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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2013

(Des)aprender la democracia

Antoni Jess Aguil
Diario de Mallorca


Lejos de ser neutral, cualquier forma de conocimiento (filosfico, cientfico, social, etc.) es portadora de una concepcin del mundo que se manifiesta implcitamente en el arte, en el derecho, en la actividad econmica, en todas las manifestaciones de la vida individual y colectiva [1]. Detrs de todo conocimiento subyacen determinados valores, creencias y representaciones que se materializan en prcticas sociales, polticas y econmicas. Hay, pues, economas egostas y economas solidarias, justicias injustas y justicias justas, psicologas que reprimen y psicologas que liberan, pedagogas conformistas y pedagogas rebeldes. Del mismo modo, hay democracias al servicio de la liberacin y democracias al servicio de la dominacin.

Hemos heredado una democracia marcada por el sello de la dominacin de las clases dominantes sobre las subalternas. La historia de la democracia representativa es la historia de la apropiacin de la democracia popular por las clases propietarias, originariamente partidarias de un rgimen constitucional favorable a los intereses de la economa capitalista, con derechos civiles y polticos restringidos a las minoras acaudaladas, con garantas para la iniciativa privada, sin redistribucin de riqueza y sin derechos sociales. El burgus liberal del siglo XVIII no era un demcrata, sino un defensor del gobierno representativo basado en la propiedad privada y el rango social. Durante el siglo XX la democracia de partidos y el sufragio universal limaron el carcter antidemocrtico del parlamentarismo burgus, pero no han servido para superar la democracia oligrquica en la que minoras privilegiadas tienen poder de veto sobre la mayora, y menos an para disminuir la desafeccin que tantas personas sienten por la poltica convencional. El actual secuestro de la democracia por las lites neoliberales es la prueba ms evidente de la persistencia de esta democracia de dominacin, que en Europa muestra su rostro ms despiadado con la confiscacin de derechos y rentas a los ciudadanos, el rescate del capital financiero, la mercantilizacin de la vida y los experimentos de austeridad econmica que incrementan el desempleo, la pobreza y la exclusin.

El efecto de la dominacin es tan fuerte que en el plano intelectual genera lo que Marx y Engels [2] llaman falsa conciencia, la naturalizacin de las ideas de la clase dominante como si fueran las ideas de los dominados. Hemos naturalizado, as, la monocultura de la democracia liberal, la idea que existe una sola concepcin, una sola prctica y un solo discurso democrtico legtimo y viable: el de la democracia electoral basada en los valores del liberalismo poltico (individualismo, igualdad formal, representacin parlamentaria, sufragio individual, competencia entre partidos, etc.), con todo lo que esto implica. Se trata de una monocultura poltica tan poderosa que es capaz de: 1) trazar las lneas que separan la democracia de lo que no es, descalificando concepciones y prcticas democrticas alternativas que se apartan de la ortodoxia liberal . 2) Establecer un orden social y poltico que hace pasar por generales los intereses particulares de las clases dominantes y legitima, por medios polticos, la existencia de un modelo de sociedad que reproduce su posicin de dominacin social y econmica. 3) Convertir en cannica la experiencia poltica de cuatro pases occidentales: Inglaterra (el parlamentarismo, Locke, la revolucin Gloriosa de 1688, entre otros fenmenos), Francia (la Ilustracin y la revolucin de 1789), Holanda (la Repblica de Batavia y los trabajos de Grocio sobre el derecho de gentes) y Estados Unidos (la declaracin de derechos de Virginia de 1776 y la Constitucin Federal de 1787). Y 4) presentar la democracia liberal como un producto natural, insuperable y definitivamente acabado.

Nos han inculcado que esta monocultura no es ideolgica, sino sentido comn, pero sobre todo nos han enseado a no salir de ella. Y cuidado, porque quien lo intente corre el riego de ser declarado enemigo de la democracia o tratado de soador iluso.

Atravesamos una poca convulsa en la que no podemos permitirnos seguir condicionados por normas rgidas, por hbitos mentales inmodificables, por imposibilidades de pensar de otro modo [3] que nos han llevado al callejn en que nos encontramos. Para recuperar el ejercicio de la soberana popular es preciso tomar conciencia del reduccionismo del pensamiento democrtico-liberal naturalizado y reaprender la democracia desde otras perspectivas. Si pensamos como siempre, nunca (re)inventaremos nada. Construir mejores formas de articulacin y decisin poltica exige desaprender la monocultura de la democracia liberal, que reproduce la dominacin de las lites y empobrece nuestro horizonte de experiencia democrtica. El desaprendizaje de esta monocultura permitira valorar prcticas sociopolticas invisibilizadas por los dictmenes cannicos, como el mandato imperativo, la asamblea, la rotacin y revocacin de cargos, la democracia directa, la participacin popular en los procesos de deliberacin y decisin, la rendicin de cuentas y el control social de la corrupcin. Considero que esta labor de desaprendizaje puede apoyarse en las tres palabras que segn Boaventura Santos [4] deben orientar las luchas emancipadoras del siglo XXI: descolonizar, desmercantilizar y democratizar.

Descolonizar la democracia significa desaprender su matriz eurocntrica fundada en la perspectiva del varn blanco adulto, burgus, propietario, cristiano y heterosexual. Significa denunciar los sesgos ideolgicos de una democracia que finge que opresores y oprimidos son iguales al depositar su voto en las urnas. Es crear espacios y formas de sociabilidad que luchen contra la democracia elitista, clasista, machista y racista globalizada. Las mujeres, la personas con discapacidad, las minoras tnicas y sexuales siguen siendo los grandes ausentes de la democracia liberal. Adems, en la Europa actual cada vez hay ms colectivos subrepresentados (trabajadores, desempleados precarizados, desahuciados, pensionistas, estudiantes, entre otros) en las instituciones democrticas.

Desmercantilizar la democracia quiere decir dejar de concebirla como un mercado poltico donde se compran y venden votos en forma de beneficios electorales por los que compiten los partidos. Significa evitar que los esquemas de libre mercado y sus valores transformen la democracia en una mercadera, como en Europa, donde la austeridad ha servido de pretexto para privatizar la democracia, para convertirla en un coto de intereses privados encubiertos por un simulacro en el que los votantes acuden a las urnas para refrendar polticas impuestas por una minora y en su beneficio.

Democratizar la democracia significa liberarla de la camisa de fuerza que la acoraza, desbordar los lmites que la reducen a una democracia poltica vaca de contenido social y econmico, alejarla de la mera representacin y de la igualdad jurdica y apostar por la democracia como radicalidad y desmesura (Rancire), lo que implica crear formas de participacin que debiliten los privilegios de la monocultura electoral.

Walt Whitman [5] escribi: La democracia es una gran palabra cuya historia no se ha escrito an, porque esa historia est todava por vivirse. Descolonizar, desmercantilizar y democratizar, tres palabras clave para (des)aprender y con las que escribir la historia no vivida de la democracia.


Notas:

[1] Gramsci, A. (1971), El materialismo histrico y la filosofa de Benedetto Croce, Nueva Visin, Buenos Aires, pg. 12.

[2] Engels, F. (1893), Carta a Franz Mehring (14 de julio de 1893), Marxists Internet Archive, disponible en: <http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/14-vii-93.htm> [Consulta: 06-01-2013].

[3] Machado, A. (1986), Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apcrifo (1936), Alianza Editorial, Madrid, pg. 180.

[4] Aguil, A. J. (2010), La democracia revolucionaria, un proyecto para el siglo XXI. Entrevista a Boaventura de Sousa Santos, Revista Internacional de Filosofa Poltica, 35, pg. 138 y ss.

[5] Whitman, W. (2007), Democratic vistas , Holloway Press, Nueva York, pg. 37.


 

Antoni Jess Aguil es filsofo poltico e investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Combra (Portugal).

 

Fuente: http://www.diariodemallorca.es/opinion/2013/01/08/desaprender-democracia/818801.html




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