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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2013

El Salvador
Sobre el empleo juvenil: algunas palabras para el debate

Alberto Quinez
Rebelin


Hasta el momento, la apuesta desde el aparato estatal por la insercin laboral de la juventud se reduce a dos instrumentos: la Ley de Incentivo para la Creacin del Primer Empleo de las Personas Jvenes en el Sector Privado (LICPE)1 y al Plan de Accin Nacional del Empleo Juvenil 2012 2024 (PANEJ); en funcin de las caractersticas del mercado de trabajo, ninguno de estos dos instrumentos llega a la formulacin de estrategias que promuevan la insercin laboral de adolescentes y jvenes en el marco de la garanta de sus derechos humanos. A continuacin se esbozan algunas consideraciones sobre estos instrumentos, de modo que se pueda evidenciar la pervivencia de las falencias neoliberales tanto en el mercado de trabajo como en las polticas pblicas.

Por una parte, la LICPE que tiene por objeto incentivar la demanda de trabajo-, seala que las empresas que contraten jvenes, bajo la modalidad del contrato de primer empleo, gozarn de deducciones de salarios mnimos en el impuesto sobre la renta (art. 18, LICPE). As mismo, las empresas gozarn de una deduccin fiscal para los efectos del impuesto sobre la renta (art. 21, LICPE). En el contexto de crisis fiscal del sector pblico, la deduccin de impuestos supone recortar el margen de maniobra del aparato estatal a costa de mejorar la rentabilidad empresarial y reducir la incidencia del Estado a travs de otras polticas econmicas (por ejemplo, a travs del gasto pblico).

No obstante, la propuesta obvia la regulacin especfica de algunos trminos contractuales fundamentales (plazos y estabilidad, salarios, condiciones de trabajo, entre otros), dejndolos al libre arbitrio de la negociacin entre el adolescente o joven y el empresario. De este modo, las empresas podran aumentar la magnitud de la fuerza de trabajo efectivamente empleada, pero en condiciones que favorecen al empresariado debido a que permiten rentabilizar las inversiones a partir de la desvalorizacin de la fuerza de trabajo.

En muchas de las consideraciones de la LICPE se alude a los derechos que consigna el Cdigo de Trabajo, o que el mismo reconoce como aplicables, como los derechos derivados de instrumentos internacionales. No obstante, ninguno de estos instrumentos est pensado en funcin de las necesidades especficas de las juventudes, necesidades no slo laborales, sino econmicas y sociales; visto de otro modo, ninguno de estos instrumentos rompe con la visin adultocntrica en la que las y los jvenes son siempre sujetos de discriminacin por el rango etario al que pertenecen, ni con la finalidad pro sistmica, donde la fuerza de trabajo es oprimida y cosificada.

Por su parte, el PANEJ un instrumento ms enfocado en la oferta-, sostiene que: la situacin laboral juvenil adolece de falta de vinculacin entre la demanda y oferta de trabajo puede suceder que los puestos de trabajo no cumplan las expectativas salariales de los jvenes, que no les permitan coordinar el estudio con el trabajo, que las competencias que los jvenes poseen no sean compatibles con las que el puesto de trabajo necesita. Por tanto, adecuar la fuerza laboral a las exigencias del mercado laboral es uno de los desafos del pas en trminos de la generacin de empleos productivos y de calidad para los jvenes2.

En este sentido, la determinacin de la formacin a partir de la demanda de trabajo supondra poner a la fuerza de trabajo en funcin de los requerimientos tcnicos de las empresas; es un sesgo por la razn instrumental que, basada en la tecnificacin de los procesos productivos, mecaniza al proceso de trabajo y potencia su enajenacin. Ello es vlido no slo para la formacin tcnica en sentido estricto, sino tambin en el caso del fortalecimiento de capacidades que no crean pensamiento crtico, capacidades que muchas veces reproducen, directa o indirectamente, la estructura material o ideolgica del capitalismo como sistema de exclusin econmica.

En el contexto de las relaciones sociales prevalecientes en el sistema econmico salvadoreo y mundial, el trabajo es visto como un factor de la produccin y por ello, como una despersonalizacin del sujeto concreto que lo ejecuta, el cual se convierte en mercanca. Por eso, la subsuncin del trabajo contradice las posibilidades reales de realizacin de la fuerza de trabajo como sujetos histricos; situacin que incluso es ms preocupante en el caso de las y los adolescentes y jvenes trabajadores, pues adems de ser explotados en el mercado de trabajo, son discriminados social y culturalmente por los patrones andro y adultocntricos.

Ntese particularmente el punto de partida: adecuar la fuerza laboral a las exigencias del mercado laboral es uno de los desafos del pas en trminos de la generacin de empleos productivos y de calidad para los jvenes3. Es decir, la adecuacin de la oferta de trabajo, la adecuacin de las capacidades de las y los jvenes, las cuales, como ya se vio, tienden hacia los requerimientos tcnicos de las empresas, hacia la supresin de la posibilidad de cuestionarse Dnde queda la regulacin de la demanda, es decir, de las empresas? Dnde queda el papel del aparato estatal como fuente de empleo? Dnde queda la obligatoriedad de los derechos humanos, la no discriminacin por ser joven para poder optar a un empleo? Por qu a quin vulnera ese derecho, a quien es eminentemente discriminatorio, se le va a eximir de pagos fiscales, se les va a premiar con beneficios econmicos?

Debido a estas consideraciones, la institucionalidad incipiente en la temtica de primer empleo, empleo juvenil o empoderamiento econmico de la juventud, an carece de un punto de partida clave, como lo es evidenciar las falencias estructurales del mercado de trabajo en el modo de produccin capitalista y de las particularidades que el mismo asume en su fase neoliberal, asumir esas falencias y propiciar la construccin de un sistema alternativo para la participacin econmica y social de las juventudes.

Para finalizar hay dos elementos sobre los que queremos llamar la atencin. El primero es el hecho de que las falencias de los instrumentos analizados, se enmarcan en el proceso general de explotacin y empobrecimiento crecientes que es propiciado por el capitalismo. Cualquier poltica pblica que no toque la problemtica de fondo, esto es, la relacin inherentemente contradictoria entre el capital y el trabajo, est destinada a fracasar pues sus efectos son superficiales y/o coyunturales.

Perdonado el siguiente esquematismo, habremos de recordar que el capitalismo opera a partir de un diferencial bsico: la discrepancia entre el valor producido por la fuerza de trabajo y el valor que es remunerado a sta en concepto de salario. De ese diferencial surge la ganancia del capitalista, el cual, para maximizar la rentabilidad de sus inversiones tiende hacia la tecnificacin de los procesos productivos, sustituyendo, en trminos porcentuales, la fuerza de trabajo por medios de produccin o, lo que es lo mismo, aumentando la composicin orgnica del capital. Como la composicin orgnica y la tasa de ganancia son magnitudes contradictorias, el aumento de la primera repercute en la cada tendencial de la tasa de ganancia, lo que lleva a la generacin de las crisis.

Tanto el funcionamiento normal del capitalismo como sus periodos de crisis, suponen el sojuzgamiento de la fuerza de trabajo. Aun cuando en los periodos de expansin del capital sobren los puestos de trabajo, ello conduce a la despersonalizacin del ser humano, a su conversin en mercanca. Por el contrario, el devenir del capitalismo supone que esa expansin es transitoria y que pronto el ejrcito laboral de reserva comienza crecer paulatinamente. En este sentido, la generacin de verdaderas oportunidades para la fuerza de trabajo, independientemente de su edad, va ms all de incentivos a las empresas o de formacin de capacidades tcnicas.

Ahora bien, el segundo elemento que queremos discutir es el hecho de que, precisamente por esa negacin sistmica que el modo de produccin capitalista ejerce sobre la fuerza de trabajo y sobre la humanidad en su conjunto, precisamente porque cada vez ms los espacios en el mundo capitalista se cierran, es que existe la posibilidad real de buscar alternativas. Esas alternativas, para ser verdaderas, comprometen a la institucionalidad toda de la sociedad burguesa; deben partir de la negacin radical del status quo. Nosotros identificamos esas alternativas con la economa solidaria, que supone no slo un cambio en la base econmica, en los procesos de trabajo y el destino de los excedentes, sino una transformacin de todas las relaciones de produccin, una transformacin de las relaciones de poder que tiende a la construccin de una nueva democracia.

No podemos decir que hay una alternativa: hay alternativas porque el mundo es multidimensional y es complejo. Las alternativas son eso: formas diversas de ser de lo que ya no es. Lo que podemos decir es lo que no debera ser: la uniformidad y deformidad del mundo capitalista.

Notas:

1 Aprobada por la Asamblea Legislativa en julio de 2012.

2 MTPS. Plan de Accin Nacional del Empleo Juvenil 2012 2024. MTPS. 2012. Pgs. 24 25.

3 Ibdem.

Alberto Quinez. Tendencia Revolucionaria

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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