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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2013

Respuesta de las FARC al fatuo artculo del hermano mayor de Santos
Aclaracin al seor Enrique Santos Caldern

Mauricio Jaramillo
Resistencia-colombia.org


Aclaracin al seor Enrique Santos Caldern:

Creo que para Semana Santa debe haber salido siquiera el primer punto. Conozco a mi hermano, l est jugado con esto, pero su paciencia no es infinita. Tampoco la del pas. Con tales palabras termina el periodista Enrique Santos Caldern su reciente escrito acerca de su participacin en la fase exploratoria de las conversaciones con las FARC en La Habana. Es obvio que cada persona guarda en su memoria y parecer lo que le llama particularmente la atencin. No todos miramos los acontecimientos desde una misma ptica, lo cual se nota sobremanera cuando se trata de hechos con trascendental significacin poltica, en los cuales la visin de clase ejerce una poderosa influencia. Un integrante de la ms rancia oligarqua capitalina, describir siempre sus experiencias de un modo radicalmente distinto a como lo haran los alzados en armas que combaten a los de su clase. Es el caso del artculo en mencin.

El solo ttulo de su crnica, "Yo estuve negociando con las FARC en Cuba", revela cierto tono individualista y fatuo, como si se tratara de un acto heroico, algo que a diferencia del seor Santos, consideran absolutamente normal los miles de campesinos y colombianos en general que se relacionan con la insurgencia diariamente. Y que no negocian nada con ella, como tampoco lo hizo el seor Santos, quien form parte de una comisin oficial que estuvo discutiendo con nosotros los trminos de un Acuerdo encaminado a posibilitar conversaciones formales y pblicas de paz.

Entendemos que el seor Enrique Santos releva con su escrito a las FARC del compromiso de confidencialidad acordado. l, integrante de la delegacin gubernamental y hermano mayor del Presidente, reconocido periodista nacional, aborda la tarea de exponer al pblico su versin acerca de hechos cubiertos hasta ahora por la reserva. As las cosas, es obvio que nosotros tambin podemos hacerlo.

En realidad no entendemos cmo puede considerarse clave al papel desempeado por el hermano mayor en la fase inicial de las conversaciones. Particip en ellas, s, como todos los integrantes designados por el Gobierno, y jug su papel. Pero de ah a definirlo como clave hay una gran distancia. Ambas delegaciones contaron con dos tipos de integrantes, unos plenipotenciarios y otros llamados de la comisin tcnica. Desde un principio se nos asegur que Enrique Santos sera plenipotenciario, pero al final no figur como tal, sino como una especie de asesor, de delegado personal del Presidente, subordinado por completo al propio jefe de delegacin, el seor Sergio Jaramillo, el tipo clsico del arrogante y presumido, siempre empeado en hacer sentir su importancia, especialmente a los de su propio equipo.

Quizs por ello escribe ahora el hermano mayor, urgido de inflar su disminuida influencia a la hora de las conversaciones. Ocurri ms de una vez que tras haber acordado alguna cuestin con l, en alguna ausencia del seor Jaramillo, al llegar ste ltimo ignorara con evidente displicencia la palabra comprometida por el periodista Enrique Santos. Era como si le recordaran aquello de zapatero a tus zapatos.

Es cierto que el proceso estuvo a punto de morir por la dificultad en concertar la sede de las conversaciones. Pero haba un elemento de gran peso contra la posicin oficial de que los dilogos no podan desarrollarse en Colombia. La primera reunin entre delegados del Gobierno y FARC se produjo en territorio colombiano, en la regin del Catatumbo, con delegados de parte y parte, sin que existiera formalmente proceso, lo que demostraba que eso no era imposible.

Por cierto que las FARC, en aras de echar adelante las conversaciones, terminamos pasando por alto la primera violacin flagrante de la palabra del Gobierno, pues en el momento de acudir a la cita con los camaradas Andrs Pars y Ricardo Tllez, los dos miembros de Estado Mayor Central autorizados, los delegados enviados por el Presidente no fueron los de ms alto nivel que haba prometido, sino dos burcratas medios completamente distintos.

Aduce exageradamente el hermano mayor, que el traslado de Mauricio Jaramillo a Cuba entrab durante un ao el inicio de las conversaciones. Por encima de la hiprbole cabe aclarar que cualquier demora en ese sentido slo se puede achacar al Gobierno. Alguien podra considerar serio que los delegados oficiales sostuvieran que slo se poda trasladar al Comandante del Bloque Oriental de las FARC-EP por tierra, desde las selvas del Meta o Guaviare hasta la frontera venezolana en el Norte de Santander? No poda el gobierno nacional disponer que un helicptero rodeado de toda clase de garantas lo trasladara de una vez hasta Venezuela?

La desconfianza obviamente no poda derivarse de lo acaecido con la operacin Jaque, un hecho que todo el mundo reconoce hoy como otra de las grandes farsas de la Seguridad Democrtica, al lado de la desmovilizacin paramilitar y los falsos positivos. El Presidente, que ejerciendo como ministro de la defensa orden la invasin militar al territorio ecuatoriano en marzo del 2008, mal poda alegar que, aun contando con la autorizacin formal del gobierno de Venezuela, el traslado areo era imposible por cuanto violaba los controles antidrogas acordados con USA. Salta a la vista la pobre idea que tienen de la soberana nacional.

Al final el traslado se cumpli como lo plantebamos nosotros. No sin que antes se generara otra discusin, porque segn los delegados gubernamentales el avin slo poda llegar hasta Ccuta, donde los trasladados deban descender para continuar su recorrido en carro hasta San Antonio, en el Tchira, donde deban abordar otra aereonave que los conducira al aeropuerto de Maiqueta. Resultaba elemental pensar que tras la febril argumentacin santanderista que impona cruzar innumerables retenes del Ejrcito Nacional, se esconda otra intencin non sancta.

Mltiples empecinamientos de ese orden, todos atravesados en el camino por los delegados oficiales, han conformado la fuente real de los grandes retardos. El hecho de que tras exponerlos tercamente, el Gobierno termine cediendo de un momento a otro, basta por s solo para preguntar acerca de su contribucin efectiva a la celeridad de todo este asunto. Algo de naturaleza semejante sucedi con la formalizacin de Alexandra, la guerrillera holandesa, como delegada por las FARC. Son cosas que no conoce el gran pblico y que por tanto aprovecha mucha gente, en particular la gran prensa, para manipular y tergiversar la verdad de lo ocurrido.

Sin duda alguna que el seor Enrique Santos cuenta con varias maestras en tal tipo de materias. De otro modo no dedicara espacio a su imaginaria descripcin de la partida del Comandante del Bloque Oriental desde un lugar situado a escasos kilmetros de San Jos del Guaviare, cosa de la que l jams fue testigo, pues los delegados del gobierno nacional no tuvieron la menor injerencia en la ejecucin de ese procedimiento.

Lo que tal vez s sea cierto, es que como todo miembro de la alta burguesa nacional que se respete, el seor Enrique Santos pasa ms tiempo en Miami que en su propio pas, del cual no obstante se considera uno de sus propietarios exclusivos. No hizo mencin en su nota al aplazamiento que tuvo que cumplirse en cierta etapa, porque un largo viaje de descanso familiar del periodista al exterior impeda su presencia. Resulta increble que por minucias de ese orden la paz del pas tenga que esperar.

Como si se tratara de cuestiones balades, el hermano mayor insiste en seguir culpando a las FARC de las demoras en la firma de un Acuerdo, por haber puesto de presente hondas diferencias y problemas de lenguaje y semntica, dentro de los cuales ejemplifica las dificultades presentadas con el trmino desmovilizacin. Las cosas fueron distintas. Desde un comienzo el gobierno nacional dej ver que lo nico que esperaba de un proceso de dilogos con las FARC, era la firma de nuestra rpida y sumisa desmovilizacin. Haber logrado sobrepasar esa inamovible muralla tras seis meses de discusiones puede considerarse de verdad un logro importante.

Cualquier dificultad nacida de la confrontacin armada en Colombia, o como lo recuerda el seor Enrique Santos, de la liberacin de los prisioneros de guerra en nuestro poder, nicamente puede imputarse a los delegados del Gobierno. Este ltimo asunto, como todos los dems, era completamente ajeno al tema que discutamos, el acuerdo de una agenda y unas reglas de juego para conversar. Eso haba quedado suficientemente claro desde el cruce de razones con el Presidente. Cuando ante la arremetida de los delegados gubernamentales tuvimos con cierto nfasis que recordar esta regla, el hermano mayor termin cerrando el asunto con una especie de autocrtica, que culmin con la mirada fija en sus colegas mientras sus labios recordaban: adjetivo que no da vida, mata.

La pretendida infidencia que el hermano mayor sugiere al hablar de la presencia del camarada Timolen Jimnez en marzo pasado en La Habana, no tiene en realidad nada de ello. A ruego del Presidente Santos, y previa solicitud formal del gobierno colombiano, el Presidente Chvez, aun desde su lecho de enfermo, tuvo la gentileza de intervenir en algunos momentos difciles, a fin de contribuir con su enorme prestigio para que fueran limadas ciertas asperezas. Las reuniones siempre contaron con el visto bueno del Presidente Santos y su hermano mayor debe saberlo bien, a menos que por prudencia no se lo hubieran comentado. Hay algo que quisiera aclarar al seor Enrique Santos.

Cuenta que al despedirse de Mauricio Jaramillo, al que l insiste en llamar siempre El Mdico, a manera de apodo, para sembrar la matriz de un alias que nunca han usado para l sus camaradas de las FARC, percibi que a ese hombre de pocas palabras le haca falta el monte. Tareas de diversa ndole hicieron necesario mi relevo por el Camarada Ivn Mrquez al frente de la delegacin fariana. Eso no tiene nada que ver con un presunto apego montaraz, pese a los treinta y seis aos de lucha guerrillera que llevo encima. Haba s cierta nostalgia por nuestra gente y quizs no la poda ocultar.

Todas las aproximaciones y luego el encuentro exploratorio estaban cubiertos por la ms absoluta reserva y confidencialidad. A diferencia de los delegados gubernamentales que viajaban de continuo a Colombia o incluso a tours de recreacin al exterior, nosotros permanecamos en Cuba dentro del secreto ms absoluto. Prcticamente nadie poda vernos y no podamos dejarnos ver de nadie, lo cual converta nuestra prolongada estancia all en algo semejante a una clausura monacal. Nuestros interlocutores habituales no eran otros que los integrantes de la delegacin gubernamental encabezada por el pesado seor Jaramillo. En esas condiciones renacen todas las aoranzas. Por Colombia, por nuestro pueblo, por nuestros guerrilleros que combaten con herosmo contra la maquinaria de muerte del Estado. All estn sembradas nuestras races. Amamos nuestra patria y a su gente. No nos interesa ningn otro lugar del mundo para vivir. Y lo soamos libre de explotacin e injusticia. Seguro que el hermano mayor pens algo diferente.

Pero sera volver al comienzo y ya esto se convirti en una epstola. Hubo algo que me conmovi y agrad del seor Enrique Santos. Su enftica afirmacin de que cree en este proceso, porque lo considera una obligacin moral y poltica. Pueda ser que sea cierto. Que pese ms esto que la frase con la que cierra su escrito y que yo eleg entre comillas para empezar el mo. No deja de tener cierto aire de amenaza. Debiera dejar esas cosas para su hermano menor, el ministro Pinzn, o los generales de la Repblica.



NOTAS:

1) Artculo publicado en El Espectador el 29 de diciembre de 2012 (http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-394489-negociando-farc-cuba)



(*) Mauricio Jaramillo es miembro del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP.


Fuente: http://www.resistencia-colombia.org/index.php/dialogos-por-la-paz/2601-aclaracion-al-senor-enrique-santos-calderon


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