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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2013

Los ateos rezan por Chvez

John Brown
Iohannes Maurus


"Le Prince tant dfini uniquement, exclusivement, par la fonction qu'il doit accomplir, c'est dire par le vide historique qu'il doit remplir, est une forme vide, un pur possible-impossible alatoire"
Louis Althusser, Machiavel et nous
("Puesto que el Prncipe se define nicamente, exclusivamente por la funcin que debe cumplir, es una forma vaca, un puro posible-imposible aleatorio"
  Louis Althusser, Maquiavelo y nosotros)

Tuve ocasin ayer de participar en un acto ciertamente emotivo. Se trataba de una reunin convocada por la embajada de la Repblica Bolivariana de Venezuela en solidaridad con el presidente Hugo Chvez que no pudo jurar su cargo de presidente reelecto debido a su estado de salud. La solidaridad con la persona del presidente se haca extensiva al conjunto del proceso revolucionario bolivariano. El pblico estaba compuesto de miembros de la comunidad latinoamericana en Bruselas y de otras personas que apoyamos el proceso bolivariano y, en general, la ola transformadora que est cambiando radicalmente una buena parte de Amrica Latina. Los asistentes, incluidos los miembros del cuerpo diplomtico del Alba, eran todos gente sencilla, politizada, preocupada. Aparecan en una pantalla, en directo, las imgenes de la inmensa manifestacin de Caracas donde la poblacin, en ausencia de Hugo Chvez, tom ella misma posesin del cargo de presidente. Una escena emocionante: frente a una "oposicin" que lanzaba fuegos artificiales hace unas semanas cuando crey muerto al presidente y que an hoy cuenta ms con el cncer que con su propio potencial electoral para poner fin al proceso bolivariano, una marea variopinta, pero tambin muy roja, de gente de todos los tipos y edades rodeaba el palacio de Miraflores para defender la democracia, su democracia. Frente al golpismo, frente a la muerte. Hoy, hasta los ateos rezamos por Chvez a ese Dios Inexistente que nosotros sabemos.

Es mucho lo que est en juego en torno a la difcil coyuntura marcada por el estado de salud de Chvez. La oposicin intenta aprovechar este momento para desestablizar el pas, generando entre otras cosas, desabastecimiento alimentario, caos e incertidumbre. De momento, su tctica no parece funcionar. Por el contrario, una inmensa mayora de la poblacin, mayor an que la que lo reeligi, desea, segn las encuestas, que el presidente Chvez vuelva a su cargo y que contine el proceso que con l se iniciara. Chvez no es solo un presidente de la Repblica, es otra cosa: el smbolo vivo de un cambio social que ha impulsado a la existencia poltica y social a millones de venezolanos que antes "no existan" y carecan de cualquier tipo de derecho. Venezuela es hoy un pas donde las polticas sociales del gobierno bolivariano han reducido enormemente la pobreza, donde se garantiza el acceso a la enseanza gratuita para todos y no slo en el nivel primario y secundario, sino en el universitario. Sobre 27 millones de venezolanos haba 300.000 universitarios antes de la revolucin; hoy son ms de dos millones. Lo mismo puede afirmarse de la sanidad y de la cultura. Uno de los objetivos del gobierno de Venezuela es que 2 millones de nios accedan a la alfabetizacin musical, esto es que sepan msica y sepan tocar un instrumento, que les proporciona gratuitamente el Estado. Teatros y salas de concierto ya no son patrimonio exclusivo de la oligarqua. El cambio social es tangible en cuanto a desarrollo de los servicios pblicos y reparto de la riqueza, tambin en trminos de politizacin y protagonismo de la poblacin. Es esa la mayor fuerza de Chvez y la base de la legitimidad del proceso. Como dicen los venezolanos "Chvez nos dio Patria", en otros trminos, los hizo ser miembros efectivos de una comunidad poltica y tener acceso a los comunes de un pas cuya gran riqueza era antes slo para unos pocos.

No se pueden discutir estos logros, pero el propio problema creado por la enfermedad de Chvez apunta a una caracterstica del proceso.que puede ser a la vez su mayorfuerzay su mxima debilidad. Se trata efectivamente de la relacin estrechsima del proceso con la persona de Chvez que se expresa en consignas del tipo "Chvez es el pueblo", "Chvez, corazn del pueblo" o "Chvez somos todos". Al margen de la relacin de afecto que puedan sentir amplios sectores de la poblacin venezolana por el dirigente de la revolucin bolivariana, es inevitable enmarcar esa relacin imaginaria en la tradicin poltica de la soberana. En esta tradicin cuyo pensador clsico es Thomas Hobbes, el soberano es quien unifica al pueblo. Lo unifica en la medida en que lo representa y lo representa en cuanto los individuos que componen la multitud que se hace pueblo renuncian mediante un contrato a todo derecho propio en favor del derecho absoluto del soberano. Para Hobbes, es esta la nica manera de superar los peligros mortales que supone la guerra de todos contra todos que caracteriza al estado de naturaleza. De este modo, el pueblo y cada uno de los idividuos que lo componen acta por medio de su representante, por medio del soberano, y, por consiguiente, cada sbdito debe considerar la actuacin del soberano como propia. Desde un punto de vista grfico, Hobbes representaba en la portada del Leviatn este hecho fundacional de la soberana mediante la imagen de un Hombre Artificial compuesto por los hombrecillos naturales que transfieren al soberano su propio derecho, su propia potencia. As, puede afirmar Hobbes que en una monarqua: "El Rey es el pueblo" (The King is the People).

El liderazgo de Chvez ha sido calificado con frecuencia como "populista". En la mayora de los casos, por sus dectractores que consideran que una direccin poltica que no est en manos de "los que saben", de las lites sociales slo puede ser irracional y tirnica. Es grande, en efecto, la animadversin de la tradicin poltica occidental al poder del pueblo. Esa misma tradicin poltica que hoy denuncia el populismo de Chvez es la que hasta principios del siglo XX consideraba la "democracia" de manera negativa y lo haca por los mismos motivos. Existe, sin embargo otra corriente de pensamiento que asume el "populismo" como un hecho positivo y considera, como lo hace Ernesto Laclau que el populismo es el otro nombre de la poltica frente a concepciones de esta que la neutralizan reducindola a mera gestin de la sociedad por parte de presuntos expertos. La poltica as neutralizada se convierte en los trminos del filsofo francs Jacques Rancire en mera "polica" o gestin de las diferencias y jerarquas consolidadas. Slo el "populismo", la importacin al espacio poltico de las reivindicaciones de la parte no representada y tal vez nunca totalmente representable puede hacer revivir el antagonismo y con l la poltica propiamente dicha, que coincide con la democracia. Esto es algo que Chvez ha sabido hacer magistralmente.

El liderazgo de Chvez es perfectamente anmalo. Chvez no es un profesional de la poltica ni un experto, sino un hombre del pueblo. Esto hace que la mayora de la poblacin excluida del poder y del reparto de la riqueza se identifique con l. Chvez es para los de abajo, en ese Estado de raz colonial y oligrquica que ha sido Venezuela hasta anteayer, una persona que no pertenece a la clase ni a la raza que ha gobernado "siempre" el pas. Es adems, una persona que no ha abandonado -casi- nunca la "decencia comn", ese sentido moral inmediato, basado en la igualdad y la dignidad de todas las personas que Orwell atribua a las clases populares y del que estn desprovistos la inmensa mayora de los gobernantes. No slo eso, el presidente Chvez sigue sindo presidente no slo por su indudable valor personal, ni por haber sido reelegido desde hace 14 aos por una amplia mayora, sino sobre todo porque el pueblo venezolano lo rescat de sus captores y lo restableci en la presidencia desbaratando un golpe de Estado oligrquico. En un sentido enteramente opuesto al de la frase de Hobbes antes mencionada: "Chvez es el pueblo", pues la multitud de los de abajo es la que sostuvo y sostiene a uno de los suyos en ese puesto de responsabilidad poltica que no estaba hecho para ellos.

Existe as, en el populismo y en su peculiar expresin chavista un doble aspecto: por un lado, adopta las formas de la soberana clsica, pues afirma la representacin del pueblo en y por el Lder, pero por otro, la multitud y slo la multitud ha mostrado ser capaz de sostener a la vez al Lder y el proceso revolucionario bolivariano. Frente a los oligarcas golpistas e incluso frente a la enfermedad, frente al cncer que constituye la triste e indigna esperanza de los "esculidos", es la multitud venezolana la que da contenido a la accin del dirigente y en todo momento la potencia a travs de un dilogo ininterrumpido. La teologa poltica de matriz hobbesiana haca del soberano un Dios mortal que trasciende al pueblo en que se funda su poder y reduce a Uno a la multitud. El chavismo es una nueva teologa poltica hertica, mesinica y materialista, en la cual la multitud se mantiene como tal y como multitud libre determina en gran medida el curso del proceso poltico. El soberano deja de ser en este contexto una sustancia, un absoluto y es una relacin interna a la multitud de la que la persona de Chvez, como defensor de los comunes materiales y de la decencia comn, de la dignidad de todos, es una mera expresin. El soberano no es quien desactiva a la multitud, sino la figura resultante de la intensa politizacin de la poblacin y que slo en ella puede sostenerse. Hugo Chvez en la nave negrera dirigida por los amotinados que es la Venezuela bolivariana es un personaje parecido al Benito Cereno de Melville, aunque aqu se trata de un Benito Cereno distinto: de un negro vestido de capitn y que asume con entusiasmo su funcin.

Chvez es ciertamente un prncipe, pero no ese prncipe azul de los cuentos de hadas que aparece slo una vez y luego desaparece para no regresar jams salvo que se cumpla una condicin dificilsima de realizar, sino un autntico prncipe maquiaveliano. Es el prncipe que funda una repblica nueva y una democracia a partir de un momento monrquico inicial. Althusser recordaba en su ensayo Maquiavelo y nosotros un texto del Prncipe de Maquiavelo: "Un solo hombre es capaz de constituir un Estado, pero muy breve sera la duracin del Estado y de sus leyes si la ejecucin dependiera de uno solo, la manera de garantizarla es confiarla al ciudado y a la salvaguarda de varios". Hay as, segn comenta Althusser el texto maquiaveliano, dos momentos en la fundacin de un nuevo principado: 1) un momento de soledad del prncipe, el del "comienzo absoluto" que slo puede ser obra de uno, de un individuo solo, pero "ese momentoes en s mismo inestable, pues en ltimo trmino puede inclinarse ms del lado de la tirana que del de un autntico Estado" y 2) un segundo momento que es el de la duracin, que slo puede alcanzarse mediante una doble operacin: la donacin de leyes y la salida de la soledad, es decir del poder absoluto de uno solo". Ciertamente, como hemos visto el poder absoluto de uno solo es una ficcin terica que sirve para pensar la ruptura con el pasado, con el orden anterior. En el caso de Chvez, desde el momento de su "decisin" de ruptura con el rgimen oligrquico y a travs de las distintas fases de la revolucin bolivariana, siempre ha contado con el apoyo de movimientos sociales importantes y tendecialmente mayoritarios. Es que su revolucin puede compararse con la creacin del principado nuevo maquiaveliano solo hasta cierto lmite. Maquiavelo piensa en la creacin de un Estado moderno, burgus, de un sistema de dominacin de clase, ciertamente inteligente y capaz de negociar con "los de abajo", pues el Prncipe debe "ganarse la amistad del pueblo", pero lo que hoy est en juego en Venezuela es precisamente la liquidacin de la sociedad de clases, la creacin de una democracia real, el socialismo como transicin a una sociedad de los comunes. Eso impide que los dos momentos se distingan claramente, aunque, sin duda, la decisin de Chvez de rebelarse contra el rgimen oligrquico fuera en su momento el catalizador a la vez necesario y perfectamente imprevisible que permiti tomar cuerpo al conjunto del proceso y lo puso en marcha.

Un prncipe que funda una democracia es un mediador evanescente, un mediador cuyo acto mismo impide su perpetuacin como soberano absoluto. Chvez es as indispensable, pero a la vez, sustituible. l mismo ha afirmado en numerosas ocasiones que es objetivo del proyecto bolivariano acabar con el Estado burgus y sus instituciones para establecer una democracia acorde con unas nuevas relaciones sociales postcapitalistas. En la presentacin del programa electoral para las ltimas elecciones presidenciales, afirmaba Hugo Chvez: "Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresin, explotacin y dominacin que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma Estado burguesa que heredamos, la que an se reproduce a travs de sus viejas y nefastas prcticas, y darle continuidad a la invencin de nuevas formas de gestin poltica." Muchos aqu en Europa, en Amrica Latina y otras partes del mundo esperamos que el presidente bolivariano se restablezca pronto y aplique este programa tan necesario para arraigar la nuev repblica nacida de la revolucin y salir definitivamente del imaginario hobbesiano propio del Estado burgus.

Fuente:
http://iohannesmaurus.blogspot.be/2013/01/los-ateos-rezan-por-chavez.html


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