin, gracias a la tenacidad de la abulense, de numerosos conventos (demasiados, a juicio de sus detractores) donde el incendiario amor a dios, entendido como conexin singular, diversa, primaba sobre los valores del orden establecido. Fmina inquieta y andariega, al decir de Surez, Provincial de los jesuitas en 1578, la lectura mstica de la realidad, al lmite del pantesmo, al lmite de la histeria, que lleva a cabo Teresa de vila sera comparable, hoy, al proceso de alienacin de la poblacin provocado por la aceleracin del capital, brusco e inesperado movimiento, turbocapitalismo, que ha dejado a millones de personas, sin salir de Europa, a merced de las salvajes corrientes de la incertidumbre.

Igual que el consumo en las sociedades desarrolladas de los aos 60 era inequvoco signo exterior, visible, de calidad de vida, ahora, mutado en estmulo psicolgico, satisface la catica hipersubjetividad, la condicin del ser humano desamparado. Entre la neurosis y el narcisismo (del consumo de dios) transcurre la vida de Teresa de vila, cuya urgente necesidad de emociones puede ser comparada con la redencin que provoca en el consumidor actual la satisfaccin de su ego desmembrado. Los mitos -dios o el consumo, dios o el capital- adquieren dimensin mgica, ajena a la lgica cultural de su propio contexto histrico, en momentos de turbacin: la Reforma del siglo XVI, con su deseo de vuelta al cristianismo primitivo -sin interferencias eclesiales- en el caso de Teresa, o el final de un ciclo de expansin, con la quiebra del rgido fordismo, en el caso del actual capitalismo avanzado.

En este estado de cosas, condenado el cuerpo social al miedo y a los psicofrmacos, la democracia resulta ya, en los pases europeos sometidos a la dictadura financiera, una opcin imposible, vieja utopa, acercndose, a grandes pasos, eso que I. Wallerstein denomin una especie de fascismo democrtico, una forma-estado donde las lites determinarn el grado de integracin social de la mayora. Mstica de dios y mstica del consumo coinciden en los efectos secundarios: extraas transferencias. Atribulada por sus confesores, deseosos de poner fin a su comunin con dios, Teresa de vila escribe en el Libro de la vida (segunda versin, 1565): Otras veces estoy de manera, que ni siento vivir ni me parece ha gana de morir, sino con una tibieza y oscuridad en todo, palabras que bien podra escuchar, al hilo de la prdida de confianza en la democracia de consumo, debido a la extraeza de la vida impuesta por el mercado, cualquier terapeuta en su consulta.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Teresa-Avila-mistica-consumo_6_87201289.html


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