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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2013

Tras mi visita a Eider

Mikel Arizaleta
Rebelin


Envuelto en Navidad viaj en bus a Lyon, cerca de 800 kilmetros de ida y otros tantos de vuelta, para sentir la sonrisa y el abrazo de una lejana por dos horas, la de Eider en prisin.

Hace unos das, leyendo la crtica de un libro nuevo, Todo lo que soy de Anna Funder, tropec con la reflexin de que en todas las personas puede esconderse un hroe en potencia. Y un traidor tambin. Pero hasta no estar en una encrucijada que desemboca en un camino que se bifurca nadie sabe realmente qu ruta tomar. En la Alemania nazi afloraron unos y otros, hroes y traidores, senderos bifurcados que llevaron a muchos de ellos a diferentes partes: a la guerra, al exilio, a la delacin, a la ayuda, al campo de concentracin, al negocio, a la cobarda, al herosmo, a la colaboracin.

La visita a una crcel es acontecimiento siempre nuevo aunque sea frecuente entre nosotros, los vascos, sobre todos si son abertzales de izquierdas. Piensas a la ida y sigues recordando a la vuelta. Es alegra y tambin tristeza, igual sentimiento que te producen los trinos de un jilguero enjaulado en la Plaza Nueva de Bilbao las maanas de domingo. La visita en una crcel francesa? Un cuarto pequeo con dos puertas que vigilan, una mesa y tres sillas, paredes lisas y una bombilla en el techo. Pero en el largo abrazo clido, cuando se abre la puerta y llega el preso poltico, se pone en danza un mundo de recuerdos, de sentimientos, de ideales Y sientes la inmensa fuerza de la vida en aquel recinto cerrado, estrecho. La visita a un preso poltico vasco es un sopapo a la mediana y una llamada al herosmo. Te despides con el puo en alto y sales con ojos de enamorado. Y de camino y regreso piensas que en la vida, entre nosotros, en la calle y el comercio, en la justicia y los bancos hay hroes y traidores y mucho, demasiado gris insulso y servil. Y sientes con nostalgia, cario y admiracin a ese preso, a ese jilguero, a Eider, enjaulada, llena de vida y sueos, en una crcel francesa de Lyon.

Y pienso que hay pueblos, como el nuestro, que tienen presos polticos en nuestros das, son pueblos vivos con hroes, que trazan caminos de libertad y sueos nuevos en el mundo y la sociedad en que vivimos, no especialmente humana y justa.

En la manifestacin del sbado por las calles de Bilbao, en grupo y de la mano, cantaremos canciones de libertad, de solidaridad, reivindicaremos la puesta en libertad de los jilgueros de nuestro pueblo con el Hator, hator etxera y el inolvidable Egoak ebaki banizkio nerea izango zen, ez zuen aldegingo. Bainan, honela ez zen gehiago txoria izango eta nik txoria nuen maite , sin olvidar que en toda persona puede esconderse un hroe en potencia.

Eider, un beso agradecido tras nuestro encuentro!


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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