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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2013

Tipo bueno-tipo malo

Alberto Pinzn Snchez
Rebelin


Miguel Bonasso describe magistralmente en sus memorias tituladas Recuerdo de la Muerte; la tctica preferida por sus torturadores de la dictadura fascista Argentina del bad guy-good guy (tipo malo-tipo bueno), usada tambin eficientemente en todas las dictaduras fascistas del llamado Cono Sur, al haber sido esparcida como una peste inhumana y finalmente generalizada en Nuestra America por todos los torturadores fascistas y paramilitares, primero desde la conocida Escuela de las Amricas y luego por el mundo, desde Abu Ghraib y Guantnamo:

Una vez capturado el opositor al rgimen, viene un interrogatorio brutal y espantoso con todo tipo de torturas imaginables, a cargo de un sdico insultante o tipo malo. Luego, como presumen que el detenido no ha dicho todo, lo dejan descansar unos minutos para que entre en escena un sdico ms refinado y menos humillante, quien con ademanes educados y lenguaje un poco ms elevado (aunque no tanto) le ofrece caf tinto con un cigarrillo y le dice que no quiere verlo sufrir ms, sino verlo por la calle en libertad, sonriente y prspero. Pero para eso debe decirle a l (solamente a l) lo que, comprensiblemente, le ocult al anterior tipo, ese impoltico, perverso y mal hablado.

El resultado indiscutible de esta tctica de dominacin basada en el miedo, el cual segn el nazi Goebbls es la nica emocin humana perdurable y manipulable, llev luego a sus gestores y beneficiarios a teorizar sobre ella y a elevarla a canon poltico: Fue la famosa teora del cochero americano del garrote y zanahoria presentado al mundo en 1997 por la Secretaria de Estado de los EE UU seora Madeleine Albright, al inicio del Plan Colombia y luego, en los dilogos frustros del Cagun adoptada en el pas, convertida y transformada en regla de oro estratgica para derrotar a la insurgencia colombiana, en cualquier mesa de negociacin donde se siente, tal y como lo dej establecido el arspice de la oligarqua trasnacionalizada de Colombia, Alfonso Lpez Michelsen.

Negociar en medio de la guerra, que fue la consigna de los militares colombianos impuesta por el presidente Pastrana a la dirigencia de las Farc durante los dilogos del Cagun, es una curiosa adaptacin colombiana de la regla de la zanahoria y el garrote gringo, que 15 aos despus sin modificaciones, el presidente JM Santos le impuso nuevamente a la dirigencia delas Farc para iniciar y adelantar los actuales dilogos de la Habana.

La enseanza del ex presidente Lpez Michelsen de derrotar militarmente a la guerrilla, para luego sentar a quienes queden, a negociar su desmovilizacin y reinsercin, no ha sido an desechada totalmente por clase dominante colombiana, a pesar de la evidencia contundente de no haberla conseguido en 60 aos de guerra contrainsurgente geoestratgica, apoyada siempre por el gobierno de los EEUU con la ltima tecnologa militar disponible. Por el contrario. Todos los das vemos y escuchamos al presidente Santos, o su ministro de guerra, o a un alto mando de las hipertrofiadas fuerzas armadas de Colombia, hablando de la heroica victoria que con la Espada de Honor y el Corazn Verde, estn prontos de conseguir.

Sin embargo, hasta el momento y a pesar de la tregua unilateral decretada por las Farc este fin de ao, lo que la realidad muestra es el efecto contrario: una continuidad de la mortandad de colombianos, tanto de guerrilleros como de soldados, en un ambiente enrarecido o podrido por la muerte, esgrimida por el gobernante como nica y ltima razn del Estado que les va a dar la prosperidad democrtica prometida. Los unos muertos en bombardeos y los otros cados en campos minados y en ofensivas terrestres, tal como ha sido informado por las diferentes agencias periodsticas internacionales, en esta primera semana de enero 2013.

Acaso esto significa que las fuerzas militares colombianas solo dominan plenamente el aire, mientras que en la tierra tienen dificultades? Habr otras explicaciones, an desconocidas, que estn obligando al presidente Santos y a sus altos mandos militares a insistir diariamente frente a sus subordinados en la victoria con el fin de elevarles la moral? Acaso ya hay signos y sntomas de desmoralizacin dentro de las tropas al haberlas preparado durante aos en una victoria militar, como nica va que no llega, y no en una Solucin Poltica del conflicto?

El general Alejandro Navas, comandante general de los 500.000 hombres (solamente armados) que componen las mega-hipertrofiadas Fuerzas Armada de Colombia y que consumen el 5% del PIB de Colombia; dijo recientemente (06.01.2013) en una entrevista para el diario conservador El Nuevo Siglo que: .. Tenemos una misin muy clara: seguir combatiendo. Y esa es la orden que nos ha dado nuestro presidente de la Repblica y el ministro de Defensa Nacional. Y seguir por esa senda del cumplimiento del deber. Lo nuestro es el combate, simple y llanamente. El combate hasta que nuestro gobernante nos diga. Hay que hacer otra cosa. Pero nosotros estamos en lo nuestro. Eso es lo que sabemos hacer y para lo cual estamos preparados. Es decir, para el combate. http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/1-2013-estrategia-militar-busca-desmoralizar-farc.html

Con esta inteligente elocuencia, el general Navas lo que est dejando en claro es que una maquinaria militar tan grande e hipertrofiada como la Colombiana, orientada nicamente al combate militar hasta la victoria (y por no conseguirla se hipertrofi tanto) no puede detenerse de un momento para otro. Frenar en seco. Ni siquiera por una orden presidencial , que se supone es poltica, y que esta inercia militarista al no poder parar o detenerse porque se derrumba, le ha impuesto al presidente Santos aquella consigna de negociar en medio de la guerra, muy en contradiccin con el clamor Popular de adelantar los dilogos de la Habana en medio de un ambiente distendido con una Tregua Bilateral.

Ser capaz el presidente Santos de explicarle al Pueblo colombiano, que l no es tipo dual (bueno- malo) o de garrote y la zanahoria que pintan los caricaturistas, que s puede ordenar la Tregua Bilateral para adelantar los dilogos en la Habana, como se lo est demandando la movilizacin social sin que pase nada?

Alberto Pinzn Snchez es mdico y antroplogo colombiano

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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